14, Octubre de 2012

Monte Albán y Atzompa, Oaxaca. Otro caso de incuria institucional

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La noticia difundida en la prensa nacional  y reiterada por la Comisión de Patrimonio  de la D II-IA-1 de los profesores en investigación del INAH respecto a la construcción de modernas infraestructuras turísticas en Tzintzuntzán,  Michoacán a cargo de la responsable de la Coordinación Nacional de Arqueología me motivó a realizar una prospección en las inmediaciones del cerro de Atzompa,  Zona Arqueológica de Monte Albán para conocer el progreso de los trabajos de exploración y consolidación de estructuras, toda vez que se anuncia su pronta inauguración a mediados del mes de  agosto del presente año, esto último me fue impedido por los guardias de seguridad colocados ahí para tal efecto, pese a ser utilizados  recursos públicos y encontrarse en una zona arqueológica de interés nacional  además de ser materia de mi propia competencia profesional llegué a la conclusión de que  la soberbia con que se manejan estos proyectos es notoria.

 

Originalmente este escrito fue preparado para dar a conocer al Comité Ejecutivo de la delegación sindical de profesores en investigación científica acerca de las obras constructivas de infraestructura que actualmente se realizan en su etapa pre inauguratoria en la zona arqueológica de Monte Albán, sector Atzompa.


Monte Albán. Foto de Anna Maj Michelson

Debe considerarse que el antecedente a este proyecto se debe al arqueólogo mexicano Jorge Ruffier Acosta quien en los años de 1943 a 1945 hizo temporadas de campo en la zona monumental de Atzompa muy al estilo de esa época, es decir, excavando grandes porciones de los paramentos existentes y reconstruyendo sus alturas. No son pocos los edificios que trabajó y después de unos años la zona quedó en el olvido como muchas otras en Oaxaca ya que nunca se trazó un camino propio para vehículos y el sendero entonces existente apenas era posible transitarlo con vehículos todo terreno, a pie o con el uso de monturas, además de que estas intervenciones tenían objetivos académicos y comparativos.

Cabe señalar que en la base del cerro de Monte Albán, desde la población de San Martín Mexicapan, hacia su cima (la Plaza Principal) no existía camino alguno y su acceso con monturas y recuas  dificultaba enormemente los trabajos arqueológicos de exploración y reconstrucción por lo que desde cuando menos  1932, Alfonso Caso y su equipo trazaron una sinuosa carretera por donde acceder a la zona de trabajo. Por supuesto el trazo de dicha carretera atravesó un sinnúmero de terrazas habitacionales prehispánicas y demás edificaciones que conforme se ascendía se convertían en construcciones de mayor complejidad, baste hacer un recorrido por este camino para observar en los cortes del terreno la evidencia de un buen número de construcciones. Por supuesto que no existe un informe técnico de los trabajos ahí realizados por medio de los rescates inducidos, sino apenas referencias sueltas y mal documentadas.  La historia se repitió durante los mega proyectos salinistas cuando se trazó y realizó una autopista hacia la cima de Monte Albán ahora desde su flanco norte, subiendo desde  La Cañada hacia la localidad reconocida como la Y (antes la Mona) para luego llegar a la cima del cerro Monte Albán y a su incomparable Plaza Central.[2]

La idea de abrir al público la zona monumental de Atzompa, surgió mucho antes de la padecida etapa de los mega proyectos salinistas ya que el acceso de las turísticas multitudes a la cima de Monte Albán cada vez  tornaba más complicada la situación, que hoy día la rebasa al 300% en su capacidad de acceso a la zona. Actualmente en la llamada temporada alta de vacaciones de verano los autobuses turísticos invaden y usan las áreas de las  plataformas prehispánicas de la mayor importancia histórica y que hoy son utilizadas como estacionamiento, zona de picnic y sanitarios abiertos, sin duda un notorio fracaso del tan tristemente célebre Plan de Manejo. Me pregunto si ahora el nuevo director de la zona arqueológica de Teotihuacán meterá los camiones turísticos a la Ciudadela y considerará que eso no afecta los depósitos culturales del subsuelo.

Entonces se pensaba que con la apertura al público de zonas arqueológicas periféricas como San José Mogote, el Cerro de la Campana (mal llamado Huijazoo), Reyes Etla, La Loma del Trapiche en Cacaotepec (todas ellas en el valle de Etla), e incluso el cerro de Atzompa y el cerro del Gallo (estos dos últimos dentro del polígono de protección prioritario de la Zona Arqueológica de Monte Albán) se podría desahogar la altísima presión que la visita pública ejerce sobre la Plaza Principal y la zona arqueológica de Monte Albán en general.  Como se puede adivinar todas las zonas arqueológicas aquí mencionadas ya cuentan con una modesta pero funcional infraestructura de acceso para autos así como  senderos para caminantes y exponen parte de su arquitectura a quien las visita, además de contar algunas con Museo Comunitario. Sin embargo continúan en abandono de parte de la Institución ya que desde hace años en Oaxaca, cuando menos, se han cancelado todos los proyectos de los investigadores nacionales dando preferencia a los proyectos extranjeros[3].

Por lo menos cuatro años hace que los arqueólogos bajo las órdenes de la ahora Coordinadora Nacional de Arqueología (quien maneja a su libre arbitrio al Consejo de Arqueología, a  su Presidente así como al Delegado del Centro INAH Oaxaca) exploran y reconstruyen la Zona Monumental de Atzompa. Desde finales del año de 2009 se solicitó la rehabilitación del acceso norte al cerro de Atzompa al área denominada los Pinos (dadas las campañas de reforestación ahí ocurridas y siendo el lugar ideal para de ahí acceder a pie durante un recorrido panorámico de 600 metros).


Monte Albán. Foto tomada de www.flickr.com/people/arndw/

Durante la visita recién realizada al cerro de Atzompa[4] me percaté del alto número de construcciones modernas hechas dentro del perímetro prioritario de protección  o zona A del polígono de la zona arqueológica de Monte Albán, desde  el taller y bodega de materiales arqueológicos, baños, parador turístico y campamento periférico, y más baños (según esto sanitarios ecológicos), construidos con piedra, adobe, metal, madera, teja y planchas de concreto con zapatas de cimentación y cadenas de amarre[5].

Esto sí que llama la atención dado que suponen los especialistas que dentro de los límites de ese polígono no deben establecerse construcciones. El caso es que los habitantes y propietarios de los terrenos comunales a los que se les ha impuesto el famoso Polígono de Protección,  no pueden usar sus tierras sino para el pastoreo y a la fecha aún no se les indemniza de acuerdo con el marco legal vigente en la materia (véase el caso los problemas que de quince años a la fecha aún no puede resolver nuestra Coordinadora Nacional de Arqueología con respecto a los justos reclamos de los comuneros de Santa Cruz Xoxocotlán y de San Martín Mexicapam ambos en el cerro de Monte Albán).

Si durante los más de quince años que la Sra. Robles fungió como miembro del Consejo de Arqueología y Directora de la Zona Arqueológica de Monte Albán se hubiesen destinado la mitad del presupuesto del tristemente célebre Plan de Manejo a la compra directa de tierras comunales, la solución del sempiterno problema de la tenencia de la tierra ya estaría minimizada. Consideren ustedes que el presupuesto del Plan de Manejo de la zona Arqueológica de Monte Albán es dos terceras partes mayor que el de todo el Centro INAH Oaxaca y sin embargo el problema principal de la zona no lo resuelven y así mantienen el área de conflicto para perpetuar a los mismos funcionarios en el cargo. Política a la oaxaqueña.[6]

El caso es que hoy día la rehabilitación de la zona monumental de Atzompa es al parecer una prioridad institucional toda vez que existe una mezcla indeterminada de recursos federales y estatales.  Los valles centrales de Oaxaca han sido mapeados rigurosamente y de forma continua por arqueólogos por más de sesenta años, de tal suerte es posible afirmar que actualmente no existe un sitio arqueológico desconocido a los profesionales del ramo. Más aún el cerro de Monte Albán. Basándonos en los planos efectuados por Richard Blanton y su equipo [7] los cuadrantes de su recorrido y mapeo reconocidos por la nomenclatura N11E2, N11E3, N11E4, N12E2,  N12E3,  N12E4, N13E3, N13E4, N13E5 y N14E4, N14E5.  Todos estos cuadrantes miden  400 x 300  metros es decir una superficie de 120 000 metros cuadrados donde la densidad constructiva es notoria en superficie y en el subsuelo. Una de las características de la ladera sur del cerro de Atzompa son tanto sus terrazas como la presencia de fósiles vegetales, debajo de la cota de los 300 metros.

Lo anterior nos indica claramente la gravedad del asunto ya que el trazo de la ampliación de la carretera de acceso a la cima y las diferentes nuevas construcciones afectó vestigios prehispánicos en dichos cuadrantes al sur y al oriente de la zona arqueológica. Para el caso específico del sector Atzompa de la zona arqueológica de Monte Albán, los cuadrantes arriba enlistados corresponden a la zona nuclear de construcciones monumentales y residenciales de la oligarquía de élite gobernante de Atzompa, coincidentemente la soberbia de los funcionarios de turno y cargo de tales desatinos ubicaron sus modernas construcciones turísticas sobre dichos cuadrantes causando la “inducción” de los trabajos de rescate arqueológico a costa de la remoción (reversibilidad y prescriptibilidad) de las ahora ruinas prehispánicas, además de planificar su uso como escenarios de lucro.

Podría discutirse la validez de la acción realizada si se conociera a detalle el proyecto autorizado como tal por el Consejo de Arqueología y sus costes, así como los siguientes informes y propuestas que en secuencia se fueron auto autorizando por parte de dicho Consejo, sólo así sabremos los pormenores del asunto, se impone una visita de campo pormenorizada para reconocer puntualmente los daños de tal intervención pero sobre todo poder conocer a  los verdaderos autores de los trabajos de exploración, restauración, reconstrucción, y análisis, así como a los redactores de los informes.

Llama la atención que  la obra civil de la carretera se haya casi concluido en lo que va de este año 2012 y sobre todo a la par se hayan logrado realizar los rescates arqueológicos y paleontológicos del caso.  Debe ser muy eficiente el equipo arqueológico a cargo o existió una seria omisión. Como todo lo referente a esta multifuncionaria se maneja en un estado de opacidad suprema pues no es posible constatar el estado de la obra sino post quem. Sin embargo es más notorio aún que, siendo la colonia de la Cañada un asentamiento regularizado a base de enormes riesgos, es ahí en toda esa ladera sur del cerro Atzompa donde se ubican, donde menos lo esperan, los restos precámbricos de una buena multitud de fósiles animales y vegetales, sin duda delicia de los coleccionistas, y para lo cuál el proyecto de marras no pudo armar a un inexistente equipo de paleontólogos profesionales para la ubicación, registro, recuperación y conservación de los restos paleontológicos ahí existentes de acuerdo con el marco legal expresado por el Art. 28 bis de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos vigente a la fecha. Complementariamente a ello deberemos conocer la propuesta del proyecto paleontológico que se haya llevado a cabo con la autorización de ambos Consejos, el de arqueología y el de paleontología.


Urna de barro encontrada en Atzompa. Foto de Mauricio Marat

Actualmente hay que resaltar el tema de las construcciones “reversibles” que en zonas de monumentos inducen los propios funcionarios del INAH a pesar de la existencia de construcciones prehispánicas:

1. No es posible construir encima o a un lado de construcciones prehispánicas aduciendo que ya se hizo el rescate o el salvamento. Es un principio el que dichos monumentos son inalienables (del latin: inalienabilis que no se puede enajenar [del latín in y de alienare: pasar o transmitir a alguien el dominio de algo o algún otro derecho sobre ello) e imprescriptibles (adj.; que no puede prescribir [luego entonces no debe ser desmontado o destruido]), de acuerdo con el Art. 27 de Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos.

2. Por ello es que los funcionarios que han autorizado dichos trabajos actúan al margen de la mencionada Ley a la que se supone deben su aplicación puntual. Por tal acción deben ser sancionados, tal y como se sanciona a la población común a la que se le niega el permiso de construir en el perímetro de la zona, ¡fuera del polígono de protección prioritario!

3. En todo caso se debería adecuar espacios de uso público y sanitario en zonas alejadas de edificaciones prehispánicas eligiendo la localidad que visualmente y materialmente no las afecte y que con ello puedan mimetizarse al paisaje. La recurrente falacia de utilizar el término reversible es sólo la pseudorretórica justificativa de la prevaricación con la que comulgan diariamente  estos funcionarios.

4. A la fecha se desconocen los montos presupuestales del proyecto integral de la zona monumental de Atzompa por razones ya señaladas, lo más lamentable es que el fracaso del Plan de Manejo de la Zona Arqueológica de Monte Albán está expresado claramente en este tipo de proyectos donde se omite al cien por ciento la intervención arqueológica de rescate en el difícil y presionado perímetro de toda la zona arqueológica decretada, donde sectores completos de la población están expuestos a la especulación inmobiliaria, a la destrucción y al saqueo continuo.

5. Para tal caso es ilustrativo visitar las colonias alrededor de Monte Albán en los municipios de los Ibáñes, S. Pedro Ixtlahuaca, Santa Cruz Xoxocotlán y San Martín Mexicapan, además, claro, de Santa María Atzompa.

6. De este último es de alta gravedad la destrucción y saqueo (no profesional sino casual) de toda clase de vestigios prehispánicos, en la localidad conocida arqueológicamente como Tierras Largas, ubicada en la colindancia con el  polígono principal de la zona arqueológica de Monte Albán, específicamente en la ladera oriente del cerro de Atzompa. Tal localidad fue el asentamiento prehispánico   más antiguo (1600 años a.C)  de Oaxaca donde el fenómeno inicial de la sedentarización humana tomo lugar.  Hoy día y sin autorización alguna o programa de rescates que se aplique la destrucción se encuentra por doquier en las narices del ámbito de acción del Plan de Manejo de la Zona Arqueológica de Monte Albán multipremiado por la UNESCO y a mi parecer a espaldas de ellos.

7.  Luego entonces los funcionarios de marras gastan altos presupuestos en el corte del pasto y en la construcción de edificaciones no reversibles sobre edificios prehispánicos pero son incapaces de atajar la destrucción y el saqueo provocada por la interacción urbana en los perímetros de la zona arqueológica más importante de Oaxaca, por la vía de un eficiente programa de rescates y salvamentos.

8. Es imprescindible que exista un Director Ejecutivo en la zona arqueológica de Monte Albán. Hoy día no existe un director capaz en dicha zona (curiosamente al igual que en Teotihuacán) tal Director debería de obedecer la instrucciones de un consejo técnico-científico creado ad-hoc para tal motivo. Existen tantas especialidades en el tratamiento de la zona arqueológica de Monte Albán que es impensable que una sola persona maneje la zona a su libre albedrío o bajo las instrucciones de un funcionario como Nelly Margarita Robles García quien de sobra ha mostrado su soberbia e ineptitud colocando en las dos zonas arqueológicas insignia del patrimonio cultural de Nación a sus testaferros.

9. Parece de ficción

 


Notas:

[1] Arqueólogo Centro INAH Oaxaca.

[2] Se considera que la fundación de Monte Albán, es decir el inicio de los trabajos constructivos, comenzó en el año 600 a.C.  construcciones que fueron  abandonadas por sus élites hacia el año 850 d.C. por causas diversas que se inscriben en las contradicciones ocurridas entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción del momento.

[3] Es notoria la cancelación de los permisos de investigación a los proyectos nacionales y el aumento de autorizaciones a los proyectos extranjeros los cuales pagan un 15% de su presupuesto y que de su  utilización nada se sabe. Coincidente a esta política es el arribo de la Arqueóloga Nelly Margarita Robles García como Directora de la Zona Arqueológica de Monte Albán, como miembro del Consejo de Arqueología, luego a la Dirección del Centro INAH Oaxaca y al mismo tiempo a la Presidencia del Consejo de Arqueología y luego su fulgurante ascenso a la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH. Sin duda en México ser juez y parte ayuda, sino véase en la actualidad y en el pasado reciente el caso de los numerosos proyectos arqueológicos que a su nombre se ha auto autorizado y los otros tantos que por prestanombres dirige sin empacho alguno. Muchos de los cuales se disfrazan como “Mantenimiento Integral” pero quedan a nombre de individuos que no poseen un título de arqueólogo como lo establecen las  Disposiciones Reglamentarias de la Arqueología en México (tal es el caso del Sr. Martín  Castillo o el del Arq., Eloy Pérez Sibaja, actual delegado del INAH en Oaxaca y salido de los cuadros de la Sra. Robles, es decir, otro de sus prestanombres y lacayos. La opacidad, el abuso de autoridad, el manejo de influencias y la evasión deliberada en la aplicación del marco legal institucional así como el desuso del más elemental sentido común son el denominador vigente de esta multifuncionaria cuya eficiencia y capacidad está a la vista y construida sobre los monumentos  y edificaciones prehispánicas de las culturas zapotecas y purépechas, cuando menos.

[4] No se me permitió el paso a la cima de  la zona arqueológica por la custodia que ahí cierra los accesos, por instrucciones superiores

[5] Si consideramos que el argumento de moda para estos casos es decir que son construcciones reversibles, me pregunto cómo esta falacia opera en la mente de nuestro personaje cuando lo esgrime ya que la reversibilidad no puede aplicarse a estas modernas construcciones debido a que fueron hechas con recursos públicos autorizados y requeriría un permiso especial de la Tesorería de Hacienda para demolerlos ya que se constituyen como obra pública. Por otra parte la reversibilidad de tales construcciones incluye varios aspectos uno de ellos es que habría que demolerlos hasta los cimientos. Lo que no es reversible es la excavación realizada para su construcción en zona de vestigios arqueológicos que obviamente ya fue alterada irremediablemente no con fines de investigación (sólo de paso) sino para efectuar tales construcciones. Por ello deberán hacerse responsables a estos desfuncionarios quienes como consecuencia de su actuación se ganarán las sanciones administrativas del caso y las imputaciones penales que den lugar dada la deliberada destrucción de monumentos arqueológicos que han realizado en diversas localidades.

[6] Fué notoria la puesta a disposición ante el Ministerio Público Federal a la Sra. Alba Hernández, entonces Presidenta del Comisariado de Bienes Comunales de San Martín Mexicapan, a quien se le metió a la cárcel con la acusación (nunca probada) de haber destruido deliberadamente vestigios arqueológicos en la entrada (la Y) de Monte Albán, cuando coloco un puesto de garnachas y refrescos sobre el pavimento de la carretera en la temporada alta de verano en vacaciones y hacerse de unos centavos. La fabricación de pruebas fue notoria y prevaleció a pesar de ser por completo falsas. Lo mismo sucedió recientemente con los comuneros de Santa cruz Xoxocotlán a quienes el INAH Oaxaca metió a la cárcel sin derecho a fianza por destrucción de patrimonio arqueológico en Monte Albán, la acusación se apoyo en una denuncia por incendio de las laderas del cerro.

En ambos casos los pagos que erogaron ambos grupos de comuneros fueron cuantiosos. A la fecha la relación del INAH con las comunidades vecinas de Monte Albán son extremadamente delicadas y no es cosa menor si consideramos que los derechos originarios sobre sus tierras llegan hasta la Plaza Principal.

[7] Blanton, Richard, 1978, Monte Albán. Settlement pattern at the Ancient Zapotec Capital   Academic Press.

En el artículo “Haciendas y ríos”, Rafael Gutiérrez hace referencia

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