3, Noviembre de 2011

Editorial: De la depredación moderna del edén a la crítica gestión

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La repatrimonialización cultural del edén, nos enfrenta a su principal sedimento religioso, aunque va más allá de él, cualesquiera sea su referente. El edén y el jardín a lo largo de la historia han expresado en nuestro imaginario social su propia contradicción, y una fuente nutricia, el agua, y un valor inestimable, la vida. La naturaleza, cualquiera que sea su disfraz urbano, se encuentra bajo cuerda, al igual que el agua y la vida misma. Este drama se vive en Cuernavaca y en otras ciudades de aquí y allá, fronteras adentro, fronteras afuera. La banalización de la muerte se ha vuelto pan cotidiano, tanto como el medio al otro, la corrupción, la falta de transparencia, la insolidaridad, la violación de derechos, la despatrimonialización de nuestros bienes culturales y naturales.

El paisaje del cual somos en cierta medida hechura y el jardín, espejo de nuestros sueños premodernos, modernos y posmodernos de significar, simbolizar y domesticar a la naturaleza, como microcosmos, totalidad o en fragmentos, haría añicos los motivos pictóricos más atrevidos de Goya, pulverizaría los esperpentos narrativos de Valle Inclán, quebraría los espejos vivos de Caroll y dejaría sin futuros narrables al buen Asimov. Cuernavaca, la ciudad de los jardines privatizados, la ciudad de jardines alicaídos y sin brújula como el Borda y el…..etnobotánico, la ciudad del ornato verde, niega la propia biodiversidad de su entorno. Su inventada primavera es un artilugio turístico, un emblema ingenuo de las élites y sus anémicas clientelas ideológicas.

El jardín vino a expresarse en los grandes espacios arbolados de las casas de los pueblos de Morelos al grado que la geografía vino a diferenciarlos. Éstos, por sus  diversas calidades de floras y en consecuencia de faunas, atrajeron las miradas del Estado y del capital para producir desarrollos en su afán de atraer el turismo a toda costa.

Leemos en los textos históricos y religiosos, el aprecio que los babilonios, semitas y árabes  orientales guardaron por los edenes. Leemos desde la América nuestra, la patrimonialización prehispánica de sus terrazas, andenes y jardines. A través de las creencias religiosas amerindias, árabes y judías, heredamos ese aprecio por el entorno natural. Cierto es, que a veces,  en Occidente se convirtió en obsesión académica-religiosa, lo muestra el  códice de los monasterios medievales apoyando la secrecía de los textos bíblicos. Lo muestra el bestiario de Cristo y el florilegio mariano.

Esta visión  axiológica de la naturaleza, pasó a la cultura occidental en brazos del cristianismo bajo el nombre del Paraíso, iniciando así y a su modo, el mito de la creación humana. A partir del siglo XVI dialogó y se cruzó con otros mitos amerindios o de origen africano. Pero los mitos no expresan ni la verdad ni la mentira, son solo escalones de la construcción de la  historia. Sin embargo, celebran la vida, la naturaleza, el agua, aunque sancionen las transgresiones.

En Morelos, al igual que muchos otros escenarios, particularismos culturales aparte, las poblaciones crecieron sobre las tierras de cultivo. La arquitectura redujo las dimensiones de sus espacios libres, entre ellos los jardines al ritmo del avance depredador del capital inmobiliario. Como en los viejos tiempos cuando el vencedor prendía fuego y sembraba sal en la tierra conquistada, hoy en el ocaso del actual sistema social, el capital prende fuego a la naturaleza y contamina la tierra sembrando la  destrucción en los países conquistados. La creación de empresas  depreda los campos donde propone sus establecimientos, tal el caso de San Luis Potosí (buscar otros nacionales), y Cuernavaca y sus bordes: en Civac. En los otrora campos arroceros de Acapantzingo tenemos un fraccionamiento de lujo y muchas construcciones de estilos arquitectónicos devaluados.

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Haciendas, artesanías, viajes… y alertas en el volcán

En este tercer número de En el Volcán, presentamos tres artículos que reflejan la amplitud posible de temas que ocupan a la mirada antropológica e histórica. Los tres artículos se encuentran a continuación engarzados como facetas de una realidad siempre en transformación. La figura de una antigua hacienda morelense y de sus muchos recovecos significativos, entra aquí en contacto con el mundo creativo de la elaboración de artesanías, al tiempo que se añade a ello la memoria de Ignacio Manuel Altamirano, a propósito de dos viajes a Cuautla, el primero Al viejo estilo, en carruaje a fuerza de bestia viva y el segundo a lomo de ferrocarril.

Tiempos de productos artesanales, de haciendas rebosantes de implicaciones, de viajes a otro ritmo hoy extraño, parecen contrastar en su autenticidad con momentos actuales de incertidumbre que nos han de mantener alertas. Alertas porque ni las artesanías, ni las haciendas morelenses, ni los viajes de un ilustre Altamirano necesitaron nunca de una peculiar figura, denominada “delegado”, la cual poco a poco o de sopetón aparece ahora por ahí, ominosa.

Alertas, ante la mediocridad de delegados ramplones, de menos de medio pelo, mareados porque se subieron a un ladrillo minúsculo, vulgares por sus vulgares 16 costados, siempre serviles hacia “arriba” y déspotas hacia “abajo”.

Alertas también ante el maridaje de la amargura y el oportunismo que priva en la entraña de quienes oficiosamente se acomodan a perpetuidad en los circuitos académicos, apuntalando, con el espinazo doblado, a su ramplón jefe en turno. Pero la lava es otra cosa: fluye desde dentro y tolera poco la murmuración y la cobardía.

Pero… ¿qué es un delegado? No se trata del sentido originario en latín, cuya semántica une la procedencia, la legitimidad y la  acreditada función econ base en la experiencia o saber. La película La Frontera (1991) que propone como plano secuencia principal el encuentro tragicómico entre un relegado y un delegado. Aquí en estas tierras, los sentidos de relegado y delegado se confunden, generan curiosos híbridos en el gobierno, en los partidos, en las instituciones públicas y privadas.

Bueno, la semántica es menos complicada que la realidad. Aquí, un delegado es alguien de poca monta, definitivamente lejano de todo lo que de valor puede acompañar a la memoria de una hacienda, a una pieza de artesanía, a una narrativa de viaje: digamos que un delegado es una especie de franquicia minúscula, implantada sorpresivamente en una oficina, con el propósito de ignorar su propósito….

La frivolidad y la incompetencia de la burocracia estatal y federal no nos pueden hacer olvidar, al cerrar este tercer número de nuestra revista, que el crimen que ronda ciudades, regiones, carreteras, barrios, esquinas, en esta guerra impuesta a los mexicanos por quienes con ella se benefician, segó la vida de otro colega del campus de la UNAM en nuestro estado, en Cuernavaca, la ciudad en que vivimos. Y no es un caso aislado. Nuestra indignación y la pena que nos embarga, va a la par del abrazo solidario a sus colegas,  familiares y amigos.


El volcán Popocatépetl, la mañana del 17 de octubre. Foto de Ricardo Melgar Bao

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