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29, Enero-Febrero de 2014

Editorial: Hartazgos florales

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A partir de éste número, En el Volcán aparecerá bimestralmente. Seguramente recibiremos algún agradecimiento por ello, o quizás un voto de extrañeza. Todo puede esperarse de nuestra exigente y cumplida comunidad de lectores.

 

Entre los diversos derroteros que ha tomado la respuesta social ante la inseguridad reinante en el país, destaca en este inicio de año el de las denominadas «autodefensas» en el territorio michoacano. El hartazgo respecto a la degradación actual en diversos frentes de la vida cotidiana y en particular ante la violencia, la muerte, la transa y la impunidad sistemática lleva a consecuencias previsibles.  Lleva, como tantos otros estímulos necesarios, a tomar la vida en las propias manos. Supuestamente el Estado detenta el monopolio de la violencia para ser aplicado en aras del bien común.  Pero alguien levantó al bien común y no se ha vuelto a saber nada de él. En todo caso, el monopolio que el Estado detenta con mayor firmeza es el del cinismo y de la impunidad: nadie puede competir con la magnitud de esas prerrogativas que detenta impasible.

Hay oficialmente armados cientos de miles de mexicanos bajo ese principio del monopolio legal de la violencia, destinando a ello una parte considerable, desmesurada, del erario nacional. Los fondos públicos asignados a las fuerzas armadas y a las distintas corporaciones policiacas se han incrementado de manera inaudita en los últimos años, en una tendencia inversa respecto al gasto destinado a rubros irrelevantes, a banalidades como la salud y la educación.  Un soldado raso gana cerca de 12,000 pesos al mes, aparte de las prestaciones que recibe. No hay cuestionamiento respecto a la paga decorosa de un trabajador, por supuesto, sino a la indecorosa paga de cientos de miles de trabajadores  sin uniforme.

Para colmo, a las otras “fuerzas armadas”, es decir, a las “narcofuerzas armadas”, también las mantenemos: los impuestos acosan al ciudadano, exigidos por el Sistema Fiscal oficial y por el Narcosistema Fiscal tolerado. Aunado a ello, el trasiego y mercado subterráneo de armas tiene dos fuentes: la cadena que enlaza a fabricantes y mercaderes estadounidenses con sus  intermediarios mexicanos, y la venta subrepticia e ilegal de armas procedentes de los arsenales mismos de las fuerzas armadas y policiales de nuestro país.  Por ejemplo, la «cuerno de chivo», nombre familiar con el que se conoce al fusil ametralladora AK 47, en buena medida es comercializado por la empresa Century Arms. Su precio es casi el mismo en ambos lados de la frontera: de 350 a 450 dólares por unidad o de 8 a 10 mil pesos. Desde hace algunos años, la venta de armas es considerada el segundo delito federal en rango de importancia, de manera paralela a la devaluación de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos,  vapuleada hasta por los “custodios del orden”.

No hablemos de otros costosos insumos y equipos militares y policiacos, ni de la manutención de tanta gente, en creciente sangría respecto a una economía que desfallece de sinsentido, acosada además por otros cárteles, denominados ocurrentemente “partidos políticos”, o por los cárteles megacomerciales nacionales y extranjeros, evasores del fisco y prestos a ampararse si no les reintegran puntualmente los millones de pesos que les son devueltos de impuestos, o  ante el menor gesto de recaudación que sugiriese tímidamente alguna brizna deleznable de equilibrio entre la meganancia privada y la socializada megapérdida.

¿Es amarillista lo anterior o es el país el que está ictérico?

Al parecer no se trata de un asunto cromático. El equipo editorial de En el Volcán ha decidido convocar a sus lectores para ver si nos hacemos de un Tistú o de varios o de muchos, que nos ayuden a resolver la situación.

Aclaremos lo del tal Tistú que es convocado e invocado por nuestro equipo editorial. Se dice -y regularmente se  constata- que las personas crecidas tienen por costumbre darle sentido al mundo a través de ideas ya hechas y a menudo bastante gastadas. Tistú no acepta explicaciones de ese tipo. A sus ojos, los seres vivos y las cosas surgen siempre bajo una luz siempre nueva y diferente. Y esa, al final, es una de las virtudes de la infancia. No es de extrañar, por ello, que los comentarios y opiniones de Tistú exasperen el raciocinio de los adultos, frecuentemente falseado por las lentes deformadoras de la costumbre. El caso es que Tistú era el niño del dedo verde, de acuerdo con Mauricio Druon, escritor francés que peleó en la resistencia antinazi y que un día se topó con ese personaje en los recovecos de su imaginación.


Mauricio Druon
https://www.sitiodolivro.pt/pt/livro/o-menino-do-polegar-verde/9789726390046/

Lo peculiar de Tistú es que, aplicando su pulgar por aquí y por allá, tenía la capacidad de dejar sembradas plantas y flores ahí donde lo colocaba. Superaba en virtudes y alcance al legendario Rey Midas. Gracias a Tistú, las flores aparecían con profusión horas después, incontrolables e impertinentes, sostenidas por enredaderas robustas, poderosas y metiches.   Así, Tistú pasó su dedo por las trincheras, las fábricas de armas, los cuarteles. Cañones, bombas, pistolones, Aks 47, cuernos de chivo, de vaca, de marrano, de legislador, de juez, de funcionario, de repartidores de tarjetas, de trepadores: todo debe de quedar irreversiblemente estropeado, floreado y oxidado en virtud de un programa de ordenamiento ecológico territorial que urge.

Ofrecemos empleo intensivo al Tistú potencial existente en cada uno de los lectores. Los dedos verdes, de acuerdo con la normativa sanitaria, deben de ser protegidos con pinzas, para entonces ser también introducidos y aplicados con energía, en los hocicos de todo tipo de bestias y bestezuelas declarantes, a fin de interrumpir todo discurso manipulador, toda declaración absurda, toda abyección lingüística, toda oferta y toda promesa. Otros Tistú pueden hacer uso de su ánimo verde, de su palabra verde, de su mirada verde, sembrando bejucos y flores de insubordinación creativa y profusión aromática que anulen y trasciendan en la escala individual y colectiva una podredumbre que no merecemos. Y que ya nos tiene, como dice el compañero Sicilia y otros cientos de miles, hasta la madre, incluida la madre de Tistú.

Este número de En el Volcán se engalana con varios textos: el de Antonio Sarmiento se encuentra dedicado a los efectos nocivos del uso del gas natural, que supuestamente no genera problemas ambientales, a propósito de la iniciativa de generación de energía en Huexca, Morelos.  Planta  en vías de imposición y eficaz generadora, por lo pronto, de problemas. Andrés Cuyul, desde el Sur del continente, nos acerca al embate reiterativo del gobierno chileno contra las y los machis, los curadores Mapuches, en virtud de un elemento de particular relevancia en su ejercicio, que es precisamente el de su estrecha vinculación con el territorio. Este nexo orgánico de los terapeutas Mapuches con el territorio, tan político, estropea la decafeinada dulzura de una cierta interculturalidad decretada y hoy de moda. Por su parte, Ricardo Melgar, ni dulce ni decafeinado, alude a diversas propuestas generadas históricamente en cuanto al nombre del continente que corresponde a América Latina, y en particular el de Indoamérica, develando su origen e implicaciones al remitir a proyectos de identidad continental. Perla Jaimes recupera la figura activa de Horacio Cerutti, residente en Cuernavaca, por el filo de su pensamiento crítico latinoamericano. Fernando Sánchez y Paul Hersch, a su vez, eligiendo el caso de una producción peculiar tanto por la configuración de su origen como por sus adecuaciones actuales, se ocupa de la artesanía nahua pintada en Guerrero en papel que era antes de corteza de amate y ahora es obtenido de la corteza del árbol denominado Trema micrantha, derivando luego en un ejemplo muy ilustrativo de cómo ese medio comunica la realidad actual de la migración y sus efectos. Cerramos el número con un homenaje a los poetas Juan Gelman y José Emilio Pacheco, reproduciendo algunos de sus poemas, que en nuestro concepto se acercan al espíritu que guía a nuestra revista y a sus lectores.

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