Editorial: Darnos a Respetar

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Deténgase un momento en este peculiar arranque de año, emplazados como estamos entre el amor a la vida que impulsa a un migrante a arriesgarla, atravesando México desde Centroamérica, o el que impulsa a un joven campesino a estudiar para ser profesor de primaria, y la necrofilia imperante entre tantos funcionarios y accionistas.

Siéntese a escuchar a buen volumen el Huapango que Juan Pablo Moncayo, fallecido a los 46 años de edad, compuso a los 29. [1]

¿Qué nos preguntaría su autor, o los hermanos Revueltas, o los Flores Magón, o José Clemente Orozco, o Francisco Mújica, o tantos otros, incluido el mismísimo José María Morelos, respecto a la situación de este país?

¿Qué cuentas les presentamos? ¿Estamos a la altura de aquello que plasmaron con su vida?

¿Qué cuentas le presentamos a los niños, a la vida, al futuro?

Ya el tsunami publicitario electoral está aquí, recordándonos la miseria de una política degradada hasta la ignominia. Por su cadáver asoman gusanos, todos del mismo color, con patéticos llamados contra la misma podredumbre que generan, y de la que se mantienen.

¿Merece eso México?

Y al margen de circunscripciones nacionales, ¿merece esto la vida, donde quiera que sea?

Aunque tengan aliado hoy a parte del Estado, México no sólo tiene adalides de la mentira, del robo y de la oportunidad y la impunidad. Aunque no dispongan del presupuesto público, las voces de la biofilia siguen presentes, resistiendo.

Necesitamos alternativas viables y realistas, incluyentes, osadas, nuevas, para canalizar la indignación y darnos a respetar.

¿Cómo no indignarnos, cuando nos quieren dar atole con el dedo con la política de recortes del gasto público? ¿Cómo no indignarnos cuando el gobierno entrega secretamente las reservas nacionales en lingotes de oro al grupo financiero más vinculado a la mafia británica y asiática, el HSBC, para que las saque de sus fronteras bajo contratos indignos? ¿Cómo no indignarnos cuando la SEDENA –según datos de la más autorizada entidad internacional en temas de gastos militares– acredita un incremento del 7 % en su presupuesto, uno de los más elevados del continente? [2]  Y es que el recorte recién anunciado del gasto público  –es decir, el de nuestros dineros como contribuyentes– no se rige por el valor de la vida. Todo indica que se avecinará una oleada inflacionaria que golpeará al mero pueblo.  Sin embargo, el funcionario mayor de hacienda, Luis Videgaray, nada menciona al anunciar los recortes respecto a las partidas privilegiadas que no se tocan o se tocan lo menos posible, entre las cuales destacan las de la SEDENA, la cual seguirá siendo la gran beneficiada del gasto público a costa de todos los mexicanos inconsultos. Y esa categoría de mexicanos inconsultos es abrumadoramente mayoritaria. Videgaray nada nos dice de sus promesas a cumplir a favor de Banjército, entidad nada confiable, evidenciada por la Condusef por cobros indebidos [3] y movimientos no transparentes. En los hechos se respetará el lesivo programa de desarrollo 2013-2018 de las entidades castrenses, cuyo puntal es el fortalecimiento de su maquinaria de inteligencia, violando la privacidad de la ciudadanía.  puntal que es, en perspectiva, el de mantener con la complicidad gubernamental su solapada o no solapada práctica de violación de derechos humanos.

Los llamados a refundar la República y a generar una nueva Constitución resultan de elemental pertinencia, como pertinente aparece también el cuestionamiento radical a la onerosa ficción de unas elecciones donde la transa se ha ido sofisticando y perfeccionando con el paso de los años. Sin embargo, ¿acaso se resquebrajará el sistema con la abstención? ¿quién gana con el voto no ejercido de quien está con toda razón harto del engaño? ¿quién se beneficia de un abstencionismo selectivo?  Ya se frotan las manos quienes saben que existe, incólume, el “voto duro” proveniente del clientelismo y de la desinformación cultivada con esmero.  Y aquellos que de buena fe y con trabajo de base se han incorporado a una nueva agrupación política que sin embargo ya acusa insuficiente democracia interna, ¿quedarán a la deriva?  ¿Son igual de pésimos e impresentables todos los candidatos?  ¿Podemos elegir un adversario menos pésimo que otro?  Y sin organización de base, ¿puede ser la abstención algo diferente a una digna pataleta, tan ejemplar como ineficaz?

En fin, que las preguntas se valen y las necesitamos.

Como suele suceder en los números de esta revista –o así queremos verlo–, los textos de este primer bimestre de En el Volcán Insurgente apelan a la complicidad de un lector atento, criterioso y a la vez sensible.  Así, en este número, Dimitri Alexiades, joven escolar con preguntas frescas y criterio promisorio, nos hace llegar desde el sur de Inglaterra un peculiar ejemplo actual del uso aparentemente ingenuo de los estereotipos, en éste caso uno relativo a los mexicanos, figurando en un libro de texto. ¿Qué implica caricaturizar a otro?: pregunta respecto a la cual ya tenemos algunas respuestas dolorosas a mano.

Ricardo Melgar reflexiona en torno a ello, a propósito del reciente asesinato de varios integrantes de la revista satírica francesa, tomando distancia de una reacción común pero insuficientemente reflexiva, al afirmar: “yo no soy Charlie, no puedo serlo, no debo serlo”. Melgar, quien en otra vida debió de haber sido empleado municipal pegando con cola y escobilla carteles en muros de la vía pública, comparte algunos de los textos que dice colocar en el casi invisible muro de su “face”, congregando además del anterior, otros textos sueltos que surgen a propósito del paso del 2014 al 2015. Es así que presenta dos textos en torno al pensamiento alternativo latinoamericano (Diccionario del Pensamiento Alternativo, de Hugo Biagini y Arturo Roig, y El neoliberalismo y la ética del más fuerte, también de Hugo Biagini y de Diego Fernández Peychaux) y luego se ocupa del ritual abierto y multitudinario del  Año Nuevo vinculado a la perspectiva de José Martí, y  de la Navidad como ritual familiar y la perspectiva, a su vez, de José Carlos Mariátegui, y por último, presenta su renovada adhesión ante la emergencia de grandes y significativos movimientos juveniles en México, Perú y China.

A su vez, Berenice Rodríguez nos comparte su acercamiento a una de las facetas del trabajo actual de los cortadores de caña en Morelos, en una mirada equilibrada que pone de relieve situaciones concretas de vida, duras y personales, pero que es al mismo tiempo contextual.

Finalmente, otro joven escolar, Gilberto López y Rivas, hace un repaso de definiciones y sucesos habidos y vividos hace medio siglo en el derrotero de la antropología mexicana, en rememoración que viene completamente a cuento, porque remite a tensiones persistentes relativas a la definición y el sentido del desempeño profesional de los antropólogos de hoy.

 

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