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13, Septiembre de 2012

Límites de la democracia: la compra de votos en Inglaterra

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Entre los regímenes políticos, uno de los más antiguos ideados por Occidente es la democracia –considerada la más justa porque el pueblo tiene la soberanía, no así cuando la detenta un partido, lo que sería una aristocracia, o una sola persona, la monarquía–. Ya utilizada por los griegos en Atenas, se aplicó durante la República romana, y más tarde en pequeños estados, como Venecia, Suiza o los principados germanos. Los regímenes monárquicos se opusieron a ella, sobre todo las monarquías absolutas, muy de moda durante el siglo XVIII. Con la Revolución francesa de 1789, la democracia se amplió a lo social y se afirmó como el modelo de gobierno más avanzado. Impulsada por las potencias occidentales, a lo largo de los siglos XIX y XX ganó terreno en el planeta. Esa voluntad contribuyó a la implosión del bloque socialista, en 1989-92, y a la apertura de los países musulmanes...

 

Si la democracia y el liberalismo van de la mano, ambos han presentado límites y virtudes a lo largo de los siglos. En principio la soberanía reside en el pueblo, pero este la delega en sus representantes, al votar por ellos. Y reunidos en Asamblea los representantes votan las leyes que “favorecen” a sus representados.

Entre los límites de la democracia se denuncia con frecuencia que se trata de un sistema donde el voto de la mayoría se impone a una minoría. Una suerte de dictadura de la mayoría, que excluye a las minorías. Otro es la “alienación” de los representantes, que tienden a favorecer intereses que no corresponden a los votantes… En fin, el mayor límite que desvirtúa el espíritu de la democracia radica en cómo se orienta al pueblo para que emita su voto; ya no por las propuestas de “cómo gobernar” o “qué rumbo tomar para satisfacer las demandas ciudadanas” o, en fin, “qué política seguir para que el país enfrente con ventajas los desafíos de una época”, sino por medios publicitarios, mercadotécnicos, coercitivos o ventajosos que seducen para “con-vencer” y ganar el sufragio.

El empeño por “con-vencer” lleva a la más grande aberración de la democracia: la corrupción electoral, ya sea a través de diversos mecanismos aplicados en la votación o por la compra de votos.

Esas prácticas son tan viejas como la democracia misma. Así lo vemos en uno de los países pioneros de la democracia Gran Bretaña. En 1754, en ocasión de las elecciones al Parlamento, el pintor William Hogarth denunció las prácticas corruptas aplicadas por los candidatos de los partidos Tories y Whigs, incluyendo el uso de recursos públicos para la compra de votos. Se trata de una serie de cuatro pinturas, donde Hogarth muestra las prácticas electorales que se utilizaron particularmente en el distrito de Oxfordshire, donde los conservadores, dominantes desde 1710, pierden gracias a dos años de campaña Whigs llevada a cabo mediante esos procedimientos.

 

La serie –que se conserva en el  "Sir John Soanes's Museum”, en Londres (http://www.soane.org/collections_legacy/the_soane_hogarths/an_election)– cuenta con cuatro pinturas: 1ª “An Election Entertainment”, donde se ve un banquete organizado por cada candidato… para ganar votos; 2ª “The polling”, donde los candidatos disputan el voto de la población; 3ª “Charing the Member”, dedicado a exponer el cortejo y la presidencia del candidato triunfador ; y 4ª “Cavassing for Votes”; los mecanismos de la compra de votos.

En este último cuadro, que incluimos a continuación, se aprecia la manera como ambos partidos –Whigs de naranja o rojo, y los Tories de azul– tratan de convencer a los electores, ofreciendo banquetes, fiestas, dádivas y, sobre todo, detalla la forma en que se compran votos.

El cuadro se organiza en tres espacios con el tema de la compra de votos. El primero, a la izquierda del espectador, el albergue “El Roble real”; el segundo al fondo, “La Corona”; y el tercero a la derecha, “Portobello”.

A un lado de la enseña del “Roble Real”, se ven dos cuadros colgados: el primero es la Real Hacienda. De una ventana cae dinero a unos barriles que suben a una carreta. En el de abajo, vemos a una especie de “Bufón” o payaso con un vientre generoso, que empuja una carretilla con dinero y con la mano derecha lo reparte dadivoso a la gente… El fondo es azul, para indicar al partido Whig…

Abajo, a la izquierda, se ve a la dueña del albergue contar el dinero que le dejan los convites. La mujer es observada con avaricia por un alto jerarca de la iglesia…Vemos a un León, símbolo del poder británico, que trata de devorar una flor de Liz, símbolo de la realeza francesa, indicando el espíritu de la época: el imperio británico afirma su ascenso por la hegemonía entre las potencias europeas.

A la derecha del cuadro, vemos en el muro los colores de la bandera española y dos personajes que conversan sentados a una mesa. El de gris habla, mientras pinta unas líneas en la mesa, para describir el célebre, pero efímero, triunfo de la armada británica en el puerto de Portobello, Panamá, en 1739. Mientras, el "gordito" con chaleco rojo -visiblemente zapatero- fuma una pipa y con la mano izquierda protege su dinero.

Al fondo, una turba trata de derribar la enseña de la Corona… es el poder del pueblo que se da cuenta que el dinero público es utilizado para fines que no le benefician, culpa a la monarquía y por ello trata de derribar la pendón del trono…

Esa democracia se fundaba en el sufragio censitario, consistente en que sólo los ciudadanos que poseían propiedades con valor suficiente o cierta educación tenían derecho al voto. Pero ya todos tienen su dinero en las manos, han sido corrompidos por los propios candidatos. Y el pintor muestra el burdo mecanismo de corrupción en la escena central.

Un propietario es acosado por los dos candidatos que le presentan sus propuestas para que los apoye. Mientras, con la otra mano le dan algunas monedas que taimadamente acepta: la compra del voto.

Estamos ante una práctica tan vieja y socorrida por los políticos, como burda y ofensiva para la democracia. Sobre todo cuando los electores o partidos se aprovechan de poblaciones frágiles, sea por sus carencias económicas o culturales. Pareciera que los beneficiados con el voto buscan mantener a la población postrada para que les funcione ese sistema “democrático”…  sin importarles las consecuencias para la población y para el país.

Tal vez a un pintor contemporáneo que se ocupase del mismo tema, para el caso de México, no le bastarían cuatro cuadros.

Esta situación me recuerda un chiste que circuló en San Luis Potosí antes de las elecciones de julio pasado, donde se decía que había muerto un político y que cuando llegó al Cielo, San Pedro le dijo:

-    “Como eres político, debes escoger el lugar donde quieres pasar la eternidad.

Puedes ir un día al Cielo, probar, y otro día visitar el Infierno. Al tercer día me

dices entonces a dónde prefieres ir…”

El político se apresuró: Bajó primero al infierno…

Ahí, se encontró con un recibimiento extraordinario: seductoras edecanes, ambiente alegre y muy animado, amigos que le invitaban todo tipo de diversiones, donde podía satisfacer sus deseos y fantasías. Quedó maravillado y esperanzado… Cuando fue al Cielo, se sorprendió ver a bellos ángeles y serafines en procesión, hombres y mujeres en recogimiento y en quietud, un ambiente alegre pero discreto… Le pareció aburrido. No dudó un segundo en escoger el infierno.

Y San Pedro se lo concedió. Pero cuando regresó al infierno, cuál sería su sorpresa; notó un cambio radical. Había un panorama de desierto, mucha desolación, miseria y sufrimiento. Vio pasar un grupo de personas escuálidas, encadenadas y lamentándose. Entonces, reconoció a sus amigos con quienes había gozado en días anteriores. Con insistencia les pregunta:

-         "¿Qué es lo que ha ocurrido?, ¿porqué se encuentran en esa situación tan lamentable?, ¿dónde están las edecanes, la música y los festines?, ¿dónde quedó la alegría…?”

Uno de los dolientes le respondió:

-         “Mi querido político, ayer estábamos en campaña…”

“En la guerra y la política: ¡”TODO SE VALE”!... Pero, ¿será justo?

En el artículo “Haciendas y ríos”, Rafael Gutiérrez hace referencia

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