7, Marzo de 2012

Editorial: La crisis y el rescate de la nación

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¿Cómo aproximarnos a la comprensión de la problemática local-nacional tan enlazada a la problemática mundial? ¿Podrán la antropología y las demás disciplinas humanísticas atender el reto que demanda el análisis de la cuestión nacional? Los conceptos de crisis y de nación, cribados por los sinuosos caminos de las modernidades entre el Occidente y los escenarios orientales, africanos y latinoamericanos, han sido útiles para dar cuenta de sus más importantes hitos y encrucijadas. Como sabemos, el concepto de crisis no necesariamente tiene carga negativa, cómo lo ha esclarecido para nuestra lengua castellana el filólogo Joan Corominas, en su Diccionario Etimológico (1994). Sin embargo, la crisis de la sociedad mexicana es multidimensional y está bordada de negatividad por los poderes oficiosos y fácticos incapaces de resolverla.

 

La soberanía nacional sigue siendo vulnerada con la complicidad de los gobernantes y de la mayoría de sectores de la clase política en favor de los intereses geopolíticos de Estados Unidos de América. El patrimonio cultural y natural, uncido a la lógica del mercado internacional y, por ende, a los intereses de  las grandes corporaciones dedicadas al turismo, a la producción de imágenes  y a la industria del espectáculo, vienen conculcando tradiciones y derechos de los pueblos originarios, de los afromexicanos y de las mayorías mestizas del país.  Se trata de una crisis política en desarrollo, en la cual tiene particular responsabilidad Felipe Calderón y el Partido Acción Nacional. En 2006, Calderón Hinojosa llegó al gobierno apoyándose en las fuerzas armadas para compensar su falta de legitimidad y erró en su cálculo político, pensando que su cruzada supuestamente contra el crimen organizado le permitiría atraer las simpatías de la nación. No fue así. Lo visible a todas luces, es que el saldo de víctimas es tan alto, como lo son los índices de la inseguridad y la violencia, aunque hay empresas transnacionales y  nacionales que inclusive especulan con ello y sus ganancias van a la alza.

A su vez, se trata de una crisis del sistema judicial no sólo por los fallos cada vez más escandalosos y reñidos con los preceptos más elementales de la justicia, sino por la desmesura de sus rezagos procesales. Crisis del sistema educativo. Crisis del sistema de salud pública. Crisis de valores y de la moral en los espacios públicos y en las instituciones. El bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución mexicana hicieron más visiblemente dramática la crisis, al poner en vitrina cínicamente los legados violados de la patria. Frente a esta crisis multidimensional, ¿qué hacer?

Recientemente, numerosas personas, organizaciones gremiales y políticas de la sociedad civil encabezadas por el obispo Raúl Vera, el reconocido intelectual Pablo González Casanova y el poeta Javier Sicilia, así como organismos nucleados en torno a la defensa de los derechos humanos, hicieron pública la proclama POR EL RESCATE A LA NACIÓN, dirigida al pueblo de México y a todas las mujeres y hombres libres.


Ilustración de Hernández (monerohernandez.blogspot.mx)

Decididos a preservar y refundar la nación, que se encuentra en grave riesgo de dejar de ser libre y soberana, los firmantes hacen un diagnóstico sobre los momentos extremadamente difíciles por los que atraviesa nuestra patria, cuando gran parte de la población se encuentra hundida en la zozobra y viviendo con temor a causa de una guerra cruenta y cruel. Se afirma que “el gobierno declaró esta guerra, pregonando la paz, y ahora en campos y ciudades se sufre la violencia en sus formas más irracionales e inhumanas.”

Se considera que este mismo gobierno, penetrado por el crimen organizado en todos los niveles y ámbitos, “cede importantes principios y espacios de soberanía ante Estados Unidos, responsable también de la grave situación que vivimos  los mexicanos; su gobierno en nuestro país criminaliza los cultivos que en su territorio legaliza.”

Parte de este dramático panorama, cuyos efectos los podemos constatar en nuestro estado de Morelos, lo constituye la profundización de las políticas económicas y sociales neoliberales que están provocando desempleo, inflación, bajos salarios, carestía, raquíticos apoyos al campo, despojos de tierras, devastación ambiental, pérdida de soberanía alimentaria, sequía y crisis de alimentos sin precedentes, así como hostigamiento a los pueblos y las comunidades indígenas y a sus recursos naturales, saberes y tradiciones.

La Proclama sostiene que nuestro país vive una situación de emergencia nacional y que en vísperas de la renovación de poderes, los firmantes asumen una posición de autonomía e independencia frente al poder y los partidos políticos, respetando la decisión individual frente al sufragio.

Se quiere acompañar en tiempos electorales y después, a las víctimas de la guerra y exigir la presentación de los desaparecidos, apoyando las demandas de los pueblos que luchan por su territorio, cultura, dignidad y autonomía.

La Corriente Crítica de Trabajadores de la Cultura, desde la tierra de Zapata y Jaramillo, hace suyos los reclamos de “ser parte de los procesos políticos desde la sociedad civil y exigir todo cuanto sea necesario para terminar con los abusos de poder, las violaciones a los derechos humanos, las injusticias, y sobre todo, con la guerra en territorio nacional.”

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