035 - Enero - Febrero 2015

Editorial: Darnos a Respetar

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Deténgase un momento en este peculiar arranque de año, emplazados como estamos entre el amor a la vida que impulsa a un migrante a arriesgarla, atravesando México desde Centroamérica, o el que impulsa a un joven campesino a estudiar para ser profesor de primaria, y la necrofilia imperante entre tantos funcionarios y accionistas.

El caso de un texto escolar y la representación del ‘otro’: La reflexión de un muchacho de quince años en el Reino Unido

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Un día durante mi clase de Español, el profesor nos puso a hacer un ejercicio en la página tres de nuestro cuaderno. El ejercicio, bajo la sección “Quién Eres” requería identificáramos un retrato y bandera con un pequeño texto (ver figura 1). Me pareció muy extraño que todas las nacionalidades estaban representadas por una foto de una persona, menos el mexicano, representado por el dibujo animado “Speedy González”.

Cortando caña. La historia detrás del azúcar

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Son las cinco cuarenta de la mañana, se escucha el ruido de un motor que se ahoga mientras avanza, es  un camión viejo y grande que intenta estacionarse. Ha llegado a las galeras de Atlacholoaya. Hombres jóvenes y mayores, algunos con gorra, otros con sombrero, unos con huaraches y otros pocos con tenis; mujeres y niños se concentran afuera de la reja caída que protege la galera en donde viven. Con garrafas en mano y morrales al hombro, donde guardan comida, el machete y su afilador, se alistan para subir al vehículo que los llevará al campo. Alrededor de unos ochenta empiezan a subir a la caja del camión. No hay voces, sólo silencio y el estrujar que causan las pisadas en la madera vieja que cubre el piso. El camión se ha llenado; unos cuantos se sientan, otros van de pie agarrados de las cadenas que penden de la plataforma cuidando de no caerse cuando el camión se estremezca. En el camino sólo se ven unos a otros; no hay pláticas, no hay risas, algunos se abrazan así mismos por el frío que provoca el aire, otros simplemente ven lo que queda a los lejos. Después de veinte minutos han llegado a su destino. Son los cortadores y cortadoras de caña que regresan una vez más  para continuar con su trabajo que desde hace ocho días comenzó. En esta ocasión, la caña del campo “El Bolón” ubicado en el ejido de Xochitepec, justo  frente al nuevo Tecnológico de Monterrey, los  espera. Un día antes se quemó la caña; hoy sólo rozarán y tumbarán, desde el alba hasta que se oculte el sol.

Reflexiones entre dos tiempos: diciembre de 2014- enero de 2015

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Albert Camus (1913-1960) conocido polígrafo franco-argelino adscrito a la izquierda irreverente y políticamente marginal, quizás inauguró un sub género en la tradición letrada del siglo XX, digo quizás porque no tengo la plena certeza de ello. Me refiero a los Carnets, textos redactados al ritmo de la fugacidad de los acontecimientos o de las propias experiencias, espontáneos, reflexivos e irreverentes presumiblemente con la intención de  potenciar la memoria y el sentido crítico para su propio solaz. Camus nos legó el derecho a escribir piezas breves e incisivas pero sin mayores pretensiones.

¿Antropología para el poder o antropología para el pueblo?

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La generación de la década de los años 60 en la Escuela Nacional de Antropología e Historia se forma en una perspectiva integral de las ciencias antropológicas, con cursos durante año y medio de un tronco común de materias de las distintas disciplinas: arqueología, antropología física, lingüística,  historia, etnología, y la presencia entre el profesorado, de distinguidos exiliados republicanos como Juan Comas, Ángel Palerm, José Luis Lorenzo, o de los distintos exilios latinoamericanos, como Rodolfo Puiggrós (argentino), Enrique Valencia (colombiano), Carlos Navarrete (guatemalteco), Stefano Varese (peruano) e incluso estadounidense, como Mauricio Swadesh.