3, Noviembre de 2011

003 - Noviembre 2011

Editorial: De la depredación moderna del edén a la crítica gestión

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La repatrimonialización cultural del edén, nos enfrenta a su principal sedimento religioso, aunque va más allá de él, cualesquiera sea su referente. El edén y el jardín a lo largo de la historia han expresado en nuestro imaginario social su propia contradicción, y una fuente nutricia, el agua, y un valor inestimable, la vida. La naturaleza, cualquiera que sea su disfraz urbano, se encuentra bajo cuerda, al igual que el agua y la vida misma. Este drama se vive en Cuernavaca y en otras ciudades de aquí y allá, fronteras adentro, fronteras afuera. La banalización de la muerte se ha vuelto pan cotidiano, tanto como el medio al otro, la corrupción, la falta de transparencia, la insolidaridad, la violación de derechos, la despatrimonialización de nuestros bienes culturales y naturales.

El paisaje del cual somos en cierta medida hechura y el jardín, espejo de nuestros sueños premodernos, modernos y posmodernos de significar, simbolizar y domesticar a la naturaleza, como microcosmos, totalidad o en fragmentos, haría añicos los motivos pictóricos más atrevidos de Goya, pulverizaría los esperpentos narrativos de Valle Inclán, quebraría los espejos vivos de Caroll y dejaría sin futuros narrables al buen Asimov. Cuernavaca, la ciudad de los jardines privatizados, la ciudad de jardines alicaídos y sin brújula como el Borda y el…..etnobotánico, la ciudad del ornato verde, niega la propia biodiversidad de su entorno. Su inventada primavera es un artilugio turístico, un emblema ingenuo de las élites y sus anémicas clientelas ideológicas.

El jardín vino a expresarse en los grandes espacios arbolados de las casas de los pueblos de Morelos al grado que la geografía vino a diferenciarlos. Éstos, por sus  diversas calidades de floras y en consecuencia de faunas, atrajeron las miradas del Estado y del capital para producir desarrollos en su afán de atraer el turismo a toda costa.

Leemos en los textos históricos y religiosos, el aprecio que los babilonios, semitas y árabes  orientales guardaron por los edenes. Leemos desde la América nuestra, la patrimonialización prehispánica de sus terrazas, andenes y jardines. A través de las creencias religiosas amerindias, árabes y judías, heredamos ese aprecio por el entorno natural. Cierto es, que a veces,  en Occidente se convirtió en obsesión académica-religiosa, lo muestra el  códice de los monasterios medievales apoyando la secrecía de los textos bíblicos. Lo muestra el bestiario de Cristo y el florilegio mariano.

Esta visión  axiológica de la naturaleza, pasó a la cultura occidental en brazos del cristianismo bajo el nombre del Paraíso, iniciando así y a su modo, el mito de la creación humana. A partir del siglo XVI dialogó y se cruzó con otros mitos amerindios o de origen africano. Pero los mitos no expresan ni la verdad ni la mentira, son solo escalones de la construcción de la  historia. Sin embargo, celebran la vida, la naturaleza, el agua, aunque sancionen las transgresiones.

En Morelos, al igual que muchos otros escenarios, particularismos culturales aparte, las poblaciones crecieron sobre las tierras de cultivo. La arquitectura redujo las dimensiones de sus espacios libres, entre ellos los jardines al ritmo del avance depredador del capital inmobiliario. Como en los viejos tiempos cuando el vencedor prendía fuego y sembraba sal en la tierra conquistada, hoy en el ocaso del actual sistema social, el capital prende fuego a la naturaleza y contamina la tierra sembrando la  destrucción en los países conquistados. La creación de empresas  depreda los campos donde propone sus establecimientos, tal el caso de San Luis Potosí (buscar otros nacionales), y Cuernavaca y sus bordes: en Civac. En los otrora campos arroceros de Acapantzingo tenemos un fraccionamiento de lujo y muchas construcciones de estilos arquitectónicos devaluados.

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Haciendas, artesanías, viajes… y alertas en el volcán

En este tercer número de En el Volcán, presentamos tres artículos que reflejan la amplitud posible de temas que ocupan a la mirada antropológica e histórica. Los tres artículos se encuentran a continuación engarzados como facetas de una realidad siempre en transformación. La figura de una antigua hacienda morelense y de sus muchos recovecos significativos, entra aquí en contacto con el mundo creativo de la elaboración de artesanías, al tiempo que se añade a ello la memoria de Ignacio Manuel Altamirano, a propósito de dos viajes a Cuautla, el primero Al viejo estilo, en carruaje a fuerza de bestia viva y el segundo a lomo de ferrocarril.

Tiempos de productos artesanales, de haciendas rebosantes de implicaciones, de viajes a otro ritmo hoy extraño, parecen contrastar en su autenticidad con momentos actuales de incertidumbre que nos han de mantener alertas. Alertas porque ni las artesanías, ni las haciendas morelenses, ni los viajes de un ilustre Altamirano necesitaron nunca de una peculiar figura, denominada “delegado”, la cual poco a poco o de sopetón aparece ahora por ahí, ominosa.

Alertas, ante la mediocridad de delegados ramplones, de menos de medio pelo, mareados porque se subieron a un ladrillo minúsculo, vulgares por sus vulgares 16 costados, siempre serviles hacia “arriba” y déspotas hacia “abajo”.

Alertas también ante el maridaje de la amargura y el oportunismo que priva en la entraña de quienes oficiosamente se acomodan a perpetuidad en los circuitos académicos, apuntalando, con el espinazo doblado, a su ramplón jefe en turno. Pero la lava es otra cosa: fluye desde dentro y tolera poco la murmuración y la cobardía.

Pero… ¿qué es un delegado? No se trata del sentido originario en latín, cuya semántica une la procedencia, la legitimidad y la  acreditada función econ base en la experiencia o saber. La película La Frontera (1991) que propone como plano secuencia principal el encuentro tragicómico entre un relegado y un delegado. Aquí en estas tierras, los sentidos de relegado y delegado se confunden, generan curiosos híbridos en el gobierno, en los partidos, en las instituciones públicas y privadas.

Bueno, la semántica es menos complicada que la realidad. Aquí, un delegado es alguien de poca monta, definitivamente lejano de todo lo que de valor puede acompañar a la memoria de una hacienda, a una pieza de artesanía, a una narrativa de viaje: digamos que un delegado es una especie de franquicia minúscula, implantada sorpresivamente en una oficina, con el propósito de ignorar su propósito….

La frivolidad y la incompetencia de la burocracia estatal y federal no nos pueden hacer olvidar, al cerrar este tercer número de nuestra revista, que el crimen que ronda ciudades, regiones, carreteras, barrios, esquinas, en esta guerra impuesta a los mexicanos por quienes con ella se benefician, segó la vida de otro colega del campus de la UNAM en nuestro estado, en Cuernavaca, la ciudad en que vivimos. Y no es un caso aislado. Nuestra indignación y la pena que nos embarga, va a la par del abrazo solidario a sus colegas,  familiares y amigos.


El volcán Popocatépetl, la mañana del 17 de octubre. Foto de Ricardo Melgar Bao

La industria azucarera en Morelos

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Las haciendas azucareras en el actual estado de Morelos, tienen una amplia documentación, sin embargo no ha cambiado su suerte y caminan inexorablemente hacia un destino incierto, con lo que nuestra historia quedará trunca si no hacemos algo. Es urgente interesarnos por conocerlas y diseñarles un destino que no sólo las conserve sino que también las acerque a las soluciones sociales que tanto necesitamos.

Por otro lado, las herramientas de análisis deben ser más reales, de suerte que aporten las soluciones necesarias a estas urgencias. Las viejas discusiones sobre el paradigma del materialismo histórico en Latinoamérica, su descalificación y olvido ante el embate imperialista, se parecen al caso de Bloch, Fevre y Braudel, cuando los historiadores abandonaron la metodología de los Anales, pero que persisten como una herramienta actual en todo análisis histórico.

“… pero es claro que es imposible construir una historia nueva con viejas y desgastadas herramientas que corresponden a los también ya anacrónicos modos en que se ha practicado  hasta hoy el oficio de historiador en nuestro país”. Y más adelante añade mediante una crítica permanente vinculada a los movimientos sociales y las urgencias presentes, y el señalamiento de los nuevos rumbos de una historia que vea con optimismo y profunda esperanza el futuro.

  • Carlos Aguirre R. ANTIMANUAL DEL MAL HISTORIADOR. Jiménez Editores e Impresores S. A. De C. V. México 2004. Pág. 17.
  • Ernest Sánchez Santiró. UNA HISTORIA OLVIDADA en Azúcar y Poder. Editorial Praxis y la UAEM.. México 2001.
  • Rafael Gutierrez.  DE LA TRIBUTACIÓN AL PEONAJE. Tesis UNAM

 


Relación del arzobispo de México en la visita al arzobispado. 1646.

 

La Hacienda

1.         La hacienda eran aquellos bienes que se heredaban de padres a hijos, era así como una dinastía doméstica. Siempre fue el trabajo inicial de alguien que no tenía nada  y con esfuerzo acumula excedentes que van formando la hacienda; no es el producto de mayores habilidades, inteligencias o deseos, es el excedente del trabajo que se acumula hasta que se convierte en un capital que se pone a trabajar y que absorbe el excedentes de otros trabajos y crece geométricamente proporcional.

2.         La palabra misma proviene de un verbo que significa trabajo:   facere facio, is, ere factum) = hacer, lo nos indica que  la hacienda se logra haciendo, es decir trabajando. Los historiadores hemos aceptado el término en referencia a un conglomerado industrial y en el caso de la historia del actual Estado  Morelos actual, hemos llamado hacienda a los conjuntos industriales que fueron dedicados a la producción de azucar a través de la molienda de la caña de azúcar. De esto tratara esta charla.

  • Giselle von Wobeser. FORMACION DE LA HACIENDA EN LA EPOCA COLONIAL. Ediciones de la UNAM . México 1989. Pág. 50.

3.         El origen árabe de la caña de azúcar posiblemente haya sido el norte de África de donde paso a las islas canarias y de allí a tierras americanas en la zona del Caribe, Hernán Cortes la introdujo en la Nueva España construyendo en Cuernavaca Morelos el ingenio de Tlaltenango y en la zona de Cuautla desde donde se expandió por toda la región .Al principio la industrialización conservó el carácter feudal español, mas tarde adquirió su carácter industrial de acumulación capitalista; al principio el encomendero hacendado procuraba un posición dentro de la nobleza mientras sus administradores acumulaban riqueza.

  • Brígida Von Mentz et al. HACIENDAS DE MORELOS. ICM, CONACULTA,  M. P. Porrúa Editores. México 1997.
  • Rafael Gutierrez . ATLAS DE MORELOS. Coord.. Rocío Rueda. Edición de Praxis y la UAEM. México 2000.

 

La geografía histórica

En el actual Estado de Morelos, se desarrollan dos regiones de haciendas que aprovechan las aguas de los cuatro ríos que corren desde la sierra hasta las fértiles tierras de los valles

« Por lo que hace a la región de las alcaldías de Cuernavaca y Cuautla de Amilpas no existían en Nueva España otra región igual en tamaño que ofreciese ventajas similares de clima,  agua, y grandes extensiones de tierra plana en una pendiente de terreno de la misma altitud general”( Sánchez 2001, 60).

  • Michael Reley.. FERNANDO CORTES AND THE MARQUESADO IN MORELOS, 1522 – 1547. Universiti of New México Press. USA 1972.

Wobeser caracteriza a la hacienda de acuerdo a Herbert Nickel: “De acuerdo con este Ruiz de Velasco, después d hacer una dramática descripción del Estado de Morelos, habiendo terminado la Revolución y de ponderar lo que otros paises han hecho dice que: Morelos como Bélgica, es un país relativamente pequeño y a la vez muy grande en recursos vitales; porque fue una región esencialmente industrial y agrícola; porque fue totalmente arruinado en momentos de mayor prosperidad, y, en fin, . porque con sus copiosos elementos ofrece un brillante porvenir”

  • Ing. Felipe Ruiz de Velasco. BOSQUES Y MANATIALES DEL ESTADO DE MORELOS Talleres Gráficos de la Nación. México 1925.

 

Composiciones, recomposiciones y permutas

4.         La geografía de la caña de azúcar se extendió ampliamente mediante la construcción de pequeños trapiches de producción restringida creciendo en regiones propicias hasta llegar a las grandes haciendas azucareras cuyo testimonios históricos todavía conocemos. El desarrollo de la industria azucarera presenta sus composiciones y recomposiciones de acuerdo a las condiciones y los intereses de sus propietarios. En algunos casos permutas entre pueblos y haciendas como el caso que documenta Dubernard (SANTA ANA AMANALCO. Juan Dubernard. Ed. Privada. Cuernavaca 1975.

En otros casos posteriores a la erección del Estado las relaciones difíciles entre los hacendados que habían dirigido la economía regional y el gobierno  que les impone nuevas reglas como el impuesto del 10 de noviembre de 1870, que a decir de los hacendados, “ amenaza gravar a la agricultura, y especialmente a los Ingenios de azúcar de este Estado, en el próximo años” Estado de Morelos. (El Impuesto Extraordinario. Imprenta de Ignacio Escalante y Cía.. México 1870).

Por supuesto que los hacendados no quedan en paz y en el documento: Algunas observaciones que pueden servir PARA REFUTAR LO QUE SE ALEGA. Para sostener que debe concederse EL AMPARO QUE SOLICITAN VARIOS HACENDADOS. Isidro Montien y Duarte observa que a pesar de lo que se dice sobre la autonomía de los Estados: “no tienen el derecho, si no es que el deber de examinar la legitimidad del poder público de un Estado, para solo efecto de calificar si el acto que provoca la queja es o no un mandamiento de autoridad competente, en virtud del cual pueda uno ser molestado en sus propiedades” (EL AMPARO...1874, 3). Y ante la respuesta que hacen a favor del Estadolos CC. Lic. Joaquin Alcalde y Dr. Hilarion Frias y Soto, depues de cuestionar sun incumbencia en el caso, EL C. JULIAN MONTIEL DUARTE, reitera los argumentos a favor del amparo promovido a favor de los hacendaos: D. Ramón del Portillo, D. Isidoro de la Torre, D. Joaquín García Icazbalceta, hermanos, D. José T. Guerra, D. Pio Bermejillo y D. Alejandro Arenas Recordemos que mas tarde, en el conflicto de la hacienda de Chiconcuac el hacendado Pío Bermejillo y otros es asesinado por los grupos militares irregulares partidarios de la Reforma., y que el motivo es una venta de haciendas. Lic. José Fernando Ramírez. Por la testamentería de Miguel Ajuría en el pleito que le ha promovido D. Anacleto Polidura, sobre la legitimidad de la entrega de las haciendas denominadas San Vicente, Chiconcuaque y Dolores. Imprenta de Andrade y Escalante. México 1859.

En otros casos es el problema de tenencia de las haciendas entre las mismas familias como el caso de las haciendas de  Tenango y San Ignacio, donde el señor D. Tiburcio Icazbalceta demanda nulidad de venta contra don Joaquín García Icazbalceta y sus hermanas y hermanos y el Licenciado don Juan B. Alamán hace una encendida y bien documentada defensa ante la Primera sala del Tribunal de Primera Instancia del Departamento del Valle. (ALEGATO BIEN PROBADO. Imprenta de Santiago White. México 186)

 

Testimonio de la Escritura del Testamento otorgado en memoria simple por el señor Vicente Sainz de la peña y elevado a Escritura Pública en la fechas que se expresan en el mismo. HACIENDA DE ACTOPAN. Cuernavaca 1880.

Certificado de los Gravámenes que hasta la actualidad, reporta la hacienda de Buena vista. Cuautla 1872.

Constancia de Censos Perpetuos relativos a la Hacienda de Michiapa, Esado de Morelos que en el año 1781 poseía doña Petra Yánez Rodrifuez . Cuernavaca 1781

  • Marcelo Ramírez y Ernest Sánchez, ATLAS DE MORELOS. Coord.. Rocío. Rueda Edición de Praxis y UAEM.  México 2000.
  • Brígida von Mentz y R. Marcela Perez L. MANATIALES, RIOS, PUEBLOS Y HACIENDAS. Edición del IMTA y del CIESAS.. Reproducciones Litgraficas S. A. De C. V.  México 1998.
  • María Teresa Huerta. FORMACIÓN DEL GRUPDE HACENDADOS AZUCAREROS MORELENSES (1780.1850). En empresarios del azucar en el siglo XIX.. Ediciones del INAH. México 1993.


La arquitectura histórica un documento testimonial

5.         Estos testimonios históricos, dieron origen a una tipología arquitectónica industrial que se levanta todavía sobre los horizontes, en  otro tiempo campesinos y que hoy forman parte de las fértiles tierras absorbidas por la voraz mancha urbana.

Contenía los siguientes espacios: Trapiche, casa de calderas, Hornalla, purgares, Asoleaderos

  • Guillermo Prieto. UN PASEO A CUERNAVACA, 1845. Presentación de Valentin  López. Telleres Graficos de Impresores de Morelos. Cuernavaca 1982.

 


Acueducto de la Hacienda de Chicomocelo, Tlacotepec, 2005.


Capilla de la Hacienda de Chicomocelo, Tlacotepec, 2005.


Espacio de la rueda hisdráulica de la Hacienda de Chicomocelo, Tlacotepec, 2005.


Bóveda de secado de la Hacienda de Chicomocelo, Tlacotepec, 2005.

 

Un patrimonio cultural

6.         En términos de la ley forman parte del Patrimonio Cultural de nuestro país pero contradictoriamente están en apropiación privada y por ende sujetos a los intereses y vaivenes de cualquier propiedad privada, incluida su destrucción. La diferencia con cualquier otra propiedad, es el carácter social de este patrimonio al formar parte de las gestas revolucionarias por las que ha pasado, como lo han hecho el patrimonio histórico religioso y como lo esta siendo el patrimonio habitacional de los pueblos.

 

Conclusión

En el actual estado de Morelos dos regiones industriales marcaron la historia desde 1522 hasta la época posrevolucionaria; en el ultima mitad del siglo XX, un desarrollo acelerado parece barrer con los testimonios históricos de la cultura regional y cambiar la historia.

El desarrollo histórico nos muestra que la sociedad regional se vio envuelta en las composiciones, descomposiciones y recomposiciones de las haciendas conservando siempre el desarrollo regional. Con los movimientos revolucionarios se inicio la pulverización de las tierras las aguas y los trabajadores; las tierras y las aguas pasaron a las mejores ofertas del mercado, mientras los trabajadores, excluidos de la educación, tomaron lo indispensable y emigraron, particularmente hacia Norteamérica en busca de mejores condiciones de vida.

Abandonadas o precariamente conservados todos los testimonios históricos acumulados a través tres mil años de historia, han sido echados por la borda junto con la conciencia, la identidad y la cultura propias. Los países desarrollados terminaron con la gente y creen que se acabó la historia, nosotros parece que acabamos con la historia y se acabó la gente.

Juntemos historia y gente y hagamos un futuro mas promisorio para todos; la historia esta escrita en documentos como la arquitectura – entre ella las haciendas -, los documentos y las tradiciones, que forma nuestro Patrimonio Histórico, la gente espera una mejor forma de vivir, sin romper sus raíces. El deseo de los gobernadores reunidos en Punta del Este en 1972, propusieron  la explotación social del Patrimonio Cultural de los pueblos para acortar las brechas entre ricos y pobres, pero esta proposición solo sirvió para que los pobres no solo se hicieran mas pobres sino que además comenzaran a perder su patrimonio natural como las playas y los manantiales.

Historia y antropología de la cultura sensible: mirada y alteridad en la línea del ferrocarril a Cuautla (1870-1881)

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La antropología y la historia cultural han recuperado el modo en que los procesos de modernización afectaron de manera sustantiva las expresiones de las culturas sensibles locales, regionales, nacionales e internacionales. Si la modernidad está fundada en la hegemonía de la razón, los conceptos y la lógica en el pensamiento, la modernización, gracias a la ciencia y la tecnología, solventa los cambios sustantivos de la transportación, comunicación, edificación y producción, principalmente urbana. Muchas veces, la modernización, aunque cambia el modo de vida, evidencia que en el imaginario social, tanto las imágenes como ideas que suscitan y que dan cuenta de ello, carecen de racionalidad. Los propios modos de percepción de la realidad, filtrados por las marcas culturales emergentes o los viejos sedimentos ideológicos, pueden acoplarse o no con la modernidad. En otros casos, los rechazos a la modernización y sus bienes, pueden traducir ideas y creencias antimodernas. Trataremos de ilustrar una arista de estos densos y complejos procesos, situándonos en la percepción visual de un viaje en ferrocarril.

Recordemos que la modernización en el curso de  la segunda mitad del siglo XIX, fue  configurando un nuevo modo de circulación de bienes y de pasajeros gracias a la navegación a vapor y a los ferrocarriles. Agregaremos que estos vehículos de nuevo tipo, posibilitaron inéditos procesos de circulación de ideas y redes políticas, como lo prueba la proyección del Partido Liberal Mexicano de los Flores Magón entre los años de 1906 y 1911 y poco después, la irradiación de la  I.W.W y del propio movimiento zapatista. A la larga, ambos circuitos de comunicación fueron tejiendo puentes y articulaciones entre sí, anudando de muchas maneras los espacios nacionales e internacionales. A partir de entonces los flujos interculturales fueron constantes y crecientes como los procesos de recepción y cambio que suscitaron, acompañando con distinto ritmo a los más perceptibles de la economía.

 

El viaje y la modernidad

El viaje, en el contexto modernizante decimonónico mexicano, entendido como práctica cultural y representación,  cambió de referentes. Tuvo  que ver con el acortamiento del tiempo y las distancias; también con un  cambio de los itinerarios del transporte y su valoración. Así se fue afirmando la creencia de que  el ferrocarril y el buque a vapor ofrecían a los usuarios mayor seguridad y comodidad  frente a las diligencias y los barcos de vela. La propia percepción del viajero resintió la experiencia de las imágenes fugaces del paisaje, de los embates de la naturaleza, o de la presencia pasiva o provocadora de los asentamientos próximos o distantes y de sus pobladores.

Viajar devino en el modo de vivenciar dos experiencias propias de la modernidad: la de la fugacidad del instante y la del vértigo de la velocidad. A partir de entonces la regularidad del viaje se afinó, apoyándose en los usos del reloj público y de bolsillo así como en las nuevas exigencias de los ritmos capitalistas de la producción, circulación y consumo. La experiencia de aproximarse al juego de interacciones múltiples en los puertos o en las estaciones intermedias fue también una novedad. Los pasajeros tuvieron la posibilidad  de transitar o cambiar de mirador sin tener que bajar de las novísimas  unidades de transporte y sin que éstas renunciasen a sus velocidades de desplazamiento. No fue casual que proliferasen en la segunda mitad del siglo XIX, una multiplicidad de crónicas sobre viajes en estos fascinantes medios de locomoción. Desde fuera, la tradición oral, fue constituyendo sus propios relatos y creencias sobre el ferrocarril o el humeante navío. Estos anticipaban sus presencias a través de las  ostensibles señas sonoras de sus inconfundibles  silbatos y campanas.

Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893), conocido novelista y político de extracción indígena, fue testigo de este proceso de modernización y cambio cultural. El escenario y la historia  morelense no le fueron  desconocidos. Altamirano vivió dos años que m  arcaron su tránsito de la adolescencia a la juventud en una población cercana a  Cuautla. Se le atribuye la autoría de una obra extraviada titulada  Morelos en Cuautla (1852). De sus viajes al interior quedan una cuantas crónicas que mencionan su paso por Morelos en diligencia y en ferrocarril entre 1870 y 1881 respectivamente. Hacia 1870, la población total morelense se estimaba en 125 mil pobladores. La tasa de crecimiento poblacional, fue magra aunque positiva al alcanzar un 0.6% para el periodo de 1793 y 1870.{tip ::Brígida Von Mentz ; Pueblos de Indios, Mulatos y Mestizos, 1770-1870: los campesinos y las transformaciones protoindustriales en el poniente de Morelos, México: CIESAS, Ediciones de la Casa Chata, 1988,  p. 79.}[1]{/tip} Aunque la industria de la caña de azúcar -al seguir siendo hegemónica- condicionó la pervivencia de la fisonomía rural de la región, se vivieron algunos cambios regionales relevantes, los cuales han sido reseñados por Brígida von Mentz: el abandono por parte de las empresas del régimen esclavista en favor de formas menos arcaicas, crecimiento y diferenciación social de los pueblos que favoreció a los “intermediarios” y muy poco a los contados artesanos, un clientelismo remozado gracias a los intermediarios de los pueblos que favoreció a los terratenientes regionales como los Pérez Palacios por ejemplo. La movilidad territorial fue reportada como relevante hacia principios del siglo XX.

Del primero, sólo figura el trazo de un viaje imaginario a Cuernavaca que presumiblemente recrea una experiencia previa y/o los relatos de sus conocidos.  Este fue publicado en el muy conocido diario capitalino El Siglo XIX con fecha 5 de junio de 1870, así dice:

"Atravesamos la gigantesca cordillera que rodea la mesa central, pasemos rápidamente por la hermosa cañada de Cuernavaca, toda bordada de risueñas poblaciones, de ricas haciendas de caña de azúcar y de inmensas huertas en las que hoy florecen los naranjos y comienzan a ostentar sus frutos los plátanos y los mangueros. Dejemos atrás, bajo las sombras de los sauces, el Amacusac confluente del Mescala y cuyas aguas corren todavía escasas y silenciosas a pesar de las primeras lluvias..."

El viaje ficcional de Altamirano obvia referir el entorno boscoso del norte morelense y sus poblaciones, sólo hay mirada y palabras para el floreciente valle azucarero y su villa, también para sus fronteras naturales de norte a sur, la cordillera y el río. Lo demás no cuenta.

El año de 1878, la onda modernizadora del transporte ferroviario tuvo que ver con la línea interoceánica que se venia proyectando. Delfín Sánchez, empresario español, lideró a un grupo de inversionistas articulados a la principal zona productora de azúcar, logró concentrar y unir los ramales ferroviarios locales bajo la sociedad “Ferrocarriles Unidos de Morelos, Irolo y Acapulco. “Todavía tendrían que pasar algo más de un lustro para estructurar la malla ferroviaria interoceánica, que remodelaría el mercado interno y el eslabonamiento regional agroexportador al mercado mundial.{tip ::Sandra Kuntz y Priscilla Connoly, 1999: 9: 46.}[2]{/tip}

Altamirano, once años después de su primera crónica de viaje pre ferroviaria, dio curso a sus impresiones en un ritualizado viaje inaugural en Ferrocarril a la ciudad de Cuautla, del cual sólo tomaremos los pasajes que se eslabonan con nuestro tema. Altamirano el 21 de junio de 1881, publicó una sugestiva crónica titulada "El ferrocarril de Morelos" en el diario capitalino La República,  que nos servirá  de pretexto para terrenalizar nuestra aproximación cultural al viaje, al viajero y a la mirada.

Nuestro escritor, a diferencia de las crónicas precedentes que narraban las experiencias de viaje en ferrocarril en el tramo México-Nepantla que atrajeron a plumas reconocidas como la de Guillermo Prieto, o de las más azarosas a lomo de bestia  o en diligencia entre  la  ciudad de México a Cuernavaca. Nuestro escritor optó por narrar su viaje en tren en 1881 de la estación de  Nepantla a la de Cuautla. Corrían los tiempos de la gubernatura estatal del General Pacheco, el cual mostró interés por el papel modernizador de la obra pública pero también el de las iniciativas privadas que tenían previsible impacto económico y social como la del ferrocarril.

Ignacio Manuel Altamirano reseñó que esta pujante empresa ferroviaria presuntamente a cargo de Manuel Mendoza, y apoyada por los hacendados del valle de Amilpas, fue apadrinada por el gobernador Pacheco. Esta reseña, cojea de realidad, porque el liderazgo empresarial ferroviario regional estuvo a cargo de Delfín Sánchez, tan español como Mendoza. La asociación de los hacendados españoles y mexicanos fue reivindicada como la principal gestora de dicho proyecto modernizador en el escenario regional. Sin lugar a dudas, la  ampliación de la red ferroviaria daría nuevo cauce comercial a los excedentes agrícolas del valle en manos de los hacendados.

La crónica de Altamirano asumió dos criterios desde los cuales fijó el valor de los pueblos morelenses,  visualizados fugazmente durante el viaje. El primero, el de "su importancia",  que sin aclararnos su sentido nos sugiere -tomando en cuenta  el locus cultural de la enunciación del narrador y  su tiempo- los pesos demográficos y económicos de las localidades. No hay duda que nuestro cronista estaba casado con las ideas fuertes del progreso y la civilización, las cuales se hicieron explícitas al final de su escrito.

El segundo criterio de Altamirano fue más manifiesto en su adscripción de valor a la población, siempre "que sea digna de mención por encerrar recuerdos históricos". Pero, esta visión patrimonialista y valorativa de Altamirano puede ser filiada culturalmente. En lo general,  no es muy abierta y plural que digamos, por lo menos en el texto que nos ocupa. Los ejemplos de Ozumba y Nepantla  a los que apela nuestro escritor refrendan nuestro aserto. Los relatos que le confieren relevancia a estos pueblos nos remiten a las presencias o huellas culturales coloniales legadas por dos figuras intelectuales de primer orden. Altamirano evoca al teólogo  José  Antonio Alzate y Ramírez (1737-1799), nativo de Ozumba, acaso  motivado  por las preocupaciones de éste por descifrar a su manera las ruinas de Xochicalco y también por sus cultas aficiones astronómicas y letradas. La otra figura que reivindicó Altamirano es la de Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), originaria de Nepantla y fina poetisa.

 

Una nueva mirada cultural

Salvo Ozumba y Nepantla, en dicho tramo de viaje no existe ningún otro digno de tom  arse en cuenta. Ello no quiere decir que la mirada del escritor viajero se desplome, queda todavía el cambiante  paisaje  visto en panorámicas. Y ojo que las experiencias visuales de las panorámicas, a pesar de la visión romántica de Altamirano sobre la naturaleza, tienen un sello muy propio de la modernidad, es más, afirmamos que son hechuras de ella. Las panorámicas no son pura percepción, recordemos que están filtradas por la cultura letrada y moderna de su tiempo, también por los despliegues de una nueva práctica arquitectónica e ingenieril y los consumos culturales y estéticos que le correspondieron.

La visión de Ignacio Manuel Altamirano es elocuente: "...hay que fijarse solamente en las bellezas naturales del camino, bellezas indescribibles y que no son sino para vistas pues si de pintarlas con la pluma se tratara, tendrían que reproducirse paisajes monótonos a pesar de su variedad de pálidos, a pesar del brillante colorido que constituye su belleza". La analogía que propone nuestro viajero oscila, entre los más apropiados  modos artísticos de representación -el que viene de la pintura- y el que procede de la literatura. Entre uno y otro, el cronista opta por obvias razones por el segundo, aunque reconociendo sus límites. Más allá de lo dicho, Altamirano agrega que su singular experiencia como viajero tiene una ostensible carga estética, aunque implícitamente revele la presencia de la tradición romántica. Él,  dice algo más, que su experiencia es en cierto sentido colectiva, es decir, propia de los viajeros en ferrocarril: "Tamaño espectáculo atrae las miradas de los viajeros y los sumerge en muda contemplación".

Mirar hacia fuera o hacia dentro del vagón de pasajeros exhibe una opción personal que sólo marca una diferencia cultural, no su ruptura. Hacia adentro y presumiblemente en la primera clase, la mirada del escritor indígena  resiente las marcas de distinción de los consumos culturales de las élites criollas; también le pesa el despliegue de frívolas prácticas conversacionales. Otras crónicas debidas a la firma y genio de nuestro escritor acerca de los  consumos culturales de las élites capitalinas,  revelan que algunos de ellos  los veía con simpatía y que no le eran ajenos, incluyendo las noctámbulas ofertas gastronómicas y artísticas de Fulcheri.  En este caso, Altamirano -el viajero- ironiza al decir: "Quédese la charla insignificante para los frívolos a quienes la hermosura de la naturaleza nada dice; quédese la observación de los detalles pueriles, la novedad del traje de los mozos de Fulcheri y del adorno de los vagones, las pequeñeces de la concurrencia misma, para los que han ido al viaje a poner enfrente de esas mezquindades el pobrísimo y turbio foco de su imaginación sietemesina, para sacar  de todo eso una gracejada fría y sin sal, un epigrama infeliz que no saca chispas, ni restregado con la piedra del odio y de la envidia.(...) la verdad es: que el espíritu serio sólo se fija en las grandezas naturales de nuestro país. " Ni tanto,  ni tan poco.

Altamirano nos revela otro plano de su mirada sobre el paisaje, la seriedad política del mirar patrimonialista nacional sobre "las grandezas naturales". Mijail Bajtin ha argumentado sin desperdicio acerca del perfil moderno, elitista y autoritario del paradigma de la seriedad. El escritor mexicano traza desde la seriedad y el saber otra frontera, otra marca de distinción que confronta a la exagerada precariedad lúdica y frívola que construye y adscribe a sus anónimos y circunstanciados acompañantes  criollos y mestizos, quizás porque socialmente se sienta marginado.

La reflexión y mirada de Altamirano se desliza ahora en otra dirección en su relato. Las grandezas naturales guardan más perfección y valor que la obra de ingeniería humana que sostiene este circuito ferroviario, pero que dada su utilidad merecen pasarse por altos sus "irregularidades". Nuestro autor concede: "El camino es atrevido y bello y honra altamente al ingeniero que lo trazó y ejecutó y a la empresa, que no ha desfallecido ante las dificultades"- El ingeniero Chimalpopoca debió sentirse halagado de tal mención. Más adelante volverá sobre la filiación indígena del ingeniero para confrontar indirectamente el racismo y los prejuicios que reinan en  las élites criollas actualizados por las modas positivistas y socialdarwinistas de su tiempo.

Los registros valorativos de las poblaciones morelenses de Altamirano resultan  interesantes en la medida en que nos muestran descarnadamente su distancia frente a los asentamientos nahuas encarnados en Tetelcingo: "...en que domina pertinaz y ciego el espíritu de abyección que impuso la encomienda". Pero, el ideario liberal de Altamirano se desdibuja cuando enfrenta la cuestión laboral en las haciendas cañeras a partir de un caso que considera  paradigmático. Se trata de la hacienda "Santa Inés" cerca de Cuautla, conducida por el virtuoso español don Luis Rovalo. La gestión de este hacendado modelo condensa la alternativa paternalista de Altamirano para las haciendas.  Rovalo, al decir de Altamirano, "supo unir al hacendado con el trabajador" y tratar a este último como "un padre", eliminando "en su espíritu las preocupaciones que transmiten la miseria y el desaliento y que fomentan el odio y la ignorancia". El paternalismo autoritario no parece estar reñido con la retórica desplegada por el propio Altamirano sobre la libertad. De otro lado, la España de la negatividad de la encomienda se atenúa con el espíritu modernizador de los empresarios españoles de fines del siglo XIX.

 

Reflexiones finales

La crónica de Altamirano encapsula otro texto suyo, el discurso que pronunció en el ritual de inauguración del servicio de ferrocarril en la estación de Cuautla. Rescatemos dos de las  muchas entradas del discurso de Altamirano  a manera de cierre. La primera subraya la función económica del servicio ferroviario: "Esta vía atravesando la riquísima zona de la tierra caliente, va a inundarla de bienestar, va a acercar entre sí a estos pueblos y a comunicarlos con los pueblos centrales, llevando a sus mercados los frutos de la zona tórrida, los más productivos de nuestra tierra. Es la paz la que ha producido tan grandes  bienes". La segunda, hace explícito el papel modernizador del indígena aculturado,  letrado y versado en la ingeniería, acaso porque se ve con orgullo en dicho espejo: "Hay señores, en la compañía del Ferrocarril de Morelos, un joven mexicano, tan modesto como inteligente, un indio que ha dirigido en calidad de ingeniero esta vía, que la ha proyectado y la ha construido. Es el ingeniero director Chimalpopoca. (...) ¡Chimalpopoca! que significa escudo que arroja humo. En su antepasado, ese humo fue el símbolo de la guerra, del incendio y de la conquista. Ahora en él, ese humo es el símbolo glorioso y bendita de la paz, del trabajo, y de la civilización."

 


Notas:

[1] Brígida Von Mentz ; Pueblos de Indios, Mulatos y Mestizos, 1770-1870: los campesinos y las transformaciones protoindustriales en el poniente de Morelos, México: CIESAS, Ediciones de la Casa Chata, 1988,  p. 79.

[2] Sandra Kuntz y Priscilla Connoly, 1999: 9: 46.

 

Bibliografía

  • Altamirano, Ignacio Manuel, "Revista de la Semana, 5 de junio de 1869": Crónicas 2. Obras Completas VIII, México: SEP, 1987, pp. 273-274
  • __________, "El ferrocarril de Morelos" en Crónicas 3. Obras Completas VIII, Mèxico; SEP, 1987, pp. 180-190.
  • Brígida Von Mentz ; Pueblos de Indios, Mulatos y Mestizos, 1770-1870: los campesinos y las transformaciones protoindustriales en el poniente de Morelos, México: CIESAS, Ediciones de la Casa Chata, 1988,
  • Sandra Kuntz y Priscilla Connoly, Ferrocarriles y obras públicas, México: Instituto Mora, 1999,

Artesanías: una actividad ancestral

Consúltalo en la revista

 

El tema de las artesanías presenta diversas facetas y derivaciones, íntimamente relacionadas entre sí. En él confluyen la tradición y las adecuaciones exigidas por los cambios inherentes a la vida social.

Las artesanías son objetos que funcionan como marcadores culturales e históricos, sustentados en competencias que son transmitidas de generacionalmente y en el aporte de la naturaleza que permite la base material sobre la cual se ejerce una práctica transformadora con diversas dimensiones económicas y simbólicas.


Ceramica de Mata Ortiz, Chihuahua

Las artesanías constituyen una parte fundamental y determinante del acervo patrimonial y cultural de una nación. En tal sentido, son las prácticas de los artesanos  las que a través de la transmisión directa de sus conocimientos, perpetúan la manera de hacer y actuar del hombre en relación a la naturaleza misma.

La artesanía es tan antigua como la humanidad. Si bien en un principio tenía un fin utilitario, hoy busca la producción de objetos estéticamente agradables en un mundo dominado por la mecanización y la uniformidad.

La transformación creativa de los recursos del entorno, el manejo y su combinación en el marco de un proceso cultural es una manifestación de la capacidad humana para mostrar su expresión cultural y artística.


Alebrije de Arrazola, Oaxaca

En su creación se vierten una cantidad enorme de conocimientos heredados de generación en generación  y tienen su origen en un sector de la población que transmite lecturas diversas a través de saberes y habilidades particulares.

Nuestro país es enormemente rico en estas manifestaciones culturales y si recorremos mentalmente cualquier lugar que hayamos visitado en nuestros recorridos por cualquier parte del país podremos visualizar los rebozos de San Juan del Río, los de Tenancingo o los de Angahuan; las vasijas de Mata Ortiz o de Amatenango; los objetos de hojalata de Oaxaca; los coloridos textiles de Chiapas, Oaxaca o Veracruz, las cajas laqueadas de madera de linalóe, para mencionar tan solo unos ejemplos que nos muestran esa variedad de manifestaciones culturales.


Candelabro, Izucar de Matamoros, Puebla

Las artesanías son por lo tanto, objetos artísticos de significación cultural, realizados manualmente o con   máquinas movidas por energía humana, en forma individual por un artesano  o en forma colectiva por una unidad productora de artesanías. Dichos objetos reflejan una autenticidad que enorgullece y revitaliza la identidad de sus hacedores.

Son características por la originalidad del diseño ya que cada pieza debe ser particular del artesano, y la misma identificarlo. En su manufactura el artesano demuestra su oficio, que es la habilidad para manejar la herramienta y los materiales. Su producción no debe ser repetitiva, deben ser pequeños y personales.

Un problema principal es la competencia con los productos procedentes de procesos industriales de bajo costo, con apariencia similar a los productos artesanales, pero con menor precio y calidad, a esto, debemos agregar la poca capacidad de integrarse a un mercado estable.


Polvera, Temalacazingo, Guerrero

La definición actual de artesanía constituye un aspecto polémico, algunos autores la realizan desde tres puntos de vista:

  1. Tecnológico.- Su definición es de carácter fundamentalmente manual y con cierto sentido artístico.
  2. Antropológico.- La tradición es la que asigna a estos productos una función dentro de la comunidad. Desde esta perspectiva, cabe entender por artesanía toda actividad, retribuida o no, que no haya sido afectada por los principios de especialización, división y mecanización del trabajo, y
  3. Cultural.- El concepto artesanía se funde con el concepto de “arte popular” entendido como aquel conjunto de actividades productoras, de carácter esencialmente manual, realizado por un solo individuo o una unidad familiar, trasmitidas de padres a hijos y cuyos productos, generalmente de carácter anónimo, están destinados a la cobertura de necesidades concretas

Aparece un nuevo concepto de artesanía que pretende aglutinar no solo manifestaciones artesanas entroncadas con las tradiciones populares, sino también todas aquellas actividades que, incorporando nuevos productos productivos, materiales y diseños, conservan un carácter diferencial respecto a la producción industrial seriada.


Canasto miniatura, Oaxaca, Oaxaca

La elaboración de algunas artesanías es de manera individual y su productor se encarga de todo el proceso de trabajo, en la mayoría de los casos se trata de personas adultas.

La forma más usual de producción es la familiar y se basa en una división del trabajo por sexo y por edades de los integrantes del núcleo familiar.

Cuando la demanda crece, se llega a la formación de talleres, con la contratación de obreros que realizan los diferentes pasos de elaboración  en esos espacios o bien se entregan los objetos en proceso de elaboración y el trabajo se realiza en la casa de otras personas, un ejemplo sería el de los rebozos de Tenancingo, en donde el fleco o rapacejo se encarga a otras personas.

La actividad artesanal, en la mayoría de los casos, se desarrolla en forma paralela a la producción agrícola. El ingreso obtenido por la producción artesanal puede superar al obtenido por la producción agrícola. En todo caso, la producción agrícola es sólo para autoconsumo.



Ceramica de Acatlan, Puebla

En la manufactura se presenta, como se menciona líneas arriba, una división del trabajo, aunque como la transmisión del conocimiento es de padres a hijos, cualquiera de sus integrantes puede realizar diferentes pasos de la producción.

El intercambio de opiniones en la manufactura de las artesanías permite modificaciones que si tienen aceptación, se repiten por mucho tiempo, hasta que se diseñan nuevas ornamentaciones u otro tipo de objetos.

Los artesanos utilizan varias vías para vender sus productos: Los intermediarios llegan directamente a los centros productores para adquirir los objetos, comprando toda la producción y prácticamente fijando los precios de compra o bien, los productores, salen a las grandes ciudades para vender sus productos de manera directa o a las tiendas de artesanías. En esta última modalidad, tienen que sufragar los gastos de estancia con la consiguiente merma de sus ganancias, dejan la mercancía a consignación y el dinero fluye a cuentagotas, en función de la venta de la tienda y su dinero puede tardar hasta varios meses en recuperarse.

Casos excepcionales son aquellos en que los artesanos tienen la capacidad de promocionarse o bien, han ganado algún concurso y los conocedores de artesanías llegan directamente a su domicilio para adquirir sus productos. Sus niveles de ingresos pueden variar en función de los vaivenes de la economía, lo cual no les permite disponer de los recursos suficientes para tener una reserva de sus productos.

En general  no se preocupan los gastos que realizan en la adquisición de insumos para la manufactura de sus productos. En ocasiones no recuperan ni lo que invirtieron y su trabajo lo realizan sin la obtención de ganancias


Espejo de lamina, Oaxaca, Oaxaca

Toda obra manual bien hecha es artesanía, partiendo de materias primas muy comunes: barro, piedra, hueso, cobre, fibras vegetales y animales, madera, cuero, etcétera, que se transforman a mano en productos de uso y con aplicaciones que van desde  lo decorativo a lo meramente utilitario, el artesano tiene ante sí un campo inmenso

Entre las amenazas que se presentan sobre los productos se encuentran los vaivenes del mercado, la escasez o alto costo de las materias primas y los tiempos empleados en su manufactura. Es conveniente de crear estrategias de continuidad y de sostenibilidad que redunden en una mejora de las condiciones de vida de los artesanos y en la protección de los recursos necesarios para desarrollar su actividad.


Detalle de rebozo con su rapacejo, Tenancingo, Edo de Mexico

Es nuestra intención presentar, en entregas posteriores, un panorama de las diferentes artesanías que elaboran esas manos maravillosas de miles de artesanos que luchan por la persistencia de su oficio, muchas veces no comprendido, mal retribuido y algunas veces poco apreciado.

La lucha por la tierra, por el territorio y por el planeta tierra

Consúltalo en la revista

Hay algo nuevo en la historia. Por una parte, el capitalismo, como modo de dominación y acumulación, ha entrado en una crisis terminal. Su capacidad de destruir ya no puede ser superada por la de construir, con ese “happy end” que Schumpeter veía en cada crisis económica. El capitalismo ya tampoco puede resolver los problemas de la justicia social y el desarrollo. Sus  soluciones, por lo demás, excluyeron de sus beneficios a la inmensa mayoría de la humanidad. Hoy el neo-liberalismo aumenta aún más sus políticas de acumulación a costa de los trabajadores, los pueblos y las juventudes.

Lo que es imposible en el capitalismo escapa al campo de lo incierto. Sólo quienes trabajan para el imperialismo colectivo de Ananías  intentan coléricos descalificar la autodestrucción y la impotencia moral del capitalismo. Para ocultar o prolongar su agonía el capitalismo se engaña así mismo: usa sofisticadas políticas de desinformación, de mentiras científicas, de campañas publicitarias millonarias, aparatosas y subliminales, de juegos de guerra abierta y encubierta, de millones de muertos virtuales y reales, con daños buscados y otros esperados, “laterales”.

Los embates del gran capital y su inmensa red de asociados y subordinados buscan –a confesión de parte—que  pueblos y  trabajadores pierdan su identidad, que partidos y sindicatos de izquierda no cumplan sus ofrecimientos y desilusionen a sus partidarios, que  frentes y movimientos sociales abandonen sus rebeldías y se transformen en ONG’s con políticas paternalistas, o de “acción cívica”, como el discurso contrainsurgente las llama. El gran capital, y los estados de los países más industrializados que lo apoyan, impulsan las luchas contra el “terrorismo” que ellos mismos difundieron desde finales de los años cincuenta, y contra el “narcotráfico”, ambos  útiles para dominar y vender armas, para “lavar dinero”  y  apropiarse de inmensas regiones estratégicas, ricas en recursos naturales y en mano de obra barata.


Industry vs. Nature. Ilustración de Eric Drooker

De éstos crímenes, las fuentes oficiales y bancarias dejan abundantes pruebas “clasificadas” y “desclasificadas”, “encubiertas” y des-cubiertas por sus propios agentes, o por los expertos  “hackers” que se meten hasta el cerebro del Pentágono sin que éste tenga la menor capacidad de identificarlos. El gran capital y el imperialismo se oponen abiertamente a ese supuesto “desarrollo” que iba a beneficiar a todo el mundo. Olvidan  ese ilusorio “Progreso” que llevaría a la humanidad a un modo de vida cada vez mejor. Ni decir nada de aquella orgullosa “Civilización Occidental”,  superior a cualquier otra. Ellos mismos destruyen cuanto tenían por bueno.

A más de incrementar el número de hambrientos, de enfermos curables, de sin empleo, de desechables, de extremadamente pobres y esqueléticos, de empobrecidos y des-regulados, los señores del gran capital persiguen con saña, aprisionan, expulsan, y eliminan entre  fobias racistas y fanáticas,  a quienes buscan escapar de los infiernos de la miseria y pretenden trabajar en las regiones metropolitanas del mundo. Los trabajadores inmigrantes, los “sin papeles”, son cosificados  y deshumanizados con creencias racistas, darwinianas y con religiones de hombres blancos, padres de familias enternecedoras que se sienten amenazados por sus víctimas, y que hasta se ríen cuando las ven sufrir, o cuando juegan con sus cuerpos y humillan su dignidad.

Al mismo tiempo, en los círculos más altos del poder y la cultura científica y tecnológica se busca impedir la guerra loca, la MAD, o “Mutual assured destruction” en que es segura la destrucción mutua de los combatientes. Con sus más sofisticadas investigaciones no buscan lograr la paz sino hacer la guerra. Buscan  una guerra en que queden a salvo de las respuestas atómicas que hoy los amenazan. El problema es insoluble. Por más supercálculos y modelos que hacen no logran resolver ni diseñar el escenario de una guerra nuclear en que puedan ganar. A sabiendas de eso, se entretienen haciendo “prácticas de guerra” con amenazas que intimiden al enemigo, y lo obliguen  a incurrir en una implosión por exceso de gastos militares, y por fallas crecientes en la promoción de bienes y de servicios a la población. Ellos mismos fomentan y aprovechan esas fallas para alentar las luchas internas y las desestabilizaciones.

Hay otra novedad en la historia mundial. La lucha reciente y emergente de “los pobres de la tierra” es muy rica y alentadora. En ella aparecen recuerdos y experiencias de los intentos emancipadores que la precedieron. Surge una junta de humanismos con sus ideales y  experiencias en los combates pasados y sus posibilidades creadoras enriquecidas para construir las bases de otra libertad, otra justicia, otra democracia, y otro socialismo. Sin la menor exageración, la lucha emergente corresponde a la más profunda de las alternativas al capitalismo, y la más acogedora de los distintos caminos que la humanidad ha seguido y sigue para su emancipación.

Sobre su expresión en América Latina querría decir unas palabras y decirlas en relación a las luchas por la tierra, por el territorio, y por el planeta tierra. En mi intento de comunicación no sólo procuro ser riguroso en el uso de mis fuentes e interpretaciones. También apelo a las contribuciones epistemológicas de la moral, y  a los sentimientos que nos permiten descubrir verdades. Experiencias y decisiones  conciernen el sentido de la vida propia. Aparecen en el sentido de la vida y de la lucha de los pobres de la tierra, que insisten en construir un mundo mejor.

La vivencia de nuestras contribuciones epistemológicas puede tener un origen pascaliano o jansenista, pero sin  la vivencia en las selvas o en las fábricas de los trabajadores pobres es imposible encontrar verdades y voluntades que sólo se adquieren con  la praxis de quienes luchan por la emancipación humana. Sin oponerse a las verdades de la academia hallan y viven otras verdades, como las que Paulo Freire llamara “palabras verdaderas”. Son verdades que al consolidar un “lenguaje consecuente”, comúnmente expresado y entendido, se transforman en  “palabras-actos” de los colectivos rebeldes y los empeños libertarios y justicieros.

La “palabra verdadera” crea un poder creador que es necesario vivir para entender. El enemigo o el conformista no lo entienden. Así quien dice o dijo “esta guerra económica es de todo el pueblo”, o “esta lucha la vamos a ganar entre todos”, quien se refiere o refirió al “todo” o a “todos”, y pensó desde entonces en cómo organizar realmente a “todos”,  o a ese todo de que hablaba, creó  en los actos de todos o de  casi todos un poder que entraña esa otra “palabra verdadera”; esa otra moral práctica y creadora que  logra “hacer posible” lo que sin ella era “imposible”.  Nos referimos a un poder especial. La fuerza de las palabras es el poder ético-político que desde el principio mueve a las vanguardias genuinamente rebeldes. Con  políticas consecuentes e innovadoras permite hacer invencible a un pueblo cuando todo el pueblo organizado comparte y comprende el camino de la ética y de los conocimientos, que en los inicios de la Revolución, sólo tenían unos adelantados… Las nuevas vanguardias quieren “aprender a aprender” lo que otros saben, y “enseñar a aprender” lo que sus integrantes saben. Quieren que todo pueblo sepa lo que en  una sociedad desigual sólo conocen las vanguardias, o sólo conocen quienes dominan a pueblos intelectualmente “entontecidos” por  los que mandan. Si tras todos los conceptos insurgentes y  actuales están Marx, Fidel Castro, los jóvenes rebeldes del 53 y el 68, o los de hoy, lo verdaderamente importante es que quienes luchan por la emancipación humana digan lo que piensan y hagan lo que dicen con razones practicadas. Entre éstas también se encuentra el “ofrecer hacer” y el “luchar para lograr”. Y también la decisión existencial de  arriesgarse en todo lo que se  puede. Como dicen los zapatistas: “Que cada quien haga lo que pueda”.

“Perder el miedo” tiene a su vez profundos  significados epistemológicos vinculados al poder emergente. “La fuerza no se cuenta por el número de combatientes que un ejército tiene, sino por el número de los que están dispuestos a ganar incluso a costa de su propia vida”, nos  dijo alguna vez un comandante del Caribe. Las maquinaciones del enemigo buscan “meternos miedo”. Se les  enfrenta con serenidad y “profundizando el proceso” emancipador.

Las variadas políticas que el mundo emergente plantea son una inmensa y fascinante tarea de millones de seres humanos. Me limito a decir unas palabras sobre  la emancipación territorial, sobre la construcción de “otro mundo posible”, y, sobre las nuevas luchas por la libertad, la justicia, la democracia y el socialismo. De América Latina tomo políticas que han confirmado su eficacia para organizar conciencias y voluntades emancipadoras con valor universal. Incluyo a Cuba, a los indios mayas zapatistas, y registro algunas aportaciones muy importantes de Bolivia y  Venezuela. Al final me refiero a  los habitantes de Indoamérica, sin cuya presencia activa ningún esfuerzo será cabalmente emancipador ni en esta región del mundo ni en otras que tengan naciones sometidas y explotadas a las que sus sedicentes “conciudadanos” tratan como extranjeras y colonizadas en una opresión, explotación y exclusión que aclaran la lucha de clases y de “razas”. La ausencia de las “minorías étnicas” en la toma de decisiones nacionales sirve para explicar el fracaso de cualquier movimiento emancipador. En América Latina fracasará todo movimiento radical que desatienda la participación activa de los “habitantes originales”. Hasta hoy, los liberadores colonizados  frecuentemente se olvidan de ellos, no sólo como indios sometidos, despojados y explotados sino como fuerzas  emancipadoras.

 

Sobre cuatro políticas eficaces y una ineludible

A unos meses del triunfo revolucionario, el 17 de mayo de 1959, Fidel Castro dio a conocer la Reforma Agraria. Ésta acabó con el latifundio y convirtió en beneficiarias a 350,000 familias de campesinos y trabajadores que gratuitamente tomaron posesión de tierras que antes cultivaban para los grandes latifundistas. La cólera de los expropiados fue visceral. Se expresó con renovadas amenazas y ataques de todo tipo. No sólo se enfureció la plutocracia criolla. Los propietarios norteamericanos eran dueños nada menos que del 55% de la propiedad agrícola. Terratenientes criollos y accionistas yanquis expropiados renovaron sus viejas alianzas. La lucha de clases se planteó de inmediato como lucha por la Independencia. El gobierno de Estados Unidos, --desde presidente Eisenhower para abajo-- organizó una feroz ofensiva, que incluía la posibilidad de asesinar a Fidel Castro. (Entre paréntesis: todo lo que digo está documentado) La necesidad de defender el territorio y de defender la vida de los dirigentes revolucionarios se hizo notoria. Las medidas que pueblo y gobierno tomaron prueban su eficacia hasta hoy. No me detengo. Nada más quiero resaltar que de la reforma agraria se pasó a la defensa del territorio. Y de la defensa del territorio nacional se hizo a cargo el pueblo organizado y distribuido a lo largo y lo ancho del país. El imperialismo combinó sus planes conspirativos y magnicidas con una campaña bien conocida. Lo que ocurría en Cuba era una amenaza contra la seguridad nacional de Estados Unidos. En defensa propia Estados Unidos se disponía a atacar.

La lucha por la reforma agraria y por el territorio nacional se complementó con la lucha por la “información”. También por la “formación” del pueblo. Los discursos de Fidel y otros líderes, así como de los activistas y simpatizantes realizaron la tarea de informar y educar. También ellos aprendieron.

El tiempo que le llevaba Fidel Castro hablarle al pueblo a menudo pasaba de cinco horas. Desenredar  razonamientos tenía un fuerte sentido pedagógico. Desenredaba a un pueblo de trabajadores agrícolas y obreros, con una alta proporción de analfabetos. Preparaba a todo el pueblo para tomar decisiones. Así, una de las primeras luchas llevó a Fidel a preguntar a la multitud. La escribo como la recuerdo: “Si para lograr la democracia tuvieran que escoger entre el voto y las armas, ¿Qué escogerían, el voto o las armas? El clamor de “¡las armas!” no se hizo esperar. Pasado un breve tiempo, en el discurso del 15 de abril de 1961, preguntó a la multitud que asistía: “¿Quienes tienen las armas? ¿Acaso los millonarios tienen las armas? (Gritos de “No”) Al final del discurso pidió otra aclaración: “¿Es democracia una revolución  en que los humildes tienen las armas? (Gritos de sí. Aplausos.) Años después el antropólogo Jorge Alonso y otros autores sostuvieron que el 80% del pueblo cubano estaba armado.

Los  esfuerzos realizados fueron complementarios. Desde 1960 se tuvo que organizar a todo el pueblo para la defensa de tierras y territorio, con sus habitantes amenazados en los hechos por crecientes actos terroristas. Así nacieron los “Comités de Defensa de la Revolución”. Pronto se convertirían  en una organización del pueblo de abajo para arriba, en una especie de construcción piramidal del estado-pueblo. Cada cuadra tenía su CDR; los presidentes de varias cuadras conformaban el CDR del barrio; los presidentes de los barrios, los CDRS de las provincias, los de las provincias los CDRS de la nación. La gigantesca organización forjó canales paralelos de abajo a arriba y de arriba abajo. Sirvió para dialogar, discutir, disentir, acordar adentro y con los de adentro, es decir, para “mantener al pueblo unido y expresando sus diferencias, sus oposiciones y críticas en el interior de sus organizaciones”. Obviamente constituyó una formación sociopolítica que nada tenía que ver con la democracia de los partidos y de la publicidad mercantil,  ni con los regímenes del “cesarismo democrático”. Correspondió al concepto de democracia que define con tanta claridad el teólogo Leonardo Boff cuando dice: “ El principio de la democracia es éste: <lo que interesa a todos debe poder ser pensado y decidido por todos>”. 250,000 alfabetizadores se encargaron de enseñar a leer y escribir a todo el pueblo. Hoy sus habitantes y gobierno construyen un “País-Universidad” que busca acabar con el mito de que sólo una minoría de seres humanos puede alcanzar la educación superior.

El eslabón reforma agraria-defensa del territorio- organizaciones armadas del territorio-servicios secretos altamente eficaces --vanguardias diseminadas en las bases— y --bases que cuidan a los comandantes y al país de atentados y actos terroristas enriquecieron con la acción los discursos pedagógicos sobre cómo gobernar. A los propósitos originales de los CDR se añadieron muchos otros. Los CDR practicaron actividades de servicios urbanos y rurales, de alfabetización, de salud, de prevención de plagas, de prevención y curación de enfermedades. Construyeron redes de comunicación permanente entre las organizaciones del  pueblo, y las que abarcaban el territorio nacional. La interacción de los colectivos de esas redes fue una novedad incomprensible para los políticos tradicionales. Fue tanto o más incomprensible que “el discurso de la verdad” y “la política de la moral”, únicos garantes del pueblo al principio del triunfo de sus vanguardias o avanzadas, y antes de que se diera “esa fuerte disciplina que se impone uno a sí mismo por convicción propia” –de la que hablaba el Che-. La puesta en marcha de todos esos factores  explica en gran medida el triunfo y resistencia de Cuba.

Cabe aquí destacar dos hechos sobre la forma en que el proceso revolucionario no se detuvo en los límites de la Nación sino practicó una nueva política internacional y mundial. A  las acusaciones con que el imperialismo tachó a cualquier movimiento popular de  la post-guerra de ser “comunista”, se contestó aceptando el término y estableciendo las alianzas que implicaba con los países dirigidos por los partidos comunistas. A la novedad de una revolución socialista, que no estaba dirigida por el proletariado de los países más industrializados del mundo,  y cuyo conocimiento del marxismo era incipiente, y siempre relacionado con el de José Martí --ese genio del pensamiento liberal radical y antiimperialista mas profundo--, se respondió dando nuevas características del diálogo-discusión-disciplina-consentida-consenso, que se practican en  las redes del gobierno-pueblo, del estado-pueblo cubano, y que en el mundo inició un nuevo internacionalismo desde las periferias coloniales rebeldes. La organización de la “Tricontinental” y múltiples actos de solidaridad militante incluyeron África, Asia y varias naciones de América Latina. Las misiones de alfabetizadores y médicos cubanos trabajan con un extraordinario profesionalismo en esas regiones del mundo.

En cuanto las contradicciones entre lo innovado y lo  heredado, lo dialogal y lo autoritario, y otras que aparecen conforme la revolución se vuelve un proceso prolongado en que no cesan las luchas contra la burguesía y el imperialismo, es un problema crucial que apuntaré al final de este ensayo, en espera de profundizar en él todo lo que merece. Por lo pronto termino este esbozo con palabras de Samir Amin a quien cito en extenso: “Il nous faut comprendre que la polarisation produite par l´histoire du capitalisme réellement existant impose une autre vision de la longue transition (séculaire) du capitalisme au socialisme. Cette longue transition doit être, pour les peuples du Sud, constituée de phases successives de déploiement de structures nationales, populaires et démocratiques. Celles- ci sont capables d´associer les exigences contradictoires d´un développement efficace des forces productives encore incontournable et celles de la progression, d´étape en étape, de logiques sociales nouvelles, celles du socialisme, en mesure de donner toute leur ampleur au respect de la démocratie en toutes ses dimensions sociales, et de répondre aux exigences de la vie du planète, menacée par l´irrationalité de la logique de l´accumulation capitaliste. Le marxisme créateur doit être capable de produire des conceptualisations théoriques et d´inspirer les stratégies de la transition nécessaires au déploiement du socialisme du XXIe siècle. Cuba est bien placé pour cette création humaine”.

Mi segundo ejemplo, es el de “los hombres y las mujeres más pequeños del mundo”, el movimiento zapatista de los pueblos indios de México. Apunto un poco, muy poco, la historia de los pueblos mayas que fueron ocupando tierras en poder de los latifundistas mexicanos y extranjeros. Pueblos de tzeltales, de tzoziles, choles, tojolabales y otros idiomas, entre los que no excluían el “castilla”, o castellano, esos pueblos llegaron a ocupar un amplísimo territorio en el sudeste mexicano. A ellos se unieron grupos de jóvenes rebeldes que, tras algunas derrotas en el Norte y Centro del país, habían hecho un arma de la “modestia de aprender”, y de no dirigir a los pobres entre los pobres. Tardó tiempo para que fueran aceptados como fuerza defensiva. Más tiempo tardó en que se organizaran como Ejército Zapatista de Liberación Nacional, un ejército en que los comandantes de los pueblos indios eran indios, de por sí conocedores de la cultura de la resistencia centenaria con su inmenso saber, y algunos también del marxismo guevarista trasmitido en las escuelas republicanas, o de la teología de la liberación que en los colegios y conventos de Centroamérica y Chiapas prosperaba.

Mirando de cerca el Movimiento parece como una resistencia y una rebeldía de “ensayo y error” que hasta cuando pierde hace extraordinarios descubrimientos. Con ellos logra seguir resistiendo y construyendo la alternativa de un mundo mejor.  Descubre así y practica un pensamiento hecho de múltiples combinaciones de las que tomo algunos ejemplos: UNO. Las comunidades y las redes, --es decir las organizaciones que vienen de los habitantes originales o del medievo español--, se combinaron con las que han mostrado ser más eficaces en la época de la información  electrónica, y con las comunicaciones, acciones  y organizaciones  cibernéticas y complejas. DOS. Las luchas por la tierra se combinan con las luchas por el territorio, por la nación, por el mundo, y por la solidaridad internacional. TRES. Combinan la lucha por la autonomía de los pueblos y las articulaciones necesarias para  defender “el interés general” de “los pueblos  de los pobres de la tierra” a que pertenecen. CUATRO. Combinan la capacidad de lucha armada, con la capacidad de negociación, y ambas  con la firme decisión de negarse a las luchas mediatizadoras de quienes han dado muestras reiteradas de traicionar su palabra y sus compromisos con ellos y con los trabajadores. QUINTO. Combinan su respeto a las distintas creencias e ideologías con el pensamiento crítico y con la creación de alternativas en que destacan las “Juntas de Buen Gobierno” y las asociaciones  de los municipios autónomos, unidades mayores, llamadas “Caracoles”. Se trata de una experiencia de unión de las comunas y de construcción del poder desde las comunidades y bajo su control…Hoy, los zapatistas, tras el intento de participar a nivel nacional fuera del sistema político en crisis, al ver que las inmensas masas que reunieron en las ciudades cuando lucharon para que los derechos de los pueblos indios fueran reconocidos, en la “Otra Campaña” que emprendieron a nivel nacional al tiempo de las elecciones presidenciales, aquellas inmensas masas que los apoyaban, no hicieron acto de presencia. Desde entonces parecen haberse consagrado a construir “Los caracoles” sin que pueda decirse cómo van a seguir la lucha a nivel nacional, continental y mundial.

El tiempo apremia. Mucho más podríamos decir de Cuba y los zapatistas, y diremos mucho menos de lo que merecen Bolivia, Venezuela y otros países de América del Sur, cuyas aportaciones son también muy importantes en la historia mundial emergente.

En cuanto a la lucha por la tierra, el gran movimiento  que llevó a Evo Morales a la Presidencia de Bolivia empezó con la defensa de las tierras y los territorios, con la defensa del derecho a sembrar una planta llamada “coca”que forma parte de la dieta del pueblo, y con la defensa del agua y sus veneros. En esas luchas el actual presidente de Bolivia –socialista y amigo de Cuba- fue uno de los principales líderes.  Las aportaciones del movimiento boliviano al nuevo proceso emancipador de  pueblos y  trabajadores pobres son inmensas. Entre ellas destaca la vinculación de las luchas por la tierra con las luchas por el territorio y con las luchas por el Planeta Tierra. Recientemente realizaron en Cochabamba un Congreso que, a diferencia del de Copenhague, constituye la base para plantear no sólo las verdaderas causas y amenazas que el capitalismo entraña para la vida en la tierra, sino las soluciones necesarias en  la transición al socialismo, que  pasan por la organización de la “democracia comunitaria” para el “vivir bien”. Leonardo Boff ha hecho una buena definición de ambos en relación a las estructuras que vienen de las culturas originarias de Indoamérica: “Estas – escribe - buscan realizar un “vivir bien” que no es como nuestro “vivir mejor”, que implica que muchos vivan peor.” Y añade: “El vivir bien” es la búsqueda permanente del equilibrio mediante la participación de todos, equilibrio entre hombre y mujer, entre ser humano y naturaleza, equilibrio entre la producción y el consumo en la perspectiva de una economía de lo suficiente y de lo decente y no de la acumulación”. Raúl Zibechi, por su  parte ha destacado con razón que, a diferencia de las anteriores  luchas por las tierras y los territorios, las actuales “están promoviendo un nuevo patrón de organización del espacio geográfico, donde surgen nuevas prácticas y relaciones sociales”. Característica de todos los movimientos es el respeto a la autonomía de los gobiernos locales. Estos exigen la construcción colectiva de una nueva organización social que tiende a superar los fracasos anteriores de “la comuna”, “el municipio libre”, o el “soviet” como base del poder del estado de una Nación-Pueblo hecha de muchas naciones y muchos pueblos. Tales parecen ser las características realmente nuevas del pensamiento crítico que tiene como antecedentes el pensamiento tradicional de los pueblos indígenas, y el revolucionario del poder que se construye y controla desde abajo, en busca de una sociedad alternativa de transición al socialismo, a la democracia como poder de los pueblos y de los trabajadores, y al pluralismo ideológico y religioso. Lo nuevo en la lucha por la tierra, por el territorio, y por el planeta tierra es que concibe y practica una compleja lucha de clases, que también es lucha nacional contra el imperialismo y contra las mega-empresas, sus asociados y subordinados, y una lucha cultural o guerra de las ideas y las imágenes que busca la paz y la supervivencia de la tierra, con la difícil  lógica del poder de “todo el pueblo”, base ineludible para la victoria. Esta se logrará si se abandona el indianismo y el aldeanismo  en la defensa de los pueblos indios y si deja de enfrentarse la democracia ciudadana a la comunitaria, en vez de combinarlas dentro de una lógica nacional y mundial en que los intereses de clase y sus mediación no pueden olvidarse.

Entre los otros movimientos del Sur de América, destaca el de Venezuela por el hecho de que un militar de alta graduación, entrenado profesionalmente para la lucha contra el pueblo, se pone del lado del pueblo en la lucha contra la plutocracia y el imperialismo, se consagra a organizar los municipios y comunidades de los pueblos autónomos para la defensa de su vida y de sus derechos, fenómeno que revela cómo en las grandes revoluciones de ayer y hoy el determinismo de clase no acaba con la libertad humana. Si muchos de los jóvenes rebeldes de los antiguos y nuevos movimientos  revolucionarios surgieron de las clases medias e incluso de las oligarquías que en sus países estaban destinados a gobernar, ese hecho se repite hoy con un general del Ejército que al mismo tiempo respeta  las leyes heredadas a pesar de que a menudo constituyan un gran freno incluso para las reformas legislativas necesarias. El  Presidente Hugo Chávez  inicia  el proceso al socialismo del siglo XXI manifestando su respeto a la Revolución Cubana, y añadiendo que su herencia ideológica proviene de las líderes de Venezuela desde la época de Simón Bolívar. Muchos son los que temen que el futuro de este movimiento sea parecido al que llevó del Nacionalismo Revolucionario, al Populismo, y de éste al Neoliberalismo. Ese proceso no corresponde al orden de lo necesario; las explicaciones deterministas no son atendibles. A lo que se tiene que atender es a la lucha que se libra entre la lógica del capitalismo y la lógica del socialismo. Si a cada ataque de aquélla se responde con un incremento de ésta las posibilidades de victoria aumentan exponencialmente. Pensar que “lo político” es detenerse es un error en términos generales.

Termino. Todos los nuevos movimientos rebeldes, incluido el de Cuba son reversibles y serán fácilmente derrocados si no cuentan con todo el pueblo o con su inmensa mayoría; con ese 80% de ciudadanos armados que Cuba tiene; o con ese 80% que votó por Evo Morales en Bolivia, o con la inmensa movilización de masas encabezada por las masas que en Venezuela defendieron y salvaron al presidente Chávez de los golpistas traidores. Tener a “todo el pueblo” o a “la inmensa mayoría del pueblo”, es la clave de toda “política del éxito” en la transición a la emancipación humana. Para “ser político” y luchar por la emancipación no hay más alternativa que responder con nuevos avances en la libertad, la justicia, la democracia, y el socialismo y con el respeto  a las distintas creencias y religiones. Esa es la clave universal de la transición al socialismo del siglo XXI. Frente a ella se levantan muchas y poderosas fuerzas dominantes. Sus armas más peligrosas son las que corresponden a las contradicciones en el interior del pueblo, en cuyo uso sí se ha especializado el pensamiento neoconservador del imperialismo, sus asociados y subordinados. Nosotros no hemos dado la atención suficiente a “las contradicciones en el interior del pueblo” para mejorar nuestra “cultura del éxito”. De hacerlo, la corrupción aparecerá más que como un delito como el arma oculta y más peligrosa del capitalismo, o como la que mejor defiende y restaura ese modo de acumulación y dominación.

En nuestras sociedades y comunidades de recursos escasos, a la deshonestidad que pueda darse en algunos dirigentes de los procesos revolucionarios con fines de acumulación personal, se añade el mercado paralelo, informal y prohibido en sociedades que sufren la guerra integral, o de amplias dimensiones. El capitalismo “se hace publicidad” como una  sociedad de consumo y de lujo. Sus atractivos “se venden” como si fueran característicos de una sociedad  a la que  los excluidos pueden aspirar. La guerra de las imágenes se combina con la guerra de las ideas. Una y otra se combinan con las políticas de asfixia financiera y comercial, con las “desestabilizaciones” a cargo de agentes provocadores abiertos y encubiertos, y con los bloqueos criminales. Los efectos que la guerra múltiple produce llevan en los países de transición al socialismo  a la creación del “mercado negro” que en la transición a la emancipación y al socialismo es el inicio de la diferencia creciente entre el socialismo formal y “el  socialismo  realmente existente”. Por sí sola, la corrupción que se generaliza es el peor enemigo de las revoluciones emancipadoras. Más que denunciarla necesitamos enfrentarla en forma reflexiva y activa para vencerla. Creo que la venceremos.