16, Diciembre de 2012

Los rituales del poder y de la protesta popular: claroscuros del 1° de diciembre

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“Protestar es denunciar que eso o aquello no es justo.
Resistir es garantizar que aquello con lo que no estoy conforme no se vuelva a producir”

Ulrike Meinhof

 

Se deben tener varias consideraciones con relación al 1° de diciembre  y observar atentamente tanto los grupos que participaron como la emisión de información en este día. La madrugada del 25 de Noviembre, San Lázaro es “sitiado” con vallas de acero de 3 metros de altura, convirtiéndose en un lugar violentado no sólo a la vista sino también al pasar de los transeúntes que usualmente circulan por la zona. Violación al artículo 11º Constitucional: Libre tránsito.[1] El 24 de Noviembre  El Sistema de Transporte Colectivo Metro  anuncia  la suspensión de servicio de estaciones de la Línea 4: Santa Anita, Jamaica, Fray Servando, Candelaria y Merced de Línea 1[2], afectando a miles de usuarios. Un exagerado blindaje y resguardo de la zona para el performance del cambio de poder sólo arroja una pregunta: ¿A qué se teme tanto para el 1 de Diciembre?

Días antes las muestras de inconformidad por el retorno de un gobierno PRI-ista no se hicieron esperar. El movimiento estudiantil #YoSoy132 convoca a una manifestación pacífica ante la imposición de un presidente mediático. Es importante destacar que la convocatoria emitida por el movimiento era una convocatoria abierta, es decir que establecía la reunión de todo ciudadano (estudiante o no) que deseara manifestar su inconformidad, y en ese tenor se dio la asistencia no sólo del sector que conforma al movimiento estudiantil sino de diversos grupos de distintas ideologías, formaciones y sectores de la población.

Entonces ¿qué se podía esperar para el 1° de diciembre? Felipe Calderón se marcharía y de nuevo, “haiga sido como haiga sido” se daría el cambio de estafeta a un presidente que es rechazado por un amplio sector de la población: Peña Nieto. Sin otra cosa que esperar, los manifestantes arriban a San Lázaro en distintos contingentes, enfrentándose visualmente a una valla, granaderos, al Estado Mayor Presidencial, Policía Federal. Todo aquello con un aire nostálgico de imposición, de represión a manifestarse, de un viejo gobierno que guarda como costumbre alejar al sector que tanto afirman: votaron por nosotros.

Ante tal “límite” en San Lázaro se da la segregación aún mayor de los grupos que participaron en la protesta convocada por #YoSoy132, la inconformidad comienza a presentarse de modos distintos, gritos, consignas, catarsis en ataques a la valla, y del otro lado de la misma, entre los policías, se observa lo que parece ser un “grupo de choque” individuos con cadenas, tubos y demás indumentaria, quienes –según afirma el Estado Mayor Presidencial-, eran trabajadores que daban mantenimiento a la valla, pero que extrañamente aparecerían en fotografías posteriores usando sus “instrumentos de trabajo” para atacar la valla y a los policías.


Aristegui Noticias, Miguel Tovar, Getty Images


Foto de Pablo Ramos para la Jornada

La confrontación entre los diversos grupos que protestaron y el grupo de granaderos fue inminente, y bajo el calor de la confrontación en la manifestación en San Lázaro, se encontró la catarsis del disgusto social en forma de bombas molotov, pedradas y consignas, todas y cada una de ellas provenientes de los distintos grupos que participaron. Era evidente que la manifestación pacífica en ese momento se tenía que movilizar, un sector importante de la misma se repliega por voluntad al zócalo para continuar con la protesta pacífica y de nuevo se separan los grupos. Si bien es fácil reconocer que existieron alborotadores o grupos de choque, los cuales, a semejanza de los tristemente famosos “Batallón Olimpia” en el 68 y los “Halcones” en el 71, lograron su propósito de desestabilizar la manifestación, haciendo evidente la desorganización y la falta de control de los diversos grupos involucrados. Lograron dinamitar la inconformidad y el disgusto, consiguiendo así que manifestantes participaran de manera activa en lo que muchos llaman actos vandalismo. Los medios de comunicación fueron incapaces de establecer esta diferencia  al momento de informar quedando en claro que no sería realizada, homologando a los diversos grupos de protesta e integrándolos a los “grupos de choque” que deliberadamente atacaron establecimientos, monumentos y  autos anteriormente marcados. Sumado a eso, la parcialidad de la información omitió diversos hechos, mostrando únicamente las agresiones realizadas a policías, quienes iban equipados para confrontación, y omitiendo deliberadamente los ataques y abusos que sufrían los manifestantes y transeúntes que se encontraban en la zona de San Lázaro y Centro del DF.


Jesús Villaseca para la Jornada


Yazmín Ortega, para la Jornada

Con estos hechos, la manifestación cae en emboscada. Si bien no tenemos elementos para darles nombre ni apellido, los grupos de poder, los opositores al movimiento #YoSoy132 y a toda manifestación que rechazara el gobierno entrante, encontraron la oportunidad y el momento perfecto para atacar las bases mismas de su discurso. Los medios de comunicación, contra los cuales el movimiento estudiantil se había manifestado desde su inicio, dirigen su ataque a este grupo, tergiversando la información, dañando así el discurso de “oposición pacífica” que el movimiento había mantenido desde su fundación en mayo de 2012. Revuelo causó la declaración de Ciro Gómez Leyva, conductor de Milenio TV, quien afirmó: “es culpa de Andrés Manuel”, indicando que MORENA, que también había convocado a una protesta pacífica en el Ángel de la Independencia, y la de #YoSoy132 eran parte del mismo movimiento, cosa por demás ilusoria.

Los medios de comunicación tuvieron dos vertientes informativas este día, tanto ellos como el Gobierno Capitalino informaron de la confrontación, violencia y  detención de los “responsables” de actos vandálicos en la zona del Centro histórico, resaltando únicamente que el movimiento juvenil era el único responsable. En contraste con esto se mantenía el discurso de que Peña Nieto había realizado su toma de protesta con la mayor tranquilidad y aceptación, todo bajo un aire de solemnidad sintética, con tiempos apresurados y bajo resguardo de miles de elementos policiacos, de nuevo era evidente que la participación de la población simpatizante era innecesaria.

Además se omitió información sobre el uso indebido de armamento por parte de la policía, que deliberadamente lanzaba de manera directa al cuerpo tanto gas lacrimógeno como balas de goma a los manifestantes. De acuerdo al Manual de procedimientos, el primero debería ser lanzado al aire a una distancia de 30 metros de los manifestantes, y las segundas, que debido a su peligrosidad han sido prohibidas por el Gobierno Capitalino para su uso contra manifestantes, ocasionaron lesiones distintas entre ellas 3 de gravedad. Si bien informaron de las 69 detenciones omitieron informar el contexto de las mismas, se habló de testimonios de grupos de jóvenes anarquistas pagados (contradictorio a la ideología de los mismos), se hizo el señalamiento de responsabilidad del movimiento estudiantil y de MORENA sin dar derecho a réplica.


Fuente La Jornada - Fotos Proceso  Facebook


vía twitter


vía twitter

El impacto que tuvieron las redes las redes sociales este día fue muy significativo, ya  que fue a través de ellas que se confrontó la versión de los medios de comunicación con las declaraciones de los asistentes y transeúntes de la zona. Conforme se realizaron las detenciones surgieron las denuncias de abusos y arbitrariedad por parte de los elementos policiacos, esto a través de fotografías y videos donde se mostraron que “conforme a derecho” se detuvieron no a los culpables de los actos vandálicos sino que se crearon culpables, apareciendo los primeros presos políticos de este sexenio. Con el pasar de los días, las denuncias realizadas en las redes sociales se dispersaron de manera epidémica, sirviendo éstas como elementos para deslindar la responsabilidad de 55 de las personas detenidas y mostrando la contradicción existente entre las versiones oficiales y los hechos descritos por sus protagonistas.

Pero además de denuncias las redes permitieron emitir la opinión de los usuarios en dos posturas: la primera reflejaba apoyo a las personas detenidas, las denuncias no sólo generaron lo que podría entenderse como evidencia sino inconformidad e indignación entre los usuarios sobre las detenciones y abusos. Por otro lado, y en contraposición, los comentarios emitidos sobre los actos vandálicos exigiendo el arresto y sanción de los culpables, algunos más expresando ante los lesionados de gravedad, golpeados y detenidos arbitrariamente un: “se lo merecen”. De a momentos surgían las preguntas ¿es más importante la fachada de una transnacional que atender a una persona que pierde un ojo?, ¿un anciano regalando libros merece ser golpeado indiscriminadamente por un granadero? Las opiniones encontradas en las redes fueron distintas y deberán generar amplias reflexiones.

Es claro que las historias de los hechos ocurridos el 1° de Diciembre son distintas y en muchos casos contradictorias con las versiones oficiales, provocando la desacreditación tanto de los medios como de los elementos gubernamentales. Ahora más que nunca la información libre toma un papel importante y resulta imperativo prestarle atención en su modo de difusión, como es el caso de las redes sociales que dio muestra de ser un canal de alto impacto a tal grado de generar no sólo ya la conexión entre los partícipes de la misma, sino como un medio de denuncia social  de un acceso relativamente sencillo. Así mismo permitirán dar continuidad tanto a los hechos ocurridos el 1 de Diciembre como a hechos posteriores, el sexenio apenas comienza.

 


[1] Capítulo I de los Derechos Humanos y sus Garantías. Artículo 11° “Toda persona tiene derecho para entrar en la república, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia…”

[2] Dos días después se abrirían 3 estaciones: Santa Anita, Jamaica y Merced; permanecerían cerradas: Fray Servando y Candelaria.

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