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18, Febrero de 2013

Editorial: Un Consejo Editorial que se declara contra la Esperanza... Silver

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Es frecuente que las revistas surjan de la afinidad profesional de sus integrantes y de su necesidad de expresar una perspectiva que da contenido y definición a sus trabajos. Desde el número de arranque aparecido hace ya más de un año, EN EL VOLCAN se manifiesta precisamente una corriente de pensamiento crítico de los trabajadores de la cultura que desde distintas disciplinas de la academia nos pronunciamos claramente y sin ambigüedades sobre temas de la actualidad global, del país o del territorio donde vivimos.

 

Durante este mes el Consejo Editorial en pleno, junto con otros colegas y pobladores del estado, nos declaramos en alerta roja ante el fin de la etapa exploratoria y el consecuente inicio de la fase de explotación de una mina a tajo abierto en las cercanías del sitio arqueológico de Xochicalco. Este proyecto en el cerro del Jumil, echado andar por una compañía minera canadiense con el paradójico nombre de “La Esperanza Silver”, pretende extraer oro y plata de un conjunto de concesiones contiguas que cubren una extensa superficie de 15,025 hectáreas al sur de Cuernavaca.

La mayor parte de la ciudadanía en el Estado de Morelos desconoce los alcances negativos de esta iniciativa minera sobre la calidad de vida de los pobladores. Las lógicas de la contaminación ambiental no se circunscribirán al área de concesión del subsuelo: la afectación del complejo arqueológico que tiene como centro a Xochicalco, situado a menos de cuarenta kilómetros de la ciudad de Cuernavaca, entre los actuales municipios de Temixco y Miacatlán, se centrará en su primera fase de operación sobre el Cerro del Jumil, afectando lo que éste representa al sistema de asentamiento prehispánico y en particular a sus referentes ceremoniales y astronómicos. Tal depredación del patrimonio cultural es asunto de competencia no solo de los morelenses, sino de los mexicanos y de la ciudadanía mundial interesada en defender ese territorio cultural que fuese declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999. Xochicalco representa para los morelenses un motivo de orgullo, pero también el más importante y valioso eje de atracción de turismo cultural en la región.

Ante esta amenaza depredadora del capital minero, el Consejo, con apoyo de la colega Lilián González Chévez, de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos,  se dio a la tarea de emprender diversas tareas de difusión, incluyendo una sesión de información para los pobladores de Tetlama, uno de los asentamientos humanos afectables, colindante con la pretendida explotación minera, efectuada el pasado y emblemático 14 de febrero en el Museo de Sitio de Xochicalco, así como de actividades de exploración documental y publicación de diversos materiales, uno de los cuales, del colega Paul Hersch, da cuenta en este número de EN EL VOLCAN del abordaje del INAH frente a la iniciativa minera, emblemática de una realidad marcada por los intereses corporativos neoliberales. La información y la reflexión presentadas ahí sirven para introducir y contextualizar a su vez el artículo de la arqueóloga Silvia Garza, investigadora titular a cargo del Proyecto Xochicalco, quien también comunica en este número la relevancia del cerro El Jumil que la empresa canadiense pretende arrasar, como referente esencial de la zona arqueológica de Xochicalco, en una nota con imágenes categóricas que compartimos con nuestros lectores. En esa misma línea de análisis se encuentra el artículo de la arqueóloga Hortensia de Vega Nova, que refrenda el fundado cuestionamiento a la iniciativa minera.

En cuanto a la reunión informativa en el Museo de Xochicalco, cuyo director nos abrió amablemente las puertas, demostró –no obstante las tensiones por la presencia de más de un centenar de pobladores partidarios de la empresa minera- la posibilidad de comunicar diagnósticos sobre realidades candentes, a partir de asumir responsabilidades profesionales y ciudadanas que obligan a la toma de posición respecto a la salvaguarda integral del patrimonio ecológico-cultural de todos los mexicanos. En esta tarea de salvaguarda, los grupos ambientalistas de Cuernavaca han dado una lucha crucial.

El proceso de investigación arqueológica en Xochicalco, a pesar del avance determinante de exploración y consolidación logrado a partir de 1994, incluyendo lo logrado en el entorno del observatorio astronómico prehispánico,  no pudo avanzar más allá por las limitaciones propias de recursos financieros, dejando tareas pendientes sobre la integración de su espacio complementario situado justamente en el cerro del Jumil, tan importante para la vida y cultura de quienes lo construyeron varios siglos antes del arribo de Hernán Cortés y sus huestes militares y religiosas al actual territorio morelense.

En cambio, el proceso de explotación extractiva radical de una corporación transnacional como la minera canadiense, no tiene problemas de financiamiento para operar en un área cuya desprotección se encuentra ahora en franca evidencia. ¿Cómo llegamos a eso? ¿Cuántas facetas tiene esa desprotección?

La corporación minera tampoco tiene problemas de tiempo; por el contrario, siguiendo la lógica de todo capital, busca maximizar sus ganancias en los tiempos más cortos, avasallando voluntades con una retórica de simulación positiva sobre sus bondades en materia de empleo y de respeto al entorno habitado y sus recursos de vida. El principal escudo ideológico de la minera es su oferta de empleo, punto que merece discutirse  porque su régimen de contrata deja muchas dudas sobre la dignidad del mismo y su modernidad. No parecer ser moderno ese empleo ofrecido, acorde con las prácticas inherentes al asalariado libre frente al capital bajo contrato capitalista.

No lo parece porque existen indicios visibles de que los  trabajadores al servicio de la minera están sujetos a un régimen de coerción extra-económica, es decir, se trata de un empleo condicionado tácitamente a la defensa de la actividad minera, conformando una masa de maniobra, fuera de las actividades laborales propiamente dichas.  Como ha sucedido en la historia mexicana de la contratación semicapitalista y envilecida de la mano de obra por grandes empresas privadas mineras o industriales, pero también por paraestatales como PEMEX, el trabajo se vuelve indigno al envilecerse. Esta subcultura del clientelismo patronal y de mercenarización de la fuerza de trabajo persiste en México y se reproduce, apoyándose en un bastión determinante para las empresas: las necesidades de una población en condición de pobreza y sin horizonte laboral, acosada por las políticas neoliberales reinantes, el narcotráfico y la informalización de la economía.

Los trabajadores rurales, ahora convertidos en masa de maniobra más allá de las tareas para las que fueron contratados, son movilizados para probar su lealtad empresarial reproduciendo la retórica y voluntad de sus empleadores a través de sus capataces, o líderes sindicales charros o de “confianza”.  “¡No nos importa el cianuro!”, escuchamos gritar el pasado día de San Valentín. Ese es el grito del hambre instrumentada. Es el grito del sustrato de abandono que complementa el sustrato aurífero que motiva la voracidad foránea. Y es un abandono que nos espejea.

Nos preocupan, a propósito de la ya referida reunión informativa, los indicios sobre una masa de maniobra contratada al servicio de la minera, asumiendo la retórica empresarial y tratando de silenciar o boicotear -sin éxito ese día- reuniones informativas como las que venimos auspiciando, por lo que prevenimos a las corrientes patrimonialistas, académicas y otras interesadas en la defensa de nuestro patrimonio biocultural y del trabajo digno, sobre el peligro que representa la aparición de una masa de maniobra que llega a eventos en transporte financiado, pretende copar la lista de oradores y dar su voto por un miserable jornal, una despensa, un favor. La mercenarización de la mano de obra es el preámbulo para el cultivo de grupos antidemocráticos y porriles al servicio del capital, núcleos de interés político o del crimen organizado.

La lógica predatoria del capital minero transnacional, afinada hoy por la modalidad de explotación a tajo abierto, merece ser repudiada por sus costos culturales, sociales y ambientales. Los argumentos científicos son inobjetables pese a la venalidad o negligencia  de autoridades de entidades estatales que han facilitado la operación de las mineras en todo el país y en América Latina. A los anteriores factores se suman los de carácter político, toda vez que la ciudadanía morelense debe ser consultada sobre decisiones que afectarán un espacio estratégico de su identidad cultural y de sus recursos naturales.

Otro trabajo que presentamos en este número es el de Gilberto López y Rivas en torno al concepto de paramilitarismo aplicado al caso mexicano, una historia oculta de la represión de Estado por las vías ilegales-clandestinas. Reproducimos a su vez el Manifiesto de las comunidades y rondas campesinas de Cañaris, Incawasi y Salas como pueblos originarios en defensa del agua y la vida. El número contiene también la segunda parte del detallado artículo de la arqueóloga Hortensia de Vega sobre Oxtankah, ciudad Prehispánica en las Tierras Bajas del Área Maya, así como una interesante y original etnografía del guajolote, de Alfredo Paulo Maya, Edith Yesenia Peña y José Zaragoza Álvarez.

Hay pues buen humo, blanco y asulfurado, en la azotea: Habemus En el Volcán 18.

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