6, Febrero de 2012

Qué ven los viajeros en Cuernavaca

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Las interesantes narraciones que los viajeros nos dejaron fueron acerca de la feraz naturaleza que se dejaba ver desde que comenzaban a descender por la Sierra de Huitzilac, el cambiante paisaje en corto espacio y las barrancas que surcan la ciudad; la fuerte identidad de los vecinos así como tranquila vista vida pueblerina llamaba su atención, contrastada con la intensidad industrial de las haciendas.

 

La arquitectura tan propia de un pueblo que vive del campo y completa su dieta con las frutas propias del lugar llaman la atención del visitante. Tres edificios, entre otros, contrastan el paisaje pueblerino: el Palacio del Conquistador, el Monasterio de los franciscanos y el Chapitel del Calvario localizados sobre las dos vías principales de acceso que también sirven de guía a la traza urbana.

 

El Palacio del Conquistador

Con el bagaje medieval a cuestas, los europeos del temprano siglo XVI, no tienen la experiencia del renacimiento, para ellos es todavía la edad media de los cruzados, de las reliquias de los mártires, de los castillos con sus Señores como el Conquistador, pero con los conocimientos humanistas de los nuevos tiempos que se avecinan. Tal vez no podamos hablar de un renacimiento solo para evadir al que denominaron tiempo obscuro: el medieval de los castillos. En el ocaso decadente de un sistema glorioso que vio nacer los objetos del bienestar inversamente proporcional a la pobreza, encontramos que comienza a surgir la apagada luz de los tiempos medievales representados por los numerosos documentos medievales codificados y reproducidos por las nuevas tecnologías, despertados con los dulcen encantamientos de los medievalistas seguidores de Pirenne y Braudel. El Palacio de Cortés es el documento que marca la continuidad de las culturas mostrando una síntesis de un espacio que se amplia arrastrando la historia hacia un destino mas abierto.


Iglesia de la Tercera Orden del conjunto monacal de Cuernavaca.
Concurso de fotografía Fototeca Juan Dubernard

 

El Monasterio de los franciscanos

A principios de 1525, llegaron los padres franciscanos a Cuernavaca proviniendo de la  Provincia de San Gabriel en España. Informados de las antiguas provincias regionales: Huaxtepeque, Cuauhnahuac y Acapistla, se aprestan a misionar por todas las regiones “hasta la tierra caliente”, la región de Taxco al sur, Malinalco al poniente y los pueblos de Acapistla al oriente. Inician la construcción de la Capilla de indios y de su casa, continúan con un proyecto monacal que pronto es substituido por el definitivo que conocemos. Se dedican a levantar iglesias visita en los antiguos barrios sujetos de Cuernavaca que atienden periódicamente. Cuando llegan los frailes dominicanos y agustinos, se dividen las provincias y los franciscanos se dedican a esta region de Cuernavaca. Entre tanto el conjunto monacal crece hasta que los conflictos entre encomenderos y administradores, entre regulares y seculares que se ve determinado por el Concilio de Trento, los obliga a entregar el monasterio al arzobispado de México. Los frailes se dispersan algunos regresan a España y otros se someten a la iglesia de Roma


Capilla de indios del monasterio franciscano de Cuernavaca

 

El Capitel del Calvario

Se dice que fue la tumba de uno de los hijos de Cortés; se conoce como la ermita donde los viajeros se arrodillaban para dar gracias por el viaje o se despedía invocando “el buen viaje”. Se trata de una construcción con base cuadrada, vistas  rectangulares y una techumbre de bóveda; la ermita esta ahora dedicada a la Virgen de Guadalupe dependiente de la Iglesia de san José. Tiene una vistosa y colorida fiesta que decae al ritmo de la modernidad.


Capitel de Calvario. Archivo Hugo Brehme, 1935

 

Intenciones:

Los viajeros, que al mismo tiempo son emisarios oficiales de sus gobiernos, viene observan al novel país, sus recursos naturales, sus habitantes, su desarrollos y otros que permitan a sus respectivos países hacer negocios mediante una red comercial o  espacios donde crear inversiones utilizando materias primas y mano de obra barata; no dudamos de algunos intenciones turísticas de algunos viajeros.

Así Cuernavaca vino a convertirse en asentamiento de paso de viajeros, descanso de los sucesivos grupos pudientes y de placer para la burguesía emergente hasta convertir en “eslogan” la “Ciudad de la eterna primavera”.


Concurso de fotografía Cuernavaca. Fototeca Juan Dubernard

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