2, Octubre de 2011

Indignación no es berrinche

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Una oleada de movimientos juveniles conmueve diversas ciudades del mundo en el marco de una sorda crisis: Madrid, Nueva York, Tel Aviv, Atenas, Santiago de Chile, Bogotá, entre otras muchas. Fuimos testigos presenciales de las huellas que dejaron los Indignados en la Plaza del Sol de Madrid. Semanas antes de que fuesen arrasados por la polícía, quedaban en ella los testimonios gráficos dejados ahí por muchos de los participantes en el movimiento de indignados que ocupara esa plaza recientemente.

 

Es pertinente pasar revista al menos breve a algunos de esos textos y dibujos plasmados intensamente como una manifestación cultural que expresa el sentir de muchos hoy.

 

Ajenas a solemnidades, las pintas y frases, las consignas, citas, rayones, viñetas, bocetos, borrones y reflexiones dejados en esa plaza, expresan una parte de la realidad por la que atraviesan quienes externaron por escrito o por dibujo su condición de indignados.

 

Las señoriales plazas y los atuendos de los elegantes tragones de manjares que se pueden avistar en esos rumbos, contrastan con la explicitación gráfica de quienes se encuentran marginados en sociedades de una opulencia siempre selectiva.

 

 

Dignación e Indignación

Es curioso cómo el Diccionario de la Lengua producido por la Real Academia Española, define el término de “dignación” como “condescendencia con lo que desea o pretende el inferior” (1992: 751).  Diríamos que se trata de una definición muy acorde con el orden de dominio tradicional, en una sociedad que no logra aún hoy sacudirse en definitiva la perspectiva de poder de las investiduras heredadas. Ser condescendiente con el inferior sería entonces el gesto de alguien que se digna tratar con quienes están abajo. Sin embargo, nadie en esa plaza ha formulado en dichos términos una modosa petición a los poderes interpelados, del tipo de: “¿Podría usted dignarse escucharnos?”.

 

 

Dignémonos entonces ver el asunto de otra forma: la indignación es definida, según la misma monárquica y Real Academia Española de la Lengua, como “enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos” (1992: 1158).   Sin embargo, no se trata de cualquier enojo, de cualquier ira o de cualquier “enfado vehemente”, sino de aquel que proviene de la condición de alguien digno, de alguien “que merece algo, en sentido favorable o adverso”, pero recordando además que ese término de “digno”, utilizado de manera absoluta, “indica siempre un buen concepto y se usa en contraposición a indigno” (1992: 751).

 

La indignación la experimenta necesariamente alguien digno, en este caso alguien que, por su mera condición de ser humano, sabe en su fuero interno que merece condiciones de vida acordes con su potencial.

 

Esa es la diferencia con el acto del infante que ejerce la pataleta, o con el arrebato del “enojado” que actúa de manera reactiva y a menudo violenta, o del afectado por el impulso de la cabra que patea, del que berrea, del caprichoso, del chillón.

 

El de indignación es un término capital hoy.
Las causas de indignación explican su actualidad.

 

En diciembre de 2010, Stéphane Hessel, antiguo resistente antinazi en Francia y uno de los redactores de la Declaración de los Derechos Humanos, publicó su ensayo “Indignez-vous!”, un escrito categórico, de efecto inspirador, que denuncia enérgicamente algunos aspectos críticos de la situación mundial y que ha acompañado al movimiento de protesta colectiva 15M que se hizo de la Plaza del Sol en Madrid. Y es que Hessel advierte:

 

Todos juntos debemos velar porque nuestra sociedad sea una sociedad de la que podemos estar orgullosos: no esa sociedad sin papeles, de expulsiones, de recelo hacia los migrantes; no esa sociedad que pone en duda la jubilación, el derecho a la seguridad social; no esa sociedad donde los medios de comunicación están en manos de la gente pudiente…

 

Hessel expone que si bien en la época de la ocupación alemana en Francia las causas de indignación eran nítidas y la toma de un compromiso era por tanto más fácil, la necesidad vital de reaccionar ante la situación presente, la necesidad de indignarse y a su vez de comprometerse a partir de esa indignación es fundamental. El mundo de hoy puede ser demasiado complejo; es vasto, interdependiente; sin embargo:

 

…en este mundo hay cosas insoportables. Para verlo debemos observar bien, buscar. Yo les digo a los jóvenes: busquen un poco, van a encontrar. La peor actitud es la indiferencia; decir ‘yo paso, ya me las arreglaré’. Si se comportan así pierden uno de los componentes indispensables: la facultad de indignación y el compromiso que la sigue.

 

Podemos detectar ese hilo de la indignación en las pintas de la Plaza del Sol madrileña, e intentar a su vez vincularlas someramente con algunos de los elementos del lúcido ensayo de Hessel comprendiendo que su alcance rebasa el de una plaza de una capital europea, en un proceso que tiende a diseminarse por todo el planeta.

 

Algunas de estas imágenes nos remiten a exigencias que parecieran ya atemporales por su elemental pertinencia, clásicas exigencias planteadas hace siglos, como la de una educación laica, y la de libertad, igualdad, paz. Pero visto el asunto desde una perspectiva más cruda, son… términos de un imaginario. Y es que estas elementales demandas, en la realidad de la vida cotidiana de millones de personas hoy, siguen pendientes.

 

Esas imágenes no nos muestran en realidad una pancarta, sino nuestra peligrosa ingenuidad de creer que la educación laica, la libertad, la igualdad y la paz son asuntos en algún grado consumados o en vías de resolución. Por ejemplo, la educación confesional que por definición implica la penosa ocurrencia de formar seres humanos estandarizados en un molde, entrenarlos para que se asomen al mundo sólo por una ventanita, esa formación o deformación escolar que domestica pensamientos y sentimientos y que engendra súbditos y consumidores no es, desgraciadamente, un asunto histórico.

 

O la libertad, la igualdad, la paz… términos tan sobados como exóticos, parecieran horizontes que se desplazan siempre, aspiraciones humanas móviles que nos hacen caminar y caminar… tal vez porque se buscan fuera de uno. Y sí, es muy cierto que están en el reino interno de cada quien, del soberano que es cada ser humano, pero no están en las condiciones concretas y cotidianas de vida, de trabajo, de educación.  Y deben de estar ahí, por supuesto, han de materializarse, que es a eso que se refieren los letreros.

 

 

Independientemente de su origen, esas pintas parecieran hablar entre sí, como en el caso de la definición de la paz que va más allá de la mera “ausencia de tensiones” para plantear la dimensión estructural de la paz como la práctica de la justicia. Se trata de una demanda claramente planteada en México, la de una paz con justicia y democracia, no la paz de una estática fincada en el silenciamiento de las diferencias y en la imposición de un orden para hacer más eficiente y no tempestuosa a la desigualdad y la exclusión.

 

 

Una composición de objetos expuestos llama la atención: presidida por un cartel que reza “No quiero dinero!”, se trata de una especie de gato metálico  contestatario, armado con piezas de desecho, o tal vez sea la imagen de la metalización que resulta de un afecto muy, muy desmedido por el metálico.

 


 

Y es que Hessel afirma en su ensayo, refiriéndose al derecho a la seguridad social y a la educación:

 

…Se atreven a decirnos que el Estado ya no puede garantizar los costos de estas medidas ciudadanas. Pero ¿cómo puede ser que actualmente no haya suficiente dinero para mantener y prolongar estas conquistas cuando la producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde la Liberación, un periodo en el que Europa estaba en la ruina?  Pues porque el poder del dinero, tan combatido por la Resistencia, nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general. Nunca había sido tan importante la distancia entre los más pobres y los más ricos, ni tan alentada la competitividad y la carrera por el dinero…

 

Y es que estas palabras corresponden sin duda también a la situación mexicana. Pero agrega Hessel:

 

…El pensamiento productivista, auspiciado por Occidente, ha arrastrado al mundo a una crisis de la que hay que salir a través de una ruptura radical con la escapada hacia adelante del “siempre más”, en el dominio financiero pero también en el de las ciencias y las técnicas. Ya es hora de que la preocupación por la ética, por la justicia, por el equilibrio duradero prevalezcan. Puesto que los más graves riesgos nos amenazan. Y pueden llevar a su término la aventura humana en un planeta que podría volverse inhabitable para el hombre…

 

Condice con lo anterior otro objeto que emerge del muro de las pintas y consignas que nos ocupan: se trata de un muñeco en cruz, adosado con clavos en sus extremidades, con atuendo parecido al de un obrero, amordazado, escoltado por términos emblemáticos:

 

POLITIBANKOS   HIPO-TEKA    INDIGNACIÓN    UNIÓN EUROPEA   ENGAÑO FUTURO

 

Y cuando Hessel se ocupa a su vez de la sociedad sin papeles, de las expulsiones, del recelo hacia los migrantes, entendemos que las pintas no se desentiendan del tema, como el caso de la ilustración que representa a un tipo de color verde, con las manos en alto como ganchos, colgadas de la nada, sin mirada... en su ojo derecho el signo del dinero, en el izquierdo las letras “TV”, en su boca un tapón:

 

“DEJA DE SER UN ZOMBIE”, “no dejes que te llamen como ellos quieren. Recupera tu identidad. No eres latino, no eres indio, no eres hispano. Tú eres americano… ¡despierta!”.

 


 

Al lado del zombie migrante y verdoso, de un agujero cercano sale un brazo policiaco con un garrote para golpear al sol, al tiempo que un aparato televisor aparece bajo el signo de lo no permitido.

 

Hessel destaca dos nuevos desafíos actuales en su ensayo; el primero es:

 

“el de la inmensa distancia que existe entre los muy pobres y los muy ricos, que no deja de aumentar. Es una innovación de los siglos XX y XXI. Los que son muy pobres ganan actualmente dos dólares por día. No podemos permitir que esta distancia siga creciendo. Esta constatación debe suscitar por sí un compromiso”

 

El segundo nuevo desafío refiere a los derechos humanos y la situación del planeta:

 

…Después de la Liberación tuve la suerte de participar en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos… no me resisto a citar el artículo 15: “Toda persona tiene derecho a una nacionalidad”, y el artículo 22: “Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la Seguridad Social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales indispensables para su dignidad y para el desarrollo de su personalidad…

 

Y Hessel añade:

 

…A los jóvenes les digo: ‘miren a su alrededor, encontrarán los hechos que justifiquen su indignación –el trato a los migrantes, a los sin papeles, a los gitanos. Encontrarán situaciones concretas que los llevarán a emprender una acción ciudadana fuerte. ¡busquen y encontrarán!

 

En el caso de México, algunos de esos jóvenes, miles, no tienen Plaza del Sol a dónde acudir, porque ya quedaron a la vera del camino como parte del saldo de asesinados y desaparecidos, al tiempo que las cifras de rechazo a las universidades, la falta de voluntad para brindar condiciones dignas de educación, de trabajo, de salud y de creatividad, y el desvío de fondos públicos con el propósito de seguir nutriendo a los insaciables parásitos electoreros, generan una condición de abandono tal, que la sola capacidad de muchos jóvenes para mirar a su alrededor pareciera un lujo. Sin embargo, nada garantiza que a pesar de los agravios recibidos y de su propia fragmentación, no despierten y se expresen en el Ángel de la Independencia o en otros espacios, levantando justas demandas.  Lo que no resta pertinencia a las palabras de Hessel.  Pero hay más:

 

No te doblegues. Vive sin fallarte.


Cuando en una pinta aparece una frase así, estamos frente a una convocatoria que rebasa la mera contestación mecánica a unos megapoderes, a un orden execrable, para poner en cambio, de relieve, la figura ideal de alguien que vive sin fallarse a sí mismo, en clara coincidencia con un aserto del Subcomandante Marcos, cuando ha afirmado aquello de que todos tenemos derecho a ser mejores. Así, desde la dignidad que implica ese tipo de perspectivas, se trata de un llamado destacable que cada quien ha de ponderar.

 

Puedo si creo que puedo.


Aquí vamos, por extensión y antojo, de nuevo a Hessel cuando rememora en su ensayo, a propósito de su inclinación hacia el pensamiento de Hegel:

 

…pero mi optimismo natural, que quiere que todo aquello que es deseable sea posible, me llevaba hacia Hegel. El hegelianismo interpreta que la larga historia de la humanidad tiene un sentido: es la libertad del hombre que progresa etapa por etapa. La historia está hecha de conflictos sucesivos, la aceptación de desafíos…

 

Y las pintas se suceden unas a otras:

 

El sol está saliendo siempre.  El sol sale hasta con aguacero.
Ahora acatar es ser cómplice. Rebelde es ser honrado ahora.


Sin mayor pretensión racionalista propia de un disecador de estos “materiales”, lo que evocan y provocan estas pintas en uno es la sensación de contacto con seres humanos inteligentes y sensibles que buscan un canal propio y vital: una sensación de esperanza alentadora.

 

Pero que sean las pintas quienes hablen ya por sí mismas, que para eso fueron hechas.

 

Al rey ni en pintura.


Quiero trabajar!!!  Pero cuándo y dónde???


 

Tocó pan y pésimo circo


El mundo está oscuro ¡Ilumina tu parte!


 

Información libre. Peace and Love.


 

Berlusconi mierda


 

Deja de ser un rebaño y organízate!


 

El momento más oscuro de la noche es exactamente un minuto antes de que salga el sol
Ahora acatar es ser cómplice
rebelde es ser honesto


 

¡¡Quien resiste, gana!!


 

The people must trust in people


Fuck mony!
El futuro es nuestro
Abre los ojos
Soy hij@ del universo, ciudadan@ del mundo


 

Gracias!     Solríe!     Scream      Sahara libre


 

Re evolución


 

Políticos y banqueros ¡Unidos por la hucha!
Se creían tus amos porque tú te creías su esclavo
Por la igualdad real!


 

Pienso, luego resisto
Rompe los muros


Apaga la TV   Enciende la Mente!
Y con la niebla gris de la mañana, entramos


 

Todavía no sabemos si la sonrisa alarga la vida… pero sienta tan bien…
Abajo la caridad, viva la justicia


 

La realidad es un acuerdo y somos más que ellos.
Ayer ví a una pareja enamorada

Porque se amaban TANTO supe
Que tenían ‘síndrome de Down’

¿Quién es el discapacitado?


 

El mundo es tuyo
Se abrió un claro entre las nubes


 

Soy del mundo Gitana


 

No hay futuro


No al pensamiento único
Tu mente un arma: cárgala
Gracias por luchar para que mis hijos tengan un futuro mejor


 

Abiertas las puertas de la conciencia en la Puerta del Sol


 

La realidad se ve con los ojos cerrados.
Yo soy Yo.  Adivínalo
Cuando el último árbol sea talado

Cuando el último río haya sido envenenado

Sólo entonces el hombre se dará cuenta
De que el dinero no es todo


 

Hemos despertado
Y habéis perdido
Just keep smiling


 

Si os dan papel pautado
Sé libre
Comunidad
Amorcracia
La revolición sólo será posible si seguimos soñando
La deuda externa es mentira


 

Tú también eres LIBRE
Indignados
Vivir no es morir


 

No hay rebeldes sin causa, hay causas para rebelarse!
Sin sol no hay vida
No estamos SOLos


 

México… el Popo hace erupción


 

Porque juntos somos imparables
Luchemos por nuestros derechos
El espantabanqueros ¡¡¡Vive!!!


Y ahí mismo, frente a la imagen del estantabanqueros (“It’s live), la imagen significativa de un corazón lleno de diamantes, que no de gente

 


A pesar de los golpes: la huerta sigue en sol y con playa…
Seguimos tocando música
No me quedan cicatrices… sé perdonar!!!


A partir de hoy hará un sol
Lucha por liberarte


 

Todo lo que llevo dentro está aquí fuera
No lo pienses   solo hazlo


También soy responsable, que no culpable
La revolución empieza en ti, vive tranquilo y sencillo

 


Es nuestra realidad
El euro nos está matando
Es una pieza basada en hechos reales
Túnez
Sólo el amor engendra la maravilla



Que algo sea justo para muchos!!! No quiere decir que sea justo!!!
Luchamos por nuestros derechos

…una frase luminosa de Eduardo Galeano:

“Este mundo de mierda está embarazado de otro mundo posible, diferente y complicado de parir, pero que ya está latiendo”


Nuevo despertar de la conciencia fuera del sistema


 

Retomando el ensayo de Hessel, a partir de su indignación acerca del trato a los palestinos, su autor refiere:

 

en la noción de exasperación hay que comprender la violencia como una lamentable conclusión de situaciones inaceptables para aquellos que las sufren… no deberíamos exasperarnos; deberíamos esperanzarnos. La exasperación es la negación de la esperanza. Es algo comprensible, casi diría que natural, pero precisamente por eso no es aceptable. Porque no permite obtener los resultados que puede eventualmente producir la esperanza…

 


 

Y en efecto, llega el momento en que una realidad indignante exaspera y los frutos son entonces otros. Esas pintas brindadas por anónimos y agudos indignados cumplieron en su alcance un cometido comunicativo, pero los movimientos de indignados no están llamados a llevar a cabo solamente ese cometido.

 

No estamos lejos de lo que sucede en México. Ningún llamado puede ser hoy más pertinente. El fenómeno de la crisis del compromiso es el fenómeno de la crisis de la indignación.

 

Y es que, remitiendo a lo planteado por Stéphane Hessel, si vamos a la situación mexicana actual, las preguntas se desatan:

¿Podemos enorgullecernos de nuestra sociedad?

¿Cuántos y cuáles son los motivos de indignación que nos cercan?

¿Acaso no ameritan una relación pormenorizada?

¿Qué estamos haciendo como ciudadanos al respecto?

¿La salida es un escepticismo paralizante?

¿Dónde se encuentra hoy la capacidad de indignación del Pueblo Mexicano, esa capacidad seminal que generó el compromiso de tantos indignados que dieron su vida por una esperanza luminosa a lo largo de nuestra historia?

 

Sin duda, disponemos de respetables ejemplos de esa indignación traducida, por ejemplo, en la génesis y actualidad del EZLN, en la gesta de la Policía Comunitaria de Guerrero, en el movimiento de repudio ante el fraude electoral del 2006, en la resistencia de los trabajadores de Luz y Fuerza y ahora en la movilización ciudadana en torno a la figura de las víctimas de la guerra de Calderón, así como en el amplio sentir, creciente en un segmento de la ciudadanía, de que las cosas no pueden seguir igual en nuestro país. Es que la relación de motivos de indignación es enorme y cada uno de ellos, profundo. El cúmulo de vidas truncadas absurdamente, la producción y manipulación de la miseria, la violencia exacerbada, los pederastas protegidos por instituciones eclesiásticas, la degradación de los medios de comunicación, la venalidad de los jueces, el imperio de la impunidad cultivada, el cinismo y la mentira sistemática de funcionarios y políticos, el atropello de la naturaleza, concesiones mineras, montos salariales y prebendas de jueces, diputados, senadores, ministros de estado, y similares, delincuentes apoderados de ciertos sindicatos y partidos, Acteal, Aguas Blancas, Pasta de Conchos… vaya… no acabamos. Todo ello puede hacernos olvidar motivos legítimos de esperanza.

 

Es imprescindible la indignación y el compromiso que de ella emana.

Ese es el común denominador necesario para nuestro país.

En la confluencia de tantas indignaciones busquemos hoy una salida compartida, digna y operativa.

 

Todos cuentan


 

Referencias

Hessel, Stéphane (2010), ¡Indígnense!, La Jornada Semanal, num. 863, pp. 8-11, 18 de septiembre, véase: http://www.jornada.unam.mx/2011/09/18/sem-stephane.html

Otra traducción (Francisco Fuentes) disponible en línea: http://www.enxarxa.com/biblioteca/HESSEL%20Indignaos.pdf

La versión del texto original en francés se puede consultar en:

http://www.yucatan.com.mx/20110810/nota-7/69659-el-opusculo-indignez-vous!--�¡indignense!â-de-stephane-hessel.htm

Real Academia de la Lengua Española (1992), Diccionario de la Lengua Española, Madrid, Espasa Calpe.

Tovar, Luis (2011), “Hessel y su siglo”, La Jornada Semanal, núm. 863, p. 16, 18 de septiembre.

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