4, Diciembre de 2011

004 - Diciembre 2011

Editorial: Capital y limpieza moral

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Cuernavaca y Morelos no son una ínsula, y la corriente crítica de los  trabajadores de la cultura apostamos a sumar fuerzas entre los afines de aquí y de allá. Partimos de una constatación elemental: el mundo es hoy una trama de mil y un hilos, Cuernavaca es Cuernavaca-México, Cuernavaca-Mundo.

Desde estos lares, pensamos y tomamos posición frente a las amenazas compartidas por nuestros pueblos. Cuando reflexionamos sobre las recomposiciones del mundo, como después de la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista o a raíz de la fragmentación de Yugoslavia después de la muerte de Tito y ahora, a propósito de los países árabes inmersos en sus rebeliones populares y las concomitantes injerencias del imperialismo global; o después del surgimiento inesperado de China en el mercado del capital; o, para un espacio que nos es próximo, cuando recapacitamos sobre nuestro México actual, desmantelado de varios de sus legados revolucionarios y de los propios del “Estado Benefactor”, que aun nos preguntamos dónde estaba, podemos visualizar que uno de los obstáculos para la expansión mundializada del Capitalismo es el de las tradiciones comunitarias, que en buena parte nos remiten a la autonomía, a la convivialidad, a la moral pública y la identidad colectiva y que también representan los valores de la fraternidad, la solidaridad, la reciprocidad, y que nutren la fundada crítica a la norma y al poder, la preservación de la naturaleza y de la vida, así como el derecho al futuro deseable, individual y comunitario.

El futuro de las tradiciones comunitarias en su dimensión trascendente se encuentra amenazado ante el acelerado proceso de desarrollo, gracias al papel que cumple el capital bajo su arropamiento neoliberal, depredatorio y autoritario, potencializado mediante las tecnologías de la comunicación a su servicio.
El ideal del capital y de la derecha global y nativa, descansa en su propósito de atomización de la sociedad, en las fantasmagorías del miedo al otro y en la celebración de la competencia despiadada; se apoya en la construcción de un mercado transfigurado, donde todas las formas de vida y de bienes culturales únicamente se aprecian mercantilmente; en la afirmación mediática de la naturalización de un orden cada vez más violento, desigual y excluyente; en el despojo del principio de la esperanza y de la conciencia de un futuro.

La ética colectiva, columna vertebral de las culturas, se enfrenta a los esfuerzos guerreros, a los Estados duros que encabezan el capital: China, Estados Unidos de Norteamérica y la Comunidad Europea; africanos, latinoamericanos, asiáticos,  y aún los insurrectos de la propia Europa y Estados Unidos, sufren el asedio del capital que los tiene cooptados desde el interior, promoviendo su descomposición y su influjo depredador.

Completar la subordinación de México a Estados Unidos es urgente para el capital. No obstante, el obstáculo principal para ello son las tradiciones comunitarias y las culturas regionales de fuerte raigambre, por sus valores morales. La hora ha sonado para que los grupos de poder aliados al capitalismo echen a vuelo las campanas, para guerrear a fondo contra estos valores. El primer paso que han dado es señalar a los que defienden esos valores como enemigos, terroristas, criminales; el segundo paso es lanzar contra ellos toda la fuerza de sus tropas y organismos del terrorismo global, mientras sus corporaciones petroleras, mineras, madereras y turísticas se apropian de sus recursos, culturas y territorios. El mejor ejemplo es Irak, que dejan las tropas de ocupación destruido, con un millón de muertos, más de cuatro millones de desplazados y… 16 mil “contratistas”.

La embestida contra los procesos civilizatorios originarios no es nueva en nuestro país: más bien acompaña a México y a la América Latina desde su misma gestación hasta el día de hoy. La modernización subordinada marca el derrotero de las políticas públicas y se hace sentir particularmente, no sólo en el cerco progresivo a todas aquellas instituciones originalmente destinadas a la educación pública y a la salvaguarda del patrimonio cultural del país, sino en escenarios inmediatos y concretos, plasmada en el asesinato reciente de estudiantes normalistas de Guerrero.

Los jóvenes asesinados en Guerrero aspiraban a realizar la noble labor de la educación de las nuevas generaciones, proviniendo de pueblos originarios y formándose a su vez en el seno de las escuelas normales rurales que remiten a una tradición educativa comprometida con los sectores campesinos siempre marginados, pero a su vez, hoy sometida a un proceso progresivo de olvido, marcado por el abandono presupuestal y dirigido a su extinción llana.

Los estudiantes abatidos por las balas pagadas con los impuestos constituyen un enésimo llamado doloroso de atención que no debemos soslayar.  Y por supuesto, no es todo. Tenemos los asesinatos anunciados de luchadores sociales, integrantes del movimiento por la paz encabezado por Javier Sicilia, homicidios perpetrados por paramilitares con la anuencia ominosa del Estado mexicano o en la figura de policías que se retiran convenientemente de sus puestos para permitir la barbarie. Estas nuevas víctimas no pueden solamente nutrir pronunciamientos: dejaron su vida por un México digno. Ese es el México que debe responder por ellos. Convocamos a reconstituir el valor de la vida, en oposición a la guerra y su cultura de la muerte.

Nacimientos o belenes

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Una de las artesanías mexicanas en las que se manifiesta de manera más fehaciente la influencia Europea es en las figuras que se utilizan en los nacimientos navideños, en España llamados “belenes”.

Quisimos abordar este tema dado que en fechas próximas, esta artesanía es frecuente en muchos hogares e incluso en sitios públicos.

Independientemente del sentir religioso de cualquier persona, no es posible sustraerse del aspecto religioso que estas artesanías llevan consigo.

Trataremos de hacer una reseña de la aparición de los nacimientos y del significado que estos englo­ban, sin tratar de extenderse en el tema, en tanto que no es este nuestro objetivo primordial.

De acuerdo con las fuentes históricas, la primera representación del nacimiento fue realizada por San Francisco de Asís en la navidad de 1223 en un viejo establo cerca de Rietti, Italia, utilizando para ello personas y animales vivos.

Esta tradición se continuó realizando, para pasar posteriormente a la utilización de figuras fabricadas principalmente en cerámica y se cree que esta modalidad se presentó por vez primera en Nápoles a finales del siglo XV.

En el siglo XVI el nacimiento fue traído a América desde España y entre las familias criollas  comenzaron a aparecer figuras en madera, arcillas y también en marfil o porcelana

Los artesanos mexicanos con su habilidad y creatividad dieron vida con sus manos a nuevas formas y en  diferentes materiales a maravillosas piezas que evocan el nacimiento del Niño Jesús en un portal de Belem.

La choza o la cueva, se utiliza como símbolo de sencillez y humildad; José, como el hombre que inspira obediencia y fortaleza; María, representa la fidelidad y amor a Dios, mujer comprensiva y bondadosa; el Niño Jesús es el  guía espiritual que se aloja en el corazón del hombre para transmitir su amor al mundo.

Los tres Reyes Magos, muestran a Jesús a través  de sus obsequios (oro, incienso y mirra)  su naturaleza real, divina, así como su sufrimiento y muerte.

Los pastores, son el símil de la humildad, la sencillez, el servicio, la ayuda y la alegría de los humanos que cuidan con amor a su rebaño.

El ángel es la bondad, el amor y la misericordia.

Por otra, el buey, tiene como misión mantener caliente con su aliento, la cuna de Jesús y es el ejemplo para los hombres para que mantengan en sus hogares un ambiente cálido y amoroso. El burro representa al animal más humilde de la creación y las ovejas son la obediencia y docilidad, e inspiración de confianza.

El musgo es la hierba que deja pisarse por todos los pies sin importar clase o posición social y la estrella es la renovación, representa la luz inagotable y  refrescante que disipa las tinieblas para dar esperanza.


Nacimientos de la región cultural Huanca, sierra central del Perú

El nacimiento, en México, se modifica hasta ser una mezcla de estilos y motivos en los que aparece el portal rodeado de magueyes, guajolotes, pastores y tipos populares, pero sin perder su significado original. Otra expresión, es la presencia de llamas en los nacimientos peruanos, como otro ejemplo de las reelaboraciones que se realizan en las diferentes zonas de América.

Los nacimientos, belenes, portales o pasitos, pueden ser de cualquier tamaño y de diferentes materiales, pasando por las miniaturas, los que se colocan sobre una mesa, o los que llegan a ocupar espacios considerables y elaborados con diferentes materiales.


Nacimiento miniatura, Chigmecatitlán, Pue.

Como en otro tipo de artesanías, pueden ser muy elaborados o sencillos. Los primeros pueden ser de maderas estofadas y policromadas, de cera o de porcelana.
Se elaboran en diversos lugares del país y pueden ser de cerámica, como los de Tonalá y San Pedro Tlaquepaque en Jalisco, de barro de San Bartolo Coyotepec y de Atzompa, Oaxaca, San Agustín Oapan, Guerrero, de Metepec, Estado de México,  de Ocumicho, Michoacán. De hojalata, como los de la ciudad de Oaxaca o de San Miguel Allende, Guanajuato. De caracol y concha del Distrito Federal. De madera como los Arrazola, Oaxaca. O de materiales tan sencillos como los de chuspata, panicua o tule de Pátzcuaro y Zintzuntzán, Michoacán, y de Lerma, Estado de México, para citar unos cuantos ejemplos.

Resaltan las miniaturas de palma procedentes de Chigmecatitlán, Puebla, que no alcanzan más allá de 3 cms. de alto y que son un claro ejemplo de la habilidad y creatividad de los artesanos mexicanos en la elaboración de artesanías.

Los invitamos a disfrutar de un  buen descanso, gozar de una buena cena en compañía de los seres queridos, deseándoles lo mejor para los años venideros.


Nacimiento peruano miniatura de la región cultural Huanca

Entre la pax porfiriana y la Revolución mexicana: Memoria e imaginario de Huitzilac

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Presentación

Huitzilac aparece como un escenario luctuoso de la Revolución Mexicana, recordado de manera reiterada por el asesinato del general Francisco Serrano, a manos de la partida militar liderada por el general obregonista Claudio Fox. La emboscada se realizó en un paraje de la carretera Federal Cuernavaca a México, un 3 de octubre de 1927. Serrano fue eliminado en la medida en que representaba un obstáculo político, tanto para el camino reeleccionista de Obregón como para el curso de la campaña anticristera del gobierno.{tip ::Ponce, 1997: 58-64}[1]{/tip} Unas cruces y una lápida conmemorativa colocadas en el borde de la carretera federal México- Cuernavaca a la altura del kilómetro 48 simbolizan el infausto y cruento evento.

Sin embargo, Huitzilac, desde la perspectiva de los lugareños, tiene muchos relatos sobre la Revolución Mexicana, signados por imágenes muy duras: la leva, el incendio del pueblo, el ajuste de cuentas en las filas zapatistas que segó la vida del general Pacheco, nativo de la localidad, el vivir a salto de mata entre el monte y las cuevas. Isaura Dávila en 1975, narró lo siguiente a su entrevistadora:

“Estuvimos muchos meses en el monte desde la primera vez que salimos de Huitzilac (abril de 1912). Cuando volvimos a regresar al pueblo e hicimos otra vez las casitas, otra vez nos volvieron a quemar nuestra casa. Nos fuimos a distintos pueblos y comíamos tortillas y frijoles, dormíamos en cuevas y teníamos mucha hambre.”{tip ::Duran/ Rueda,2002: 133}[2] {/tip}


Genovevo de la O.
Tomada de http://www.bibliotecas.tv/zapata/zapatistas/genovevodelao1.html

 

Escenarios y tiempos de la Revolución

Presentaremos de manera abreviada y en orden cronológico aquellos eventos y episodios revolucionarios librado en Huitzilac y  en Santa María Ahuacatitlán que reaparecen de manera explícita o entre líneas en el testimonio de do Mauro López, zapatista oriundo de la primera localidad.

Las adhesiones zapatistas en este escenario alteño de Morelos se convirtieron en acciones armadas en fechas relativamente tempranas. El 18 de abril de 1911 las fuerzas zapatistas libraron batalla contra las fuerzas federales entre Santa María Ahuacatitlán y Huitzilac. Le seguirían las acciones armadas zapatistas comandadas por Genovevo de la O el  6 de febrero de 1912. Un mes antes, el cambio de gobierno estatal, no permitía avizorar las represalias que se cernirían sobre estos pueblos insurrectos. Causó consternación que el gobierno estatal brindase pleno respaldo a la campaña punitiva que emprendió el general Juvencio Robles dirigida primero contra Santa María Ahuacatitlán, la cual incendió y las acciones armadas contra los zapatistas desplegados en el territorio de Huitzilac. Robles, a mediados de febrero - aprovechando el repliegue zapatista-  mandó incendiar Coajomulco y Huitzilac entre otros poblados zapatistas de la región, al mismo tiempo que reconcentraba a los sobrevivientes bajo custodia militar.

Los zapatistas recuperaron los espacios alteños e iniciaron el reparto agrario, suscitando  contradicciones intercomunitarias entre Santa María Ahuacatitlán y Huitzilac y sus caudillos: Genovevo de la O y Francisco Pacheco.

A inicios de 1916 la lucha armada volvió a tener como escenario a Huitzilac. El general Pablo González inició en la región alteña una nueva ofensiva gubernamental primero basada en las negociaciones para obtener la rendición de la plaza zapatista de Huitzilac. El reinicio de las acciones armadas de las tropas federales coincidió con el repliegue de las fuerzas zapatistas al mando del general Pacheco, contrariando las directivas de Emiliano Zapata y de Genovevo de la O. Pacheco, decretó la evacuación de  Huitzilac el 13 de marzo de 1916, vísperas del ataque del ejército federal a Coajomulco en su avance hacia Huitzilac. Muchos como Don Mauro, prefirieron refugiarse en las cuevas y en la montaña bajo el mando de Pacheco. Lo que no imaginaban es que su jefe, sería considerado traidor  y decretada su muerte.  La pérdida de su caudillo local, consolidó el poder de Genovevo de la O. en dicha región.

A mediados de abril de 1916, 30 mil efectivos del ejército constitucionalista al mando del general Pablo González, se fueron posicionando en movimientos de pinzas sobre las plazas zapatistas del norte de Morelos, iniciando la ofensiva el 2 de mayo. El día cinco, el avasallador ataque había concluido con la toma de pueblos y de la propia ciudad de Cuernavaca.

La tercera campaña militar antizapatista al mando de Pablo González  iniciadas en enero de 1919, logró tomar dos meses más tarde, las plazas zapatistas de Huitzilac y Santa María, vísperas del asesinato de Emiliano Zapata.

 

El testimonio de Don Mauro

El  testimonio de Don Mauro López, y su hija resultan invaluables para reconstituir la historia de los huitzileños, entre la Pax Porfiriana y la Revolución Mexicana, independientemente de que algunas fechas y eventos puedan ser observados, corregidos y matizados. Varios pasajes revolucionarios reaparecieron en la narración que nos hizo Don Mauro López Ruiz, un veterano zapatista a un grupo de alumnos de Etnología de la ENAH y  su maestro – el que esto escribe-  en el curso de una práctica de campo. El centenario Don Mauro, estimulado por su atenta e inquieta hija, así como por algunas preguntas de los estudiantes, narró memorables pasajes de su vida en las filas zapatistas, muchos de ellos vinculados a su tierra natal. La transmisión intergeneracional de la familia López, selló vínculos entre Don Mauro y la segunda generación vía su hija. Ellos, generosamente nos abrieron su casa y sus recuerdos.

La versión fue transcrita de una copia del original existente en la fonoteca de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. El testimonio de Don Mauro fue reordenado y agrupado bajo los tópicos que consideramos dominantes. Sin embargo, resentimos la ausencia de una parte de la grabación que daba cuenta del refugio de los huitzileños en las cuevas de los cerros circundantes a Huitzilac, con motivo de las despiadadas incursiones maderistas y carrancistas. Se nos viene a la memoria la figura de Don Mauro, dibujando con el dedo de la mano derecha una espiral, al mismo tiempo que chasqueaba los labios y silbaba, para retratar el peligro de una serpiente de cascabel que los amenaza en una cueva que eligieron como improvisado refugio. Ésta anécdota y otras sobre la mala vida entre las cuevas  y los bosques, relatadas en su momento por Don Mauro, respondían a la evacuación de lugareños para escapar de la cruel ofensiva maderista a mediados de febrero de 1912, cuando las tropas al mando del general Juvencio Robles quemaron el bosque y el pueblo de Huitzilac, o quizás previniéndose de la no menos feroz arremetida carrancista, conducida por el general Pablo González, a mediados de 1916.{tip ::Enciclopedia de México 10, 1987:5602}[3]{/tip}

El testimonio de Don Mauro reabre una larvada discusión sobre la toponimia de Huitzilac, sobre sus cultos diversos, sobre la hacienda el Fraile. Esta hacienda propiedad de don Ángel  Entrambasagua -Trampajagua lo nombra Don Mauro, acaso con algo de humor aldeano-, estaba ubicada en los lindes entre Huitzilac y Topilejo. La hacienda El Fraile, fue parcial y formalmente recuperada por los comuneros en 1929.{tip ::Resolución Presidencial, 6/11/1929}[4]{/tip}

El testimonio de Don Mauro permite reconocer desde su cosmovisión cultural su lectura de la Revolución Mexicana, a partir de una señal aciaga: un cometa, reproduciendo una así una vieja clave prehispánica. Su palabra, también anima la lectura sobre los preciados recursos naturales del bosque, abundantes como los árboles o escasos como el agua. Los perfiles de los liderazgos zapatistas y cristeros, así como las tensiones del reparto agrario, resultan igualmente interesantes. La escisión entre Genovevo de la O y Francisco Pacheco, que culminó con la muerte del segundo en Miacatlán, deja entre líneas los ejes de fricción y reciprocidad entre los pobladores de Huitzilac y Santa María Ahuacatilán. Los datos más importantes que aporta el testimonio de Don Mauro López, es una versión diferente sobre la muerte de Pacheco en Miacatlán que refiere su fusilamiento por las tropas de Genovevo de la O,{tip ::Espejel/Rueda,1985, vol. 5:914}[5]{/tip} así como sobre el no desarme de sus tropas y su reasignación bajo otros mandos zapatistas.{tip ::Womack, 1985:248}[6]{/tip} Hasta aquí lo nuestro. Sin lugar a dudas, los lectores interesados y en particular los huitzileños, podrán encontrar en el testimonio de Don Mauro López, muchas otras entradas. ¡En buena hora!


Tomada de http://www.emersonkent.com/history_notes/francisco_pacheco.htm

 

El terruño y sus nombres

-Hija: todo ese terreno era de mi papá.

-Don Mauro: sí, este terreno. Allá arriba nacimos, crecimos. Mi papá se hablaba en mexicano con mi mamá. Nosotros éramos chicos y no aprendimos nada. No sabíamos al tiempo, como ahora que nos dicen tontos, hubieran aprendido, ese idioma es bonito.

Nosotros no sabíamos, crecimos y vino ya la Revolución y ya se perdió todo eso.

Yo nací aquí en el pueblo antiguo, porque vivía toda la familia de mi papá ahí. Tenían allí sus casitas bien hechecitas y como les hacían esas bardas bien hechecitas. Adorábamos a unos ídolos de piedra  azul, ya de grandes los conocíamos. Mi papá creció y se vino para acá y su familia allá estaba, tenían su lugar aquí. Cuando ya hicieron la iglesia nosotros nos vivimos. Cuando nacimos ya estaba el templo.

-Hija: sí, pero nos contaba mi abuelo, o sea el papá de mi papá, que él ya nació en este pueblo. Mi papá nació en 1890. Mi abuelo no sé en qué año nació porque dice que la iglesia la empezaron a construir (porque allí tiene su letrero) en 1600 y terminó en 1635. Nos decía mi abuelo que después de la llegada de los franciscanos empezaron a construir la iglesia. El pueblo de allá quería nombrarlo San Juan, Sanjuansín.

San Juanjuansín era el pueblo. Los franciscanos querían nombrarlo San Juan pero anteriormente no se acordaba mi abuelo o mi papá, cómo era el nombre náhualt. Porque no sabemos si ese era el nombre auténtico de ese pueblo. No del pueblo. Huitzilac quiere decir pajaritos, muchos pajaritos con flores.

-Don Mauro: le llamaban chupamirtos.

-Hija: ahora les dicen colibrí, colibrí junto al agua. Nosotros teníamos un jaguey que estaba pegado allí  donde están las escuelas y tenía una parte como laguito y allí estaba saliendo el agua y había mucha flor. Una flor rojita que se llama mirto y había muchos pajaritos en ese tiempo. Yo me acuerdo.

-Don Mauro: tenían así, su picote de largo.

-Hija: yo me acuerdo, tenía como 6 años y nos contaba mi papá, mi abuelo ( su papá de mi papá), porque ya vé, los abuelitos cuentan de eso, cuéntanos de lo otro. Mi papá se acuerda. Mi papá nació en esas galeras. Allí estaba su casa de mi abuelo. En 1890, hasta allí nomás sabemos porque nos contaba de allá. Ahora, él después, cuando vino la Revolución en 1912, él ya vivía aquí. Mi papá se acuerda en qué año se hizo el contorno del panteón, el año en que se inauguró la presidencia municipal.

-Don Mauro: mire, el camposanto surge en 1903, que los pobres hombres, los borrachitos que andaban el domingo, los agarraban y los encerraban en el calabozo. Al otro día salían las declaraciones: 8 días te toca trabajar, acarrear la piedra a puro lomo. No había carros. Yo todavía lo vi cuando se estrenó el palacio. pero ya fui creciendo.

-Hija: en 1905 se inauguró el palacio municipal.

Don Mauro: cuando yo crecí tenía mi papá su ganado y lo cuidábamos. Me acuerdo, venía un chaparrito que lo teníamos de pastor y contaba. Ya no me acuerdo qué decía . Se iba a la tienda y ya, no me acuerdo, la copa. Ese alimento es muy bueno señores y el señor y la mamá venían llorando tras del señor. No me quiero ir a mi pueblo, déjame mamá y vete a tu tierra, yo estoy aquí bebiendo mi alimento, la copa. A 20 días, ya, está tendido por la borrachera. Cantaba, ya no me acuerdo bien, el pobre hombre.

La hacienda El Fraile y la pax porfiriana:

-Don Mauro: pues hasta ahora se sabe que son comunales, porque antes nadie sembraba esas tierras, porque ese monte, los jueces de antes, los antepasados en tiempos de paz, vendieron un terreno. Era hacendado.

Hija: sí de la comunidad, siempre ha sido de la comuna desde l735. Era americano gachupín.

Bueno, cuando mi papá se refiere a tiempo de paz, a su época de 1890, cuando no había guerra, antes de la Revolución. Que no fue la guerra, fue tiempo de paz. Oíamos que platicaba mi papá de cómo ellos hacían su servicio, le tocaba la ronda, cómo  le iba. A que ni saben: ya vino un ricote con los ricos de aquí, pero no lo enseñaron en el día, nomás en la noche lo presentaron. Yo lo vi. Le llaman la hacienda de Fraile Mancilla, le dicen. Ya vendieron los del pueblo el terreno a fulano. Ellos mandaban.

-Hija: pero el español cómo se llamaba?

-Don Mauro: Tampajagua, Ángel Trampajagua. A ese nomás lo traían en la noche. No lo traían en el día. Había ricos aquí que lo traían, porque esos ricos tenían su ganado por allá y se juntaron con ellos y les vendieron el terreno. Eran montes grandes. Vino la revolución y se quedó todo. Se murieron esos hombres. Se murió el dueño y ahora ya lo recogió el pueblo. Ya lo está trabajando, siembran mucha avena. Es muy grande ese terreno.

-Hija: Como por l951,¿ no papá?

-Don Mauro: Sí, por ahí. 51, 52. En tiempo de paz.

-Hija: no en tiempo de paz que dice, desde 1890 a 1910, digo cuando se repartieron los terrenos. Cuando tú no pudiste por tus animales, y le dieron a mi tía Teodora y a mi tío Francisco. Así ya después  vino la repartición en 1950.


Francisco Pacheco. Tomada de http://www.emersonkent.com/history_notes/francisco_pacheco.htm

 

El Cometa y la bola revolucionaria

Don Mauro: en 1910 llegó la Revolución. A mis 20 años salí de aquí a la Revolución, desde cuando mi papá iba, todavía éramos chicos. Oíamos que hablaba con mi mamá en mexicano, era coloquial. Nosotros ya no le entendimos. Miren, en 1910, empezó el alboroto de Francisco I Madero, que ya venía la Revolución. Mi mamá y mi papá, pues ora ya. Y que ya se levantaron aquí.

-Hija: papá, diles del cometa.

-Don Mauro: ya ni me acuerdo. Salía el cometa por aquello de las 8 de la  noche y su compañero de mi mamá. mi mamá se llamaba Estefanía y que me dice, ¿quién sabe lo que nos irá a pasar, el cometa nunca sale. Veía su colita, así venía el lucerote, como cuando el sol viene saliendo. Mire usted, cuando acabó  se metía el lucero y la cola abrazaba el cielo y después se puso colorada la cola. Dicen: María Purísima, ése contiene algo, quién sabe que nos irá a pasar decían las señoras y de ahí, fue siguiendo esa zona y ya Francisco I Madero viene con la Revolución y ya entonces éste soltó algo, algo se soltó y se levanta Zapata y se hizo la Revolución y ya en 1912, viene la tropa a quedarse. Aquí, a las 6 de la mañana, nos sacaban encueraditos a los muchachos, sin sombrero. Que pasan 6 muchachos, vámonos. Que no oyen que la gente que llora, ya se llevaron a sus hijos.{tip ::Mauro López: “Recuerdo que cuando se acercaban a Huitzilac las tropas federales, la desesperación al escuchar el griterío de las mujeres y la lucha por evitar que la leva nos llevara a jóvenes y hombres por igual, nos hacía correr al bosque a escondernos, junto con otros jóvenes. Aunque todavía no participábamos de manera activa en la Revolución, en nuestra mente no estaba el combatir a los revolucionarios”, “Fiel soldado de trinchera” de Lya Gutiérrez Quintanilla, Diario de Morelos (Cuernavaca) 19/4/2010.}[7]{/tip} Pues entonces me fui a la Revolución, con los zapatistas, y ahí en el cerro, como a las 10, estábamos sin sombrero, aquí el palacio estaba lleno de gentes del pueblo y que llegan los zapatistas, como 8: ¿ustedes muchachos qué están haciendo aquí?, estamos escondidos. ¿De dónde son ustedes? De Huitzilac, de allá están sacando gente. Eso venimos a aclarar. Y ora, qué piensan, ¿ se van con nosotros? Vamos con ustedes y vamos al campamento de Genovevo de la O. Se nombra el lugar, Tepeite. Cuando llegamos había hartos rancheros, puros ganaderos. En los palos estaban colgando como 6 reses y unas ollas llenas de comida. Ándenle muchachos y daban la comida en cazuelas quebradas. Nos dieron de comer caldito con pedazos de carne. Comimos y que llega el mero Genovevo, era un chaparrito. Ora, ¿qué pasó muchachos?, ¿ora qué piensan? Se van conmigo a la frontera, ándenle pero se van mañana a la frontera pero se ponen abusados, tiene que bajar mucha tropa de Huitzilac a Cuernavaca y llevar la gente.{tip ::Mauro López: “Mire Usted, con el general de la O, realmente estuve bajo sus órdenes forzado; claro está que fue mejor que si me hubiera llevado la leva al norte, pero yo no conocía a nadie de su tropa y no era mi ambiente, así que en cuanto pude hablé de frente y directamente con Genovevo y le pedí que me dejara sumarme al movimiento en mi pueblo. Creo que corrí con suerte ese día, porque el general aceptó y es que así eran, si no cometía una traición con ellos, no había problema. Dejé caballo y arma que me habían dado y retorné caminando por bosque rumbo a mi casa. Al llegar, me encontré que el general Francisco Pacheco, que era bien conocido por esos rumbos, porque al igual que de la O, era como un representante de la comunidad, ya se había alzado en armas y yo, encantado, fui a su encuentro y me sumé a su movimiento. “Fiel soldado de trinchera” de Lya Gutiérrez Quintanilla, Diario de Morelos (Cuernavaca) 19/4/2010.}[8]{/tip}

Y que allí vamos, iba gente armada, como nosotros y a caballería. Gritaban, fronterizos de la frontera, pero unos muchachos güerotes, bien vestidos, de caballerangos traían sus trajes, puras camisas largas, zapatos y unas gorras texanas, caballos buenos. Mire cayeron de bastos y ahí vamos todos a agarrar las armas y córrele para el cerro y ahí vienen los demás y hasta lloraron: miren papacitos, nosotros venimos de este modo y no sabemos. Era bueno el general que nos llevó allí: pues ándenle, pero la verdad que está trabajoso, por hoy los van agarrar los más y dice otro, vamos a llevarlo a ese camino de este otro lado, ahí no hay gente mala, que lleguen a México, allí ya se escaparán porque por aquí no llegan a su tierra, ya hay mucha gente armada por aquí. Ya se hizo la Revolución, que Dios los acompañe. Los muertos allí para los zopilotes, para los perros. Entonces nos fuimos para el cerro, pero verdad de Dios, que de los 6 que salimos, nomás sobramos 2, otro se murió porque agarró el vicio de la toma, pero todos se quedaron allá en el estado de México, a la balacera. Caían junto de mí, ni les tirábamos nada porque andábamos trayendo sus armas, esperábamos. No, si viera. Aquí todos. Mire, venía la tropa, me acuerdo que iba un batallón de pura caballería, iba un general adelante y en la tropa de los zapatistas estaba otro, esperando al mero general. Se llevaba 2 hijas el general, bien armadas las muchachas, señoritas con buenas pistolas, escuadras, buenos caballos, cada quien llevaba 2 asistentes y cantaban: ora zapatistas, guarachudos, patas rajadas. Decíamos, óyelas, llegamos allá abajo y comienza la balacera, su mero papá era el general que iba hasta adelante, atendieron, que se regresa la poli, una caballera, en un terreno que estaba con alambrados, allí se bajaron. Se escaparon, dejaron sus caballos y las muchachas no pudieron pasar los alambrados, allí las agarraron y decían los demás, los que habíamos oído lo de patas rajadas. Bueno señores, así nos dijeron que les dijéramos. Bien, ahora muchachas ya llegó el general y dice, soy bueno, váyanse, aquí está el camino, dejan la escopeta, casi le quitaron  sus abrigos, llevaban buenos abrigos las muchachas. Llegaron a Santa María, ahí había mucho gobierno. Sabrá Dios, pero encontraron tirado su nombramiento. Entonces se vieron muchas cosas de ellos como de los zapatistas aquí. Era el primer golpe que aquí pasaba. Ya estando adentro se iban a dar el taconazo con Zapata. Yo conocí a Zapata, más o menos 2 veces que lo fui a ver, que nos llevó el general de aquí. Fui a recibir órdenes, llevó como a 30, pero en la noche porque había mucho gobierno aquí.

-Hija: diles cómo se llamaba el general de aquí, papá.

-Don Mauro: Francisco Pacheco. Ahora el presidente municipal es Francisco Pacheco, nieto de ellos. Llegamos a San Vicente, allí estaba Zapata, allí lo conocí. Bien parecido, bigotes, sombrero pero había así de gente para recibir las órdenes. Los jefes dicen: miren vamos a pelear las tierras del estado de Morelos, vamos a morir peleando las tierras y fue cierto y ganó las tierras porque todas esas tierras fue de los hacendados, fábricas de maíz, de azúcar, de caña, de todo y el mismo pueblo, a los hombres los tenían de peones porque yo he andado por allá.

Me platican los viejitos que carretas de palos, así 4 tercios de caña y 4 muchachos jalando como animales y el chicote. Esa orden tenían y Zapata era pobre y estaba allí, y usaba huaraches de orcón enredado, de calzón y sombrero y estaba así, nomás estaba viendo. Cuando se hizo este movimiento, para irse a remontar ya de zapatistas, entró a la hacienda el administrador con el caballo y que lo agarra y le da de machetazos y su cabeza así. Se fue para el monte con todos los peones. La gente que tenía era del pueblo y se hizo la Revolución. Estaba Zapata y ya nosotros. Ya andábamos, surcábamos por Toluca, por el estado real del oro, por Ixtlahuaca, por ahí, a atajar los trenes.

 

Los generales zapatistas

-Don Mauro: fui a dar al campamento de Genovevo de la O. Nosotros llegamos a un pueblo que se llama Cuentepec como a las cinco de la tarde, allí dormimos. Al otro día, como a las ocho, salimos de ese pueblo y llegamos a Miacatlán como a las once. A la primera casa que llegamos, allí estaban tres hijas que tenía y su mujer. Allí se bajo Pacheco de su caballo y a nosotros nos mandaron abajo donde había un corralón para depositar nuestra caballada. Ese día no nos pasó nada. Al otro día como aquello de las 10, ya estaba llegando la compañía de nosotros. ! Buenos días compañeros ¡ !Buenos días¡ Y la dueña de la casa fue a su mandado.

En una tiendita estaban tomando la copa los que iban a hacer esa muerte. Le dije a Pacheco, señor, váyase ahorita de aquí, porque están hablando de usted, que ya le conocieron a usted, que al rato lo vienen a visitar. ¿Qué me van a hacer? Traigo bastante tropa. No los molestaban nada, al puro jefe querían. En la balacera murió un coronel y sus asistentes, pero a él lo sacaron vivito de la casa donde estaba. Encuerado lo lazaron, a cabeza de silla lo llevaron arrastrando hasta la hacienda donde están unos tamarindos. Allí lo colgaron. A nosotros no nos pasó nada. Entonces nosotros dijimos ya se murió. Ya tomamos rumbo para acá y nos encontramos otro general, Valentín Reyes, vecino del Ajusco, que venía en seguimiento de nosotros. ¿Qué les pasó? ¿Ya lo mataron al general? ¿Y sus armas? Todo nos quitaron. Murió el general Marcelino Pulido y sus dos asistentes, Mejor vámonos para el monte, por Zempoala pasamos. Nos hicimos a sus órdenes.{tip ::“Ese si fue un revés para mí, aunque nos permtieron a su tropa incorporarnos a la de Genovevo, pero después de la muerte de Pacheco, para mí, ya nada fue igual. Ese sí era un general que andaba bien trajeado con ropa de rancho, pero en buenas condiciones. Tal vez, porque lo consideraba de mejor posición que de la O, éste le agarró muina. Realmente no sé qué pasó. Traidor, nunca fue mi general Pacheco. ““Fiel soldado de trinchera” de Lya Gutiérrez Quintanilla, Diario de Morelos (Cuernavaca) 19/4/2010.}[9]{/tip}

Había tres o cuatro avanzados en la noche. El ya sabía donde andábamos. Hicimos una plática en un lugar. Nos dijo, compañeros nos van siguiendo, yo voy adelante, voy a acampar en tal parte, a ver si allí nos hacemos de armas para ustedes. Allí el que se quedó se quedó. Sí general, vámonos, vámonos. Llegando a ese lugar allí estaba su rancho, lo rodearon sus soldados. Era un voladero. Salieron chillando, papacito no me mates. Allí nos hicimos de armas, puro 30 30 y allí vamos. Nosotros papacito los llevamos donde están los demás dijeron, y allí se comprometieron. En la otra tanda murieron dos, eran hermanos, el balazo los traspasó y allí cayeron. Más adelante, con la balacera a uno del Ajusco le chisparon los ojos. Llega su hermano y dice  pobre mi hermano. El dice de una vez mátenme. Vámonos. Allí se quedó. El que aguantó, aguantó.

Luego vinieron los que peleaban la Religión y la robadera; yo tenía mi papá con harto ganado. Dos carneros nos van a traer del corral, nos dijeron. Mi papá estaba amenazado, temblaba. Por orden del general nos da dos carneros y allí van los escogidos. No se retiraban de allí del cerro. Y los del Gobierno los confundían con los del pueblo. Venía tropa y los balaceaban y no se iban. Hasta que murió el mero que robaba, León Rosas. lo balacearon y le dieron un balazo aquí en la pata, en el talón. Se fue para allá y no aguantó, se canceró, allí no había con que curar. Acabado ese, se acabo la Revolución de los Cristeros, ya el Gobierno le cargaba la culpa a aquel cuate.

El reparto:

Don Mauro: las tierras son del pueblo, porque hay harta gente que la trabaja, son propietarios, son dueños de la tierra. Son dueños los que trabajan la tierra.

-Hija: son dueños, pero son comunales.

-Don Mauro: sí, los de acá arriba.

-Hija: la tierra de la parte norte la siembran de pura avena y les digo a las señoritas que aquí la gente que tiene dinero, tiene su camión, su tractor, su empacadora y tiene hectáreas y hectáreas de tierra y de avena.

-Don Mauro: ya vino la repartición  y fueron hasta el pueblo. Yo no pude ir, mandé a una hermana. Hubo aquí, le nombraban Presidente de Bienes Comunales. Otros iban a favor mío. Yo me llamo Mauro y le dicen: ese terreno le toca a Mauro López porque aquí sembró un tiempo. Le dice el de Bienes: no, para qué quiere tanto terreno, tiene reteharto, ya ni lo siembra. Me dijeron, mejor le va a tocar a otro muchacho que no tiene tierras. Otros decían, no, mejor dénselo a don Mauro porque ése anduvo en la Revolución, sufrió. Dicen: no le hace, ahora tiene terreno, aquí se les va dando a los que no tienen. Les digo, déjalos, pero repartieron.

-Hija: no tenía terreno mi papá, sólo teníamos este pedazo. Y éste era de mi abuelo, de su papá y todavía hay unos documentos por allá. Tenemos un documento de mi abuelo que compró un terreno en 1877.

-Don Mauro: muy lejos.

-Hija: Hija. Por allá por el monte. Casi con el año salimos, cuando llegamos ya lo había recogido otro, ya lo había vendido con otros. No, está muy trabajoso, ya no me acuerdo más.

Memoria de las aguas: entre la laguna y el jagüey.

-Don Mauro: fui creciendo y vino el alboroto de la Revolución. En aquella época pasaban ríos por aquí porque había lagunas o algo así. Las lagunas son las de Zempoala: Zempoala, Compilla, Tonatillagua, La laguna seca, la laguna de Qila y Ocoyotongo. Son como 5 lagunas pero se secaron ya, porque les faltó el agua ya.

-Hija: no, se la llevaron a otros pueblos.

-Don Mauro: la asentaron, le echaron una basina de basura y fue a resultar a un  pueblo que le llaman Almoloya del Río y esa agua se la llevaron para México. Ahora aquí hay agua, la tomamos del mismo Zempoala, pero está dentro de una cañada, en una peñota que está allá. Es un trozote que está saliendo para la laguna y para acá.

-Hija: allí nace el agua.

-Don Mauro: ándele, ahí sale, nace y la tomaron porque un rico que compró, tiene harto dinero aquí, se llama el sesenta. Ese señor es millonario de México. Vino aquí a la presidencia a pedir un permiso y como el agua es del Monte de Ocuila, fue a Ocuila. Allí les mandaron y se le dio permiso, pero hizo, creo, un colegio para que le dieran agua. Vino y puso ingenieros y vino hasta acá, haciendo el caño de un metro de hondo, poniendo el tubo y venía el agua y allá la  llevó.

-Hija: le cambió, digamos, el cauce ¿no?, la desvió hacia allá.

-Don Mauro: tenía unos tanques grandes. Llenaron los tanques, entonces el pueblo se quejó. Todo el pueblo, entonces se hizo la junta y habló el juez: Señor ya dio usted permiso que pasara el agua aquí, ahora queremos que nos deje una toma, mándele traer que aquí estamos. Le hablamos y no quiso el señor aquel, el dueño.

-Hija: y él, ¿no se acuerda cómo se llama?

-Don Mauro: No. Es de origen mexicano. El señor ese dice: no, pues a mi me costó mucho. No le hace. Usted fue a pedir permiso allá y aquí el presidente municipal también le dio permiso. Ahora nosotros queremos el agua.

-Hija: pero diles por qué tenemos agua de Zempoala. En tiempos de paz, de dónde agarraban el agua. Diles lo que les acabas de decir a las muchachas del agua que teníamos, de tu tiempo y del tiempo de más atrás.

-Don Mauro: se llamaba ojo de agua.

-Hija: el Cuete, donde desapareció porque no le quisieron dar el agua para que se la llevara para México.

-Don Mauro: ya por eso lo hicieron en Hueyapan.

-Hija: nosotros teníamos mucha agua en tiempo de paz en Hueyapan.

-Don Mauro: teníamos nosotros la toma de Hueyapan. Es una laguna grande. Vino un ingeniero a ver al juez para que le diera el agua. Le puedo decir que sí, pero falta el pueblo. Vino el pueblo y le dijo: si nos deja una toma sí. No, no quiso y ahora de maldad, mandó a esconder las dos tomas con el barreno. Barrenó la peña donde venía el agua y se estropeó, Se sumió el agua, se secó y nos quedamos sin agua.

-Hija: ¿Cuántos años?

-Don Mauro: 2 años. Mire, duramos con nuestra hija, Aquí está otro jagüey que todavía sale agua. Yo hasta ya andaba en lo alto porque tenía vacas y con 2 animales cargaba botes para traer. Por ahí todavía está mi hija. Pero era gente .Con luz, formados y esperando y llegando con un chorrito que daba el tubo con agua. Y así duramos harto tiempo, hasta acá. Yo ya no dormía. No dormía porque tenía vacas, vendía miel, leche y todo bien. Después nos pasamos, hasta echábamos dos viajes de noche, señores. Nos íbamos a dormir como a las 4 de la mañana. Mi hija sí dormía pero yo no. Yo salía a cuidar mis animales. Con decirles que me ponía mis tacos, casi nomás bebía la pura leche y miren, todavía estoy aquí.


Tomada de http://www.nevadaobserver.com/Mexican%20Revolution%20-%20People/Mexican%20Revolution%20-%20O,%20Genovevo%20de%20la.htm

-Hija: Pero después dice que fue un movimiento de tierra y volvió a aparecer el agua.

-Don Mauro: Sí. Yo ya ni me acuerdo. Ay, con el primer viaje mi hija traía la linterna, porque caminando por la noche, estaban descompuestos los callejones, piedras y hierbas. Ahí veníamos. Ahí teníamos un tanque para guardarla cuando ya está cayendo del chorro. Doy gracias a Dios. Ya no más allí dejábamos los botes que llenábamos en el monte. Ya ahora ya nos vamos a beber, a amarrar a los animales, hasta el otro día. Su mamá ya está aprevenida con el café.  Ándele ya están dormidos. Ni modo, ya hay agua. Y ya, se quedaron parados y ya no se fueron porque les íbamos dando tantita agua. Una vaca tantita, luego otra. Con trabajos nos íbamos sosteniendo, porque una vaca que no bebió agua se murió. Comió seco.

-Hija: pero de ahí ya no vino agua, de este movimiento.

-Don Mauro: Ajá, después de la sequía empezó, pero ya no fue como era antes. Allí empezó a faltar mucho el agua, pero había ahora. Pero después dicen que ahora, en la fecha, ya no traen nada de agua los tubos de allá, ya no viene, se sumió.

Hija: Entonces por eso, cuando hicieron los fraccionamientos de Monte  Casino , Sierra Encantada y el Sesenta, todo ese lado,  entonces sacaron todo el agua de allá arriba de las lagunas,  que de allá donde está saliendo  el agua, allá tienen los tubos. Como esa gente es de mucho dinero, entonces de allí tomaron el agua. Están bien puestos en la peña y aquí se opuso el pueblo para que dejaran una toma. Si no, no tuviéramos agua. Si nos la dan es porque el pueblo se puso abusado, hubo junta. No señor, no se lleva el agua. Sí, me la llevo. Llévesela. Había tanto cerro que ya luego le iban a destender el tubo. Y ya salía. Sí la dejó, por eso la tenemos.

-Hija: Nos dejaron un tubito.

-Don Mauro: Ahorita no hay ninguno. Está de acuerdo el pueblo. No reclama el dueño, creo que ya se murió el señor ése, queda la señora, pero como el señor le dejó el aviso de cómo está aquí el movimiento. Si no daba agua el señor ese, no la dejaban pasar. Allá se la tumbaban el agua.

-Hija: yo ya no me acuerdo. Tengo de estar con mi papá como hace 5 años. Yo vivía en Cuernavaca.

-Don Mauro: ya casi es grande. Es muy grande lo que compraron los de México. El señor iba vendiendo los terrenos con agua. Por eso tienen mucha agua.

-Hija: ellos sí tienen bastante agua.

-Don Mauro: sí, porque no hay ninguna higiene, quién la cuide cuando viene a dar el recorrido, tiene peones y cuando se descompone un tubo, van los de aquí y le ayudan. Está bien hecho, así de hondo, para abajo.

 

San Juan reaparecido:

-Don Mauro: el 24 de junio celebran al señor San Juan Bautista. El 24, 25 y 26 adoran a ese santo.

-Hija: la otra fiesta es de septiembre.

-Don Mauro: el día 1 de septiembre, porque con la revolución se llevaron el Santo de aquí. Un general norteño del gobierno le gustó y se lo llevaron para México y allá lo fue a depositar en una vecindad. Llegamos aquí y estaba muy extraño el templo. Entonces era de palo, la tarima hasta se estaba viendo, pero al santito ya se lo habían llevado de aquí. Aquí había otro señor que sabía hacer santos, pero no lo estaba haciendo como el santito que ahora está bueno. Fue el tiempo de cómo mucha gente se desperdigó, como esa señora que vivía en México. Llegó el dueño de la finca donde vivía, le anduvo diciendo: señores, con tiempo les vengo a avisar, vayan buscando otro lugar, porque  ya voy a componer de vuelta los cuartos, porque ya les voy a dar otra pintada. Luego que ya están listos ya se vienen. Sí. Entonces le dice el señor a su señora: vete a conseguir para que después nos pasemos para allá. Entonces en una vecindad, le dice la que cuidaba: Sí señor, pase a escoger los cuartos que quiera. Ahí están hartos, que va llegando a un cuarto y ahí estaba el Señor San Juan, así que le dice: este señor es de mi tierra y se fijó bien y estaba encueradito pero le faltaba creo que un dedo. Este señor ya halló cuarto. Ándele, mañana le voy a decir a mi señor que venga. Ándele, a la hora que quiera, hay hartos cuartos. Allá se dice: mira lo hallé, allá está San Juanito. ¿ Cómo? Sí, es El. Vamos a ver. No, voy a trabajar. `Vamos a ver. Luego se vinieron al pueblo, fueron a hablar a la presidencia municipal, le hablaron al juez.

-Hija:¿ Y cómo se llamaba el juez?

Don Mauro: José Pérez y Luis Cuevas, entonces que les dice: Señores, este Santito nos lo vamos a llevar a nuestro pueblo,. Si yo no les digo nada, es de un general norteño, y ya mero faltaban 20 días para que lo venga a traer, lo cuidaba. Le dieron como 10 pesos, eran pura plata. Entonces la señora quedó muy agradecida. Lo embarcaron en México Tacubaya, llegó a Tres Marías en tren. De aquí fue gente a encontrarlo, todo el pueblo. Acá arriba ya no caía el agua. Allá, le pusieron el sombrero y su gabanzote. El día 1 llegó aquí, por eso la fiesta la hacen el día 1 de septiembre. Miren, ahora ya le hicieron, tiene muy arreglada su iglesia. El padre y el pueblo estaban muy animados. Sólo ese reloj hubo que costó 40 millones. Nomás fueron señalados los muchachos que están pesudos aquí. De a millón .Toda la compostura que tiene el pueblo, la anima el padre que está aquí.

-Hija: diles qué hacen en esa fiesta, qué es lo que come toda esa gente.

-Don Mauro: los invitados hacen mole, harto, chito, alquilan la banda de México y vienen los danzantes, el castillo, hay toros. Los danzantes son de aquí, bueno ahorita son de aquí. En seguida tiene el señor una de chinelos, sí ahorita es lo único que hay de aquí.

-Hija: también bailan el 24 de junio. Salen aquí en el estado de Morelos. Ya hicieron el corral de toros allí, cada fiesta lo hacen allí. El baile es de aquí, de Tlayacapan, pero lo bailan en todo el estado de Morelos, también en Xochimilco. Por eso esa vez, en esa fiesta, vinieron los de Toluca. Sabes que los arrieros, hija, ésos traen hartos burritos, con hartas cositas y los hombres bailando, bailando, así hacen las fiestas. Aquí se les nombra mayores, son 4 y ésos son los que hacen el gasto, de su dinero. A uno le toca el mero día, darles de comer el desayuno y la comida y al otro día al otro. Si hubieran venido ese día, el 24, 25 y 26 a esas casas de los encargados, hay comida, mucha comida para toda la gente que viene. Hay todavía en la iglesia.

-Hija: uno es para el 24, para el 25 y para el 26. Primero es el Fiscal, que le toca el primer día.

-Don Mauro: el fiscal es que hace todo el gasto, es el más fuerte el del día primero.

-Hija: pero él sólo, de su dinero. Yo tengo un sobrino que fue el encargado del día primero de septiembre y se gastó 22 millones (pesos viejos).

 

Bibliografía:

Espejel, Laura L. y Rueda S., Salvador, 1985, “La revolución aislada: los zapatistas en Morelos” en Así fue la Revolución Mexicana 5 de Enrique Florescano (Coordinador), México, SEP, pp.913-918.

Gutiérrez Quintanilla, Lya, “Fiel soldado de trinchera” de, Diario de Morelos (Cuernavaca) 19/4/2010.

Neria Duran, Leticia y Jaime Rueda Salas, “La Revolución mexicana en Huitzilac: tres momentos históricos de la lucha zapatista” en Huitzilac en la  Historia de Rodrígo Moreno Gutiérrez y Leonardo Salinas González (Coordinadores), México: UNAM-Ayuntamiento de Huitzilac, 2002, pp.  117-157.

Ponce, Armando, 1997, “El nieto del general Serrano lo rescata de la sombra a la que lo condenó la historia oficial, a 70 años de su asesinato”, Proceso (México) Nº1091 (28 de septiembre), pp.58-64.

Womack jr, John, 1985, Zapata y la Revolución Mexicana, México, SEP-Siglo XXI Editores.

 

Grabaciones:

Lopéz, Mauro, Testimonio, Fonoteca de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, México, D.F., 1991.

 

Documentos:

Archivo General Agrario del Registro Agrario Nacional (AGA): Bienes comunales de Huitzilac, Morelos, Expediente 276.1/844 (Copia mecanográfica de la Resolución Presidencial promulgada por Emilio Portes Gil y Marte R. Gómez, secretario de Agricultura y Fomento sobre dotación de bienes comunales al pueblo de Huitzilac, 6 de Noviembre de 1929).

 


[1] (Ponce, 1997: 58-64).

[2] (Duran/ Rueda,2002: 133)

[3] (Enciclopedia de México 10, 1987:5602).

[4] (Resolución Presidencial, 6/11/1929).

[5] (Espejel/Rueda,1985, vol. 5:914)

[6] (Womack, 1985:248).

[7] Mauro López: “Recuerdo que cuando se acercaban a Huitzilac las tropas federales, la desesperación al escuchar el griterío de las mujeres y la lucha por evitar que la leva nos llevara a jóvenes y hombres por igual, nos hacía correr al bosque a escondernos, junto con otros jóvenes. Aunque todavía no participábamos de manera activa en la Revolución, en nuestra mente no estaba el combatir a los revolucionarios”, “Fiel soldado de trinchera” de Lya Gutiérrez Quintanilla, Diario de Morelos (Cuernavaca) 19/4/2010.

[8] Mauro López: “Mire Usted, con el general de la O, realmente estuve bajo sus órdenes forzado; claro está que fue mejor que si me hubiera llevado la leva al norte, pero yo no conocía a nadie de su tropa y no era mi ambiente, así que en cuanto pude hablé de frente y directamente con Genovevo y le pedí que me dejara sumarme al movimiento en mi pueblo. Creo que corrí con suerte ese día, porque el general aceptó y es que así eran, si no cometía una traición con ellos, no había problema. Dejé caballo y arma que me habían dado y retorné caminando por bosque rumbo a mi casa.

Al llegar, me encontré que el general Francisco Pacheco, que era bien conocido por esos rumbos, porque al igual que de la O, era como un representante de la comunidad, ya se había alzado en armas y yo, encantado, fui a su encuentro y me sumé a su movimiento. “Fiel soldado de trinchera” de Lya Gutiérrez Quintanilla, Diario de Morelos (Cuernavaca) 19/4/2010.

[9] “Ese si fue un revés para mí, aunque nos permtieron a su tropa incorporarnos a la de Genovevo, pero después de la muerte de Pacheco, para mí, ya nada fue igual. Ese sí era un general que andaba bien trajeado con ropa de rancho, pero en buenas condiciones. Tal vez, porque lo consideraba de mejor posición que de la O, éste le agarró muina. Realmente no sé qué pasó. Traidor, nunca fue mi general Pacheco. ““Fiel soldado de trinchera” de Lya Gutiérrez Quintanilla, Diario de Morelos (Cuernavaca) 19/4/2010.

La campaña henriquista en Morelos

Consúltalo en la revista

En la sucesión presidencial de 1952, además del PRI que lanzó la candidatura de Adolfo Ruiz Cortines, se presentaron en las elecciones el Partido Popular Socialista que proclamó como candidato a Vicente Lombardo Toledano, el PAN que sostuvo a Efraín González  Luna y la Federación de Partidos del Pueblo de México que impulsó la candidatura del general Miguel Henríquez Guzmán.

Pese a la brutal represión y la voladura de dos puentes sobre el camino Cuautla-Cuernavaca, el gobierno del Estado no pudo impedir que el 11 de mayo de 1952 llegaran a Cuernavaca los numerosos contingentes henriquistas, unas treinta mil personas, en su mayoría campesinos, para tributar un gran recibimiento al general Henríquez, el cual llegó a bordo de un camión de redilas acompañado por los generales Marcelino García Barragán, Luis Alamillo Flores, Jesús de la Garza, Francisco Hernández y Hernández, Francisco J. Múgica y por conocidos políticos cardenistas. El 5 de mayo de 1952, Pedro García Velázquez, delegado estatal organizador de la Juventud del Partido Agrario-Obrero Morelense, de lucha y de acción permanente, con el lema de “Pan, Tierra y Libertad”, había cursado una invitación al general Múgica para que asistiera a la recepción del candidato de la FPPM en la ciudad de Cuernavaca el domingo 11 de mayo, al que esperaría “en el pueblo de Tlaltenango para desfilar triunfalmente por las avenidas de ésta ciudad, hasta situarnos en el Boulevard Benito Juárez, frente al Palacio de Gobierno, donde celebraremos el mitín”. Estas fueron las razones señaladas por las que la juventud jaramillistas invitó al revolucionario de Tingüidin:

Será para nosotros motivo de satisfacción que un hombre que lucha por la integridad de México; y que ha sabido colocarse en el nivel de los soldados dignos de llamarse MEXICANOS, esté presente en esta jornada democrática ante el llamado de la PATRIA.{tip ::Carta de Pedro García Velásquez (Cuernavaca, Mor.) a Francisco J. Múgica (México, D.F), 5 de mayo de 1952; ACERMLC, F: FJM, caja 17, tomo CLII.}[1]{/tip}

La bienvenida al candidato y a la comitiva henriquista fue realizada por Rubén Jaramillo, candidato a gobernador del Estado de Morelos por la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano (FPPM) –el Partido Agrario Obrero Morelense (PAOM), creado por Jaramillo, se había incorporado al movimiento henriquista- quien señalo que los asistentes no habían sido forzados a participar en la recepción y que ninguno de ellos había sido traído de otros estados.{tip ::Los jaramillistas del PAOM al incorporarse a la FPPM lo hicieron de una manera crítica, al señalar los antagonismos y contradicciones del henriquismo: “aquí en Cuernavaca por parte de la Federación había un comité de puros señores políticos, pero el General desconocía su actitud. … el finado Vicente Estrada Cajigal era de los ejer principales de la Federación pero era uno de nuestros enemigos aquí en el estado, era un político que trataba con todo el mundo y había sido gobernador.” Renato Ravelo, Los Jaramillistas, México, Editorial Nuestro Tiempo, 1ª ed., 1978., p. 123.}Link text{/tip}{tip Tooltip Title::Tooltip text}[2]{/tip}

“Toda la gente campesina fue la que seguía a Rubén en el Partido. Mucha gente llegaba y por eso le tenían miedo, porque decían que todos los que lo seguían era gente rebelde… y decidida.”{tip ::Ibidem., p. 124.}[3]{/tip} Luego hizo uso de la palabra el general Múgica sosteniendo que: “El seis de julio terminará la jornada legal, y que después de eso es preciso estar en guardia para impedir la imposición.”{tip ::Enrique Quiles Ponce, Henríquez y Cárdenas, presentes!: hechos y realidades en la campaña henriquista, México, Costa-Amic Editores, 1980, p. 216.}[4]{/tip} A continuación hablaron los representantes de los partidos independientes. La historiadora Tanalís Padilla sintetizo de este modo la relación que se desenvolvió entre la contrarrevolución agraria iniciada por el avilacamachismo, continuada y profundizada por el régimen alemanista y el curso que siguió el movimiento de los campesinos morelenses dirigido por Rubén Jaramillo:

Cuando el gobierno dio marcha atrás a las reformas cardenista, se decidió la represión al movimiento jaramillista. Como respuesta Jaramillo y sus compañeros se armaron y se lanzaron al cerro para defenderse. Durante dos décadas y media de lucha, los jaramillistas alternaron entre la vía legal y la clandestina; representaron así un punto crítico en la historia de la izquierda mexicana. Dentro de su luchase combinaron dos tendencias principales, el agrarismo armado, legado zapatista, y el populismo de Lázaro Cárdenas. Juntas esas tendencias hacen del movimiento jaramillista un punto de transición entre la lucha agraria de la revolución y las tácticas guerrilleras que aparecerán más tarde.{tip ::Tanalís Padilla, “‘Por las buenas no se puede’: La experiencia de los jaramillistas”, Masiosare, 243, 18 de agosto de 2002.}[5]{/tip}

El 11 de mayo la gira continuó por Treinta, Atlacholoaya, Zapata, Jiutepec y el Municipio de Tejalpa. “Aquí el pueblo se volcó… cuando vino el General, llegó el gentío desde la entrada, y a la presidencia lo subieron cargando.”{tip ::Renato Ravel, Op. cit., p. 124.}[6]{/tip} El 12 de mayo la comitiva de la FPPM realizó un recorrido por Alpuyeca, Xoxocotla, Jojutla, Tlalquitenango, Tlaltizapan y Zacatepec. En Jojutla, una multitud de más de veinte mil personas aclamó a Henríquez. Al saludar al candidato Heriberto Espinosa expresó: “que solamente podían ofrecerle el corazón, porque la miseria impera en todos estos lugares”{tip ::Enrique Quiles Ponce, Op. cit., p. 216.}[7]{/tip}. En una breve disertación Henríquez manifestó a los jojutlenses: “Será el pueblo el que determine la actitud que deba yo asumir para hacer respetar el voto”{tip ::Idem.}[8]{/tip}. Enseguida hicieron uso de la palabra José R. Colín y el coronel Vicente Estrada Cajigal quien afirmó que “Henríquez ha hecho ya una revolución incruenta”.

En Zacatepec, el candidato opositor fue recibido por la mayoría del pueblo y los obreros del ingenio azucarero. Los jaramillistas explicaron de este modo su incorporación a la FPPM:

Eramos henriquistas porque en 1914 cuando la toma de Veracruz, por Estados Unidos, Ruiz Cortines les hacia la caravana a los gringos para que pasaran al país. Y claro que nosotros en la política, aprovechábamos para sacar la caricatura con el gorrito en la mano:

‘Pásenle’, con su levita y toda la cosa. Y por eso nos oponíamos a que fuera Presidente de la República y como Henríquez fue revolucionario, claro que nosotros nos ha gustado ir con los que han luchado con las armas en la mano, por la defensa de nuestra patria.{tip ::Renato Ravel, Op. cit., p. 121.}[9]{/tip}

El 13 de mayo, Cuautla brindó una calurosa bienvenida a los henriquistas, quienes en una asamblea rindieron homenaje a Emiliano Zapata. En el mitin se dirigieron al público Graciano Sánchez, el general Múgica y Cesar Martino. El general Henríquez depositó una ofrenda floral en el monumento al jefe del Ejército Libertador del Sur, estatua desde la que Epifanía Zúñiga, esposa de Rubén Jaramillo, dirigió una apasionante arenga a los presentes. El 15 y 16 de mayo la comitiva recorrió diversos pueblos  morelenses que se hallaban bajo el control de Rubén Jaramillo. Mientras se desarrollaba la gira henriquista por Morelos, el 12 de mayo desde Córdoba, Veracruz, Lombardo Toledano anunció en un mitin proselitista que decidió romper al frente político que habían acordado con los generales Miguel Henríquez de la FPPM y Cándido Aguilar del Partido de la Revolución –unas semanas antes, el 3 de abril, los mencionados candidatos habían resuelto unificar las fuerzas de la oposición- “porque no aceptaron la plataforma de gobierno propuesta por el Partido Popular”{tip ::Enrique Quiles Ponce, Op. cit., pp. 217 y 219.}[10]{/tip}. El 14 de mayo, Ramos Praslow conociendo desde sus orígenes el oportunismo político que caracterizó la actividad del candidato del Partido Popular, respon  dió de este modo al comportamiento de Lombardo Toledano:

Siempre he considerado a Lombardo Toledano como un contratista de la política, y su deserción del grupo de partidos independientes, no significa otra cosa que el exacto  cumplimiento por su parte del contrato que celebró con el actual gobierno para dividir a la oposición.{tip ::Ibidem, p. 220.}[11]{/tip}

Continuando la gira por Morelos, el 16 de mayo, en el acto de Axochiapan hablaron Rubén Jaramillo, Graciano Sánchez quien criticó severamente a los jefes zapatistas  que continuaban desenvolviendo su actividad en el PRI y Estrada Cajigal afirmó en su intervención que: “Morelos vive actualmente circunstancias tan graves como en 1910”.{tip ::Enrique Quiles Ponce, Op. cit., p. 223.}[12]{/tip} El 16 de mayo, la FPPM del Estado de Morelos realizó una Asamblea General Extraordinaria con el fin de reorganizar el Comité Directivo Estatal.{tip ::El 22 de junio, en una carta firmada por Rubén Jaramillo, presidente de la FPPM en Morelos, Agustín Güemes C., secretario general y Vicente Estrada Cajigal, representante ante el Consejo Federal, manifestaron que tenían “el honor de comunicar” al general Mújica la realización de la reunión y la reorganización acordada. Carta de Rubén Jaramillo, Agustín Güemes C. y Vicente Estrada Cajigal (Cuernavaca, Mor.) a Francisco J. Múgica (Pátzcuaro, Mich.), 18 de junio de 1952; ACERML, F. FJM, caja 17, tomo CLII.}[13]{/tip} Henríquez había decidido concluir en Axochiapan su actividad proselitista en Morelos, empero, a pedido de los pobladores de Jonacatapec, decidió prolongar la gira los días 17, 18, 19 y 20 de mayo, para visitar los pueblos de Emiliano Zapata, Jiutepec, Coatlán del Río, Tetecala, Coatetelco y Puente de Ixtla, poblaciones en las que el candidato y la comitiva fueron recibidos con expresivas muestras de simpatía.{tip ::Ibidem, p. 225.}[14]{/tip}

¡Y así hicimos la campaña! ¡muy bonita campaña por el entusiamo y la organización que llevábamos! Cubríamos la mayor parte de los pueblos y en cada pueblo ¡los que estábamos más organizados éramos los pobres! Los señores más acomodados estaban en el PRI, y a la hora de mostrar contingente ahí se daban cuenta quién tenía más.{tip ::Renato Ravelo, Op. cit., p. 123.}[15]{/tip}

 


Gregorio Sosenski D.: Médico, fisiólogo e historiador de origen argentino y exiliado en México; fue profesor en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM y ganador, en 1999, del Premio a la Investigación Salvador Azuela, otorgado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (INEHRM).

[1] Carta de Pedro García Velásquez (Cuernavaca, Mor.) a Francisco J. Múgica (México, D.F), 5 de mayo de 1952; ACERMLC, F: FJM, caja 17, tomo CLII.

[2] Los jaramillistas del PAOM al incorporarse a la FPPM lo hicieron de una manera crítica, al señalar los antagonismos y contradicciones del henriquismo: “aquí en Cuernavaca por parte de la Federación había un comité de puros señores políticos, pero el General desconocía su actitud. … el finado Vicente Estrada Cajigal era de los ejer principales de la Federación pero era uno de nuestros enemigos aquí en el estado, era un político que trataba con todo el mundo y había sido gobernador.” Renato Ravelo, Los Jaramillistas, México, Editorial Nuestro Tiempo, 1ª ed., 1978., p. 123.

[3] Ibidem., p. 124.

[4] Enrique Quiles Ponce, Henríquez y Cárdenas, presentes!: hechos y realidades en la campaña henriquista, México, Costa-Amic Editores, 1980, p. 216.

[5] Tanalís Padilla, “‘Por las buenas no se puede’: La experiencia de los jaramillistas”, Masiosare, 243, 18 de agosto de 2002.

[6] Renato Ravel, Op. cit., p. 124.

[7] Enrique Quiles Ponce, Op. cit., p. 216.

[8] Idem.

[9] Renato Ravel, Op. cit., p. 121.

[10] Enrique Quiles Ponce, Op. cit., pp. 217 y 219.

[11] Ibidem, p. 220.

[12] Enrique Quiles Ponce, Op. cit., p. 223.

[13] El 22 de junio, en una carta firmada por Rubén Jaramillo, presidente de la FPPM en Morelos, Agustín Güemes C., secretario general y Vicente Estrada Cajigal, representante ante el Consejo Federal, manifestaron que tenían “el honor de comunicar” al general Mújica la realización de la reunión y la reorganización acordada. Carta de Rubén Jaramillo, Agustín Güemes C. y Vicente Estrada Cajigal (Cuernavaca, Mor.) a Francisco J. Múgica (Pátzcuaro, Mich.), 18 de junio de 1952; ACERML, F. FJM, caja 17, tomo CLII.

[14] Ibidem, p. 225.

[15] Renato Ravelo, Op. cit., p. 123.

El espejismo de la beneficencia

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Como reflejo de mis cada vez más avasalladoras limitaciones neuronales, hormonales, morales y pronto electorales, soñé recientemente que algunos solícitos colegas, de esos que nunca faltan, me llevaban, postrado en un carrito de baleros, a un lugar que inicialmente me resultó extraño, lleno de luces, gente y música.

No me percataba si me estaban jugando una broma, o el llevarme a ese ámbito circense era una ocurrente manera para deshacerse de mí, iniciativa que, debo reconocer, encuentro plenamente justificada.

Ante la incertidumbre que me aquejaba ahí postrado, intentaba deducir algo de todo el asunto, pero no me daba cuenta de que quienes estaban deduciendo eran otros. Mi cuerpo deforme intentaba salir de ese sitio con vehemencia. Contraídos mis músculos de manera violenta, intentaban espasmódicamente librarme del bien que se me tenía preparado. Al fin, al distinguir unas cámaras y con tantas luces encima, me percaté de que estábamos en un programa televisado por todo el país.

Un copetudo locutor, sonriente hasta más no poder, competía por llamar la atención con una muy buena y pechugona actriz y cantante, quien me presentó a la audiencia en un tono de conmiseración, como alguien con una profunda deformación congénita y de origen desconocido, cuya “incapacidad para todo” había resultado ya intolerable para sus compañeros de trabajo, quienes a su vez, suponía la presentadora, se preguntaban cómo es que podían ser colegas de alguien tan moral, académica y humanamente deforme. Una estridente música saturaba mis oídos, pero a pesar de mis esfuerzos reiterados no podía hablar, no podía articular palabra alguna y de mi boca sólo salían gemidos tan espantosos, que el locutor y la buena mujer hacían esfuerzos por evitar que sus caras de plástico y sus sonrisas relucientes cayesen desfiguradas al suelo.

Mi mente, en su confusión habitual, no entendía el sentido de mi obligada presencia en ese lugar, hasta que, de reojo, noté que los colegas que me habían llevado ahí huían abandonándome en el escenario; fue entonces que se me esclareció la situación: ellos me estaban donando, es decir, que no era yo mismo y a pesar de mi estado el objeto que ha de motivar el acto salvífico de la donación, sino que mi cuerpo postrado había sido trasladado ahí en calidad de donación institucional, en un gesto de “filantropía” de evidente mal gusto. Y tampoco tenía yo modo de saber en mi sueño que a su vez, el gesto de depositarme ahí les significaba a ellos la donación de 150 puntos extra por parte de la institución que los evalúa cada dos años, en un nuevo rubro de desempeño académico llamado “beneficencia”{tip ::De hecho, recientemente se anunció en el Diario Oficial de la Federación que la Secretaría de Hacienda ha resuelto ya el problema de la carga económica que supone la sobrevivencia de los académicos que hace años debieran estar micro pensionados y siguen pululando obstinadamente en los pasillos de diversas instituciones: en virtud de las nuevas reformas constitucionales, por medio de las cuales el Teletón se convertirá en una Secretaría de Estado y sustituirá conjuntamente a las entidades, inviables hasta ahora, denominadas “Secretaría de Salud” y “Secretaría de Educación Pública”, todos los investigadores mayores de 60 años recibirán una medalla dorada de agradecimiento e inmediatamente después serán donados en un proyecto auspiciado por el Teletón, siguiendo la Norma Oficial Mexicana de reacomodo de personal, NOM-00321-2011. Aún no se decide a quién serán donados. Cabe recordar que los Consejos Universitarios y las Instituciones De Formación Superior, una vez que donaron ya por ese procedimiento al 87 % de sus integrantes, han apoyado de manera entusiasta la medida que permitirá colocar laboralmente a sus egresados, ya que éstos, a su vez, dada la eficiencia en estado terminal vigente, están saturando escandalosamente los circuitos de formación de posgrado y pos-posgrado, y ya todo se detuvo. Es decir, el flujo se detuvo, con las consecuencias fisiológicas y sociales que ello implica a cualquier nivel. Esto ha sido explicado en términos coloquiales por un funcionario que pidió el anonimato, mencionando que “nadie va pa’delante, como no sea a la fosa”, pero donado, al fin.}[1]{/tip}.


Tomado de:
http://masoneriaysimbolismo.blogspot.com/2011/09/el-sacrificio.html

Ante mis llamados ya muy audibles, que según yo eran palabras pero salían al aire como berridos, los amenizadores inmediatamente indicaron “un corte comercial” y mientras pasaban unos anuncios de las empresas benefactoras, procedieron a buscar ansiosos a quienes ahí me habían llevado, pero mis colegas simplemente ya no estaban. Habían desaparecido jubilosos, esperanzados, suponiendo que alguna fundación altruista comercializadora de órganos para trasplantes, podría solucionar mi situación y en particular la suya, evitándoles el volverme a sufrir en su centro de trabajo. Los presentadores optaron entonces por dirigirse a mí y pedirme discretamente que “por favorcito” no “hablara”, que todo se resolvería muy bien y que pronto dejaría yo de sufrir.

Ya repuestos de ver mi estado y de escuchar mis gemidos, y terminados los seis comerciales, se inició entonces una puja por conseguir recursos económicos, con el propósito de enviarme a algún sitio. Empezó la colecta de lástima, con 1.50 pesos que donó el copetudo, anunciando a su vez el ofrecimiento solidario y desinteresado de un banco de matriz extranjera (es decir, casi de cualquier banco), comprometido a contribuir siempre con la misma cantidad que aportaran los tele-espectadores. La subasta continuó cada vez más estrepitosa hasta llegar a la increíble cantidad de 345,000 pesos deducibles de impuestos, lo que atribuyo al incremento en volumen y frecuencia de mis estridentes gemidos y convulsiones: todos añadían cifras y cifras, pero para que se me retirara del escenario y se me enviara finalmente a la “Fundación Órganos de la Bondad”, filial del banco benefactor, la cual provee de material a cirujanos de diversos países del planeta con una razonable tarifa móvil en dólares, dependiendo del grado de apoptosis moral del donador.

Fue entonces que un órgano –no en donación, sino de los que se usan en templos e iglesias- empezó una pegajosa tonada y llegó el momento esperado del himno que sigue a la puja; todos los presentes se pusieron de pie –menos yo, por supuesto- y cantaron solemnes, pero a ritmo de cumbia:

¡Teletón!, ¡Teletón!,
rete buenos de a montón,
todo mundo re ganón,
grande Amor,
limpio Billete,
plácida Conciencia,
y nuestros corazones,
nuestras manos y televisiones,
unidos hasta la Eternidad
por un México Mejor,
muy buenón, muy dulzón,
¡Teletón!, ¡Teletón!

Eso cantaban a coro los presentes, o algo parecido, en unas estrofas que traté entonces de acompañar entusiasta y agradecido… pero con eso fue suficiente para que me sacaran del escenario con todo y carrito de baleros, todos hartos… y despertara entonces, angustiado, sudando generosamente.

Y me quedé ahí, helado, considerando con qué creatividad y eficacia hasta la compasión humana -valor fundamental que más vale no confundir con la lástima ni con la autocompasión- puede convertirse en una mercancía más.

No es ninguna novedad: las sociedades humanas tienden a generar dispositivos de respuesta ante las diversas situaciones que afectan la vida de sus integrantes. Impulsos individuales tan esenciales como el de la compasión -o su versión degradada y degradante, que vendría a ser el de la lástima-, nutren procesos culturales e instituciones que modelan y conducen a menudo esas reacciones por una determinada vía que sigue pautas colectivas.

Sin entrar aquí en la genealogía o en la caracterización de la filantropía, de la beneficencia y de otros dispositivos sociales similares, no cabe duda que este tipo de mecanismos compartidos de respuesta difieren en función del marco cultural en que se generan, encontrándose a su vez sujetos al interés de diversas fuerzas y poderes, que pretenden y logran instrumentarlos para sus propios fines, en un uso político y económico que es dinamizado notablemente por los medios de comunicación.

El caso es que necesitamos muchos teletones ante un gobierno cuyas políticas públicas, infinitamente distantes de la verdadera compasión humana, brindan con desprendimiento sistemático, en cambio, desolación y abandono.

Muchos teletones precisamos, si como afirman recientemente la Comisión Económica para América Latina y el Caribe –CEPAL-  y fuentes del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM (del Río, Manuel e Islas, 2011; Cortés, 2011; Camacho, 2011), los índices de pobreza e indigencia han aumentado en México, donde el 65% de los trabajadores no completan la canasta básica y hay cerca de 85 millones de mexicanos que tienen problemas para allegarse de bienes y servicios básicos, de modo que los no minusválidos se encuentran ya artificialmente minusválidos en un amplio sentido de la palabra. Con esa precariedad no es difícil entender la oferta abundante de sicarios. Se necesitan teletones ahí donde el dinero público asignado a los gastos del ejército y de la policía, se ha disparado a cifras nunca antes alcanzadas, a costa de los fondos que deben destinarse a salud, alimentación, educación, producción y servicios (véase: Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2012).

Muchos teletones se necesitan cuando sabemos que sólo los gastos para proteger directamente la seguridad de Felipe Calderón ascienden a 630 millones de pesos cada año, y que en términos globales, de diciembre de 2006 a noviembre de 2011, su miedo ha costado al erario 3,000 millones de pesos (Ramírez, 2011).

Muchos teletones se necesitan cuando no hay dinero para que millones de jóvenes accedan a nuestras universidades, pero sí para pagar sueldos estratosféricos a jueces, funcionarios del IFE, senadores, diputados y demás empleados de alto nivel. Entonces sí, la feria de la lástima televisada, deductora de impuestos y promotora de ventas y “artistas”, sustituye el deber constitucional del Estado de proveer servicios y atención básicos a todos los mexicanos, seamos o no minusválidos.

Por supuesto, el que todo individuo con impedimentos físicos o mentales reciba apoyo es tan fundamental como la necesidad de concretar mecanismos permanentes para que se haga realidad dicho apoyo, y tan fundamental como el valor de la generosidad para cualquier ser humano; sin embargo, ese valor puede ser explotado por la industria de la beneficencia, que no solo necesita minusválidos para prosperar, sino también, la irresponsabilidad o la franca ausencia del Estado. Llegamos así al asunto de la instrumentación económica y política del sufrimiento. En contraste, la compasión se expande en manos de una sociedad capaz de exigir y apoyar políticas públicas regidas por el bien común.

No se trata de dejar nuestra compasión en manos del Estado y desentendernos, ni de eludir la realidad, ni de abandonar al minusválido a su suerte. Se trata de garantizar que el apoyo que requiere sea brindado de manera sistemática y además, que las condiciones que generan minusvalía sean investigadas, que las posibilidades de rehabilitación sean diversificadas y la minusvalía prevenida, y ello requiere fondos sistemáticos y regulares para la investigación y para la estructura de servicios y de rehabilitación y no ferias comerciales de lástima.

Si hacer el bien está muy bien, en cambio, instrumentar el sufrimiento de quien necesita apoyo y la bondad de quien quiere brindarlo es algo degradante e indigno. Construir y consolidar el bien común: ese es nuestro verdadero desafío.


Referencias

  • Camacho, Fernando, “En el país, 64% de trabajadores no completan la canasta básica”,
  • Diario La Jornada, (México, diciembre 4 de 2011, pág. 16).
  • Cortés, Fernando, Desigualdad económica y poder en México. CEPAL, Sede Subregional en México, 2011.
  • Del Río, Marco Antonio, Manuel, Diana e Israel Islas, “Implicaciones de la política macroeconómica, los choques externos y los sistemas de protección social en la pobreza, la desigualdad y la vulnerabilidad en América Latina y el Caribe. México”, Documento de proyecto LC/MEX/W.8, CEPAL, México, 2011.
  • Ramírez, Erika, “El miedo de Calderón cuesta 3 mil MDP”, Contralínea, 1(1): 3-7, México, 2011.



 

 

[1] De hecho, recientemente se anunció en el Diario Oficial de la Federación que la Secretaría de Hacienda ha resuelto ya el problema de la carga económica que supone la sobrevivencia de los académicos que hace años debieran estar micro pensionados y siguen pululando obstinadamente en los pasillos de diversas instituciones: en virtud de las nuevas reformas constitucionales, por medio de las cuales el Teletón se convertirá en una Secretaría de Estado y sustituirá conjuntamente a las entidades, inviables hasta ahora, denominadas “Secretaría de Salud” y “Secretaría de Educación Pública”, todos los investigadores mayores de 60 años recibirán una medalla dorada de agradecimiento e inmediatamente después serán donados en un proyecto auspiciado por el Teletón, siguiendo la Norma Oficial Mexicana de reacomodo de personal, NOM-00321-2011. Aún no se decide a quién serán donados. Cabe recordar que los Consejos Universitarios y las Instituciones De Formación Superior, una vez que donaron ya por ese procedimiento al 87 % de sus integrantes, han apoyado de manera entusiasta la medida que permitirá colocar laboralmente a sus egresados, ya que éstos, a su vez, dada la eficiencia en estado terminal vigente, están saturando escandalosamente los circuitos de formación de posgrado y pos-posgrado, y ya todo se detuvo. Es decir, el flujo se detuvo, con las consecuencias fisiológicas y sociales que ello implica a cualquier nivel. Esto ha sido explicado en términos coloquiales por un funcionario que pidió el anonimato, mencionando que “nadie va pa’delante, como no sea a la fosa”, pero donado, al fin.