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apoyo de fundaciones y gobiernos, resul-

ta sorprendente que cuando comprueban

esos daños y peligros del ecocidio ni les

hacen caso, ni sólo los descalifican por

cuanto medio está a su alcance, sino hasta

los persiguen, como si fueran culpables al

no legitimar sus autores el sistema de los

decision

makers

, integrantes del “poder

oculto” tras el capitalismo corporativo

al que dominan unos cuantos billonarios

superpoderosos, como los del tristemen-

te famoso Grupo Bilderberg que se reúne

regularmente en los grandes hoteles con

sus

think tanks

, y sus invitados distingui-

dos, algunos candidatos a gobernar. Ese

grupo sobre todo, y algunos otros cuyos

miembros que se le integran o asocian,

determina la suerte de buena parte de la

humanidad y de los conflictos a enfren-

tar mediante colusiones, cooptaciones,

corrupciones y represiones de variadas

tramas, organismos e instituciones...

En palabras llanas, la descalificación

y el asedio contra los investigadores que

publican hechos y evidencias sobre pe-

ligros de que son causantes los grandes

propietarios y accionistas de las corpo-

raciones multinacionales, trasnacionales

y globales, psicológicamente correspon-

de a esa “negación” freudiana de causas

y efectos que política y consciente o in-

conscientemente buscan ocultar sus auto-

res, y que en términos psicopatológicos y

hobbsianos se ocultan a sí mismos.

Daños al mundo y peligros actuales y

futuros que sufre la humanidad se niegan

de varias maneras. O se afirma que los in-

formes y estudios que los revelan son fal-

sos, y eso se sigue afirmando todo lo que

se puede, o cuando ya no se puede más,

se afirma que los fenómenos “negados” no

son ni tan peligrosos ni tan amenazadores

como sostienen personas y grupos a los

que se califica de apocalípticos o perversos

y, ya en último extremo, esto es, cuando

aparecen una tras otra las crisis anuncia-

das, se dice entonces que los males que las

provocan van a ser resueltos, y se emplean

varias formas de mentir sobre el tiempo y

magnitud en que van a resolverse, o so-

bre los recursos que van a emplearse y los

subsidios e inversiones que se van a hacer,

o sobre las tecnologías que los resolverán

y que por supuesto en nada afectarán las

inmensas ganancias que para las corpora-

ciones significa, como efecto no deseado,

la destrucción de la tierra.

La situación cognitiva resulta ser to-

davía más grave cuando se comprueba

que a tamañas falsedades se añade el he-

cho invariable de que las partes se cuidan

de adquirir compromisos vinculantes, o

acuerdos ejecutivos, que en alguna y poca

medida lograrían las políticas con que

creen y hacen creer que se resolverán los

problemas ecológicos, todo lo cual entra-

ña una conclusión necesaria en que los

ricos y poderosos no quieren ni pensar, y

es la de que desde la organización actual

de la vida y el trabajo es totalmente im-

posible resolver los problemas sociales y

ecológicos de la humanidad y del planeta.

Y ese totalmente es rigurosamente deter-

minista como algunas leyes de la física…

Pero con una diferencia, que eso no ocu-

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