Lejos de la ingenuidad, o el valor de la esperanza coyuntural de muchos

 

La experiencia fue amarga y está llena de lecciones
de cómo los problemas partidistas
pueden oscurecer los verdaderos intereses nacionales…
Josefina Zoraida Vásquez
(a propósito de la derrota de 1847 en la guerra contra Estados Unidos)

 

Aun con numerosos indicios[1] de que ya marcha el tradicional proceso de imponer en México mediante fraude electoral a representantes de los poderes económicos y políticos, una vez más se perfila el desprestigiado procedimiento que supone decidir mediante el voto quiénes son las personas autorizadas para tomar las decisiones políticas en este país.


Viñeta de Andrés Rábago, El Roto. Fuente: https://blogs.grupojoly.com/con-la-venia/2013/01/25/auditorias-internas-el-roto/

Incluso en la remota eventualidad de que no prosperen los procesos electorales fraudulentos, este delegar decisiones en otros es característico de las democracias representativas, tan temerosas de la participación decisoria de la población como omisas respecto a los mecanismos de control social y de rendición de cuentas que debieran presidir el actuar de quienes así son delegados (Santos, 2016: 214).  De ahí que tengamos la que ha sido denominada como “patología de la representación”, es decir, la distancia enorme entre “representantes” y “representados”, que acaba derivando a su vez en la “patología de la participación”, cuando “los ciudadanos, desmotivados por la sensación de impotencia, se convencen de que su voto no va a cambiar las cosas, por lo que dejan de hacer el esfuerzo –a veces considerable- de votar y aumenta el abstencionismo electoral” (Cfr. Ibid).


“Rebosantes de arrogancia y de importancia personal, la elite gobernante y los principales medios de comunicación no pueden creer que hayan perdido el consentimiento de los gobernados”. Fuente: Global Affairs Press, https://globalaffairspressdotcom.wordpress.com/2016/10/20/the-ruling-elite-has-lost-the-consent-of-the-governed/

En su extremo, esa “patología de la participación” expresa, en virtud de la sumisión que se procura con método por medios diversos, la ausencia programada de la mayor parte de la población, una presencia virtual que permea hoy, además del propiamente electoral, en tantos escenarios sociales y políticos de nuestro país donde las circunstancias generadas por unos cuantos se asumen como inamovibles.

Pero  ¿por qué “ausencia programada”? 

Porque la ausencia programada aparece, en términos políticos y también culturales, cuando se prescinde sistemáticamente de la población en cuanto a las decisiones que afectan su vida, de modo que no sólo se le priva en la práctica de existencia política, sino que esa privación se naturaliza, se toma como algo normal, común y hasta familiar; así, esa ausencia se llega a generar inercialmente también por parte de quienes la sufren cuando descartan su propia presencia en un sentido trascendente que va más allá de la dimensión física. En breve, la gente no importa al momento de tomar decisiones. Puede ser, por supuesto, de mucha utilidad como comparsa y ornamento pero en realidad no está invitada a la mesa.

Mediante la figura de sus partidos y de su esquema electoral que bastante útil ha resultado para organizar y administrar sus intereses, la clase política constituye, con pocas e hipotéticas excepciones, el operador del programa destinado a mantener y consolidar la ausencia de los muchos, pues como el mismo Santos subraya, “el miedo a las masas ignorantes y potencialmente revolucionarias se halla en la raíz de la democracia representativa” (Cfr. Ibid).


Baruch Spinoza. Fuente: https://viewfromaburrow.files.wordpress.com/2016/03/spinoza.jpg?w=1200

El mismo Santos ha recordado con tino al miedo y a la esperanza como las dos emociones que Spinoza consideraba básicas en los seres humanos (2016: 331); ambas emociones vienen a cuento en este peculiar momento político de México en que se revelan ciertas paradojas, pues si bien en la normalidad de nuestras sociedades el miedo y la esperanza se distribuyen de manera desigual, al grado de que los muchos viven en condiciones de mucho miedo y de poca esperanza, mientras que otros, los menos, viven en condiciones de poco miedo y de mucha esperanza en cuanto a sus intereses (Op. Cit.), resulta sin embargo que hoy tenemos en México, al menos transitoriamente, mucho miedo entre los pocos y mucha esperanza entre los muchos, habiendo de por medio un conjunto no desdeñable de esperanzados con miedo y de temerosos con esperanza.  Y desgraciadamente no se trata de un juego de palabras.


Viñeta de Andrés Rábago, El Roto. Fuente: https://www.ciudadredonda.org/articulo/el-roto-sobre-el-miedo

Tal perspectiva, por supuesto, no implica el que aun predominando una u otra de ambas emociones, la esperanza y el miedo convivan en cada individuo en diversa proporción, o que en algunos el miedo no se alterne con esperanza, sino más bien con expectativas e intereses, como tampoco se puede ignorar el que una parte de los muchos venderá por miseria su voto a beneficio de los muy pocos, que se valen de la precariedad económica ajena para nutrir precisamente sus propios intereses y expectativas. Y en tanto, va apareciendo otro miedo: el del efecto que pueda tener la consumación del fraude electoral del que ya se manifiestan expresiones preocupantes.


Fuente: https://www.laprimera.pe/clientelismo-politico-y-electoral/

Esta distribución inédita del miedo que ahora crece entre quienes normalmente viven en condiciones de bienestar, ante la eventualidad de ver alterada la regular continuidad de sus privilegios y a pesar de que sigan sin palpar de cerca el terror multifacético y ya naturalizado en el país, contrasta con un extraño incremento de la esperanza entre aquellos que no tienen por qué tenerla, viviendo a menudo como viven en condiciones que no generan esperanza alguna, sino una incertidumbre profunda que resulta, entre otras tantas inseguridades, del no saber si se contará mañana con alimento, o con trabajo o educación o vivienda decorosos o suficientes, y en un grado extremo pero no infrecuente, incluso hasta entre aquellos cuya incertidumbre suele ser tanta que se vuelve abismal y “se convierte en la certeza del destino de tener que sufrir el mundo por injusto que sea” (Santos, 2016: 331).


Fuente: http://desinformameotravez.blogspot.com/2016/07/

Sin embargo, en esta coyuntura cabe reconocer que ni el miedo de los pocos tiene fundamento, no sólo por la eventualidad del fraude electoral, sino porque el candidato puntero tan temido por ellos no tiene una agenda categóricamente anticapitalista, es decir una agenda que vaya a la raíz estructural del modelo económico que en buena parte sustenta la lamentable situación del país, ni la esperanza de los muchos tiene fundamento… precisamente por la misma razón.

El nivel de las expectativas es demasiado alto. Así que tal vez sea mejor abordar el asunto en términos de garantías; es decir, en un ejercicio de realismo o de sensatez, cabe poner las cosas, razonablemente, en términos de aquello que es garantizable y de aquello que no lo es.

Así, apoyados en la memoria relativa a su desempeño, o dicho de otra manera, apoyados en ese dicho de que no se pueden esperar peras del olmo, constituye una irrefutable garantía el que los candidatos de la más franca derecha significan la continuidad y la agudización del reparto diferencial actual de privilegios y de miseria, la continuidad del proceso exacerbado de exclusión y desigualdad que estamos atravesando. Y esto, por supuesto no porque la continuidad del terror figure como tal de manera específica en su agenda, sino por la anunciada continuación y profundización de las políticas públicas aplicadas desde hace decenios y en particular por las llamadas reformas estructurales derivadas de ello y normadas desde el exterior, que entre otros factores nos han llevado a dicho proceso crítico para el país en varios sentidos.

Hay garantías de continuidad en ese proceso crítico ante la evidencia de los efectos de estas políticas; basta asomarnos a un elemento tan referencial como el de la evolución de la pobreza, partiendo de indicadores objetivos, no de aquellos generados para obtener mediciones a modo siguiendo lineamientos gubernamentales. Así, en estudios llevados a cabo por Julio Boltvinik y colaboradores, del Colegio de México (Gráfico 1), la sumatoria de diversas modalidades de pobreza (Método de Medición Integrada de la Pobreza o MMIP) arroja una cantidad de 100.1 millones de habitantes. Estamos hablando de cerca del 83 % de la población (Boltvinik y Damián, 2016).

 

Gráfico 1. Número de pobres (millones), por NBI, ingresos y MMIP, México, 1992-2014.


Fuente: Elaboración con las bases de datos de las ENIGH  de cada año. NBI: Necesidades Básicas Insatisfechas; MMIP: Método de Medición Integrada de la Pobreza (Boltvinik y Damián, 2016).

 

La garantía de continuidad se fundamenta en el proceso político que nos ha llevado hasta este momento crítico de inseguridad, impunidad, miseria, corrupción y pérdida de soberanía: radica en la previsible aplicación de las mismas recetas ya seguidas desde hace varios sexenios, fallidas para los muchos y exitosas para los pocos, pero al fin prescripciones que no por tecnocráticas son menos coloniales, instauradas puntualmente al ritmo del cencerro que suena más allá de nuestras fronteras.


Modelos tradicionales de cencerro a elegir (las versiones más modernas son cibernéticas). Fuente: http://www.apezetxea.com/kalaskas.php

Esa garantía, sin embargo, se nos disfraza como un paseo a Disneylandia, afianzada en la solvencia de las recetas importadas y decididas al margen y en contra de la población. Y así, las evidencias están a la mano para admitir, con certeza, que desde la perspectiva del bien común, la degradación progresiva de las políticas públicas continuará. 

En tanto, lo que no constituye garantía alguna, es que del ejercicio del candidato puntero que genera tanto miedo en unos y tanta esperanza en muchos, en caso de ganar las elecciones y en la eventualidad de que ello sea reconocido a pesar del fraude ya en marcha, derive necesariamente la continuidad y la agudización de ese mismo derrotero de terror que estamos malviviendo hoy en el país.  Como no hay garantía alguna, tampoco, de que se reviertan de tajo las actuales condiciones, o de que la degradación aminore, o aminore su agudización.

Y no hay garantía alguna, no sólo porque López Obrador no se ha comprometido en una lucha frontal contra el neoliberalismo en sus diversos frentes, ni porque, como sucede, sus propuestas se generen al margen de una verdadera participación decisoria de la población o de la base de su propio partido, ni porque acuse preocupantes rasgos de verticalismo, sino además, porque en sus filas de notables figuran ahora precisamente algunos prófugos de otros partidos que han sido cómplices del proceso de opacidad y degradación política que aflige hoy al país.

Sin embargo, en otro sentido, recurriendo de nuevo a Santos (2005), a pesar de lo anterior, López Obrador tampoco puede garantizar la profundización de la ausencia programada de la población, programa y proceso en el cual la derecha ha avanzado de manera concertada, progresiva y metódica en los últimos treinta años. Los fraudes electorales del 2006 y del 2012 impidieron conocer el alcance real, positivo o negativo, deliberado o no, de sus propuestas.

Así, y de manera contrastante, precisamente gracias al histórico ejercicio del fraude electoral, la garantía de continuidad de la debacle nacional conforma de hecho el peculiar estandarte común de los otros candidatos. Es como aquella Bandera Trigarante de Iturbide, sólo que hoy, en este lábaro de la derecha unida, con todo y sus matices, ondea esa sola y única garantía ya mencionada, que es precisamente el programa de ausentar a la población, ya consagrado mediante las reformas estructurales impuestas. En su horizonte, el bien común, aun siendo un recurso discursivo ocasional, constituye un cometido anacrónico y un lastre.


Bandera Trigarante del Regimiento de Infantería, 1821, raso de seda bordado, Museo Nacional de Historia, Secretaría de Cultura, INAH.

Ahí radica la diferencia que resulta pertinente destacar.  Los candidatos comunes de franca derecha han demostrado su capacidad, como personeros de los pocos, para impulsar la ausencia programada de los muchos. Y aunque el candidato puntero aporta a esa misma programación al parecer de manera inercial varios elementos de su propio proceder, destacando la incorporación de eficaces operadores de la ausencia de los muchos, no hay garantía alguna de que esa inexistencia social producida, ya vigente en los ámbitos institucionales de decisión política y que avanza en términos físicos a partir de la criminalidad hoy desatada, se extienda y se consolide irreversiblemente.


Viñeta de Andrés Rábago, “El Roto”, Fuente: http://odyseo.zonalibre.org/archives/cat_politica.html

 

La esperanza coyuntural de los muchos

La severidad de la crisis múltiple que atraviesa el país hace que la esperanza coyuntural y transitoria de los muchos surgida a propósito del proceso electoral, en términos del sexenio que se avecina, constituya paradójicamente un referente para la lucha anticapitalista y cuyo reconocimiento implica por tanto una responsabilidad. 

Lo anterior, porque la convergencia coyuntural de esperanzas de los muchos que se encuentran sometidos a la programación de su propia ausencia, sólo va a convertirse en un punto de partida, si se le reconoce su legitimidad y por ello su potencial. 

Este reconocimiento no sólo no milita en contra de la construcción artesanal de un mundo de justicia y de dignidad, sino que lo puede propiciar, aunque de ello no dispongamos tampoco de garantías.

Mientras tanto, las propuestas de fondo no pueden esperar: la construcción de una nueva sociedad basada en la justicia y la dignidad es un imperativo y su ejecución se ha iniciado ya, pero el proceso organizativo de base que reclama, justamente por no ser superficial, exige tiempo en su calidad de trabajo artesanal. Como ya se ha visto una y otra vez y ahora se ha confirmado recientemente, ese proceso organizativo germinal no trata de boletas, de manipulaciones, de celulares sofisticados, de mentiras, de robo, de simulaciones: es un proceso dialógico y laborioso.

Así, precisamente por el alcance y el sentido de ese imperativo de justicia y dignidad, por el tiempo y el cuidado que demanda el nunca protagónico trabajo de base, la pregunta es si podemos darnos el lujo de propiciar la vía actual de la garantía de terror desdeñando o ignorando el valor potencial de esa esperanza de los muchos. Es una responsabilidad histórica, y a ella no contribuye el purismo de aquellos que detentan en exclusiva la lucidez, de aquellos que, ocupando la tribuna, jamás se equivocan.


Fuente: https://puebloesperanza.wordpress.com/circuitoguiado/

O visto de otra manera y sin ilusión alguna: en el mientras inevitable que demanda la construcción artesanal de la sociedad que merecemos, y que toma ya su tiempo, hay un riesgo, que es el de la agudización del terror, riesgo incrementado a su vez ante las evidencias ya disponibles del proceso de fraude electoral en marcha. Y ambos riesgos, de consumarse, no toman tiempo sino vidas, cientos de miles de ellas.

Es decir, ¿cuántos más van a morir y cuántos sueños más serán atropellados de continuar el estado actual de las cosas que nos ofrecen los candidatos oficiales con su bandera común de continuidad garantizada? 

Esa pregunta no se puede evadir: no sólo origina el imperativo urgente de la construcción de una sociedad de dignidad y justicia: obliga a reconocer que los tiempos tienen su propio ritmo y que la esperanza actual de los muchos, aunque no sea necesariamente la más posiblemente lúcida de acuerdo con quien acaso monopolice la lucidez, tiene que ser no sólo reconocida y ponderada, sino protegida para que no se instrumente, se diluya o se revierta, y en particular para que se transforme en exigencia no coyuntural.

No es manipulación, sino esperanza. No es ignorancia, sino sufrimiento.

Es decir, como la esperanza de los muchos no es en absoluto la expectativa ni el interés calculado de los partidos ni el de sus políticos profesionales, sino una esperanza muy diferente y llana, no reconocida pero al fin real, una esperanza con múltiples expresiones, resulta ser al fin y al cabo la aspiración a una sociedad de dignidad y justicia, aunque por cierto la mayor parte de los esperanzados no utilicen esos términos. Y por ello, esa esperanza, que es la de los muchos en toda su diversidad, tiene un germen que no sólo demanda respeto sino acompañamiento, como insumo esencial en la construcción de esa sociedad que todos, los muchos y los pocos, merecemos.

Dicho de otra manera, hay una legitimidad a reconocer que no proviene de un candidato ni de los partidos, sino que radica en esa esperanza simple, reactiva, de los muchos, en una sociedad digna y justa para los todos.  

Dado lo anterior y en esos términos, es preferible la falta de garantías. 


Fuente: https://baomoi.com/the-nao-la-nguoi-cau-toan/c/16077597.epi

El desafío actual radica en ampliar la mirada. Ante la garantía de una nueva derrota digna de la izquierda antineoliberal, que se basa en haber hecho “lo correcto” sin reconocer la legitimidad de la esperanza de los muchos mientras se construye artesanalmente una verdadera alternativa a mediano y largo plazo, es preferible, sin abstraerse de ese proceso constructivo, elegir a quien no ofrece garantía y no, por omisión, a quien la ofrece.

Y ello, no sólo porque López Obrador no garantiza nada, sino porque seis años son muchos años y la esperanza de los muchos amerita convertirse en una exigencia firme en el futuro inmediato, lo que no va a suceder si la izquierda anticapitalista programa su propia ausencia ignorando un proceso social objetivo que no debe idealizarse pero tampoco desdeñarse.

¿Qué nos dice esa esperanza reactiva y llana de los muchos?

¿De dónde proviene?

Proviene de la incertidumbre y de la rebeldía ante un presente impuesto de degradación. Ante un proceso impuesto de ausencia programada.

Es una esperanza pero es a su vez una advertencia. Y aquí entra la responsabilidad de pasar de la indignación al compromiso en las condiciones objetivas, y no en el mejor de los mundos posibles, aun por concretar.

 

Referencias

 

[1]  Véanse, por ejemplo: http://www.eluniversal.com.mx/nacion/politica/advierten-tepjf-de-posible-fraude-electoral#; http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2018/03/21/anuncian-red-universitaria-para-vigilar-elecciones-de-julio-2433.html; https://www.proceso.com.mx/535992/santiago-nieto-como-prepara-el-pri-el-fraude; https://www.youtube.com/watch?v=us5Dua5zHyw

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