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23, Julio de 2013

Editorial: Una institución y una región en asedio

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El pasado día 8 de julio,  en un medida inexplicable, no sólo por no haber mediado explicación oficial alguna, sino porque no se puede comprender como sensata desde el interés del Instituto Nacional de Antropología e Historia, fue destituido el director del mismo, el etnólogo Sergio Raúl Arroyo, con quien habíamos entablado un diálogo fructífero y conformado una comisión de investigadores para dar seguimiento al caso de la megaminería tóxica en Xochicalco. En la breve gestión reciente de Arroyo, él y su secretario técnico, Bolfy Cottom, recolocaron al INAH en su condición de dignidad al emitir un pertinente comunicado a la Semarnat alertando sobre los posibles efectos nocivos de la explotación minera a tajo abierto cerca de Xochicalco. Por supuesto que hay un “por qué” o varios de la destitución de Arroyo, que podemos intuir, pero no hallamos una razón, si entendemos por tal la fundamentación que emanaría de una lógica coherente con el cometido de la institución, centrado en la investigación, la conservación y la difusión del patrimonio cultural de México.

 

Esto sucede cuando ya empezábamos a ver la luz al fondo del túnel, tras apenas siete meses de gestión, de un relance organizativo difícil en el INAH, luego de la caótica e impresentable desgestión sexenal de su antecesor, un embajador de quién sabe qué, y cuyo nombre, seguramente, no quedará registrado en letras doradas de ningun recinto legislativo. Y es que ya se nos olvidó. Afortunadamente. Los obstáculos que quedaron sembrados hasta diciembre del año pasado para recolocar al INAH en el papel que le corresponde incluyeron el surgimiento de una buena legión de  funcionarios amarrados y agarrados con gran determinación a las patas de sus escritorios, gracias a la fórmula denominada “servicio civil de carrera” que alguien pronto tiene que analizar desde una perspectiva etnopsiquiátrica.

Aparece de nuevo una disyuntiva ya clásica, enunciable sintéticamente: o predomina en el INAH una dinámica mercantil que degrada las relaciones y cosifica a las personas, o predomina la dignidad de la vida y del entramado identitario y cultural de los pueblos. No se trata de una disyuntiva retórica o etérea: se traduce en decisiones a cada momento, en concreciones inmediatas y cotidianas en el quehacer de las instituciones y de los seres humanos.

El colectivo de En el Volcán suscribe plenamente –y reproduce en este número para su consulta y difusión- la declaración del Sindicato de Trabajadores Académicos del INAH, en la cual se rechaza con fundamento el nombramiento de Teresa Franco para sustituír a Sergio Raúl Arroyo, exigiendo la conformación de una terna para la designación del director de una institución fundamental para el presente y el futuro del país.

La amenaza minera en Morelos no ha terminado

Y no. A pesar de la atinada resolución de la Semarnat emitida el 5 de junio pasado, contraria a los intereses de la empresa de capital canadiense denominada “Esperanza Silver” respecto a su plan de explotación en el municipio de Temixco, la amenaza de la mega-minería tóxica en Morelos no ha terminado. La empresa no logró imponer por el momento su proyecto depredatorio integral, al carecer de elementos objetivos que descartaran las afectaciones severas previsibles de su iniciativa. Muchos ciudadanos morelenses ya dan por anulada esa amenaza, incluidos algunos ingenuos funcionarios gubernamentales, y nosotros también quisiéramos que así fuera. Sin embargo, la Secretaría de Economía a nivel federal, como parte de un marco normativo entreguista ampliamente cuestionado que se aplica en todo el país, otorgó a dicha empresa siete concesiones, de las cuales apenas la primera es la involucrada en la manifestación de impacto ambiental que fue rechazada por la Semarnat. Ni siquiera la amenaza de esa primera etapa ha sido superada definitivamente; las siguientes etapas, basadas en la explotación del conjunto de concesiones que ocupan más de 15,000 hectáreas están a la puerta, en espera de ver, como es el caso de todas las concesiones otorgadas ya a la megaminería tóxica en nuestro país, cuál es el nivel de integridad y de madurez de nuestra ciudadanía, lector incluido.

En tanto, la empresa minera sigue llevando a cabo acciones no sólo de exploración, sino, apenas encubierta, de desinformación, manipulación y provocación mediante el accionar de sus personeros a sueldo. Cuando esos personeros son geólogos o licenciados, entonces nos tenemos que volver a preguntar, aproximadamente, a quién y para qué sirven las universidades en México. Es imprescindible que las instituciones y autoridades pongan un alto a este tipo de maniobras de las empresas mineras. Como muestra de ellas se encuentra una peculiar frase, que apareció primero pintada en muros de Tetlama y luego escrita en carteles que fueron expuestos en una también peculiar manifestación en el centro de la ciudad de Cuernavaca: “El cianuro no mata”.

Así como hace unos meses se llevó a cabo justamente en Morelos una feria artística sobre Canadá patrocinada por diversas instituciones y empresas, incluyendo algunas dependencia del gobierno del estado y varias empresas mineras canadienses de pésima reputación internacional, como la Goldcorp (consúltense los dos artículos recientes de Miguel Angel Mijangos y el equipo con el cual colabora, aparecidos en esta revista), y donde diversos artistas promovieron la imagen del Canadá como país de ensueño, es tal vez pertinente ahora organizar, en gesto de reciprocidad vecinal, una feria del cianuro en el centro de Toronto o de Vancouver, donde se ofrezcan cocteles con cianuro, jarabitos de cianuro, galletitas de cianuro endulzadas con miel de maple, confites de lixiviados para niños golosos, a fin de beneficiar con esas bendiciones cianuradas no sólo a los menores de Tetlama, sino a todos los niños del mundo, incluidos los chamaquitos canadienses.

Como si no fuera suficiente la documentada presencia de plomo en la sangre de niños en zonas de minería tóxica (véase por ejemplo el caso de la otrora bella y apacible comunidad de Molango, en Hidalgo), o para más cercanía, la contaminación por arsénico y otros tóxicos en el agua de Alpuyeca y de toda la región donde estuvo el basurero de Tetlama, contaminación sin duda relacionada con la incidencia actual de numerosos casos de cáncer, ahora tenemos la distinción de ser informados, gracias a la noble gesta de la empresa minera, que el cianuro no mata. No sólo es conveniente que quien dictó esos carteles y pintas aparecidas en Tetlama y Cuernavaca demuestre públicamente los beneficios del cianuro en su propio organismo, sino que quienes pagan la difusión de esas afirmaciones, y en particular quienes giran sus dólares desde fuera del país a esos pagadores, nos hagan el favor, enorme, de ingerir uno de sus cocteles lixiviadores, lo que sería sin duda beneficioso para la salud pública de Morelos.

Por otra parte, resulta incomprensible que la Semarnat en los estudios de impacto ambiental que demanda, no considere la afectación que la contaminación por cianuro y otros metales causa sobre las personas. Consideramos que, sin menospreciar los impactos sobre el medio y las afectaciones a los sitios arqueológicos, la afectación a las poblaciones humanas es aun más importante. El silencio de la Secretaría de Salud a nivel federal y estatal al respecto es inexplicable. Los estudios que esta Secretaría de Salud se realizan cuando ya hay víctimas, y difícilmente entonces hay ya “remediación” alguna de la situación. Es conveniente que basándose en experiencias nacionales e internacionales, se prevengan los graves problemas que se ciernen sobre las poblaciones de las inmediaciones de las minas, así como los problemas colaterales que se presentarán en las poblaciones que han de recibir los materiales contaminantes.

Este número presenta entonces un texto del historiador Felipe Echenique sobre la relevancia identitaria de los monumentos arqueológicos y su protección, incorporando la descripción que hiciera en 1791 sobre Xochicalco don José Antonio Alzate.  Paul Hersch aborda la vertiente social y antropológica de los efectos nocivos de la iniciativa minera de tajo abierto en Morelos que, a pesar de haberle sido adversa la resolución emitida por la Semarnat a inicios del mes de junio, implica una situación cuya naturaleza ominosa sigue presente en diversos flancos. Presentamos a su vez la declaración unánime de los delegados de los trabajadores académicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, cuestionando con fundamento y por su carácter ominoso los recientes cambios en la dirección del mismo. El artículo de Ricardo Melgar reflexiona acerca de la percepción de la inseguridad y la violencia en el Estado de Morelos, manifestado en la proliferación de numerosas empresas de seguridad “privada”, así como en la inacción del gobierno de turno frente a esta problemática.

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