No. 47, Enero-Febrero

Consideraciones sobre “lo justo”, desde el rarámuri raitza: caminar derecho, caminar juntos…

 

[1][2]

 

Tamuje kó rarámuri jú; Tamujé lina noká iwébana yé kawí.Tamujé ta jú kawí tónara.

“Nosotros somos los rarámuri, nosotros somos los que damos fuerza al mundo. Nosotros somos los pilares del mundo”.

Testimonio rarámuri (2010)

 

El Buen Ser entre los rarámuri[3] tiene sustento en frases como la del epígrafe anterior. Consejos y conceptos que dejaron los anayáwari -los antiguos- para vivirlos día a día y transmitirlos a las siguientes generaciones a través de la eficacia de la palabra compartida, y por medio de aquellos rarámuri que vivieron antes, escuchar lo que su dualidad divina Iyerúame-Onorúame[4] aconseja para permanecer trabajando unidos en colectividad.

Y es con la palabra, el nawésari,[5] donde el consejo expresado en un discurso ético que las personas con prestigio dictan en momentos singulares al pueblo, con la intención de mostrar los preceptos desde los cuales la palabra toca relación con el comportamiento, otorgándole a este sentido a través de los principios que guían la acción del ser rarámuri. Desde pequeños, mientras conocen el mundo en la espalda de su hermana o hermano mayor, tal vez con su abuela, el infante rarámuri comienza a escuchar el consejo, la enseñanza, la plática y desde su privilegiado lugar, su mirada baja a las veredas que le llevaran al aguaje, a ver sembrar, desyerbar o cosechar; sobre la espalda de algún familiar llegará por primera vez a reunión de Domingo, donde escuchará a las ikusiami,[6] los de prestigio, dar un discurso con amplios consejos.

Escuchará al walú siríame[7] decir al final del nawésari: “Vayan juntos, no se detengan, no se cansen, caminen pensando con el corazón y no se perderán. Estén contentos. Nunca estén tristes, pueden enfermar si andan por el camino tristes. ¡No se rindan!, ¡caminen derecho!, ¡sean fuertes! ¿Acaso no es mejor siempre andar juntos con la luz del corazón en el pensamiento?”.[8] Ante esa pregunta final los escuchas responderán: ¡Gara juku![9] Y darán las gracias a sus isérikami por ofrendarles los consejos que desde los principios del mundo han seguido los rarámuri.


Walú siríame y parte del cuerpo de gobierno de la comunidad en Tónachi, localidad del municipio de Wachochi, Chihuahua (Imagen: Víctor Martínez, 2000).

Cada nawésari de las ikusiami coincide en recalcar la importancia de trabajar juntos, del colectivo, de la alegría, del cumplir con “Quien Arriba Vive” para que también “Quien es Madre-Padre”, en correspondencia cumpla con su gente.

El caminar derecho, caminar juntos se da desde la reciprocidad, el respeto, el encargo y el mantener el gusto por el trabajo, sea este acarrear leña, abrir la tierra, hacer casa, reparar el cerco, arreglar la iglesia, hacer la danza para ofrendar a Iyerúame-Onorúame. Todo trabajo debe hacerse con júbilo, para la mayor recompensa que es mantener el equilibrio del mundo.

No andar en falsedad, cumplir en las relaciones que se establecen con las personas, entre las familias, entre los ranchos, entre las rancherías que conforman su pueblo, así como para con Iyerúame-Onorúame a través del yúmari-tutuburi[10] siempre basado en el principio de reciprocidad-obligatoriedad.

Los rarámuri refieren lo siguiente: “Quien es Madre-Padre se pone triste cuando algún rarámuri no anda derecho, no camina firme. Sí, así sucede cuando una persona del pueblo no cumple con lo que es justo [..,]” como el brindar kórima.[11] Si un hombre o mujer rarámuri que cuenta con excedentes en su cosecha. Esconde los frutos de la misma. Niega ayuda a quien lo necesita y solicita kórima, entonces, Iyé-Onó entristecen y aquel rasíame[12] falta a las normas establecidas desde los principios del mundo rarámuri.

El kórima es una obligación transversal, es la gran muestra de solidaridad, de obligatoriedad–reciprocidad. El no compartir, el no brindar kórima es motivo suficiente para ser convocado por las ikusiami para que explique su comportamiento dentro de un proceso de justicia donde se le recordará que desde el tiempo de los anayáwari “Quien arriba vive” les ordenó siempre compartir para que nadie esté en necesidad. Negar la ayuda pone en riesgo la delicada relación de colaboración mutua, necesaria para una economía que se mantiene al día. Por esto, la tacañería y la envidia se distancian del buen ser rarámuri y esto es motivo de atención y trabajo para los que tienen cargo o son representantes y de toda la comunidad.

Cuando se incumple con el kórima[13], la red de reciprocidad se pone en riesgo,  la convivencia se altera, se trastoca el frágil equilibrio y la gente comenzará a temer que el síntoma de avaricia o actitud de acaparamiento se contagie a otros y otras rarámuri y pronto peleen por las semillas y otros frutos. En caso de que eso sucediera, las pláticas caseras, de rancho, de trabajo-teswino, entre otras girarán en torno a la grave transgresión de la norma y poco a poco el consenso llevará al acuerdo necesario desde el cual se  indique cómo estabilizar las relaciones y se dirá sobre la persona que negó el kórima: “[dirán] como quiera ya es hijo del re´lé betéame[14] y por lo mismo, cuando muera, no subirá a la casa de Iyé-Onó, vivirá abajo entre los chabochi,[15] con el hermano mayor de Onorúame, al igual que aquellos que alguna vez fueron rarámuri pero que su mezquindad y envidia, los perdió del camino justo, del camino derecho”.[16]

Quien se aleja del buen pensar, del buen hacer como lo menciona Margot Heras (2007:13-15) se aísla de la colectividad, falta a la ley que desde los anayáwari mandata el saber trabajar con gusto, con alegría la tierra; cuidar los animales y bienes del monte; compartir los productos de la cosecha entre los rarámuri y con Iyé–Ónó[17].

“Lo que es justo” debe permanecer en las acciones de los y las rarámuri, se le menciona en el nawésari a todos los presentes; hombres y mujeres adultos, y es escuchado por todos los niños, a quienes desde temprana edad se les incluye en la mayoría de las actividades colectivas y reciben a través de la palabra y las acciones, los valores morales que deberá ir adquiriendo para llegar a ser un “buen” rarámuri. La certeza de lo “justo” es elemento indispensable para mantener, recobrar y hacer más fuerte la armonía en el pueblo y entre todos sus miembros.

Las Leyes nacionales, pensadas en la aplicación de la justicia, se basan en conceptos destinados a limitar y castigar a los infractores, rechazarlos; ya sea con multas o pérdida de la libertad; reparación del daño desde lo monetario y/o cumpliendo sentencias confinados en cárceles, apartados del resto de la sociedad. La práctica de “lo justo” en la cultura rarámuri se basa en el acuerdo común entre las partes en conflicto, y al mismo tiempo en la toma de conciencia de éstas como parte de una comunidad.

Existen conceptos en el idioma que nos permiten acercarnos a su comprensión, entre ellos está el de sébare; palabra que refiere a ideas como “emparejar”,[18] “allanar”, “llegar a un acuerdo para todos”; el acusado, el agraviado, el colectivo y el gobierno del pueblo. En este evento no se persigue como finalidad el castigo o la recriminación sino el acuerdo en el que las partes aceptan lo que les corresponde, a este evento de juntarse se le dice akarema[19] (uno de sus equivalentes en castellano puede ser arreglar), acontecimiento en el que las partes que se encuentran en conflicto se presentan ante el pueblo y los funcionarios del sistema de gobierno a demostrar sus argumentos, reunión en la que se buscará arreglar el problema.

De akarema, existe también el concepto ku karema que se puede interpretar como restaurar, de regreso las situaciones a como estaban antes; de la palabra ku que en este contexto quiere decir “de vuelta”, “retornar”, “volver a […]”. Todos los presentes buscarán como objetivo primordial un arreglo, un volver a estar tranquilos, a recobrar la confianza, el respeto y por tanto a vivir en la armonía que se tenía antes del conflicto. Pues como ya hemos mencionado líneas anteriores, es esta armonía lo que fortalece las relaciones solidarias y amistosas en las que deben desarrollarse las labores del campo, la convivencia familiar, las ceremonias y las diversas reuniones sociales tan esperadas y buscadas por las y los rarámuri.

El faltar a uno de los preceptos establecidos y aprendidos desde la oralidad y la observación del trabajo de las isérikami, es motivo suficiente para recibir una primera llamada de atención indicada por alguna de las personas con un cargo menor, por ejemplo un sontarsi o soldado, quien le explica al infractor(a) cuál fue su falta. En caso de que la persona sea reincidente va a parar al centro de la reunión convocada para tal fin y entonces llegarán las preguntas de cómo sucedieron las cosas y su respectivo nawésari frente a mujeres y hombres presentes al momento de la junta.


Durante un akarema en Choréachi, municipio de Guadalupe y Calvo, Chihuahua
(Imagen: Víctor Martínez, 2012).

Las reuniones convocadas para realizar el akarema habitualmente se realizan los domingos, durante la reunión general del pueblo aunque pueden tener lugar en el patio de la casa del ooniame,[20] o del walú siríame[21] o en el patio del templo, según la disposición de las ikusiami o la particularidad del asunto a tratar. En estas reuniones se plática sobre la falta y se escucha a quien es señalado como responsable de la misma; también se escucha a quien acusa y la gente del pueblo aporta información sobre el proceder de quien violentó la norma y sobre quien presentó la queja.

Entre los rarámuri lo importante al momento de enunciar el acuerdo o la sentencia no es la venganza, no es el pago, como lo dijo Ricardo Robles SJ: “Colaboran con el onorúame para recuperar continuamente la armonía del pueblo, para conservar su vida fraternal […]”.[22] En cada sesión de este tipo los involucrados tienen  la obligación y el derecho de defender su punto en la búsqueda de que retorne el equilibrio, la seguridad, el caminar juntos y por eso al concluir el proceso de justicia, todas y todos se saludan de mano, para que quien faltó a la norma vea no lo han desterrado y continúa siendo parte del pueblo, del colectivo.

Durante el akarema se habla de un responsable, no de un culpable. Se estabiliza y recupera la convivencia, no se castiga ya que se sabe que ejercer venganza o humillar al responsable no sería justo ni para uno, ni para otro. La responsabilidad, cuando se altera la norma, recae en quien transgredió y asume su responsabilidad así como también en quien propició la falla. Por ejemplo, en Nakásorachi[23] se conoció que los caballos de Moreno[24] se comieron el maíz y las calabazas de Akilino; Moreno asumió su responsabilidad por dejar sueltos los animales en temporada de siembra y Akilino asumió la parte que le tocó de la responsabilidad al saber que los animales de Moreno dañaron su siembra por no reforzar a tiempo el cerco.

En el debido proceso del akarema la participación de mujeres y hombres de todas las edades es fundamental, ya que se sostiene en la equivalencia cualitativa que se les reconoce a las partes involucradas. Sesiona en los patios de familia, del rancho, de alguna ikusiami o en el patio de la iglesia donde se localiza la cabecera del pueblo de tal manera que la conciliación opere en dicha escala, y dependiendo de la intensidad autonómica es que las escalas se integrarán a los circuitos judiciales o de justicia comunitaria.

En esta dinámica general es que la conciliación entre las partes y/o la restitución de la armonía busca evitar la exclusión  de los responsables conservando en su equivalencia cualitativa al derecho rarámuri, esto es, el acuerdo denota su sostén en la norma y connota la dualidad reciprocidad-obligatoriedad al traer a este derecho a los involucrados pero en una situación de sujeción a nuevas responsabilidades y compromisos en tanto lo indicado en el acuerdo que los implique. Este es un ejercicio constante, es decir sistémico y sistemático: caminar derecho, estar alegres, danzar para mantener el orden del cosmos y por lo tanto la pervivencia del universo, son expresiones que condensan la relación dialéctica entre la forma de la norma y el contenido de la misma.

Como ya se ha indicado, entre los rarámuri “lo justo” se aprende desde los primeros años de infancia. Para ilustrarlo a continuación se presenta un hecho sucedido en el pueblo de Nachákachi[25] en donde se mandó llamar en domingo al patio de la capilla a 10 personas, de las cuales eran 2 niñas de 9 y 10 años; 5 niños más de los cuales el de menor edad rondaría los 5, tal vez 6 años, 2 más de 8 años y los otros 2 de 12 y 13 años; más 3 jóvenes entre los 15 y 17 años. El akarema se realizó para todos pero separados en dos grupos: Los jovencitos de un lado del círculo y los otros 7 más pequeños, juntos.

Los hechos a juzgar ocurrieron días antes, durante una mañana en que el grupo de niños ya iban de camino al monte con sus hatos de chivas. Los más pequeños jugaban a hacer saltar las piedras sobre el agua de un arroyo cercano. Una de esas piedras  reboto con gran fuerza que cruzó el arroyo y golpeo a una gallina en la cabeza matándola. Los niños no se dieron cuenta inmediatamente de la gallina muerta pues estaban más entretenidos enseñando a los más pequeños a “brincar” las piedras sobre el agua, mientras la gallina se levantó tambaleándose de un lado a otro, caminó y caminó como si estuviera rikuri[26] lo cual provocó grandes carcajadas en todos, luego cayó y no se levantó más. El más grandecito se acercó a revisarla y se dio cuenta que estaba bien muerta, miraron alrededor y había otras dos gallinas tiradas, las demás huían despavoridas lejos de donde estaba el grupo de chiquillos. Como se les hacía tarde para llevar a las chivas a comer, cargaron con las 3 gallinas muertas al monte. Mientras cuidaban chivas uno de los niños prendió lumbre para cocerlas, pero no tenían ni olla, ni siquiera un sartén y no sabían cómo cocerlas. Fue entonces cuando aparecieron los 3 jóvenes.

De los 7 niños, al ser llamados al akarema, los más pequeños explicaron que no sabían que lo que habían hecho era dañar a alguien y tampoco que por eso los llevarían al patio de la capilla, eso fue lo que declararon mientras las ikusiami les daban nawésari y les hacían ver que habían incurrido en varias faltas: matar gallinas que pertenecían a otras personas, robarlas, comerlas, enterrar el plumerío para que nadie se diera cuenta del hurto y –además- no avisar a nadie que se habían llevado las gallinas.

Todos eran menores de edad, si las instituciones de Derechos Humanos conocieran de este proceso de justicia, es probable que las iseríkame hubieran sido amonestadas o se les impusiera orden judicial y fueran sometidas a juicio en algún tribunal exante, e incluso encarceladas en el Centro de Reinserción Social (CERESO) del Distrito Judicial Andrés del Río, que cubre el municipio de Wachochi.[27]

Lo justo en ese momento fue reponer con trabajo las gallinas de las mujeres que habían presentado la queja. Mientras se llegaba a los acuerdos el mayori[28] o mayor, permaneció en todo momento al lado de estos, les defendió y habló a su favor. Las caras de los hombres adultos se veían forzadas por la risa que no debían mostrar pues se estaba tratando un asunto serio, educativo, conscientes estaban de la escasa edad y experiencia de las y los responsables, que aun así, debían saber que habían hecho daño. Las mujeres tenían la ventaja del chiniki[29] tras del cual podían ocultar su risa cuando el ooneami u owirúame[30] preguntó a los pequeños si habían estado sabrosas las gallinas y uno de ellos, respondió: “Estaban medio duras pero sí, sí estuvieron muy sabrosas, aunque tuvimos que comerlas sin chile”.

Los 3 jóvenes intentaron cargar ellos con toda la responsabilidad de lo sucedido con las aves, pero la opinión con mayor sustento al momento de cerrar la deliberación en Nachakachi se pronunció porque todos los niños involucrados, junto con los jovencitos, deberían aprender que no se puede actuar sin consideración y respeto a los demás[31] hasta los animalitos del monte, si se les va a comer, son sujetos al kórima por medio de la petición a “Quien Arriba Vive” y así poder sacrificarlos y alimentarse de ellos. Es una norma transversal que implica a muchos de los campos del ser rarámuri en relación con su entorno, así lo dijeron los anayáwari desde cuando iye-ono les encargó a ellos el mundo. Así lo repitieron las autoridades a los pequeños. Según relatan, el acuerdo al que se llegó y fue enunciado en el akarema ante las mujeres afectadas por el hurto de los animales: tres días los pequeños irían temprano a barrer los patios de las casas, mover el corral de las chivas, acarrear leña y agua suficiente para la casa de cada una de ellas.

El “buen ser” rarámuri se aprende a lo largo de la vida, entre la familia y con los vecinos; en una celebración o el trabajo colectivo, como lo platicó el chérame[32] Julián Kuchápare[33] un mes de julio. Era época de siembra allá en el barranco de Batopilas,[34] las tierras arenosas y las altas temperaturas retienen durante poco tiempo la humedad, razón por la cual hay que sembrar rápido y se permita al maíz germinar y aumenten las posibilidades de cosecha en esas tierras de temporal.

A Julián le habían prestado una yunta de bueyes para hacer más fácil y rápida la apertura de la tierra que recibiría la semilla. Mientras platicaba sobre lo inminente de las siembras comentó consternado:

 

- Tendré que apurar pronto la siembra, no vaya a ser que las lluvias se retiren pronto, los toros me los prestaron por pocos días.

- ¿Comenzarás a sembrar entonces mañana? –le pregunté-

- No –me dijo volteando la vista montaña abajo-, primero tengo que ir a ayudar a sembrar a las tierras de Leonilo, vino acá hace días a invitarme a que le ayude.

- ¿Pero no es más importante que siembres tú primero ahora que tienes la yunta y al terminar vayas a ayudar con Leonilo?

- No, primero le ayudaré y volveré lo más pronto que pueda, si yo no presto mi trabajo ahora que piden. ¿Quién me ayudará a mí cuando yo tenga necesidad? Si yo no ayudo, nadie lo hará cuando yo lo solicite.

 

Al día siguiente en casa de Leonilo se reunieron Julián y otros invitados más y entre pláticas y risas intercambiaron información sobre los recientes sucesos en el pueblo y en dos días completaron el trabajo de siembra.[35]

Las enseñanzas de los antiguos dicen que todo buen rarámuri no debe negar la ayuda y que deben trabajar juntos y contentos; eso es parte del ser un buen vecino y se es buen vecino, cuando se es honesto, como lo explicó Cruz Velazquillo Trías de Chinipas[36] en el nawésari que dio para los niños:

 

Si te encuentras alguna cosa tirada por el camino, puedes levantarla y entregarla al dueño cuando pregunte por ella.

Si el dueño no aparece entonces puedes usar lo que te encontraste.

Pero si al encontrarte algo lo escondes para no entregarlo al dueño, o si eres una persona ratera nadie te va a apreciar y van a decir: ‘Este hombre es ratero, por eso no podemos confiar en él’.

Tampoco podrás tomar batari a gusto y tus vecinos no te ayudarán a trabajar.[37]

 

Así como en vida se busca lo justo, también se hace cuando una persona ma mukuri.[38] Quien ya ha partido y se fue sin repartir bien sus propiedades deberá recibir una reunión de acuerdo, a este espacio de justicia puede convocar cualquiera de los parientes: hija, hijo, madre, padre, marido o mujer del difunto.

En Wawachike[39] presenciamos una de estas reuniones de acuerdo, akarema. Había muerto la madre de Katarino hacía unas semanas y hermanas y hermanos no sabían qué hacer con las cosas que había dejado sin dueño la mamá.

Irma –la difunta- había entregado en vida algunas cosas pero como su muerte sucedió mientras dormía, hubo herramienta, vacas, chivas, un mawechi[40] y la casa de la barranca donde había frutales como naranja, lima, papayo y aguacateros.

La familia de Katarino le apuraba para que él repartiera las cosas. A él le ocupaba el pensamiento que el reparto no fuera justo y eso provocará envidias entre sus hermanas y hermanos. Lo más correcto para Katarino fue buscar al mayori de su rancho y junto con un owirúame de nombre Secitó solicitaron apoyo al representante de su capitanía ante el sistema político de gobierno de Wawachike para que a su vez fuera a buscar apoyo con los demás representantes o ikusiami.

Regresó el kaitani de platicar con el walú siríame y el jenerari y comentó habían acordado ir al rancho del Urubusi[41] en dos semanas. Katarino comunicó el acuerdo con sus iserikame a hermanas y hermanos.

Cuando se solicita la intervención de las autoridades inmediatas, no en junta de Domingo, es porque la familia considera se puede arreglar el asunto en la jurisdicción de primera instancia, sin la participación de todo el pueblo. Así fue como se puso a nacer el maíz que se convertiría en el batari o teswino[42] a ofrecer durante la reunión de acuerdo.

Al llegar la fecha se limpió el patio de la casa de Irma, se pusieron piedras separadas una de otra como 2 metros con tablones encima y una cobija sobrepuesta en estos. Al llegar el owirúame, kapitani, jenerari, warú siríame y 2 sontarsi se saludaron todos de hombro y mano, comenzando desde el lado izquierdo[43] pues trataban asuntos de difuntos. 

Luego Martha, hermana de Katarino, les dio el pase a la casa para que comieran. Entraron todos los representantes, nadie de la familia estuvo adentro mientras ellos y ellas comían. Al terminar de comer le regresaron a Martha el wari de las tortillas, las tazas y jícaras en que bebieron pinole y los cajetes en que se sirvieron nopales, fríjoles, un trozo de carne y le dieron las gracias. A la comida siguió un farito, sin excepción todos tomaron un cigarrillo y comenzaron a platicar sobre el clima, si llovería pronto, si había llegado el apoyo de la presidencia e infinidad de temas. El grupo era de casi 20 personas adultas más la chiquillada de la familia Mancinas.

La reunión comenzó cuando Secitó se puso de pie muy firme frente a la puerta de la casa y comenzó a explicar el motivo que había llevado a reunirse a todos, les apremio en el nawésari a no ser envidiosos, a pensar en que su mamá necesitaba dejar esa carga para caminar con paso fuerte y ligera hacía la casa de “Quien Arriba Vive”… Luego carraspeo el walú Siríame y dio otro nawésari enfocado a exaltar las cualidades del ser justo, del no ser abusón, del pensar en estar contentos al final del día, también aprovecho para decirles a las y los hermanos de Katarino que éste era un buen rarámuri por haberles convocado a ayudarles y que así debía ser, platicar siempre para llegar al mejor acuerdo para todos, antes de andar tirando chisme y habladurías[44] sobre las propiedades de Irma. Concluyó su nawésari inicial mencionando quienes estaban presentes y porque estaban allí.

Miguel, uno de los soldados o sontarsi, se acercó con tres bastones o kusi –vara- en la mano y se los entregó al walú Siríame, quien a su vez repartió dos a los owirúame presentes, Secitó y Lurelia. Con las kusi en la mano y todavía todos de pie y con la cachucha o el sobrero en la mano fue que dijo: “Aquí está bastón, ustedes me lo dieron y yo por ese palo tengo autoridad, aquí está Secitó y Lurelia que también cargan la autoridad[45] para que ustedes tengan presente que todos estamos aquí para ayudar, así como ustedes nos dieron cargo para hacer estos trabajos, así estamos aquí para llegar a acuerdos y estar contentos –y concluyó- ¿kala juku?” A lo que todos contestaron de igual forma.

Mientras la mayoría se acomodaba sobre los tablones o en el suelo, Katarino y Martín sacaron una olla con batari y la ofrecieron al walú siríame que a su vez pidió a Lurelia hiciera la ofrenda y ayudará a repartir. Una weja o jícara para cada uno –apenas- y le vieron el fondo a la ollita. La onéami regresó la olla y la weja a Martín mientras se alababa el sabor y la frescura del batari.

Después de beber el batari, Martha fue la primera en tomar la palabra y mencionar todas las cosas, tierra y animales que no tenían asignado dueño. También señaló aquello que su madre había repartido en vida y para que no quedara duda preguntó a cada hermana y hermano si faltaba algo en su listado.

Taviano mencionó que había una vaca que tenía crías que su madre había dado a Licha, una de las hijas menores, pero que como no se la había llevado cuando se casó pues habría que incluirla en el reparto.[46] Uno de los vecinos llegó a esta reunión de acuerdo para informar a las ikusiami y familia que él tenía una vaca de Irma que le había prestado con anterioridad para criar dos becerros que se habían quedado sin nodriza.

Uno de los sontarsi fue poniendo en un papel las cosas que se mencionaban sin propiedad. Mientras se anotaba cada artículo, animal o tierra que se mencionaba, llevaron otra olla con batari y fueron tomando despacio, sin apuro alguno y entre bromas y risas concluyeron el listado. Continuó la tarde igual de alegre, comieron todos, bebieron igual, siguieron bromeando, contentos de cerrar ese círculo que pudo provocarles serios conflictos y hasta enfermarles.

Al final de la tarde, se pusieron de pie Secitó, Lurelia y walú siríame, el sontarsi tomó los tisora y volvió a ponerlos en las manos de los ikusiami. De nuevo todos de pie, mujeres, hombres desde los más pequeños hasta los mayores.

Lurelia fue quien comenzó el discurso, el consejo y habló sobre lo contenta que estaba Irma “[…] allá donde ya va caminando va contenta porque ve que ustedes han llegado platicando a buen acuerdo. Como ya todos están satisfechos, como aquí lo hemos ya platicado bien, suficiente, ¿si todos están satisfechos?” A lo que se escuchó en respuesta: “Kala juku, ayena[47] y entonces cerró su nawésari: “Esta bien, así todos juntos, platicando para llegar a acuerdo. Estuvo muy sabrosa la comida, el batari y más buena estuvo la plática, que bueno que me invitaron, ustedes son buenos hijos de Iyé-Onó por no pelear, por buscar repartir todo muy bien, que no quede duda aquí están las varas que han presenciado todo lo que aquí acordaron, yo nomás vine a escuchar, a acompañar porque ustedes y el kaitani me han invitado. Matetera ba”.[48]

Luego habló Secitó que se fue aún más lejos en el nawésari y comenzó con aquello de “Cuando El Que Arriba Vive hizo al mundo y le puso todo, todo lo que hay sobre la tierra, arriba y abajo, puso muchas cosas para nosotros, así nos puso con que alimentarnos, con que trabajar, con que hacer vida para estar contentos, así es como le gusta, contentos, todos trabajando muy bien, todos a gusto, todos juntos, así hemos estado acá con la familia, con todos los hijos de Irma y Florencio, así mismo aquí hemos estado arreglando los pendientes de esta mujer que se fue sin  dejar claro pero aquí todos así nomás platicando, despacito platicando con mucha plática, tantito batari nos han convidado, nomás así para estar alegres, así acordaron ustedes aquí dándole su lugar a los tísora, presentando palabra antes estas varas ustedes acordaron que la vaca prieta con cara blanca es de Licha, con todo y crías y Licha a su vez le convida a Taviano el becerro más grande, ella se lleva la becerrita mamona [...] ¿Uri? (Todos respondieron igual Uri –sí-) y continuo Secitó:

También ustedes acordaron que el Mawechi del Cebollín es para Taviano así como la mitad de las chivas, que se repartan bien, ustedes acordaron así, cuarteaditas entre hembras y machitos y por edad; La pala, talacho y carrucha grande son para Esteban así como la mitad del maíz que todavía hay en la troje; la casa del barranco, allá abajo, ustedes aquí -frente a las varas- dijeron que eran para Ruicito y Cuquita; Katarino se queda a vivir en este rancho, va a hacer casa aquí a un lado y también suyas son las demás vacas; Martha ya dijo que ella con lo que le había dado Irma en vida es más que suficiente pero ustedes deciden que está bueno se quede con la otra mitad de las chivas, ¿Así estamos bien de plática? [...] Se volvió a escuchar el “kala juku” en señal de acuerdo, de aceptación.

El último en dar nawésari fue el walú siríame: “Aquí hemos venido por palabra de invitación de ustedes. Aquí han llegado las varas para dar autoridad a estos acuerdos. No vayan a andar por allí, por allá hablando mal unos de otros, aquí hemos estado todos escuchando, todos sabemos lo que aquí se acordó, todos estamos contentos y bien entendidos de este acuerdo, de estas palabras que ustedes han dicho y con las que su madre sigue caminando hacia donde todo es verde, se hace yúmari porque nunca falte un animalito blanco y bien gordo y nunca falte ni maíz, ni fríjol, Irma ya puede seguir con paso fuerte su camino pues sus hijos no andarán en chismes, no andarán en habladurías de unos y otros, no se enojaran o pelearan entre ellos, así Irma ya se va muy contenta, nadie debe estar triste o enojarse porque Irma se fue, eso no es bueno, puede que uno de los hijos o las hijas esté muy enojado porque Irma se fue pero así es, uno no sabe cuándo partirá, solo Iyerúame-Onorúame saben de eso, por eso no debemos enojar es mejor preparar la última fiesta con suficiente comida, suficiente batari y ayudarle a Irma a terminar de subir. Ahora nosotros agradecemos su invitación y que nos hayan dado tan sabrosa comida, tan fresco batari para regresar a nuestra casa y contar allá como es que ustedes han quedado aquí contentos con su acuerdo ante las varas [...] ¿kala juku?”

Finalmente todos se saludaron de hombro y mano y regresaron a acomodarse a sus lugares, algunos se movieron a llevar leña para poner lumbre pues aún quedaba batari que había que acabar entre todos los invitados y los caseros. Secitó se fue cuando llegaron a avisarle ya lo necesitaban para atender un parto. En su mayoría, los demás allí amanecieron y algunos hasta almorzaron en la ahora casa de Katarino.

El “buen ser” tiene que ver con el valor moral de la persona en colectividad, con las normas que cumple y lo que se espera de ella. Entre los conceptos que lo definen está el de pakótuami,[49] es decir; se es pakótuami cuando se cumplen las normas, se es respetuoso de la gente y las costumbres, se es compartido en lo material y con el trabajo, no agrede a los demás y es solidario, sabe tomar batari en los diferentes eventos y no se pone violento; cumple con los diferentes cargos que en reunión comunitaria se le encomiendan: sontarsi, tenanchi, kaitani, chapiyóko, o a cualquier otro cargo que se le asigna y que no debe rechazar, realiza el yúmari –e invita a parientes, amigos y vecinos- para restaurar o consolidar la equivalencia entre lo material y espiritual y además respeta lo que en el mundo hay; animales, plantas, manantiales, bosque, así como a los seres anímicos que los habitan. El que es “buen rarámuri” favorece a la armonía, al equilibrio del pueblo, y por ende a la continuidad de la costumbre y la comunidad.

 

Bibliografía

  • Brambila, David SJ (1983) Diccionario Castellano-Rarámuri, Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C., México.
  • González Rodríguez, Luis y Don Burguess (1985) Tarahumara, Edición privada de Chrysler de México, S.A., México.
  • Mares Trías, Albino (1997) Consejos para los niños (Rejchori kuuchi nirá), Gobierno del Estado de Chihuahua, Chihuahua.
  • Robles Oryazún, Ricardo SJ (1994) “Los rarámuri pagotúame”, en: El Rostro Indio de Dios, M. Marzal (ed.), Ediciones CRT/UI, México (Pp. 23–87).
  • Robles, Ricardo SJ y Carlos Vallejo N. (1995) “Los juicios rarámuri”, en: Tradiciones y Costumbres Jurídicas en comunidades indígenas de México. Rosa Isabel Estrada Martínez y Gisela González Guerra (coords.). CND, México.
  • Villanueva, Víctor Hugo (2008) Sistemas políticos indígenas: autonomía y libre determinación. Aboréachi: un caso de estudio en la Sierra de Chihuahua, Tesis de licenciatura, INAH/ENAH, Chihuahua.

 

[1] Tesista en Antropología social por la EAHNM.

[2] Antropólogo miembro de Alianza Sierra Madre Asociación Civil (ASMAC).

[3] “Tarahumara es una deformación hispánica del término rarámuri, que etimológicamente significa ‘planta (del pie) corredora’. La primera mención que conozco de esta etnia, con este nombre, se encuentra en una carta de Joan Font ‘Fundador Misión jesuítica de la Tarahumara’ del 22 de Abril de 1608. En ella se les llama ‘tarahumaros’ y se refiere a la guerra que el año anterior habían tenido con los tepehuanes y con otros ‘tarahumaros’. El gentilicio tarahumar alude a las carreras de bola acostumbrados entre ellos [...]” (González, 1985: 22). Y Brambila  refiere que rarámuri es “gente” (1983: 275).

[4] La que es Madre-el que es Padre. Dualidad divina rarámuri.

[5] En idioma rarámuri, nawésari: discurso (Brambila, 1983: 275). Rarámuri como J.M. Palma y J. Gadea (q.e.p.d.) hablan más de nawésari como palabras de consejo o consejos en plural. El nawésari es la práctica de la tradición oral por excelencia, es la reproducción de las enseñanzas que por generaciones se han perfeccionado, quien lo realiza, ante el pueblo, debe tener prestigio que dé fuerza a su palabra y su contenido, además de claridad y ritmo; algunos de los siríame llegan a durar más de 15 minutos en su desarrollo a una velocidad dos veces más rápida de la forma cotidiana de hablar.

[6] Ikusiami o Isérikami son palabras para designar al aparato de gobierno rarámuri. Ikusiami “los que cargan la vara”. En el caso de isérikami se refiere al conjunto, el total que conforma el sistema de gobierno (Información de S. Negrete, Wa’lú Siríame Wachochi, 2005).

[7] Siríame es aquella mujer (cada vez más común) u hombre designado por toda la gente del pueblo para coordinar las acciones de gobierno y dar nawésari, entre muchas otras responsabilidades y/o trabajos que tiene. Wa´lú se refiere a su distinción, en español el significado se refiere a “grande”. En el presente texto encontrarán palabras del rarámuri escritas con “l” –como es el caso de esta palabra- o “r”, su pronunciación es un sonido suave entre los sonidos producidos con estas dos letras en el español.

[8] Diario de campo, Kiriaki Orpinel (2001).

[9] ¡De acuerdo! / ¡Está bien!

[10] Es la ceremonia del canto-danza donde participa el wikaráame (cantador) y quien coordina la ceremonia que inicia al caer la noche y se despide al alba con el ofrecimiento del teswino y la ofrenda de los alimentos a Iyé-Onó. En ceremonias de gran importancia este canto-danza lo realizan tres wikaráame durante toda la noche, con intervalos de descanso, hasta el amanecer.

[11] Brambila (1983: 485) lo traduce como regalo pero va mucho más allá por ser un acto de obligación para quien lo solicita y necesita en esos momentos, es una acción de reciprocidad.

[12] Grosero.

[13] El kórima es un mecanismo para prevenir la acumulación. Quien tiene excedentes está obligado a compartir con los menos afortunados en su cosecha. El kórima impide o atenúa la posibilidad de que aparezcan serias diferencias económicas entre los integrantes del pueblo y también permite que aquel rarámuri que hubiese perdido su siembra por granizo, tormenta, helada tempranera  o cualquier contratiempo climático pueda recibir apoyo de sus vecinos, pero sobre todo, de quien cuente con excedentes.

[14] “El que vive abajo” (Brambila, 1983: 197), haciendo referencia al ser que instiga a la gente a portarse mal, el “sayo” o contrario de Onorúame (Información de F. Valencia, Pueblo de Samachike 2001).

[15] En el idioma rarámuri, chabochi: “el que tiene arañas en la cara”, hace referencia a la barba que portaron en tiempos del virreinato los europeos que llegaron a esta región. Ahora, palabra peyorativa para referirse a los mestizos y que tiene una fuerte carga negativa pues tiene entre sus acepciones al mentiroso, al que habla con falsedad y no cumple su palabra, al ladrón, al violador, entre otras.

[16] Frase tomada de una plática con el amigo Juan G. E. (q.e.p.d.), Norogachi (Diario de campo, Kiriaki Orpinel 2007).

[17] “Mamá-Papá”, como también se nombra a Iyerúame-Onorúame.

[18]  Este concepto se diferencia del beterama, ra’perama, re´nalama, emparejar como en “weé  ra´páraga [igualando la tierra]” o en “ga’lá tumu beterasi enaí awibo ba, emparejen bien, vamos a danzar aquí” (Bramila, 1983: 214).

[19] Información proporcionada en octubre de 2013, por Francisco Cardenal, quién tiene más de 30 años viviendo en Rejogochi, ranchería del Pueblo Basiware, en el municipio de Wachochi, Chihuahua.

[20] Concepto del idioma rarámuri para referirse al sanador, al terapeuta.

[21] Cargo del sistema de gobierno rarámuri que más se distingue desde fuera “[…] la palabra siríame, deriva del verbo sirimá, convocar, hacer venir o llamar; esta era la antigua y actual responsabilidad del cargo, más lo que han agregado con la práctica y los años de experiencia de su gobierno. El wa’lú siríame, recoge el consenso del pueblo en los procesos en los que hay que llegar a acuerdos –akarema- cuando se transgreden las normas preestablecidas por los anayáwari y la costumbre, da voz al designio de la colectividad, coordina el gobierno de todo el pueblo” (Orpinel, 2013).

[22] “El Ronco” Robles, jesuita llegado a la Sierra de Chihuahua durante la década de 1960 (1994: 24).

[23] ‘Lugar de la oreja’. Localidad del municipio Wachochi, Chihuahua. 

[24] Moreno y Akilino son nombres propios entre los rarámuri.

[25] Localidad en el municipio de Wachochi, Chihuahua.

[26] Borracho(a).

[27] Wachochi, en rarámuri, dice: Lugar de garzas. Es la cabecera del municipio con el mismo nombre.

[28] Mayori, mayora, mayor es uno de los cargos fundamentales en el Sistema Político de Gobierno rarámuri que se dedica a instruir en la cultura a niñas y niños. En algunos pueblos se habla sobre este cargo como un don, es para siempre y lo cumple el hombre o la mujer una temporada de su vida en solitario  y cuando contrae matrimonio, el cargo se comparte con su pareja. Otros pueblos hablan de que se cambia el mayori ya cuando no puede con todas las actividades como educador pero conserva su estatus como consejero del nuevo o nueva mayori.

[29] Chal o reboso.

[30] Terapeuta rarámuri. El título viene de owama, curar, más el sufijo rúame, refiriéndose a quién realiza la acción; otras palabras con significado parecido o similar son óinama, oima, onama. En algunos otros pueblos rarámuri reciben el nombre de Onéami.

[31] En una muestra de la filosofía que se encuentra detrás del debido proceso para el aprovechamiento de algún bien material, en la cultura rarámuri se recurre a la petición por medio del ritual propiciatorio o al método consensual ante las ikúsiami competentes del pueblo; dependiendo de la forma que siga la solicitud, y la intención que la revista, se determinará el derecho de aprovechamiento. Para un desarrollo más extenso remítase a Villanueva (2008).

[32] Anciano.

[33] Kuchápare es el apellido de Julián, Es frecuente que los rarámuri tengan uno de sus apellidos con el nombre del lugar de donde son originarios, como es el caso. 

[34] Batopilas, río encajonado.

[35] Nicolás Víctor Martínez Juárez (Diario de campo, 1988).

[36] Chínipas es el nombre de uno de los Pueblos Originarios ya extintos en el estado de Chihuahua. Ahora es cabecera de municipio.

[37] (Mares, 1997: 62).

[38] Ma mukuri es la frase utilizada para indicar o avisar que ha muerto alguien. Literalmente dice “fuese ya” o “partido ya”.

[39] O Ewachiki o Yewachike, “arriba, en las cuevas” serían una traducción aproximada. Es el nombre de un pueblo rarámuri en el municipio Wachochi, colindante al municipio Urike.

[40] Tierra para la siembra del fríjol que se abre con la técnica de tumba, roza y quema entre el monte o bosque, se utiliza por tres años aproximadamente y luego se deja descansar –ese es el ideal.

[41] Madroño. Árbol de corteza roja, colorada que se descascara y sirve para ayudar a la mujer a dar más leche cuando está recién parida.

[42] Bebida con bajo contenido de alcohol; elaborada de maíz germinado, molido, cosido y fermentado. Esta bebida tiene un lugar importante en muchas de las actividades colectivas entre los rarámuri: ceremonias, festividades, curaciones, entre otras.

[43] El saludo y el brindar comida y bebida con la mano izquierda se presenta solo en ceremonias mortuorias. En el caso de Irma no se le habían terminado de hacer sus fiestas para ayudarle a llegar con Iyé-Onó  porque estaba pendiente lo de la herencia y así no podía subir, su carga era muy pesada.

[44]Esta parte del nawésari fue un claro y específico discurso para Taviano, uno de los hermanos Mancinas que días antes en una reunión de trabajo-teswino había dicho que Crecencia y Katarino querían quedarse con todas las cosas de Irma, su madre.

[45] “Cargar la autoridad” es cargar el tísora o bastón que es el objeto de dicha autoridad y es el que viste al hombre o mujer que lo porta como el representante de la comunidad.

[46] Cuando Taviano hizo el señalamiento de estos animales fue como si no hubiera hablado.

[47] De acuerdo, sí.

[48] Su significado se traduce como “gracias”.

[49]  No confundir con pakotami, que hace referencia a quien recibe el bautismo, su traducción se acerca más a “el que es lavado”.

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