9, Mayo de 2012

Editorial: Mayo, el mes emblemático

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Mayo es un mes de significativa ritualización cívica (batalla que marcó la derrota del colonialismo francés en Puebla), sindical (conmemorativa de los mártires de Chicago por la jornada de las 8 horas en el mundo)  y religiosa (mariana). De todas ellas, nos interesa desarrollar algunas ideas sobre la segunda en torno al tema del trabajo, considerando que los investigadores del INAH no sólo somos trabajadores, sino que además, resentimos los avatares de quienes laboran para nuestros proyectos en condiciones nada dignas impuestas por una institución que ha perdido el norte no sólo en materia del patrimonio cultural que le dio origen y función,  sino también frente al trabajo precarizado de profesionistas, pasantes, empleados y obreros.

 

En estos tiempos en que la crisis mundial iniciada en 2008 sigue flagelando a los trabajadores de varios países europeos y de otros lugares del mundo,  hablar del trabajo digno, de sus derechos y futuro asume tonos inquietantes y subversivos. En estos tiempos en que el capital en su fase transnacional, legitima a través de los medios, su derecho a ofertar empleo precario a los trabajadores como si fuese un don, un acto filantrópico el que ellos laboren sin estabilidad laboral, con salarios deprimidos y jornadas sin horarios definidos. El Grupo de los 20 conformado en 1999 aglutina a  19 países, más la Unión Europea, representados por los grupos de poder: banqueros, burócratas financieros y políticos neoliberales en el gobierno. Posee dos bloques: : el primero, integrado por ocho de los países más industrializados –Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón Reino, Unido y Rusia– (G-8), más once países considerados de segundo nivel.

En realidad, los pesos diferenciales que existen entre ellos permitiría hablar de tres niveles: La Republica Popular China, India, Corea del Sur, Indonesia, Sudáfrica, Brasil, Argentina, Australia,  Arabia Saudita, Turquía y  México. La comparación del poderío económico, militar y diplomático de China frente a México habla por sí sola.

El grupo de los 20 reconoció que necesita 21 millones de empleos para retornar a los niveles de ocupación previos a 2008, imposibles de alcanzar con una tasa anémica del 1.5 por ciento, por debajo de su tasa de crecimiento demográfico, lo que agravará el problema en el corto plazo. Alemania tiene una tasa de natalidad, una décima por debajo de la tasa anual de empleo. México tiene una tasa de desocupación anual del 5 por ciento, aunque todo indica que está algo maquillada por el gobierno panista. Las estadísticas del INEGI son parcialmente confiables. Las estadísticas forman parte desde fines del siglo XIX de la retórica del poder. La magia de los números no es ajena a los usos de la prestidigitación política oficial en México y el mundo. El valor simbólico de los números en el imaginario social está asociado a la modernidad, a los saberes académicos y a sus diferenciados usos públicos.

En los once países del Grupo de los 20, sus propios voceros han confirmado la existencia de una tasa de promedio de empleo informal y precario del orden del 45 por ciento, lo cual es dramático. La expansión de la llamada economía informal oculta el hecho de la precarización del trabajo, la pérdida de derechos, la voracidad del capital amparado por el neoliberalismo. Entre los trabajadores precarios el sindicato no aparece positivamente  como vía de resistencia legítima y viable, suscita temores y desconfianzas y ellos multiplican su indefensión. El temor a la sindicalización se ha expandido y ha contribuido a ello no solo la ofensiva del capital, la política de estado, sino también la incapacidad de las corrientes sindicales de izquierda para renovarse.

En Chile, tras la caída de la dictadura, la sindicalización se reactivó hasta el año de  1992 en que se inicia su fase de reflujo. En 2009, los trabajadores afiliados a sindicatos activos fue de 13,6 por ciento pero menos de la mitad apuestan a la negociación colectiva. La mitad de las empresas con sindicatos presentan reclamos por prácticas antisindicales, muchas veces amparados por funcionarios estatales del trabajo, venales o negligentes.

En México, hacia 2008, solo 16.9 millones de trabajadores tenía seguridad social, es decir, poco más de un tercio de la masa laboral registrada. En el año 2000 estaban registrados sindicalmente 4.7 millones, es decir un 9. 8 por ciento de los trabajadores, expresando un descenso porcentual con respecto a la década anterior que registró un 13.6 por ciento. La tasa que bordea el 10 por ciento de sindicalizados se ha mantenido casi estacionaria según un reporte del año 2008. Sin embargo, los sindicatos blancos y corporativos, han renunciado a la negociación colectiva, más allá de la coreografía formal, concediendo mayores atribuciones a los empleadores. Este primero de mayo, el drama de los trabajadores despedidos del SME sigue pesando como plomo en el imaginario de los trabajadores, tanto como los despedidos del sindicato de Mexicana de Aviación. En torno a estos tópicos, y la necesidad imperiosa de retomar la lucha sindical, el texto de Ricardo Melgar hace una reflexión. El capital y su gobierno, el de Calderón Hinojosa, con la colaboración indirecta del sindicalismo charro y blanco, han sumido en una fase crítica al sindicalismo y al movimiento de los trabajadores a nivel nacional. La desmovilización en este primero de mayo, ha sido contundente prueba de ello, en pleno proceso electoral, en que los cárteles siguen haciendo su agosto y México sigue desangrándose y alienándose. Reconstituir las tradiciones solidarias, las prácticas de resistencia laboral, es una tarea que parte del espacio laboral al que pertenecemos, y que expresa en la propia crisis de la comunidad académica, grandes retos y desafíos. En el volcán hay también riesgos previsibles y metas dignas y loables, pero exigen de nuestra parte más entrega. La autocrítica no nos es ajena.

Incluimos además líneas temáticas que reflejan las preocupaciones y ocupaciones de los trabajadores de la cultura. Los profesores investigadores, arquitectos-restauradores y trabajadores técnicos, manuales y administrativos del Instituto Nacional de Antropología e Historia fijan su postura respecto a los trabajos en el área denominada “Los Fuertes”, con motivo del 150 Aniversario de la Batalla del 5 de Mayo de 1862, los cuales afectaron dicho espacio emblemático, convirtiendo esta conmemoración en un espectáculo digno de una película de Hollywood. José Luis González Martínez reflexiona en torno a la figura del ultraconservador Cardenal Juan Luis Cipriani, y las disidencias en el seno de la iglesia católica peruana, una iglesia que parece no admitir las “rebeldías” de aquellos que se atreven a pensar en la misión de la Iglesia antes que en incrementar su poderío. El artículo que solidariamente envía Fernando Sánchez Martínez hace eco de las movilizaciones emprendidas desde 2011 por organizaciones de la sociedad civil del estado de Morelos en defensa del bosque y barrancas de Cuernavaca ante la creciente y desmedida deforestación a la que se le ha sometido los últimos años. El trabajo de Rafael Gutiérrez ilustra ampliamente la importancia de rescatar y conservar nuestros espacios culturales e históricos.

En el artículo “Haciendas y ríos”, Rafael Gutiérrez hace referencia

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