Número 68

31 do la forma y el contenido de todas las dinámicas sociales. Se abrió el mundo a un nivel nunca antes alcanzado y se empezaron a conformar relaciones de todo tipo entre distintas geografías. Tras el derrocamiento de la Corona y la vic- toria burguesa en 1789, se confiscaron los bie- nes y obras privadas de la nobleza francesa y el clero. Apenas dos años después de la toma de la Bastilla, en 1791 se estableció que el Palacio de Louvre fuera el espacio donde mostrar al públi- co los objetos que antes habían sido parte de la colección real. Así, el recinto fue decretado para funciones artísticas y científicas. Es hasta 1793 cuando se abre al público con el nombre de Mu- seo de la República (Varine-Bohan, 1979, p. 27). La formación de los nuevos museos públi- cos respondió a dos finalidades primordiales: la educativa y el enriquecimiento del patrimonio nacional. La exhibición estaba dirigida a todo público, sin tener alguna restricción de clase o estatus social. Así, las ideas revolucionarias de libertad, igualdad y fraternidad devinieron en la experiencia moderna del museo que buscaba democratizar la riqueza social y cultural. Paralelamente a los museos, también se es- taban configurando otros elementos de la mo- dernidad, el Estado Nacional, los procesos de democratización y la expansión del capital. Para el caso de América Latina, es hasta el siglo XIX que las antiguas colonias se empiezan a consoli- dar como países independientes. En busca del reconocimiento internacional y con el objetivo de estabilizar y crear consen- so al interior de los recién fundados Estados, se crearon, a través de políticas culturales, discur- sos e imágenes para afirmarse como nación. El Estado entonces no sólo mantiene el monopo- lio de la violencia, sino también disfruta de un monopolio narrativo, donde se enaltecen cier- tos elementos y se excluyen otras experiencias, que son omitidas sistemáticamente dentro del gran discurso nacional, al parecer antagónicas. Hacer un país requiere un proyecto político y cultural unificado, un consumo simbólico com- partido que favorezca el avance del mercado (García Canclini, 2016, p. 238). En América Latina los únicos capaces de le- vantar grandes museos, hasta ahora, habían sido los Estados, por lo que estos espacios han sido muy útiles para afirmar el discurso nacional, pues es en dichos recintos donde se ilustran y se mate- rializan las grandes narraciones que fundan cada país y marcan cierta dirección hacia dónde deben ir orientadas las acciones de los ciudadanos. Discusión Hasta ahora el museo se presenta como un tre- mendo recinto lleno de arte, piezas antiguas y artefactos que son parte y orgullo de la nación. Sin embargo, es necesario cuestionar ¿de dónde salen o cómo se consiguieron estas piezas? ¿qué es el patrimonio? Muchas ciudades europeas son famosas por ser centros culturales importantes, donde se ex- hiben obras en diversos espacios. Las metrópo- lis del viejo continente deslumbran por sus im- presionantes colecciones. Por poner ejemplos, en París, se encuentra el museo más grande del mundo, el Louvre, el cual alberga piezas de va- rias partes del Globo, arte florentino, piezas islá- Ilustración 1. Vajilla islámica, parte de la colección del Mu- seo de Louvre. Twitter Museo de Louvre

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