Número 39
84 2050 muy similares a las del caso naranja, pero ocasionaría un compromiso climático mucho mayor en el largo plazo, debido a que al no haberse ido reduciendo gradual- mente las emisiones, su acumulación sería mucho mayor después de ese año. La figura 4 muestra que mientras más tardemos en iniciar la reducción de las emisiones de CO 2 , mayor tendrá que ser la tasa para que éstas decrezcan a fin de respetar el límite de los 2 ºC; nótese que si la reducción de emisiones se inicia después del 2025, será necesario recapturar CO 2 de la atmósfera para respetar el límite acor- dado. Esta consecuencia no es aplicable en el caso de cualquiera de los otros gases de efecto invernadero de vida corta, como el metano. Además, debe considerarse que para cualquier tasa de reducción posterior al máximo de emisiones, el calentamiento máximo comprometido ha estado crecien- do durante las décadas recientes con una tasa cercana a la de las emisiones acumu- ladas y que ésta es casi el doble de rápida que la del aumento en las temperaturas ob- servadas; es decir, que las medidas que de haberse iniciado en 1992 hubiesen limitado el calentamiento inducido por el CO 2 a 2° C, de iniciarse hasta hoy en día, no podrían evitar un calentamiento mayor a los 3° C. La cantidad de carbono que no se debe quemar El balance global de carbono proporciona una forma sencilla y poderosa para en- marcar el reto de evitar un calentamiento global antropogénico peligroso; por ello, su cálculo es muy importante. La figura 5 muestra la correlación entre las tempe- raturas globales promedio y las emisiones globales acumuladas de CO 2 , ambas varia- bles medidas a partir de las condiciones presentes a finales del siglo XIX (IPCC 2013a, Figura SPM.10, p.28). Las tempe -
RkJQdWJsaXNoZXIy MTA3MTQ=