32, Julio-Agosto de 2014

Que siempre sí mamen

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En México, la lactancia materna se encuentra actualmente en picada. La UNICEF reporta que los niños mexicanos que se alimentan con leche materna oscilan entre el 20% y el 49%. De 2006 a 2012 sin embargo, se presentó  un notable descenso al pasar de 22.3% al 14% de niños alimentados exclusivamente con leche materna en las zonas urbanas y de 36.9% a 18.5% en las zonas rurales. La última Encuesta de Salud y Nutrición realizada en 2012 revela que para entonces la práctica más común en el sector médico era promover la lactancia materna alternada con leche de fórmula, lo que explica este decrecimiento. Como consecuencia de este fenómeno, se han comenzado a considerar iniciativas que establecen la lactancia materna como un “derecho humano del niño”. La Asamblea Legislativa del Distrito Federal tomó la delantera y aprobó que la lactancia materna sea un derecho de los niños. Estas propuestas tienen que ver con una preocupación derivada del hecho de que nuestro país ocupa el último lugar en América Latina en materia de lactancia materna. Para promover esta legislación, el Gobierno del Distrito Federal realizó una campaña denominada “No le des la espalda, dale pecho”, enfocada  en aquellas madres que tienen miedo de “perder su figura” y por egoísmo no alimentan a sus hijos, según declaró en su cuenta de Twitter uno de los creativos de esta campaña, Jorge Ortiz de Pinedo. El escándalo no se ha hecho esperar, colectivos feministas o prolactancia se han manifestado en contra de la publicidad que ha sido desplegada en la capital del país.  


Mapa Lactancia materna UNICEF.

La campaña realizada en la ciudad de México en pro de la lactancia materna está perfilada en estigmatizar a las mujeres que no amamantan, objetiviza a las mujeres y muestra imágenes aspiracionales que nada tienen que ver con el acto de alimentar a un bebé. Vayamos punto por punto comenzando por el contenido de la publicidad, la imagen: mujeres del medio del espectáculo en pantalones de mezclilla, con cuerpos torneados y delgados cuyos pechos están cubiertos por una cintilla que señala: “No le des la espalda, dale pecho”. En principio, que las mujeres que salen en esta propaganda sean famosas ya nos dice mucho sobre la misma: está enfocada a un público que “aspira” a la delgadez, pero también al éxito de quienes promocionan la campaña. En un video, realizado por el GFD, las participantes declararon que ellas estaban en pro de la lactancia materna y habían amamantado a sus hijos. En este sentido, el mensaje es muy claro: puedes amamantar a tu bebé y tener un cuerpo envidiable. Ahora bien, las mujeres en México, en su mayoría, no poseen esa clase de cuerpos, y de hecho ese tipo de imágenes promueven entre aquellas mujeres que han tenido hijos, modelos estereotípicos de belleza que muchas veces resultan inalcanzables. Probablemente para algunas mujeres ver a Camila Sodi o a Maribel Guardia en un anuncio en el que declaran haber amamantado a sus hijos, sea un ejemplo a seguir. Sin embargo, el hecho de exponerlas con el torso desnudo en todo caso, parece irrelevante y fuera de lugar.

Actualmente, señala Marcela Lagarde (2003) resulta evidente el enorme peso del erotismo en la constitución del género. La sexualidad, desde su perspectiva es un complejo cultural históricamente determinado consistente en relaciones sociales, instituciones y políticas que definen la identidad básica de los sujetos. Se constituye por formas de actuar, pensar, comportarse y sentir, y consiste también en los papeles, las funciones y las actividades económicas y sociales asignadas con base en el sexo. La sexualidad, en este caso, norma a los individuos y a las sociedades de acuerdo a una serie de roles y comportamientos esperados. “No le des la espalda, dale pecho” es un lema que ejemplifica esta teoría, mientras que la campaña que la respalda fortalece este modelo. La mujer en esta publicidad, se representa a través de la belleza hegemónica, delgada pero con pechos prominentes, la fama-éxito (de las figuras públicas que participan en ella) y el rol de la madre que a pesar de su trabajo tuvo tiempo (según dicen) de amamantar a sus hijos; podríamos decir, en cierto sentido que la mujer-madre se representa mediante una figura erótica que promueve la lactancia como un acto mucho más sexualizado que “natural”. Y es que aunque alimentar a un bebé sea parte de las funciones del organismo femenino, no significa que amamantar sea una práctica cien por ciento natural, sino que también es cultural en tanto se le da diversos niveles de importancia y se ejerce de diferentes maneras y en distintas condiciones en cada sociedad.

El hecho de que esta campaña pro lactancia materna esté enfocada en las mujeres que tienen “miedo de perder su figura” banaliza el problema real que se extiende detrás de que muchas madres, hoy en día, decidan no amamantar o no puedan llevar a cabo esta práctica. A pesar de que la Ley Federal del Trabajo señala que las trabajadoras tienen derecho a una hora de lactancia, en muchos empleos no tienen instalaciones para realizar esta tarea. La carencia de espacios para lactar a los infantes (en algunos casos) así como la imposibilidad de tener a los pequeños cerca (en muchos otros) da como resultado que la lactancia materna sea sumamente complicada. En este sentido, muchas mujeres no pueden amamantar a sus hijos no por falta de ganas, sino porque su situación laboral no lo permite. Sin embargo en la campaña del GDF ellas no están representadas, tampoco lo están quienes han decidido no amamantar por motivos que rebasan lo estético. A pesar de ello, el lema de la campaña: “No le des la espalda, dale pecho” estigmatiza en general, a todas aquellas madres que han decidido no amamantar.

Entramos en un punto álgido porque el Gobierno del Distrito Federal señala que la lactancia materna es un derecho de los niños, por lo que las mujeres tienen la “obligación” y no la decisión de alimentar a sus hijos con sus propios pechos. La figura de la madre ha estado relacionada con un supuesto “instinto maternal”, que poco tiene de instintivo en tanto que se transforma histórica y culturalmente. Badinter (1981) señala que a partir de finales del siglo XIX y principios del XX a la mujer se le identificaba con el papel de madre, de hecho Freud y Rosseau definían la naturaleza femenina incluyendo en ella lo que consideraban como rasgos de una buena madre. Durante el siglo XX e incluso a la fecha, la imagen de la madre ideal es aquella dedicada a sus hijos, encontrando el premio a sus sacrificios en el resultado adulto que de ellos surge. Así, el niño se convierte en el juez de la labor de la madre. Si partimos de estas premisas, resulta previsible el hecho de que en la ley aprobada en la Ciudad de México la lactancia materna sea un derecho humano del niño y de la madre, que recrimina a aquellas mujeres que no pueden o no quieren amamantar.

Nadie pone en duda los beneficios de la leche materna en la salud y el desarrollo de los infantes. Sin embargo, las campañas que quieren difundir la lactancia materna en un país en el que esta práctica está en declive, deberían centrarse mucho más en informar que en estigmatizar o culpar. No le des la espalda a tu hijo, como lema central, sólo recrimina a las mujeres sin darles opciones informadas para que cambien de opinión o sostengan su posición ya sea a favor o en contra. Palacio (2003) y Lagarde (2005) señalan que el poder de las madre-esposas emana de la valoración social y cultural de la función de su maternidad. Los anuncios de los que hemos venido haciendo referencia, promueven una maternidad “responsable” desde dos ejes normativos: el cuidado de los hijos y el cuidado del cuerpo. La imagen de las famosas mujeres que participan en esta campaña responde en buena medida al modelo hegemónico de belleza occidental en tanto se buscaba que las madres notarán que no perderían su figura al amamantar, promueve de esta manera, un cuerpo “ideal” o “esperado” del que las mujeres deben responsabilizarse. Así mismo, el hecho de que estas “estrellas” del medio del espectáculo sean mamás, incita con el “ejemplo” a dar pecho a los hijos. Estamos hablando en palabras de Palacio (2003) de una estrategia publicitaria basada en mecanismos educativos, propagandísticos y divulgadores dirigidos a demostrar a las mujeres una “buena maternidad”. Lagarde (2005) en este sentido afirma que la sexualidad y el cuerpo de las mujeres son un campo político definido, disciplinado para la producción y la reproducción construido como disposiciones sentidas, necesidades femeninas, irrenunciables. Así, se normaliza el cuerpo y las prácticas corporales de las mujeres, incluido el amamantamiento, desde una ley que se basa en la idea de la maternidad como un don femenino casi natural.

Al parecer, uno de los mayores problemas con la publicidad a favor de la lactancia responde al hecho de que se culpa a las mujeres de no llevar a cabo su adecuada labor como madres, pero no se toma en cuenta a la sociedad que produce este fenómeno, una sociedad “moderna” que ha restado importancia a la lactancia materna en la que los biberones y la leche de fórmula son una realidad frecuente y constante, aún en los hospitales desde el nacimiento de los infantes. Además, en México, al menos en las zonas urbanas, estamos hablando de una práctica que es esperada pero que se considera del ámbito privado y no público, amamantar a un bebé en restaurantes, plazas e incluso en el transporte público por lo tanto, incluye una serie de rituales que incluyen una cobija que tapa al bebé y al pecho de la madre para no “incomodar” la mirada de los presentes. Algunos apelativos como “Marías urbanas” -haciendo referencia a las indígenas que amamantan a sus hijos en la calle- o “talibanas de la leche” –por extremistas- son algunos de los nombres que se les dan a quienes ejercen su derecho a amamantar en público. Es suficiente con entrar a un blog, Twitter o Facebook, para leer –en línea- las opiniones que las mujeres tienen al respecto: algunas opinan que los pechos son eróticos y no deberían cumplir otra función, sin embargo, la mayoría, asume que la lactancia materna es muy importante pero que es un acto privado entre la madre y el bebé por lo que en la calle se le debe alimentar con biberón, otras, señalan que no hay problema con que las mujeres amamanten a sus hijos en público siempre y cuando tapen sus pechos y una minoría, está a favor de alimentar a los niños a libre demanda en cualquier lugar sin necesidad de taparse o esconderse.

En la actualidad, en algunas ciudades, amamantar públicamente a un bebé es un acto que se considera desde deshonesto hasta asqueroso. Las distintas posiciones frente a la lactancia materna nos llevan a pensar que en México el problema radica en que este fenómeno como tal, carga con fuertes estigmas sociales que no son sencillos de revertir en los medios urbanos donde el uso del biberón como sinónimo de la modernidad, deja a las madres que lactan en público en el ámbito del exhibicionismo. La publicidad de la campaña pro lactancia en el Distrito Federal no podría dejar más  claro que mostrar a una mujer amamantando es un tabú, por ello, muestra torsos desnudos de mujeres que no están alimentando bebés. Es razonable  preguntarnos ¿por qué resulta tan extraño mostrar a una mujer amamantando en un espectacular, pero tan normal mostrar parte de los pechos para anunciar ropa interior? Al parecer el cuerpo fragmentado de las mujeres, sexualiza los pechos como una parte erótica a tal grado que ya es casi imposible verlos de otra manera.

Además de “los mirones” y “los ofendidos” frente al acto de alimentar a un bebé, llega a las madres la información pediátrica que muchas veces promueve el uso de fórmula en alternancia con la lactancia materna para que los niños no tengan problemas de nutrición. Muchas madres, siguen los consejos médicos y por ende, alimentan a sus hijos indistintamente con ambas sustancias sin que eso signifique que no desean dar pecho a sus bebés. Estamos hablando en este sentido, de una sociedad que promueve la lactancia pero sólo bajo ciertos parámetros en los que las mujeres deben encontrar el punto en el que se sienten más cómodas con respecto a la alimentación de sus pequeños.

Amamantar a un bebé en el baño de un restaurante para que los comensales no se “incomoden”, es para muchas mujeres una realidad cotidiana, mientras que otras cargan biberones en los espacios públicos y una ínfima minoría se destapa el pecho a pesar de las críticas o las miradas “incomodas”. Sin embargo, los gobiernos no están legislando sobre estos fenómenos, no están “normalizando” la lactancia materna como algo supuestamente “natural”, sino que la sexualizan a través de sus campañas visuales y con ello, refuerzan los tabús que existen sobre ella pues actúan sobre el cuerpo de las mujeres biopoliticamente –en términos de Foucault- en tanto poder que se ejerce a través de disciplinas, discursos y prácticas concretas.

Así como algunas mujeres optan por alimentar a sus hijos ellas mismas, otras, deciden que no quieren o no pueden por múltiples razones. Este sector, está siendo cuestionado por las campañas pro lactancia que asumen que todas las madres deberían amamantar a sus hijos, aún cuando no se existe una cultura que incentive la lactancia materna. En este sentido, hacer propaganda enfocada en las mujeres que no quieren “perder su figura” es un error garrafal: cualquiera que haya sostenido a un bebé entre sus brazos para alimentarlo con sus pechos sabe, que independientemente del lazo que se genera entre la madre y el bebé, así como de los beneficios que ofrece la leche materna, ésta no es sencilla: A veces la leche no baja a tiempo, otras es dolorosa, en algunas ocasiones los niños no quieren pegarse al pecho de la madre, otros tardan horas prendidos y el uso del saca leche en es el mejor de los casos un acto estoico. En este sentido, muchas mujeres no amamantan por desinformación, miedo, falta de tiempo, carencia de espacios para alimentar a sus hijos o sacarse la leche en la oficina, dolor, problemas con las mamas, depresión posparto o consejo médico y no sólo por “egoísmo” como plantean las frívolas campañas que se han hecho al respecto.

 Destapamos, ante esta problemática una cuestión: ¿Cómo podemos hablar de la lactancia materna como un derecho de los niños cuando no se respeta a las madres que no quieren o no pueden amamantar ni tampoco a aquellas que deciden llevar la lactancia al ámbito público? La lactancia, en principio, no debe ser únicamente un derecho de los niños, sino un derecho de las mujeres, a quienes se les debe otorgar la información necesaria para que decidan si quieren o no amamantar a sus hijos. No hablemos de dar pecho o dar la espalda, hablemos de dar información y de dejar de estigmatizar un acto que a pesar de responder a una necesidad natural, es indudablemente cultural. Esperemos que la promoción de la lactancia en el país en general, se reconstruya en un ambiente de respeto hacia las mujeres que pueden y deben tomar sus propias decisiones frente a la lactancia materna.

 

Bibliografía

Badinter, Edith (1981) ¿Existe el amor maternal?, Paidós, Barcelona.

Lagarde, Marcela (2005) Los cauteverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas, CEIICH-UNAM.

Palacio Lis, Irene (2003) Mujeres ignorantes: madres culpables. Adoctrinamiento y divulgación meterno-infantil en la primera mitad del siglo XX, Universitat de Valencia.

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