32, Julio-Agosto de 2014

La Cartonera. Una aventura editorial: artística, artesanal e independiente

Consúltalo en la revista

 

Nayeli Sánchez Guevara
Fotografías: Dany Hurpin
Co-editores de La Cartonera

 

Un poco de historia, su evolución, el qué somos

Cuando se platica de la historia y razones de una editorial cartonera, se suele comenzar diciendo que en 2003, en plena crisis económica posterior al corralito argentino,[1] los editores y artistas Javier Barilaro y Washington Cucurto, tuvieron la idea de sustituir el material tradicional que usaban para sus portadas, el cual se había vuelto inaccesible dados los problemas económicos, por cartón comprado a buen precio a los cartoneros (pepenadores) que, entonces comenzaban a pulular en las calles de Buenos Aires. También de boca de uno de ellos, escuchamos que la idea llegó mientras cruzaban la Cordillera de los Andes, volviendo desde Chile hacia Argentina. Esta es parte de la historia.

Algo cierto es que la primera editorial cartonera, Eloísa Cartonera, apareció hace ya más de diez años y, a partir de ella, han brotado decenas de historias, cada una con caminos diferentes.

En Sudamérica, las primeras editoriales cartoneras surgieron en circunstancias parecidas: Eloísa cartonera (Argentina), Mandrágora y Yerbamala Cartonera (ambas de Bolivia) de la crisis económica, pero estas dos últimas, también de un fenómeno que en Argentina no existía y, no existe: la imposibilidad de acceso a los libros; en Chile, Animita cartonera surge con la idea de usar la editorial como recurso educativo, lo mismo que en Perú (Sarita cartonera), donde además el alto costo de los libros tradicionales los volvía inaccesibles al público; Dulcineia catadora, en Brasil es diferente pues la artista gráfica (Lúcia Rosa) que la crea, incluye desde su inicio, a la gente que vive en la calle, no sólo como recolectores del cartón sino como autores, con la idea de brindarles otras alternativas; Yiyi Jambo es “un caso aparte“: un inquieto escritor de la triple frontera (Paraguay, Argentina, Brasil), Douglas Diegues, se lanza a la edición para difundir el Portunhol selvagem (mezcla de portugués, español y guaraní). Hasta ahora, hasta aquí, sólo editoriales cartoneras en el cono sur, todas surgidas entre 2003 y 2008, de las cuales se puede saber más en el libro editado por la Universidad de Wisconsin (USA)en 2009, con motivo del primer congreso cartonero que nos reuniría en ese entonces, a las ocho primeras cartoneras del mundo y, en particular de este siglo XXI.[2],[3],[4]

En nuestro caso, el proyecto La Cartonera, surge en mayo del 2007, cuando un amigo periodista y editor (Raúl Silva) viajó a Argentina y Perú y, en este último país, al entrar en contacto con otras editoriales, conoció el proyecto de Sarita Cartonera de boca de Milagros Saldarriaga y de Tania Silva, quienes le hicieron la pregunta clave: “¿Por qué no hacen una cartonera en México?”. Raúl regresó a Cuernavaca con ejemplares peruanos, algunos de cuyos títulos habían sido anteriormente publicados en Argentina (entre ellos, títulos como Underwood portátil de Mario Bellatin, que editamos en México en 2013). Nos reunimos un grupo heterogéneo de gente vinculada con el arte y la cultura en la ciudad para conocer, desde sus libros el proyecto peruano y, nos contestamos la pregunta con un: “¿Por qué no?”.

Hasta donde recordamos, uno de los primeros temas por resolver fue el del nombre que llevaría el proyecto. Los otros proyectos de los cuales teníamos referencia llevaban nombres femeninos: Eloísa, Sarita, Animita, Dulcinea, incluso Yerbamala (Yiyi jambo no estaba incluida en nuestra reflexión, pues ésta se dio a conocer en 2008). Decidimos llamarnos La Cartonera, así sin más, en una especie de homenaje al habla usual de los mexicanos, que solemos anteponer al oficio un artículo o un diminutivo. Lo segundo fue definir que publicaríamos; en principio la idea fue a autores que hubieran nacido, vivido y/o escrito sobre nuestra región (Morelos). Es así como surgió el primer título: un cancionero de un cantautor de Morelos, amigo nuestro y copartícipe de esa primera reunión: Kristos Lezama. Ya irían llegando, con toda seguridad, los siguientes títulos.

Adicionalmente, nació la idea de dar un giro diferente a la manera de hacer los libros, es decir conservar el espíritu de usar cartón para hacer las portadas pero, aprovechar el gran número de artistas visuales con quienes tenemos contacto en Cuernavaca, de tal forma que éstas se distinguieran por su propuesta gráfica, que contrastara con lo que hasta entonces se hacía en el cono sur: portadas sencillas donde, con esténcil se escribía el título del libro y posiblemente, se adicionaba un elemento gráfico de manera simple (puntos  de colores, un marco de color al título, poco más). También se decidió que la encuadernación podría ser un poco más compleja que sólo doblar las hojas y engrapar o coser directamente al cartón sino que, podríamos “aprovechar la experiencia propia” (fruto de la enseñanza paterna) para el encuadernado de libros, incluso de “muchas páginas” (los libros cartoneros que conocíamos hasta entonces, no tenían más de 48 páginas, tamaño media carta o su equivalente) y realizar una variante de la encuadernación japonesa, lo que permitiría ser más versátil en el tamaño de los textos e incluso, asegurar, una mayor permanencia de los libros.

El primer libro estaba decidido y el primer artista que intervendría las portadas, en consenso con el autor del texto, sería Dany Hurpin: 50 impresiones en cianotipia (una técnica antigua de impresión fotográfica) para las 50 portadas de esa primera edición. Las imágenes para las cianotipias fueron impresas sobre papel de algodón durante el verano de ese 2007. Sólo hacía falta terminar de seleccionar textos, editarlos y decidir cómo se haría la impresión del texto.

El tiempo pasaba y el proyecto seguía en eso, proyecto. Una plática después de la cena de año nuevo, en casa de uno de los futuros editores, fue el parteaguas para decir: ¡Adelante!

El primer consejo de La Cartonera estaba formado por Alicia Reardon, Dany Hurpin, Joseantonio Suárez, Nayeli Sánchez, Raúl Silva, Rocato y Valeria López. El trabajo comenzaba.

A finales de febrero, para ser precisos, el 29 de febrero del 2008 presentamos nuestro primer libro: el cancionero El silencio de los sueños abandonados de Kristos Lezama, 50 ejemplares encuadernados a mano y con las ilustraciones en cianotipia de Dany Hurpin.

En el primer año publicamos seis libros más: el cuento Cristo en Cuernavaca, del escritor norteamericano perseguido por el macarthismo, Howard Fast; la edición bilingüe del ensayo Saving Lowry´s eden de John Spencer, artista inglés radicado en Cuernavaca, el cual se publicaría poco tiempo después por La rana del sur (editorial independiente de Morelos); Rocato cedió su novela Marylin Monroe, comunista. Entre el FBI y el 68, publicada al paralelo por Ediciones Clandestino; también aparecieron los poemarios, Con Catulo de Rodilla de Joseantonio Suárez, Un derecho & un revés de Bárbara Durán y, antes que ese, Respiración del Laberinto de Mario Santiago Papasquiaro. Este último libro vale una mención muy particular, dado que a instancias de Raúl Silva, este libro se publicó, entre diciembre del 2008 y marzo del 2009, en las editoriales cartoneras de Perú, Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Brasil, lo que demostró de manera muy especial lo que ya se había hecho de manera sencilla: la posibilidad de intercambio de proyectos entre diferentes editoriales independientes, particularmente entre cartoneras. No ha sido la única publicación conjunta, ahora es un fenómeno que se repite cada vez más, con sus variantes y adaptaciones entre las muchas cartoneras que hoy pueblan el orbe.

El libro de Mario Santiago Papasquiaro es también un parteaguas en la forma que tenemos de trabajar en La Cartonera: hasta entonces las portadas habían sido encargadas específicamente a un artista o grupos de artistas. El caso ya mencionado, El silencio de los sueños abandonados, Dany Hurpin realizó las, en total, 100 portadas, que se hicieron para la primera y segunda edición; Valeria López ilustró cada una de las 75 portadas del libro Cristo en Cuernavaca; para Saving Lowry´s eden participaron siete diferentes artistas que, en su momento estuvieron cerca de John Spencer o del proyecto de La Casona Spencer;[5] Con Catulo de Rodilla tuvo tres portadistas para los 150 ejemplares: Vanesa Quintanilla, Valeria López y Dany Hurpin; Bárbara Durán eligió amigos personales para elaborar las portadas de su libro, el cual fue presentado para nuestro primer aniversario, el cual celebramos en marzo del 2009. Para el libro de Mario Santiago Papasquiaro se había planeado que Ernesto Seco Uribe[6] hiciera las portadas de los 150 ejemplares que se producirían, tendría un tiempo límite para realizarlas, mientras se preparaba la edición, sin embargo, la propuesta de Seco fue una plantilla que se transfirió al cartón con aerosol y la cual intervenimos con colores acrílicos, cada quien a su gusto, un grupo de aproximadamente diez personas, entre niños y adultos, todos al unísono, en un ambiente de grata convivencia.

Este fue el primer taller de creación colectiva cartonera que marcó la identidad de trabajo de nuestra editorial.

Desde entonces y sólo con la excepción del libro de Bárbara Durán, que estaba siendo preparado antes que el de Mario Santiago Papasquiaro, las portadas de los libros se hacen en un ambiente de taller de creación colectiva. También, después de esta experiencia, y al celebrar nuestro primer aniversario, por cuestiones de trabajo y personales, el equipo editorial de La Cartonera pasó de siete a cuatro integrantes: nos quedamos Dany Hurpin, Nayeli Sánchez, Raúl Silva y Rocato. A mediados del año 2009 y después de colaborar en el libro de Edgar Artaud Jarry, Golpéandome la cabeza, Raúl Silva decidió crear su propio proyecto.[7] Desde entonces, los co-editores de La Cartonera somos Dany Hurpin, Rocato y Nayeli Sánchez, acompañados por un grupo de trabajo de aproximadamente quince colaboradores constantes[8].

La semilla del trabajo colectivo ya estaba sembrada y desde principios del año 2009, nos reunimos casi todos los sábados del año a trabajar, en el Museo La Casona Spencer: durante aproximadamente cuatro horas, el cartón cortado a la medida de las portadas es intervenido con colores acrílicos, papel, tijeras, pegotes a manera de collage, todo aquello que la imaginación de quienes participan, artistas e invitados, incluso gente que llega por única ocasión, les hace poner al alcance de quienes serán los lectores. Los artistas, algunos de ellos con reconocimiento a nivel internacional,[9] dan consejos a los novatos y, el taller de creación se vuelve un taller de aprendizaje, de convivencia, de café, de plática, de mezcal.

El cartón que recolecta “esta cartonera sin cartoneros” se convierte, poco a poco en una pieza de arte anónima al alcance de muchos.[10],[11],[12]  

Ante todo somos una editorial.

Estamos en 2014, han pasado ya un poco más de seis años desde que dimos a conocer nuestro primer libro. La Cartonera ha publicado ya 37 libros, muchos de ellos con reediciones y está a la espera de publicar en lo que resta de este año, al menos tres títulos nuevos y reeditar dos títulos.[13] El catálogo, que incluye cinco ediciones bilingües (tres en portugués-español, una en inglés-español y otra en náhuatl-español) y una edición doble francés-español, está conformado hasta ahora por poesía, poesía infantil, novela, canción, ensayo, cuento, teatro y gráfica.

La Cartonera tiene como precepto publicar literatura de buena calidad que, seleccionada por el consejo editorial, nos guste y de la cual nos apropiemos, tal y como queremos que los lectores se apropien de los libros de La Cartonera. Es decir, queremos que lo que editamos sea algo que nosotros estemos dispuestos a leer, a disfrutar, para poder transmitirlo tanto a los colaboradores que nos ayudarán en la ilustración de las portadas, como a los lectores.

Siempre que seleccionamos un libro debemos pensar en los lectores, en la calidad de lo que leerán pero, también en la calidez de lo que tendrán ante sus sentidos. Si bien hemos tenido la oportunidad de publicar autores muy conocidos, tales como los mexicanos Mario Bellatin y Javier Sicilia; hemos publicado autores que aun cuando llevan años escribiendo y son conocidos y apreciados literariamente, no han sido difundidos en el país, tal y como José Rosas Ribeyro (peruano radicado en Francia), Edgar Artaud Jarry (mexicano), Pedro Granados (poeta peruano), Melissa Nungaray (joven poeta mexicana) o el escritor brasileño, ya fallecido, Wilson Bueno; y sobre todo, nos hemos dado la oportunidad, de publicar a autores nóveles (emergentes le llaman algunos), que no habían tenido oportunidad de publicar en otras editoriales, como el poeta francés-mexicano Remi Blanchard o Arnulfo Soriano, un maestro de  Xoxocotla, Morelos a quien publicamos con motivo de un taller que dimos en esa comunidad indígena y que significó, ante todo, un acercamiento desde la literatura a alguien que muchos de los que participaron en el taller conocían; esto es lo que consideramos la calidez de la publicación, la cercanía e identificación de los textos y autores, con quienes serán los lectores.

Se trata de que quienes lean los libros se los apropien, tengan un contacto cercano con ellos y, aunque en nuestra creación no contemplábamos participar en el fomento a la lectura, como si lo hicieron algunas de las primeras cartoneras, esto se ha ido dando de manera natural cuando hemos sido invitados a dar talleres de creación de libros a escuelas, comunidades rurales e indígenas, como es el caso de Xoxocotla, donde ahora están en camino de crear su propia editorial cartonera para difundir el material que está siendo creado en el centro cultural Yankuik kuikamatilistli, con el propósito de preservar su identidad comunitaria.[14] Esta relación con otros proyectos ha llevado a la participación, directa e indirecta, en la creación de otras editoriales cartoneras, tanto en México, como en otros países.[15],[16]

Ante todo, en La Cartonera nos vemos como una editorial, cuya diferencia con otras editoriales tradicionales, además del uso de cartón para hacer las portadas, es el trabajo colectivo que nos hace relacionarnos de manera cercana inicialmente con los autores que nos ceden sus textos,[17] con los artistas (profesionales e incipientes), con quienes colaboran en la encuadernación y sobretodo, con los lectores.

Nuestros textos son impresos en papel reciclado, son previamente editados usando software libre,[18] en otro gesto para diferenciarnos de las grandes corporaciones; el reuso y reciclaje del material es también parte de nuestra filosofía, siempre en la consideración que esto no significa menor calidad y, por el contrario, da lugar a mayor creatividad  y calidad en lo que se hace.

Hemos ido aprendiendo a ser editores en este camino de más de seis años, cada título es un nuevo reto y es tan importante como el anterior y como el que sigue. Es así que, incluso hemos buscado un modelo donde las finanzas se mantengan sanas y, si bien, las ventas de los libros no representan ingresos para quienes trabajamos en el proyecto, si permiten la sobrevivencia del mismo, el mantenimiento y, la asistencia a foros, ferias y encuentros (tanto en el ámbito editorial como de arte, dada las característica de nuestra editorial), donde podemos hacer la labor de venta y difusión de la obra. Ediciones de pocos ejemplares (un promedio de 120 por título), numerados, que se convierten en una obra de arte al alcance de muchos.[19],[20] Un libro cuyo valor aumenta al pasar a manos del lector, del coleccionista.

La Cartonera es una labor editorial que realizamos en un entorno de convivencia, de colectividad, de aprendizaje continuo y, de diversión. Que seguiremos realizando mientras haya quienes quieran ver y sentir a los libros de una manera diferente.

En el mundo, hace mucho que dejamos de ser sólo esas ocho que fuimos al congreso de Madison en octubre del 2009,[21] las editoriales cartoneras seguramente seguirán surgiendo en el mundo, como una opción a la industria editorial corporativa, sin ser jamás competencia a la misma sino una manera diferente de ver el mundo editorial. Eso si, como editores independientes, debemos estar conscientes que las formas y los medios de cada editorial, son diversos; para mantenerse, cada cartonera depende de su entorno. Tomar ejemplo pero ser únicas, es el camino.

Notas finales: Si quieren saber más del proyecto los invitamos a visitar nuestro blog el cual, si bien no se actualiza tan seguido como lo pretendemos, si puede dar una idea más amplia de lo que somos y como lo hacemos, de las noticias sobre presentaciones y participaciones en ferias y foros tanto editoriales como artísticos www.edicioneslacartonera.blogspot.com Otra opción es buscarnos en Facebook, donde nos encontrarán como La Cartonera Cuernavaca (lo cual ha llevado a pensar que nos llamamos así, cuando en realidad nuestro nombre es sencillo: La Cartonera).

Para quienes estén interesados en contactarnos por correo electrónico, pueden hacerlo a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. En ese mismo correo se reciben propuestas de publicación.

El taller de creación está abierto al público, el cual puede visitarnos casi todos los sábados del año en La Casona Spencer, en el centro de Cuernavaca, Morelos, a partir del mediodía. La celebración de la sesión es anunciada previamente en el perfil de Facebook.



[1] El corralito argentino fue la restricción del uso del dinero que tenían los argentinos en los bancos. Decretada por el presidente De la Rua, en 2001, derivó en la pérdida de ahorros, devaluación e incluso cambio de poderes. En la red se pueden encontrar cientos de referencias al fenómeno argentino. Un acercamiento académico a la crisis argentina y su relación con la aparición de editoriales marginales puede ser consultada en el artículo: Labiano V. 2013. La crisis que nos parió. Ensayo sobre cuatro publicaciones que emergieron en el contexto de la crisis argentina. En-claves del pensamiento. VII (14):195-200. Disponible en www.redalyc.org/pdf/1411/141128984010.pdf (consultada el 1o de agosto de 2014).

[2]Bilbija K., P. Celis, Eds. 2009. Akademia Cartonera: A Primer of Latin American Cartonera Publishers. Parallel Press.  University of Wisconsin-Madison Libraries, USA.

[3]Decimos de este siglo XXI, porque hay autores que consideran que los antecedentes de las cartoneras están en ediciones como las hechas en los años setenta por Elena Jordana, escritora argentina que publicó poesía en Ediciones El Mendrugo, en México. Sin embargo, no recordamos que alguno de los editores cartoneros que nos reunimos en 2009, tengamos como referencia o inspiración de nuestro trabajo a esas ediciones.

[4] Bilbija  KI. 2010. Borrón y cuento nuevo: las editoriales cartoneras latinoamericanas. Nueva Sociedad 230:95-114. Disponible en www.nuso.org/upload/articulos/3744_1.pdf  (consultada el 1o de agosto del 2014).

[5]John Spencer (1928-2005) fue un artista inglés que vivió en Cuernavaca durante 40 años. Al morir, legó La Casona Spencer a una asociación civil, para el desarrollo y convivencia para el arte y para los artistas de Cuernavaca, con muchos de los cuales tuvo relación cercana y apoyó con sus consejos e, incluso comprándoles obra. Entre ellos, algunos que han colaborado y colaboran con La Cartonera: Cisco Jiménez, Eduardo Lugo, Kenia Cano. Para saber un poco más del proyecto de La Casona Spencer se puede consultar www.casonaspencer.org/paginas/pagina_uno.html

[6]Ernesto Seco Uribe nació en Cuernavaca, Morelos en 1958 y, falleció a consecuencia de cáncer en mayo del 2011. Fue un pintor y escritor, que desarrolló su trabajo artístico entre México y EUA. Para saber más sobre él: ernestoseco.org

[7]Raúl Silva, junto con Alicia Reardon, funda La Ratona cartonera, proyecto que también tiene su sede en la ciudad de Cuernavaca y que, a la fecha ha publicado aproximadamente doce títulos, sobre todo de autores ligados al movimiento de poesía infrarrealista (México) y Hora Zero (Perú). laratonacartonera.blogspot.com

[8] Han participado, más o menos constantemente, en los talleres de creación, junto con nosotros, co-editores: Cisco Jiménez, Eduardo Lugo, Efrén Galván, Gilda Cruz Revueltas, Jorge Garibaldi, Juan Machín, Margarita Guevara†, Nelva Basáñez, Óscar Menéndez, Pilar Hinojosa, Remi Blanchard, René Díaz, Víctor Gochez, Victor Hugo Sánchez R., Viviana Machín; a los cuales se suman los colaboradores eventuales.

[9]Entre nuestros colaboradores contamos y hemos contado con artistas reconocidos, incluso a nivel internacional: Cisco Jiménez, Víctor Góchez, Efrén Galván, Blanka Amezkua, Eduardo Lugo, Marc Khun, Agustín Santoyo, Rosamaría Eisler, entre muchos otros, quienes conviven con los novatos y dan consejos para el desarrollo de la obra de portada.

[10]Los artistas han decidido no firmar las obras; Cisco Jiménez, quien recientemente ingresó al Sistema Nacional de Creadores y ha expuesto su obra plástica tanto en México como en el extranjero, ha insistido en la necesidad de que cada portada y, a pesar de que pudiera intervenir un sólo artista en la misma, sea una creación colectiva y prácticamente anónima, de tal manera que, “los egos, tan comunes entre los artistas plásticos, queden atrás”.

[11]Recientemente, en una entrevista publicada por Elizabeth Palacios, se menciona que la diferencia de nuestra cartonera, con el resto es “la vocación de convertir a cada libro en una pieza de arte, que acompañe y complemente la pieza de arte literario”. Palacios E. 2014. Entre el cartón y el arte... ¡hay libros!. Revista Sin Línea. 128:24-27.

[12]Esto del anonimato, es relativo dado que, desde el primer título se decidió dar crédito a todos y cada uno de los involucrados en el proceso de ilustrar las portadas, no importando incluso el número de sesiones o la cantidad de portadas en las que hayan trabajado, de tal manera que las portadas y, tal como lo menciona Cisco, se convierten en una creación colectiva. Hay que mencionar, además que los colaboradores de portadas se llevarán, una vez terminado el armado de la edición, un libro de la edición correspondiente, de tal manera que tenemos títulos en los que, incluso han participado 35 artistas diferentes lo que se refleja en 35 ejemplares de la edición, cada una con un promedio de 120 ejemplares, que pasan a mano de los colaboradores.

[13] No tenemos una política establecida en cuanto a lo que hace que un libro puede ser reeditado o no. En ocasiones depende de que tan rápido se haya agotado la primera edición, del impacto en particular que tenga el título o, incluso de la participación del propio autor en su distribución. Hay libros que, estando agotados, no volverán a ser reeditados y, algunos que, estando las portadas preparadas desde hace un par de años, no han sido reeditados dado que hemos dado preferencia a los nuevos títulos.

[14]Hemos dado ya muchos talleres en escuelas, tanto públicas como privadas, en Morelos y en otros estados, así como en plazas públicas y centros culturales. Caso particular es el de Xoxocotla, Morelos donde se realiza, desde el 2010, la Feria del Libro en Lenguas Indígenas, con motivo del Día Internacional de la Lengua Materna (21 de febrero) y a la cual nos han invitado, tanto para exponer nuestro material, como para impartir talleres a los niños del centro cultural Yankuik kuikamatilistli. En el 2013, hemos trabajado con aproximadamente 200 niños de la comunidad y comunidades cercanas, durante el curso de verano, es aquí donde surge la idea de crear su propia editorial. Para más información sobre la feria, centro cultural y proyecto en general, pueden visitar amoxilhuitl.blogspot.mx/ (consultada el 1o de agosto del 2014).

[15]Además de la ya mencionada cartonera en la comunidad de Xoxocotla, Morelos, La Cartonera ha participado, de alguna manera, en la creación de La Rueda cartonera (Guadalajara, 2009), Iguanazul cartonera (Zongolica, Ver., 2010), La Verdura cartonera (México, DF, 2010) y Cartopiés cartonera (Madrid, 2010), por mencionar algunas. Sin olvidar que, La Ratona cartonera, ha sido fundada por compañeros que participaron en La Cartonera.

[16] Para más información sobre las cartoneras y su creación en México, consultar el artículo Editoriales cartoneras en México de Aurelio Meza, aparecido en la revista digital Radiador Magazine www.radiadormagazine.com/2014/04/editoriales-cartoneras-en-mexico.html (consultada el 1o de agosto del 2014).

[17]Los autores que participan en la editorial firman con la misma, un contrato permitiendo la publicación de su obra, las ediciones que sea necesario, considerando que el proyecto tiene como propósito la difusión de la obra. Los derechos de los mismos pertenecen, en todo momento a los autores; no hay cesión de derechos como suele suceder con otras editoriales, incluso independientes, no se cobra por la publicación (lo que nos lleva a no publicar obras literarias por encargo) y si bien, no estamos en capacidad económica de remunerar al autor, este recibe a cambio, un 20% de los ejemplares destinados a la venta (dentro de los cuales no están considerados los que son cedidos a los colaboradores, portadistas y encuadernadores, ni los del autor).

[18]Usamos como procesador de textos, Openoffice; como procesador de imágenes, Gimp y, para la edición de los textos para la impresión, Scribus. Todos, paquetería de software open source. Hasta ahora, en lo que no hemos incursionado es en el uso del sistema operativo Linux pero, estamos en proceso de probarlo.

[19] Los libros de La Cartonera se venden en un precio de $120.00 (ciento veinte pesos M/N) regularmente, con algunas excepciones que tienen que ver con la extensión del texto y el uso de elementos diversos (impresiones a color, por ejemplo), donde el precio puede aumentar a $150.00. Consideramos que un libro cartonero debe tener un precio que represente, de alguna manera, el esfuerzo puesto en el mismo; no creemos que, bajar los precios a un precio únicamente de recuperación sea sano para un proyecto editorial. Hay editoriales cartoneras que han optado bajar los precios al mínimo pero, eso mismo les limita en su posibilidad de difusión de la obra que es  uno de los objetivos, creemos, de una editorial.

[20] Nuestros libros se venden en ferias y foros de arte y editoriales, en algunas librerías independientes en México (Cuernavaca, Oaxaca y DF) y Francia pero, sobre todo, la distribución de los libros se da “mano a mano” y durante las presentaciones. El número de ejemplares, a pesar de ser pequeño, no debe ser un limitante a la difusión de la obra.

[21] Según Johana Kunin, antropóloga argentina que ha estudiado el “fenómeno cartonero” en Latinoamérica, a la fecha se puede hablar de la existencia de más de 80 cartoneras, en 19 países del mundo. Citada por Palacios E. 2014. De vuelta a la experiencia sensual de la lectura. Revista Domingo.  El Universal. 123: 35-41. En línea:  www.domingoeluniversal.mx/historias/detalle/Vuelta+a+la+experiencia+sensual+de+ la+lectura-2526 (Consultada el 1o de agosto del 2014).

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