32, Julio-Agosto de 2014

El entierro y la ofrenda de un antiguo personaje del año 50 d. C. localizado en Tlayacapan, Morelos

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Durante los trabajos de investigación arqueológica del mes de mayo del año 2013 en Tlayacapan Morelos, fue registrado un grupo de conjuntos arquitectónicos de carácter monumental ubicados en la ladera baja de los cerros Cihuapapalotzin, Tlatoani y Huixtlatzin, todos forman parte del Corredor Biológico Chichinautzin. El área abarca más de 10 has. y colinda hacia el este con el actual asentamiento de Tlayacapan. La plataforma arquitectónica con nomenclatura de registro PB12-III, es un basamento agregado a un conjunto arquitectónico que presenta como cabecera otro cuerpo al Este, aparentemente un patio hundido al Oeste y dos basamentos que flanquean éste al Norte y al Sur (Véase figura 1).


Figura 1. Croquis del antiguo asentamiento de Tlayacapan

En las excavaciones arqueológicas efectuadas en esta sección de la zona se lograron determinar dos momentos de ocupación. La última ocupación se sitúa en el primer estrato que ha sido afectado continuamente por actividades agrícolas en las últimas décadas, presenta un grosor promedio de 40 a 50 cm, contiene en su interior material cerámico del período Posclásico Temprano (1050-1175 d.n.e.). A partir de la segunda capa en adelante fue rescatado material del período Preclásico Terminal (150 a.d.n.e.-150 d.n.e), ambas temporalidades fueron situadas mediante un fechamiento relativo resultante de la clasificación tipológica de los tiestos cerámicos. Los fechamientos relativos basados en el análisis cerámico quedaron consistentemente relacionados en ambos períodos con los resultados obtenidos en los análisis absolutos de fechamiento por radiocarbono (Cherkinsky y González 2014).

En la segunda ocupación (que es la más antigua) se registraron desplantes de muros que delimitan espacios a manera de cuartos, algunos con huellas de revestimiento de adobe, testigos de pilastras y pisos enlucidos de barro que en conjunto indican la construcción de pórticos y cuartos con cubiertas que debieron incluir amplios salientes o volados para evitar líneas de goteo que cayeran directamente sobre la estructura del primer cuerpo, cuyo talud y eventual tablero estuvieron enlucidos con lodo (Véase figura 2).


Figura 2. Basamento PB12-III en su descubrimiento y estudio

Se realizó una excavación intensiva en los niveles inferiores de los apisonados al interior de los cuartos y se localizaron una serie de enlajados que limitaban cistas funerarias. (Véase figura 3)


Figura 3. Momento de remoción de las lajas a manera de cubierta del entierro 1, PB12-III

En el primer evento funerario localizado hemos avanzado en los análisis para dilucidar elementos descriptivos de su configuración arqueológica. Se trata de la inhumación de un sujeto asociado a una ofrenda que incluye artefactos de piedra verde y una ofrenda de vasijas (González y García 2013). El entierro fue extraído en bloque por su fragilidad y posteriormente micro-excavado en el laboratorio de campo. Se identificó la presencia de un individuo masculino adulto joven, mayor de 21 años, los principales indicadores para tal aseveración son la presencia del tercer molar en mandíbula y las suturas occipito parietales no fusionadas. En cuanto al sexo biológico se tomaron en cuenta las características morfoscópicas mandibulares como la robustez y el ángulo mandibular recto entre el cuerpo y la rama de la mandíbula (Bass, 1987; Brothwell, 1987; Meindl et al, 1985; Schwartz, 1995; Ubelaker, 1992; Van Beek, 1984).

La mandíbula presenta una deformación tafonómica provocada por un peso constante, mismo que consta de una desviación lateral y posterior hacia su extremo izquierdo, la cual no fue contundente como para provocar su destrucción o fragmentación. Tanto el maxilar como  la mandíbula presentan un proceso dental infeccioso moderado, aunado a caries severas en la mayoría de los molares, con pérdida del primer premolar inferior derecho, así como del primer y segundo molar maxilar de la misma lateralidad. Aunado a lo anterior, se observa un fuerte desgaste dental, provocado por la masticación cotidiana asociado a las técnicas de preparación alimentaria.

El cráneo presenta varios movimientos diagénicos efecto de una constante compresión del terreno ejercida sobre el individuo, debido a que, en el transcurso de los últimos años ha soportado el peso del tractor que ha preparado el terreno para ser cultivado cada temporada anual de siembra, propiciando que las lajas se colapsaran de manera vertical, de tal forma que en una primera fase y tras la putrefacción de los músculos tensores la mandíbula cae, por la fuerza de gravedad, sobre los 2 pendientes rectangulares y el pendiente zoomorfo; la orejera derecha sufre un desplazamiento hacia la zona medial cayendo sobre la rama mandibular derecha fragmentándola en dos piezas, una que toma la forma semi cónica de la orejera y otra que sirve de base a uno de los pendientes rectangulares que se alojan por debajo y al interior de la mandíbula (Véase figura 4).


Figura 4. Entierro del individuo decapitado con su ajuar funerario

Es relevante hacer notar la presencia de un orificio, cuyo diámetro es de 2 mm, con proceso osteoblástico regenerativo en su contigüidad en la zona del parietal derecho seguido de una exacerbación de tejido trabecular alrededor y en dirección hacia las líneas meníngeas en su cara interna. Esto nos permite suponer un proceso infeccioso perióstico con regeneración de tejido óseo que pudo ser causado muy seguramente por algún tipo de perforación craneana que al momento de la muerte del individuo se encontraba ya en franca recuperación (Ortner, 2003), es decir, el sujeto fue herido profundamente pero sanó casi completamente hacia el momento de su muerte.

Otra cuestión significativa es la presencia única de las 3 primeras vértebras cervicales en disposición anatómica, tanto atlas como axis están en moderado estado de conservación y casi completas, la tercera vértebra está incompleta y en un frágil estado de conservación, está ausente de forma brusca la continuidad anatómica de las demás vértebras cervicales, lo que determina que el individuo fue decapitado en un momento próximo al de ser depositado ya que se requeriría de tejido blando en específico los ligamentos intervertebrales para que mantuviera la disposición anatómica entre las vértebras así como su relación con el agujero occipital y la relación de los ornamentos de piedra colocados aún en tejido blando al momento de la inhumación. En cuanto a la articulación atlas axis, se observa el inicio de formación osteofítica tanto marginal como interna en la carilla articular de la primera vértebra cervical, en general la presencia de este tipo de característica llega a ser indicador de individuos cuya actividad física se ubica de forma preponderante en esta región donde los movimientos aunados al peso ejercido con el cráneo y parte alta del cuello es constante y severa (García, 2013) (Véase figuras 5, 6 y 7), es decir, el sujeto mantuvo actividades de carga de pesos de gran magnitud sistemáticamente en vida como actividad cotidiana.


Figura 5. Presencia de las cuentas verdes encontradas por debajo de la mandíbula. Se identifican además las orejeras en la disposición en las que fueron encontradas


Figura 6. Parietal derecho, detalle de perforación.


Figura 7. Carilla articular del atlas articulación con el proceso odontoideo.

Los restos óseos fueron fechados mediante la técnica AMS (Accelerator mass spectrometry) carbono 14, indicando como fecha de fallecimiento del sujeto alrededor del año 50 d.n.e situando tal evento dentro del período Preclásico Terminal, asociado a nivel regional con la fase cerámica Tzacualli Temprano de Teotihuacan (Rattray, 2001:435), momento en que la ciudad ya había sido planeada en lo general y las más grandes estructuras habían sido construidas en sus primeras etapas constructivas (Cowgill, 2011). Hay evidencias de que los restos fueron depositados en una cista construida con bloques de adobe, lo que hace pensar que tal evento funerario se llevara a cabo mediante un acontecimiento ceremonial o ritual, lo anterior se infiere debido a que el individuo fue ataviado con artefactos de piedra verde en donde se encontraron: 2 orejeras, 3 cuentas cilíndricas, 3 cuentas esferoides, 2 incrustaciones tipo tesela, una de ellas fragmentada, 2 pendientes rectangulares, 1 pendiente zoomorfo en forma de ave, 1 punzón de perforación ritual probablemente de autosacrificio con presencia de adherencias color ocre que no han sido analizadas pero bien podría tratarse de restos de sangre (Véase Mathenson and Veall, 2013) (Véase figuras 8, 9 y 10).


Figura 8. Fotografía del entierro 1 con su ajuar funerario del basamento PB12-III


Figura 9. Artefactos ubicados dentro de la ofrenda del basamento PB12-III


Figura 10. Orejeras y pendientes de piedra verde

Dentro de la misma ofrenda fueron colocadas 15 vasijas que se encuentran actualmente en restauración  y en proceso de análisis, sin embargo hasta el momento se ha inferido que las formas con más presencia en el conjunto cerámico son vasos trípodes con soportes cónicos redondeados, pared curvo-divergente con un efecto de “cintura” en el nivel medio del cuerpo, base ligeramente convexa y fondo interior recto marcando una sutil concavidad. Los soportes trípodes, en su mayoría más recurrentes, son en forma de “botón”, forma cónica con puntas redondeadas y forma hemisféricas, solo un vaso tripode presenta soportes globulares huecos con perforación y otro miniatura con base en pedestal. Otras formas peculiares notables son: un cajete “arriñonado” trípode de paredes bajas, con soportes de botón y una vasija trípode globular de cuello cilíndrico de borde recto divergente de soportes cónicos de puntas redondeadas (Véase figura 11).

 
Figura 11. Algunas formas presentes en las vasijas ya restauradas de la ofrenda 1 de la unidad PB12-III

 

CONCLUSIONES

Las sociedades cuya aparición se dio durante el periodo conocido como Clásico Temprano, localizadas hasta este momento en la geopolítica morelense habrían sido para algunos autores, la región simbiótica del proyecto urbano teotihuacano desde los albores de nuestra era (Sanders, Parsons y Santley 1979). La periferia es analizada frecuentemente con referencia permanente a los centros hegemónicos pretéritos y es comúnmente comparada como efecto pasivo o inerte ante las decisiones o inercias sociales centrales; de tal forma que el asentamiento urbano de Tlayacapan hacia el año 50 d.n.e. habría desarrollado arquitectura monumental pública con presencia arquitectónica del llamado talúd-tablero, elemento arquitectónico que aunque no tiene génesis en Teotihuacan, fue esta ciudad la que lo hizo suyo y exploró en variantes que le dieron una especificidad que ha quedado como marcador de“influencia” teotihuacana para muchas regiones periféricas investigadas.

Dentro de las costumbres funerarias de los habitantes de horizonte Preclásico Terminal en Tlayacapan se practicó la inhumación ritual de un sujeto ricamente ataviado con artefactos de piedra verde que provendrían de diferentes sitios, seguramente a través de redes complejas de circulación, el individuo presentaba el proceso de decapitación y la implementación de una amplia ofrenda no solo de vasijas (de manufactura probablemente local) sino claro está, de sus posibles contenidos que a la fecha se analizan. Hacia una momento posterior en Teotihuacan, en la fase Miccaotli (150-250 d.n.e.) se realizaron una serie de entierros de guerreros en la Pirámide de la Serpientes Emplumadas, algunos portaban orejeras análogas a las encontradas en Tlayacapan, y también se había verificado la decapitación clara de al menos dos de ellos (Sugiyama 2010).

Aunque las similitudes de las formas cerámicas de Tlayacapan se acercan tanto a los hallazgos tipológicos realizados para la citada fase Miccaotli de Teotihuacan (Rattray, 2001:433), como a la fase más temprana de Tezoyuca (200-150 a.d.n.e.) a la fase Teotihuacan I-IA DEL 100-150 a.d.n.e en Cuicuilco (Muller, 1990: 55-148) La diferencia notable no solo reside en la disposición de las formas de los soportes que varían entre los soportes de botón, los cónicos con puntas redondeadas y los hemisféricos, sino también en la diferencia de las pastas de las vasijas que hace probable que se trate incluso de pastas locales.

Tanto la inhumación con elementos de piedra verde, la decapitación ritual y las formas cerámicas locales de Tlayacapan se realizan antes que estos elementos culturales aparezcan en la gran metrópoli teotihuacana y fue necesario realizar un análisis de descubrimiento de lo local, que soportado con los fechamientos absolutos, nos permitieron conocer que se trata de elementos culturales previos a los presentes en Teotihuacan.

Y es que los análisis cerámicos en Morelos tienen en general la misma problemática, Canto Aguilar (2006) asegura, cuando evalúa la situación del complejo cerámico del Clásico en Morelos, que los intentos de arqueólogos como Hirth tanto en el Oriente como en el Poniente, así como los realizados por Nalda en el Noreste, fueron acercamientos que analizaron los materiales con la intención de identificar materiales teotihuacanos, de localizar el efecto de Teotihuacan por sobre los materiales locales, pero no se descubre lo local e incluso, se encubre con análisis que sólo ven identidad de tipos cerámicos, no la diferencia.

Otras investigaciones en Guerrero por ejemplo, han mostrado cómo se puede avanzar en el descubrimiento de lo local, al evadir las clasificaciones tipológicas cerámicas que solamente identifican rasgos culturales de los sitios hegemónicos presentes en la periferia. Durante los trabajos arqueológicos en el Salvamento de la Línea de Trasmisión Chilpancingo-Chilapa se localizaron 34 sitios, en cuyas exploraciones se pudieron registrar elementos culturales que eventualmente muestran rasgos que un milenio después florecerían en Teotihuacan y que los fechamientos de radiocarbono permitieron ubicar con precisión como locales, pero mucho más tempranos que los presentes en la gran urbe (Porcayo 2004). En San Miguel Totolapan y Acapetlahuaya las investigciones mostraron que para el Clásico Temprano sí existe presencia teotihuacana, pero no necesariamente dominio, sino un “predominio” de “culturas locales” (Schmidt y Litvak 2007:30).

Queda claro, por otro lado, que la especificidad sociocultural tlayacapaneca no habría pasado inadvertida frente a un fenómeno como el teotihuacano, cuyo sistema abarcó casi toda América Media, pero sí, en efecto, tuvo ritmos diferenciales y no siempre debió tratarse obligatoriamente de una periferia pasiva, receptora y meramente coadyuvante al enriquecimiento del centro hegemónico teotihuacano.

Aunque aún faltan exploraciones a nivel regional para acercarnos al entendimiento del tipo de relaciones que mantuvo el norte de Morelos frente a Teotihuacan, los atisbos hasta el momento realizados en Tlayacapan, nos permiten observar una periferia que hacia los albores de la gran urbe septentrional de la Cuenca de México, manifestaba un proceso identitario local que eventualmente compartía con otros centros como Tepoztlán y el noreste de Morelos.

El análisis del segmento de un sistema social espera ser vislumbrado por el investigador en su configuración local, para rescatar lo distinto, y claro está, explicar el tipo de relación que mantiene con la centralidad hegemónica que, no en todo el espectro de subalternidad, figura de manera homogénea. Es preciso entonces colocar los pies en la investigación de la periferia, en ellas misma y mirar desde ahí, porque la tradición académica ha mirado, casi siempre, desde los centros hegemónicos, aunque sus pies estén fuera de estos.

 


BIBLIOGRAFIA

  • Bass, (1987); Human Osteology: A Laboratory and Field Manual, Special Publication Number 2, 3th edition, Missouri Archaeological Society, Columbia Missouri, U.S.A.
  • Brothwell, (1987); Desenterrando huesos: La excavación, tratamiento y estudio de restos del esqueleto humano, FCE, México.
  • Canto Aguilar, Giselle, (2006), La cerámica del Período Clásico en Morelos: Semejanzas y diferencias con Teotihuacan. En La producción alfarera en el México Antiguo. Tomo II. Beatriz Leonor Merino Carrión y Ángel García Cook (Coordinadores), pp. 119-146. Colección Científica No. 495, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Ciudad de México.
  • Cherkinsky, Alexander y González Quezada, Raúl, (2014); Radiocarbon Chronology of The Tlatoani Site at Tlayacapan, Morelos, México. Radiocarbon. Vol. 56, No. 2:1-10.
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  • García Maya Lilian Ivette, (2013); Informe Final Proyecto de Investigación y Conservación de la Zona Arqueológica El Tlatoani, Tlayacapan, Morelos. Segunda Fase, Tomo VII, Análisis Antropológico Físico. Informe Inédito, Archivo Técnico del Consejo de Arqueología, INAH, Ciudad de México.
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Comentarios   

0 #3 Manuel 05-09-2014 03:01
Es un articulo muy interesante y sobretodo bien hecho, felicidades por ello y que sean mas los descubrimientos hechos por ustedes.
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0 #2 Elizabeth Jiménez G. 03-09-2014 14:36
Artículo muy importante e interesante. Gracias por compartir.
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0 #1 henry 03-09-2014 08:10
Es un articulo muy interesante gracias por compartir
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