21, Mayo de 2013

Turismo y antropología: miradas del sur y del norte

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En primer lugar, quiero agradecer a los coordinadores, Alicia Castellanos Guerrero y Antonio Machuca Ramírez, por esta nueva publicación: Turismo y antropología: miradas del Sur y el Norte.  Gracias a su empeño y dedicación, los lectores tenemos oportunidad de acceder a los diez ensayos que aquí se presentan.

Los autores de estos trabajos contribuyen de distintas maneras y desde diferentes puntos de vista a la construcción teórica de los fenómenos turísticos desde la Antropología.

El tema de las desigualdades entre países del Norte y del Sur se aborda en el ensayo Mitos, límites e impactos del turismo para todos, de Bernard Duterme, y por Alicia Castellanos, en Turismos, poder y autonomía. Para Duterme las desigualdades Norte-Sur se aprecian en la distribución en el número de desplazamientos de los turistas y los países hacia a dónde éstos se dirigen, principalmente. Afirma este autor la existencia de una asimetría en la distribución de los ingresos ligados al turismo, y  las cifras que nos presenta nos hablan de un desequilibrio en algunas naciones, donde los ingresos provenientes del turismo llegan a representar el 90 por ciento del producto interno bruto, con el consecuente abandono de otro tipo de actividades, como pueden ser la agrícola e industrial, poniendo en tela de juicio, también, la calidad de los empleos que produce el turismo.

Alicia Castellanos plantea también esta discusión, pero mientras que a Duterme le parece que se está  ampliando el rango de los viajeros, a través del acceso de las clases medias en algunos países, ya que en tiempos pasados los viajes solían ser privilegios de la aristocracia, para Alicia Castellanos, el actual panorama de desempleo y las condiciones de contratación que ha dejado el modelo neoliberal, han reducido el número de individuos que pudieran gozar de un periodo vacacional y por ende, de la posibilidad de viajar.


Para esta autora:

Los contrastes entre ciudades, comunidades, regiones y sitios turísticos del Norte y del Sur están signados por una desigual distribución del poder y son profundas sus diferencias en diversos aspectos: las políticas turísticas de los estados y el rigor con el que se aplican las legislaciones que regulan el uso del suelo en playas, bosques y áreas protegidas, las relaciones entre turistas y anfitriones, las dinámicas identitarias y el lugar de los propios anfitriones en sus regiones, localidades y sitios turísticos. (p. 269)

El poder de las empresas trasnacionales dedicadas al turismo aparece como omnipresente y en complicidad con gobiernos federales y estatales, así como con los grupos de poder locales que violan normas establecidas con respecto al uso del suelo, a la conservación del medio ambiente y a las condiciones laborales de los trabajadores nacionales.

En esta misma línea de pensamiento, pero en otro sentido, en el trabajo De las antropologías mundo a la ecología política del turismo, Mauricio Genet, plantea que la investigación antropológica: “debe reconocer que las problemáticas locales están siendo definidas por el entrecruzamiento de una diversidad de factores culturales de dominación y resistencia” (pp. 40-41)

Para él es importante que se estudien tanto la realidad latinoamericana como la estadounidense y la europea y asumir la perspectiva Sur-Sur:

…como recurso heurístico y sistemático para ligar al turismo con la identidad, la migración, los mercados laborales, las políticas de conservación de la naturaleza, el territorio, la construcción de imaginarios y la diseminación de imágenes, símbolos y estilos de vida, entre otros tantos. (pp. 41-42)


Considera que aún no se ha perfilado una propuesta de análisis que reconozca las particularidades dentro de la globalización, lo que conduce a la necesidad de plantear la transversalidad y horizontalidad en nuestras formas de investigar y hacer etnografía.

El turismo debe ser entendido, plantea Genet, desde una dimensión global como una tendencia de desarrollo que pone en contacto a personas de diversas procedencias y con diferentes mundos de vida y que dentro de sus perspectivas también disemina valores e imágenes inscritos en la modernidad y asentados en la concepción occidental sobre la persona y el individuo. (p.45)

Con respecto a la perspectiva Norte-Sur, advierte que para abordar la situación de interculturalidad en el fenómeno turístico, podría caerse en una simplificación si se le mira desde ese punto de vista, pues este tema va más allá de esta caracterización, pues la interculturalidad se desplaza, se mueve, legitima y produce efectos duraderos tanto en los visitantes como en los anfitriones.

Para Genet, actualmente existe una especie de descentralización, pues las asimetrías del poder cambian su eje y el desequilibrio en la distribución de la renta se mantiene, pero se altera en el contexto del narcotráfico y la miseria no sólo se agrava en algunos lugares donde ya existía, sino se traslada a aquellos en donde se pensaba que estaba suprimida.

Para él el Sur se ha diseminado por todo el planeta, al igual que el Norte, pero lo que si se debe analizar desde las antropologías mundo, es la segmentación del turismo, pues ésta es una expresión compleja de la articulación entre lo local y lo global.

Las etnografías deben de asumir un papel crítico para: “describir y analizar los conflictos e incompatibilidades que se manifiestan como resultado de dinámicas culturales, políticas y económicas situadas.” (p. 55)

Propone una ecología política del turismo que retome aspectos del periodismo crítico de autores como Roberto Saviano (2007), Mike Davis, Hermann Bellinghausen (2010), o la narrativa de Leonardo Jandra.  Estos trabajos, considera Genet, se dan en el entrecruzamiento de miradas y recursos narrativos; son etnografías ágiles y documentadas con respecto a los procesos socioculturales y políticos que dan cuenta de los procesos a través de los cuales se fraguan las exclusiones o se negocian las participaciones e intervenciones en la construcción de los lugares turísticos. (pp. 59-60)


Para Mauricio Genet, se ha impuesto, aunque no de manera total,  un fascismo societario, a la manera planteada por Boaventura de Sousa Santos (2009), que:

es pluralista y convive con el Estado democrático, que su tiempo y espacio ya no es nacional sino local y al mismo tiempo global, que está formado por una serie de procesos mediante los que asegura la política de control, exclusión y desposesión que padecen importantes sectores de la población por todo el mundo. Este nuevo fascismo define los tiempos y ritmos en el proceso productivo global,  bajo su lógica de flexibilización laboral, los horarios del metro, las quincenas y los tiempos programados para el ocio y el descanso, así como la propia subcontratación, la preponderancia de los cárteles de la droga o el mundo del riesgo, con sus seguros a la medida, forman parte de un escenario dentro del cual el presente está continuamente en fuga (Santos, 2009 y Vivanco, 2009). El tiempo presente se escapa porque cada vez más somos invadidos por la sensación de que nuestro esfuerzo nunca es suficiente para satisfacer todo aquello que deseamos. Y lo que poseemos se encuentra permanentemente a la deriva. (pp. 58-59)

Ante la desolación, nos dice Genet:

la reconstrucción de los lugares se vuelve tarea cotidiana, desde esta condición las personas, los pueblos, intentan remontar las diferentes colonizaciones. Mientras algunos territorios fueron tomados por asalto en las primeras oleadas de frenesí turístico, otros territorios han sido asegurados con una mejor organización. (p. 61)


Ilustra este último pensamiento con el Movimiento de los Sin Tierra en  Brasil, la lucha de los Mapuches, el movimiento de los seringueiros en la Amazonia, el movimiento negro en el Pacífico Colombiano, la movilización de los campesinos ecologistas en Guerrero y las propuestas comerciales que han asumido las organizaciones de productores de café orgánico en Chiapas, así como las redes campesinas de ecoturismo en Veracruz, Oaxaca y Chiapas.

Por su parte, David Lagunas nos presenta el ensayo: De la actividad al discurso: problemas en torno a la antropología del turismo. Para él uno de estos problemas sigue siendo que en algunos ámbitos académicos el estudio del turismo aun es considerando como algo banal, no obstante que éste abarca todos los intereses de la antropología.

Considera a la etnografía como una herramienta necesaria para romper con todos los estereotipos que se han vertido con respecto al turismo, aunque reconoce la dificultad que existe en cuanto a llevar a fondo una observación participante prolongada, entre sujetos altamente móviles y lo costoso que sería toda vez que implicaría acompañar a la gente en todos sus trayectos, aunque ve como una alternativa para resolverlo participar como guía de turistas.

Plantea cuatro problemas centrales que se deben tener presentes en el estudio del turismo: el primero consiste en considerar que el turismo existe y que éste fenómeno constituye un momento social importante para mucha gente.

Para David Lagunas:

El turismo trastoca los escenarios contemporáneos y los reconvierte en imaginarios que dan cuenta de estrategias simbólicas y político-económicas de construcción de la identidad local, regional y nacional. Se plantea al turista como recolonizador en su papel de consumidor ad hoc de los productos creados en función de su demanda, pero también como sujeto activo de su trascendencia. Subyace a este proceso de reconquista de los espacios y lugares un discurso, mediado por la inflación de imágenes, acerca de la autenticidad y lo exótico, pero también del hedonismo, del placer y de la libertad. (pp. 19-20)

El segundo problema remite, nos dice Lagunas, a una situación turística que se vincula con diversos regímenes: uno institucional, relacionado con el acceso a los recursos, uno económico, ligado a la acumulación de capital y un régimen del “habitar”, articulado en torno a un orden dominante en relación con el espacio, siendo este último el de mayor interés para la antropología, ya que la idea de habitar turísticamente el mundo se refiere a una práctica de movilidad  que engloba el sistema individual de movilidad.

El tercer problema tiene que ver con la evolución de las prácticas, la diversificación y el cambio constantes, así como los nuevos gustos, y por otro, a las permanencias. Todo esto ligado a los nuevos ritmos y tiempos que marcan las prácticas vertiginosas del mundo actual, donde lo importante parece ser la cantidad de lugares que se pueden visitar en periodos muy cortos. Aunado a esto también se encuentran las expectativas que el turista se hace de los lugares, imaginarios creados por la publicidad que por lo regular apelan a los sentidos y que en ocasiones pueden no corresponder a lo que el turista esperaba, generando la decepción, aspecto que ha sido poco estudiado.


Un cuarto problema sería el analizar de qué manera el turismo contribuye a la mundialización. En este apartado David Lagunas plantea algunos de los problemas con que se enfrenta la mercantilización de la cultura; para él:

El Estado, los locales y los turistas cocrean la tradición para el turismo. La identidad es construida e imaginada de manera distinta por los tres actores. Los participantes negocian y refuerzan esta identidad imaginada para acomodarse a las demandas del turismo global. (p.32)

Considera que:

Quizá el desafío más urgente para el estudio del turismo sea cómo lograr que los conceptos se vuelvan pluridisciplinares. La idea del habitus sociológico aplicado a los hábitos turísticos, la cuestión del desplazamiento –que se desliza hacia el psicoanálisis – o el concepto de alteridad en antropología, que corrige y amplía los horizontes de la versión geográfica –limitada a la idea de lugar -, constituyen algunos aportes cruzados, de forma que la hibridación de conceptos en el momento que migran de su contexto y se transforman exige una contextualización rigurosa y una creatividad controlada con el fin de evitar la importación acrítica de conceptos de segundo uso. (p. 34)

Con respecto al patrimonio cultural, en su ensayo La incorporación turística del patrimonio y el nuevo malestar en la cultura, Antonio Machuca, nos habla de las contradicciones del turismo de la globalización, en donde todo entra ya en la lógica del mercado; ya no se habla de identidad sino de diversas formas de identificación y denominaciones de origen. La cultura se ha convertido en una marca y los aspectos que antes caracterizaban a lo nacional y a los pueblos ahora se promueven como signos de particularidad para ser  consumidos por el turista.

Sin embargo, esta característica actual del capitalismo, con su lógica de actuar, impide la producción de aquello que promueve como lo auténtico, y que ahora se reduce a una marca. Evita la autenticidad y singularidad, justo lo que se promueve desde el turismo.

Ante esto, Antonio Machuca precisa que:

Una alternativa de los pueblos es la de preservar sus espacios de producción cultural significativa; generar condiciones de reproducción y creatividad vinculada a contexto de intercambio, consolidando los ámbitos de la diversidad en contrapartida con los globales.  También y ante todo, fomentar la relación con otras culturas en la que participen otros sectores sociales en diferentes niveles de intercambio y colaboración con miembros de otras poblaciones, impulsando un turismo cuyo punto de partida sea el fortalecimiento del desarrollo endógeno, y desde un nuevo concepto del mismo. (p. 107)

En este orden de ideas y  para ejemplificar como se ha plasmado en las ciudades la contribución del turismo a la mundialización de esta nueva estrategia de desarrollo del capital, el Dr. Javier Hernández, quien suscribe La ciudad reencantada. Transformaciones urbanas y nuevas tendencias turísticas, analiza lo  que ha venido sucediendo en varias ciudades españolas, principalmente Sevilla, en donde en aras de promover la competencia por el mercado, se ha transfigurado la fisonomía de las ciudad así como su uso y disfrute, ahora dirigido más bien al turismo, despojando a los locales del uso de los espacios que tradicionalmente eran emblemáticos para ellos, convirtiéndolos en lugares-mercancía sólo al servicio de los turistas.


A través de estas medidas, las ciudades se han museificado, pero al excluir a los que antes le daban vida en todo momento, ahora aparecen como  museos petrificados, nos dice Javier Hernández. La promoción del turismo también ha recurrido a la construcción de edificaciones monumentales; o sea,  el neomonumentalismo, que destaca por su estructura arquitectónica y el prestigio de los arquitectos que la construyen, así como por  su gigantismo.

La organización de megaeventos deportivos, culturales o de negocios también ha estado presente  en este nuevo quehacer de las ciudades, otrora ciudades mediterráneas con historia y tradición, en las que se prohibía cualquier tipo de construcción que modificara este panorama, y ahora se modifican para competir por ganar las sedes de eventos mundiales.

Este fenómeno, añade Javier Hernández:

…refleja la estrecha conexión existente entre lo global y lo local, ya que son organismos internacionales los que dictaminan sobre las sedes donde se celebrarán los acontecimientos universales. (p. 131)

Todos estos cambios se han llevado a cabo, nos dice este autor,  con el único fin de reposicionar a estas ciudades en la competencia del mercado internacional del turismo.

También advierte sobre dos aspectos importantes: las concesiones que se dan a particulares, hasta por 75 años,  para la promoción y gestión de eventos de distintas naturaleza en edificios que antes eran públicos y cuyos beneficios económicos quedan ahora en manos de organizaciones privadas; no menos importante es el hecho de que en aras de invertir en recursos de infraestructura que requiere poner en el mercado turístico una localidad, una ciudad o una ruta, las administraciones gubernamentales recortan y desvían recursos económicos que debieran estar dedicados al bienestar social, como la salud y la educación.

Una postura diferente, con respecto al desarrollo del turismo en las ciudades, es la que presenta Domenico Scafoglio, quien, a través de su trabajo Turismo, desarrollo y cambio cultural: el caso napolitano, comparte con los lectores la experiencia de recuperación de la ciudad de Nápoles, donde,  a través de la concertación, o sea la participación de todas aquellas instancias relacionadas con el turismo, así como la mediación cultural, que implica la participación activa de la comunidad receptora en el desarrollo turístico de su propio territorio, la ciudad de Nápoles  ha recobrado su lugar como sitio de visitantes, pero también, y lo más relevante para él, es cómo la población local ha volteado a verse a sí misma y se ha reencontrado con su identidad local, a través de esta reestructuración y recuperación de la ciudad como lugar de visitantes, así como de su artesanía y su particularidad gastronómica.

En este caso, también ha sido importante la intermediación comercial, que significó dar paso a nuevas figuras de profesionales que convencidos de esta nueva realidad productiva han contribuido a difundirla y fortalecerla, nos dice Scafoglio.

Un factor importante en la transformación de esta ciudad pero sobre todo en sus habitantes, es la política de la desestacionalización, que promueve un nuevo uso del tiempo, pues se pretende que bajo el influjo de la transformación de las actividades comerciales a las del turismo, se inhiba el éxodo veraniego y los servicios al turismo se mantengan durante este periodo.

Tenemos aquí el contraste en la visión de estos dos autores de lo que puede significar la transformación de una ciudad en un lugar – mercancía; sin embargo, ambos autores coinciden en que en estas urbes se han desplazado sus actividades industriales por aquellas centradas en los servicios, el turismo y el ocio; o sea, han pasado de ser  ciudades industriales a posindustriales,  o de fordistas, a posfordistas como las nombran Hernández y Scafoglio.

Sin embargo, plantea Scafoglio, esto que puede significar limitar el uso de las ciudades, se ve desbordado por la búsqueda de la singularidad por parte de los turistas, que se ha ido perdiendo al adoptar prácticas como el monumentalismo, la museificación de las ciudades y los megaeventos, que lejos de particularizar a ciudades como son los casos que nos presenta Javier Hernández, Sevilla o Barcelona, que se preciaban de ser ciudades mediterráneas, donde la tradición y el patrimonio histórico y cultural eran los atractivos principales, pasan a adoptar aspectos tan generalizados a nivel mundial, que van perdiendo su singularidad, contrario a lo que la mercantilización y promoción de estas ciudades se hace a través de la propaganda turística.

En Ecoturismo, desarrollo y sustentabilidad: un recorrido por senderos interpretativos del poder, mercado y simulacro, Ángeles López y Gustavo Marín, dan seguimiento a la evolución que ha tenido el ecoturismo,  tipo de turismo que originalmente se planteó como una alternativa de desarrollo para poblaciones del Tercer Mundo, pero que al ser retomada como opción frente al turismo depredador y de masas, poco a poco se fue institucionalizando a través de organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales bien sea de grupos en defensa del ambiente o promotores nacionales o internacionales, cuyos intereses no siempre atienden a los de las poblaciones a las que iban dirigidas estas políticas, sino que en aras de preservar los recursos naturales y ambientales, terminan despojando y/o excluyendo a los pobladores locales.

Impulsado sobre la base de una sustentabilidad ambiental y cultural, así como de un reencuentro del hombre con la naturaleza, ha pasado a ser el nicho turístico más exitoso en los últimos 20 años, afirman López y Marín,  pues desde la década de los noventa éste creció entre 20 y 34 por ciento, y en 2004, junto con el turismo de naturaleza, creció tres veces más rápido  que la industria del turismo en su totalidad.

Para abundar sobre esta temática, Federico Zúñiga, en El patrimonio biocultural frente a los procesos de apropiación turística y mercantilización como estrategia de desarrollo para el Totonacapan veracruzano, ilustra la aplicación de las políticas de desarrollo turístico que se han dado en el estado de Veracruz, entidad en la que su territorio se ha dividido en siete zonas turísticas, siendo una de ellas la Totonaca, cuyo eje principal en la Zona Arqueológica del Tajín, que junto con la ceremonia de los Voladores de Papantla están ya considerados como patrimonio de la humanidad.

Resalta en este trabajo el análisis que el autor hace sobre el uso del patrimonio cultural, material e inmaterial, y la explotación de su diversidad en flora y fauna, para fines turísticos, en el estado de Veracruz.

Nos presenta el caso de esta región como ejemplo de apropiación turística: la transformación de la cultura y el entorno ecológico en términos de rentabilidad comercial.

Por último, un ensayo que resulta de lo más inquietante, es el presentado por el Dr. Iván Franco, titulado La región Golfo de México-peninsula de Yucatán y el Caribe: recursos estratégicos, capitales turísticos y fronteras militares. En este trabajo, y aplicando su formación como antropólogo, historiador y politólogo, nos revela la posición estratégica de la zona a que hace referencia en su trabajo, desde el punto de vista de los recursos energéticos y el interés que ha despertado por parte de intereses geopolíticos de países como Estados Unidos, Inglaterra y Canadá, los que, afirma el Dr. Franco, han destinado una enorme cantidad de recursos para investigar el subsuelo peninsular, territorial y marítimo.

Los hallazgos de recursos energéticos actualmente estratégicos, ha ido transformando la relación “equilibrada”  entre hombre/naturaleza que durante siglos había dominado en la región, que ha pasado de “región periférica” a región estratégica, para irse consolidación como frontera inteligente pero ampliada, afirma Iván Franco, delimitada básicamente por el gran poder económico trasnacional y la política militar de Estados Unidos.

Una hipótesis central de este trabajo es que:

…el ascendente mercado de tierras y desarrollos hoteleros, turísticos Premium e inmobiliarios registrado en las últimas décadas en la península de Yucatán, juega un papel de avanzada en los procesos de integración económica regional fundados en la probable explotación futura de riquezas naturales estratégicas detectadas en el área. (p. 178)

Así como que:

…el impulso al Turismo Premium es tan sólo una vertiente previa para el arribo y expansión de los intereses en general de inversiones nacionales y trasnacionales diversas, respectivamente, que alientan el largo proceso de apropiación y despojo de tierras. (p. 178)

Después de leer este trabajo, una se queda con la sensación de que ahí, en esa zona, el desarrollo del turismo aparece como una gran pantalla para enmascarar los verdaderos intereses por apropiarse de los recursos energéticos descubiertos en esa región.

En la mayoría de estos trabajos, subyace la preocupación por la apropiación del patrimonio cultural, en sus diferentes formas, para ser comercializado y extraído de sus portadores,  transformandolo en un producto para ser ofrecido al turista.

Lo que en un principio aparece como una posibilidad de desarrollo para las comunidades o poblaciones indígenas, viene sufriendo, paulatinamente, la apropiación de esos atributos étnicos para formar parte de la mercantilización y entrar al mercado y promoción turística, deviniendo en objetos de consumo desterritorializados y globales, en virtud del control de la producción cultural, trivializándolo, dejándolo vacío de contenido.

¿Será que el neoliberalismo pretende despojar al ser humano de todo signo de identidad para reducirlo a un valor de cambio? Las naciones, y los valores nacionales han devenido en vacío, pues  ahora existe la pluralidad a merced de las trasnacionales, se lucra ahora con esto mismo. Tú como signo de diversidad tienes un precio, así como lo que te constituye y son atributos de tu identidad.

Como resultado, también nos preguntamos: ¿A dónde podrá ir aquel turista que había venido buscando los lugares vírgenes y alejados de la modernización y de esta “civilización” que nos ahoga? No tendrá ya más un refugio, ni encontrará alternativa en la “gran oferta turística”. ¿Será que decidirá quedarse en casa o se abrirá la oferta turística al espacio planetario a un mayor número de terrícolas?

Como podrá apreciarse, en este libro se plantean importantes reflexiones teóricas sobre el quehacer de la antropología en torno del estudio del turismo en diversos contextos y casos. Al revisar estas exposiciones no se tiene la menor duda de que se ha superado la duda sobre la pertinencia de los estudios antropológicos relacionados con el turismo.

No cabe duda que para quienes estamos incursionando en el tema del turismo, la riqueza de estas reflexiones nos permite derivar y compaginar marcos teóricos desde los cuales construir nuestras propias investigaciones.

No me queda más que invitar a los lectores a acercarse al libro Turismo y antropología: miradas del Sur y del Norte, y apropiarse de la riqueza de argumentos que todos y cada uno de los autores han vertido en este volumen, y que en aras de la brevedad no me ha sido posible presentar aquí.

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