33, Septiembre-Octubre de 2014

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Cuando llueve el agua tiene la posibilidad de seguir varios caminos: una parte resbalará por superficies impermeables –calles, carreteras, etc.– hasta llegar a algún cauce o al drenaje y de ahí al mar, otra caerá directamente en lagos o ríos; otra posibilidad es que el agua empape el suelo y se infiltre para recargar los acuíferos que tanto hemos explotado recientemente.

Lo que no sabíamos, hasta ahora, es exactamente a qué profundidad puede llegar el agua que se infiltra. Las investigaciones recientes muestran que la lluvia puede penetrar más allá de la corteza superior terrestre –13 kilómetros, cuando menos– bajo la superficie. Previamente, se pensaba que el agua no podría penetrar la corteza dúctil, donde temperaturas superiores a 300 °C y muy altas presiones hacen flexible a la roca y ésta fluye en lugar de fracturarse; ahora se tiene evidencia de la existencia de fluidos derivados de la lluvia a estas profundidades[1].

La investigación puede tener implicaciones relevantes en el conocimiento de los temblores y la generación de valiosos depósitos minerales. Los fluidos en la corteza terrestre pueden debilitar a la roca y con ello ayudar al inicio de un temblor a lo largo de las fallas trabadas o atoradas; también ayudan a la concentración de metales valiosos –como el oro. Este nuevo descubrimiento sugiere que la lluvia pueda ser la responsable de controlar estos procesos, aún a grandes profundidades bajo la superficie terrestre.


Alpes del Sur, Nueva Zelanda. Foto: Simon Cox

Investigadores de la Universidad de South Hampton, del Centro de Investigación Ambiental de las Universidades Escocesas (SUERC), de Isoprime Ltd., en el Reino Unido, y de la Universidad de Otago y de GNS Science en Nueva Zelanda, han estudiado fluidos geotérmicos y vetas minerales en los Alpes del Sur de Nueva Zelanda, donde la colisión entre dos placas tectónicas fuerza a las capas más profundas de la Tierra hacia la superficie.

Gracias a ello, sabemos ahora cuál es el origen de dichos fluidos, cuál es su temperatura y a que grado han reaccionado con la roca bajo la cordillera montañosa. En la opinión de Catriona D. Menzies, autora corresponsal del estudio:

Los fluidos pueden provenir de una variedad de fuentes en la corteza; en los Alpes del Sur, los fluidos pueden ascender desde enormes profundidades en donde se han formado como producto de reacciones metamórficas en rocas muy calientes, o la lluvia puede descender desde la superficie, impulsada por las altas montañas encima; en este último caso, la temperatura del agua se eleva a  más de 400 °C permitiéndole reaccionar con la roca de la corteza.

Cuando los fluidos pasan a través de la roca, van dejando depósitos de minerales que contienen pequeñas cantidades de agua atrapada en ellos; hemos analizado estos minerales y el agua que contienen para identificar el origen de los fluidos que se encuentran a estas grandes profundidades. Aunque ya se había sugerido antes, nuestros datos muestran por primera vez que la lluvia penetra la roca que se encuentra a profundidades tan grandes y temperaturas demasiado altas como para fracturarse.

¿En que cantidad se ha logrado infiltrar el agua a estas profundidades? Es algo que aún no sabemos y cuyo total dependerá en última instancia del número de sitios como el de la investigación que lleguen a localizarse en la Tierra. Pero lo que si sabemos, es que el agua es el principal y primer recurso natural que escaseará como consecuencia del calentamiento global antropogénico. De hecho y mucho antes de que toda la población llegase a tener acceso al vital líquido, éste ya ha empezado a escasear en todo el planeta y es la causa de la ocupación inglesa de las Islas Malvinas e Irlanda del Norte y de la guerra de los seis días en 1967 y el subsecuente control Israelí del recurso en la región de Levante[2] por mencionar sólo dos ejemplos.

¿Cómo justificar entonces que, contrario a lo que debería hacer un secretario de medio ambiente y recursos naturales, éste se haya vuelto promotor público de los procesos extractivos más destructores y contaminantes que se conocen como la fractura hidráulica para la extracción de combustibles cuyo uso es precisamente la causa del calentamiento global?

¿Cómo tolerar la concesión de todo el territorio nacional –incluidas las áreas naturales protegidas[3]– a ‘empresas’ que además de destrozar el suelo y subsuelo de la Tierra en la búsqueda de minerales y combustibles, contaminan irreparablemente la poca agua que nos queda?

¿Cómo permitir que se autoricen plantas de generación eléctrica como la de Huexca, Morelos, que no solo consumen enormes cantidades del vital líquido sino que originan la mortal contaminación por ozono en la tropósfera?

¿Se darán cuenta al menos de que están comprometiendo recursos vitales e invaluables?



[1] C. D. Menzies, D. A. H. Teagle, D. Craw, S. C. Cox, A. J. Boyce, C. D. Barrie y S. Roberts 2014, Incursion of meteoric waters into the ductile regime in an active orogen. Eartn and Planetary Science Letters, 399, 1-13.

[3] Según las leyes secundarias recientemente aprobadas.

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