Número 40
17 Conclusiones La frecuencia de la representación de mu - jeres en diferentes contextos nos señala que su papel en las sociedades indígenas durante el pasado prehispánico, no se limi - taba únicamente al ámbito doméstico, sino que también ocupaban un papel importan- te en la política, la economía, la guerra y la religión. Lo anterior es uno de los rasgos comu- nes a la cultura mesoamericana en sus di- versas variantes regionales; así, en el área Maya vemos representaciones de mujeres gobernando, dirigiendo e incluso conspi- rando desde las esferas más altas del po - der. Entre los mixtecos o nahuas del Cen - tro de México, en el posclásico, las mujeres también fueron guerreras y gobernantes, como lo vemos en los códices y esculturas. Queda claro que la mujer desempeñó ac - tividades diversas además de las otorgados de manera “natural”, como la maternidad, que si bien fue apreciada socialmente des- de el punto de pista simbólico-religioso, no parece haber constituido una limitante para otras actividades y funciones de la mujer. Lo anterior nos lleva a reflexionar sobre el impacto que tuvo el choque de culturas entre los mesoamericanos y los españoles. Para esta época y hasta hace poco, las es- pañolas no podían heredar y usufructuar su herencia sin el permiso de sus maridos, en tanto, las mujeres mesoamericanas eran de hecho las herederas de las tierras, las cuales que pasaban de madres a hijas y la propiedad se mantenía en la misma fami- lia. Se da el caso del casamiento entre her- manos para mantener esas propiedades y en ese sentido los maridos no conservaban ningún derecho sobre lo heredado. Por otra parte, en la época prehispánica, las muje - res se podían separar del marido, mientras que en España, incluso hasta hace pocos años no era permitido el divorcio. Por otra parte, los conquistadores es- tablecieron para las mujeres una serie de limitantes en cuanto a actividades eco - nómicas y el acceso a la tecnología. Por ejemplo, les era vedado el uso del telar de pie y el torno para la manufactura de la alfarería. En estos dos casos la mujeres in - dígenas seguían usando su ropa, que ellas elaboraban, y en cambio a los hombres los obligaron a usar pantalones de manta blanca de determinado número de hilos, lo que generaba cuantiosas ganancias a la corona Española Desde el punto de vista metodológico, al abordar cuestiones de género, quizá la arqueología deba prestar mayor atención a los recursos que se allega como base primaria de información y apoyarse en diversas fuentes documentales y en la et - nografía, analizando de manera crítica los modos de vida del pasado. BIBLIOGRAFIA • Díaz del Castillo, Bernal 1985 Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España. Co - lección Austral 1274, Editorial Espasa-Calpe. España. • Garza Tarazona, Silvia 1991 La mujer Mesoamericana. Edi - torial Planeta Mexicana. 2002 “El nombre de Xochicalco antes del siglo XVI: ¿Totolhuacalco?”. Arqueología Mexicana, Vol. X, núm. 55:56-57 Edi - torial Raíces. México. 2009 “Propuesta de la distribución lingüística de Mesoamérica para el Epiclásico (600 a 900)”. En: La lengua y la antropología para un conocimiento global del hombre. Homenaje a Leo - nardo. Manrique. Colección. Científi - ca 550:39-51. INAH. México. 2015 “Una nueva estela de Xochical - co” Revista electrónica En el volcán Insurgente. www. enelvolcan .com/ ediciones/2015/ 36 -marzoabril-2015 , pp.31-36. Garza Tarazona, Silvia; Carmen Pijoan; Josefina Mansilla y Norberto González 2003 “Pórtico I4 de Xochicalco More - los, México. Localización arqueológica de materiales esqueléticos”. Vol.I: 191-198. Antropología y Biodi - versidad. Ma. Pilar Aluja, Asun- ción Malgosa y Ramón Ma. Nogués editores. Madrid.
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