20, Abril de 2013

Lucha por la Vida

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Nuestro planeta es considerado uno de tantos que pudieran existir, pero a la vez, dado que reúne condiciones excepcionales para la creación y procreación de vida, uno de los pocos que por cuenta con una distancia idónea de su estrella mayor que le permite  un ambiente térmico y luminiscente que promueve la supervivencia de micro y macroorganismos mediante una atmósfera capaz de mantener condiciones de sustentabilidad en términos de concepción y retroalimentación de los procesos vitales, entre otros más en los cuales no se pretende profundizar en este escrito. Sin embargo, es importante resaltar las condiciones privilegiadas en las que nos encontramos, al formar parte de un sistema maravillosamente complejo de generación de vida.

 

Por otro lado, el ser humano, en un inicio especie integrada y supeditada a la interacción de los elementos naturales de nuestro planeta, fue transformando su entorno gradualmente para crear sus propios espacios, ya menos dependiente de las contingencias de la naturaleza. Entre estas transformaciones culturales se encuentra la evolución de las formas y modos de apropiación de alimentos y materias primas que le sirven para satisfacer sus necesidades, desde la simple recolección hasta la producción y explotación de materiales, siendo una de ellas la explotación minera, particularmente de materiales preciosos, que hasta hace poco menos de medio siglo consistía en la extracción por medios subterráneos, sin afectaciones importantes al ambiente; no obstante, actualmente existen técnicas devastadoras como la denominada “a cielo abierto” que degrada el sistema ecológico a límites de muerte y destrucción.

Sin ahondar en las consideraciones técnicas del proceso minero a cielo abierto, este escrito pretende reseñar el grado de concientización por parte de algunos sectores de la población, sensibles a la devastación de su entorno natural, manifestándose abiertamente en contra de estas actividades mineras que en nada favorecen la interrelación hombre-naturaleza.

El día 14 de abril de 2013, se llevó a cabo la manifestación del sentir morelense en una caravana que recorrió poblaciones y también espacios ubicados en las áreas que la minera Esperanza Silver pretende explotar, iniciando en la glorieta de la Paloma de la Paz en Cuernavaca, pasando por Temixco, Alpuyeca, Coatetelco, Mazatepec, Miacatlán y  El Rodeo, culminando la ruta en el poblado de Xochicalco, Morelos.

En cada una de estas localidades se realizaron paradas, en las cuales ciudadanos locales de las comunidades visitadas, así como representantes de organismos y movimientos ambientalistas que defienden afectaciones sociales y ecológicas en otros lugares, incluso fuera de nuestro Estado,  manifestaron su   inconformidad y repudio contra la explotación de la mina en los cerros El Jumil y Colotepec. También hubo expresiones de desacuerdo en contra de la Termoeléctrica en Huexca, en el nororiente de  Morelos, oposición a  la ampliación de la autopista en terrenos de Tepoztlán y en contra de la construcción de Casas Geo en el Cerro de la Tortuga en Tetelpa.

Es de resaltar que el recorrido estuvo envuelto en un ambiente de cordialidad y expresiones pacíficas, cimentado por un excelente trabajo logístico que promovió la fluidez, en todo momento, de las actividades planeadas por los organizadores. En todo ello, el trabajo de base mediante sesiones de información en las comunidades, resultó determinante. Esto facilitó la integración, en cada localidad que se visitó, de un cúmulo cada vez mayor de manifestantes que incluyó personas de todas las edades en favor de la vida, destacando la participación activa de un gran número de niños acompañados de pancartas, mientras que aquellos infantes que carecían de éstas, reflejaban su temprana opinión con frases plasmadas en los pisos con gises como “Alpuyeca quiere vida” o “La vida vale oro”.

Otro elemento logístico importante fue la coordinación de los organizadores del evento con la gente de las localidades, quienes desempeñaron un papel tácticamente necesario, como lo fue la provisión de alimentos y agua a los miembros de la caravana que padecieron el flagelo de un recorrido de 10 horas, bajo el inclemente sol que rondaba los 35 grados centígrados.

Los discursos ofrecieron a los oyentes información y reflexiones agudas acerca de las implicaciones de una mina a cielo abierto y los procesos que se llevan a cabo para la obtención del oro, subrayando aquellos que tienen repercusiones en la salud pública y en la degradación de los ecosistemas. Otros alentaron la participación en las acciones ejercidas por el movimiento y la búsqueda de información sobre el tema para mantenerse al tanto de los avances obtenidos. Pero las coincidencias de todos encontraban su punto de confluencia en un sentimiento de indignación ante el atropello de la integridad y el respeto por la vida por parte de las compañías canadienses, particulares y el mismo gobierno que manipulan las leyes a su gusto para satisfacer los intereses de minorías a costa del daño irreversible a las áreas naturales, patrimonio de generaciones futuras, además de los daños a la salud de las comunidades adyacentes a la mina.

Se dio a conocer a los participantes que, en relación con la normatividad jurídica que favorece a la minería por sobre cualquier otra actividad – beneficio de sólo unos cuántos –, se pretende promover una controversia de ley que prohíba el sistema de minería a cielo abierto de minerales preciosos, que tiene más afectaciones negativas, ya que ningún beneficio económico puede estar por encima de la vida, ni permitir el ecocidio y el daño a la salud pública de las poblaciones locales. Además de que las promesas de generación de empleos son falacias mercantilistas, espejismos que pretenden aprovecharse de las necesidades y precarias condiciones de la gente de bajos recursos. De ahí que este movimiento se haya convertido en una lucha por la vida.

 


[1] Las fotografías anexas son cortesía de Paul Hersch, Fernando Sánchez y Mauricio Valencia.

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