6, Febrero de 2012

006 - Febrero 2012

Zacacuautla, ¿un Fuente Ovejuna mexicana?

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En el pasado diciembre, 2011, nuevos agravios, ofensas y luchas se desencadenaron en el poblado de Zacacuautla, municipio de Acaxochitlán, estado de Hidalgo. En la ya enrarecida etapa electoral con asesinatos, secuestros y atentados contra activistas y luchadores sociales se suman los despojos y la tierra arrasada a poblaciones que defienden sus bosques, manantiales y la vida toda, como el caso de Zacacuautla. De nueva cuenta, los talamontes reaparecieron con sus motosierras, camiones y hasta la “hazaña” de introducir un trailer que  transportaría la riqueza forestal del poblado.

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Qué ven los viajeros en Cuernavaca

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Las interesantes narraciones que los viajeros nos dejaron fueron acerca de la feraz naturaleza que se dejaba ver desde que comenzaban a descender por la Sierra de Huitzilac, el cambiante paisaje en corto espacio y las barrancas que surcan la ciudad; la fuerte identidad de los vecinos así como tranquila vista vida pueblerina llamaba su atención, contrastada con la intensidad industrial de las haciendas.

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Panamá: la lucha del pueblo Ngabe-Buglé contra mineras e hidroeléctricas

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Al menos un asesinado, el compañero Jerónimo Rodríguez Tugrí, podrían ser más, decenas de heridos, centenares de detenidos, la imposición no declarada del estado de sitio en la zona, incluyendo el corte de las comunicaciones, ha sido el costo impuesto por  el gobierno de Ricardo Martinelli para despejar la vía Interamericana, bloqueada en varios lugares durante seis días por miles de habitantes de la comarca Ngabe-Buglé, en la República de Panamá. La demanda que moviliza al pueblo Ngabe-Buglé, dirigido por un organismo asambleario, la Coordinadora de Lucha, cuyos principales dirigentes son Rogelio Montezuma y la cacique comarcal Silvia Carrera, consiste en exigir la prohibición de la explotación minera y la construcción de nuevas hidroeléctricas en su comarca.

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Bernardo Baytelman, Jorge Angulo y Alfredo Barrera en los antecedentes del Jardín Etnobotánico en Cuernavaca

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Muy aparte de otros factores decisivos relacionados

con su indiscutible capacidad académica, Beco Baytelman tuvo

–como condición natural privilegiada-

ese tipo de simpatía que se asemeja tanto al carisma de los líderes.

Sin esa simpatía y esa atracción directa sobre las personas,

sus investigaciones no habrían alcanzado

la enorme gama de información abierta y espontánea que las caracterizan.

La sola simpatía y el atractivo carismático

no son en realidad bastantes para el antropólogo.

Ninguno de estos dos libros hubiera sido posible si Beco –como todos sabemos-

no fuera un estudioso serio y un poeta excelente.

Ser poeta, en su caso, significó dos cosas fundamentales

para la transmisión de la experiencia antropológica.

Un modo atractivo de expresión; directo e intuitivamente plasmado.

Pero, sobre todo, mirar el mundo y descubrir sus ángulos insólitos

Eliana Albalá

 

Hace ya meses, una nublada mañana, me encontré en mi centro de trabajo con unas viejas y desfondadas cajas de cartón expuestas al aire libre, conteniendo papeles polvosos, delgaditas copias al carbón de las que ya no vemos y documentos originales, con sus grapas oxidadas y sus folders con huellas de clips manchados; todo ello, arrumbado desordenadamente, en su camino sigiloso y expedito, desde una bodega hacia la basura. Con poco respeto por el polvo y con la curiosidad que a veces nos depara alguna sorpresa, me percaté de que esa “basura” no lo era -lo cual no ha de extrañarnos en un mundo donde lo valioso no es valioso, lo desechable no es desechable, lo hueco está relleno y lo relleno resulta hueco, etcétera-. En una institución dedicada en buena parte a la historia, alguien medio desmemoriado pero dotado de alguna función, decidió que los papeles viejos estorban y hay que deshacerse de ellos. Recogí algunos de esos papeles amenazados por la incuria y lo que sigue es en parte efecto de ello. Ahí, en la basura, encontré algo de la historia del Jardín Etnobotánico. La desmemoria institucional no es muy loable que digamos, sea o no engendrada por la negligencia. No era por cierto el primer episodio de ese tipo de incuria: en otros tiempos, los encargados de la biblioteca decidieron tirar a lo baboso –o digámoslo técnicamente- despatrimonializar la documentación depositada ahí sobre el movimiento del 68, entregada por el desaparecido colega Pablo Mayer, así como parte del material etnográfico del antropólogo Luis Miguel Morayta.

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