6, Febrero de 2012

Zacacuautla, ¿un Fuente Ovejuna mexicana?

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En el pasado diciembre, 2011, nuevos agravios, ofensas y luchas se desencadenaron en el poblado de Zacacuautla, municipio de Acaxochitlán, estado de Hidalgo. En la ya enrarecida etapa electoral con asesinatos, secuestros y atentados contra activistas y luchadores sociales se suman los despojos y la tierra arrasada a poblaciones que defienden sus bosques, manantiales y la vida toda, como el caso de Zacacuautla. De nueva cuenta, los talamontes reaparecieron con sus motosierras, camiones y hasta la “hazaña” de introducir un trailer que  transportaría la riqueza forestal del poblado.

 

A principios de ese mes,  vecinos de la zona descubrieron marcas nefastas en gigantescas acacias que darían fe de su  inminente derribo, cual sentenciados a muerte antes de colgarlos, electrocutarlos o decapitarlos. La imagen es real pues cada árbol derribado disminuye el flujo del manantial que provee de agua a Zacacuautla. De inmediato, Filiberta Nevado, ex delegada de Zacacuautla,  movilizó a  niñas y niños que “cercaron” con listones a los gigantes amenazados de muerte, acto simbólico y educativo para la niñez del poblado pero que  no logró conmover a taladores y menos al cacique Pedro Canales y procedieron al sacrificio de las acacias.

Ante este nuevo atentado, se reunieron unas sesenta personas, una mayoría de mujeres, que impidieron una mayor destrucción pues ya eran doce los árboles derribados. Se habló con los taladores, se les conminó a que frenaran sus impulsos destructores, explicando el daño ¿irreversible? que ocasionan a un medio muy frágil, un entorno muy vulnerable como es el bosque y sus diversas especies que ahí conviven. Fue esta y, en otro momento, otra exhortación para que no dañaran el preciado bosque. Todo fue en vano y los talamontes siguieron en su cometido: marcar, derribar, transportar y burlarse de enojos, impotencia, listones simbólicos y de una población humillada en sus anhelos. Sin embargo, y sin que hubiese acuerdo, un plan, un propósito definido, alguno de los pobladores confrontó y arrebató la motosierra al talador y acto seguido, con la propia gasolina del aparato, la incendió. Otros pobladores hicieron lo mismo y ya las llamas abrazaban al arma mortal. Un tercer talamontes logró huir y salvarse de la ira colectiva.

¿Cómo no recordar la célebre obra Fuente Ovejuna de Lope de Vega? El  drama de quienes se toman justicia por su propia mano al  agotar las vías legales, leyes y ordenamientos que nada hicieron para enjuiciar al tiránico comendador. ¿Cómo un hecho nimio, una chispa detona la ira popular que no cesa hasta el castigo del alcalde.  Así, los pobladores de Zacacuautla transitaron por oficinas de Semarnap, denunciaron la destrucción del bosque, hablaron  con funcionarios sobre la tala irracional, mostraron fotos, cifras, testimonios a diputados y senadores:   nadie se conmovió del exterminio de añejos árboles, nadie profetizó el encabronamiento de una población harta de humillaciones y angustias. Una población que ha soportado temperaturas bajo cero resguardando sus queridos árboles con su sangre, sudor y lágrimas  ante la criminal tala.

El sábado 21 de enero de 2012 la población escuchó ruidos y percibió movimientos inusuales en el bosque; un grupo se acercó y contempló, con enorme sorpresa,  un tráiler que era cargado con enormes troncos recién talados y, a su lado, varios policías municipales recargados en su patrulla observando las maniobras de los depredadores. Por fortuna, el grueso de la población, al tañido de una campana de alerta, acudió al sitio de la nueva afrenta. Ya el tráil  er iniciaba el desplazamiento con su preciosa carga y, en la parte trasera, cual escolta, la patrulla policiaca. Este escenario prendió la mecha y un nuevo Fuente Ovejuna, todos a una, se escenificó en el bosque: un grupo corrió hacia el pesado tráiler, lo detuvo, bajó al chofer y lo empezó a golpear; otros más cercaron a los policías, a un patrullero lo bajaron y empezaron los insultos: güevones, alcahuetes, encubridores, guardianes de los caciques. Para entonces, la policía, los talamontes, el chofer del tráiler estaban aterrados ante nuevos contingentes de la población que arribaban a la zona y una furia popular que seguía elevando sus demandas: ajusticiar a los talamontes, al chofer, a los policías, quemar el tráiler.

En ese largo día de justicia popular, privó cordura y serenidad de la población y ordenó descargar el tráiler. Entre las 8 y 9 de la noche llegaron patrullas estatales y se habló del inminente arribo de la policía federal. La población impuso una serie de acuerdos con la policía del estado: enumerar los troncos, que resultaron 113; resguardar la preciosa carga, con vigilancia policiaca constante; se exigió la presencia del presidente municipal para el próximo lunes. Efectivamente, el presidente acudió a la cita, se mostró bastante condescendiente y escuchó los múltiples problemas de la población. En la nota periodística que reseñó el conflicto, diario Ruta de Tulancingo del 23 de enero, entre otras cuestiones se dijo: “aseguraron 113 trozos de madera, no hay detenidos” “Es un conflicto entre particulares”. “Se debe mantener el orden y la armonía social en el municipio”, señaló el alcalde Erick A. Sosa Castelán.

Después de estos acontecimientos existe una tensa calma. La comunidad de Zacacuautla convocó a una rueda de prensa para este jueves 9 de febrero a las 12 hs., en  el Club de periodistas de la Ciudad de México. Denunciarán la actual escalada del cacique Pedro Canales y grupo de secuaces. Están conscientes del grave riesgo que corren compañeras y compañeros en la presente cacería de activistas que se oponen a los designios del poder. Los secuestros, asesinatos y agresiones están al orden del día, el último ejemplo es el de Norma Andrade; sobre todo hacia quienes se han atrevido a frenar la destrucción de sus riquezas naturales: bosque y manantial. Los defensores de la vida en Zacacuautla perciben que en el actual clima de violencia, soterrado y abierto, se cierran los espacios para luchadores sociales que están al margen de la clase política y de partidos; la criminalización de los activistas, de quienes no participan o no confían en elecciones, es un hecho que todos conocemos. Hoy es  urgente la solidaridad de nuestro pueblo y la difusión de estos hechos.

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