Número 26
35 D esde la distancia quiero man- dar unas líneas para compar- tir mi tristeza por la partida de Marinella y mi alegría por el privilegio de haberla tenido como amiga, consejera y apoyo solidario en mi vida. En Cam- bridge, donde me encuentro de sabático, me enteré de la hospitalización de Mari- nella y desde acá me comunique con ella para enviarle mi amor y animarla a seguir luchando, y posteriormente me entere de su partida. Me considero parte de esa fa- milia no consanguínea que Marinella fue construyendo por el mundo, creando re- des de afecto y sororidad que nos unen hoy en este homenaje. Conocí a Marinella Miano, primero por su trabajo académico cuando llegó a mis manos su libro Hombre, mujer y muxe en el Istmo de Tehuantepec , trabajo pione - ro en el análisis de la diversidad sexual en regiones indígenas. Sus habilidades como etnógrafa y su profundo conocimiento de la realidad juchiteca, me hicieron leer este libro con una avidez que pocas veces había sentido con un libro académico. En su obra siempre proyecto la pasión y el amor que la unía a Juchitán y su gente, haciendo que muchos de sus lectores quisiéramos recor- rer los caminos que la llevaron al Istmo de Tehuantepec. Su libro fue uno de los textos básicos que utilicé en mi curso sobre Des - colonización del Feminismo en la Universi- dad Autónoma de Madrid, en el 2003 y des- de entonces me convertí en una seguidora de sus análisis sobre la diversidad sexual. Para Marinella Miano Borruso , feminista de la diversidad, y amiga solidaria Aida Hernández Castillo Si bien otras autoras ya habían prob- lematizado las visiones teocéntricas de los estudios feministas que victimizaban a las mujeres rurales, pocos trabajos en América Latina habían abordado el tema de la diversidad sexual en contextos in- dígenas, desestabilizando las perspectivas heterosexistas que seguían caracterizan- do a los estudios de género en el conti- nente. A través de un trabajo etnográfico socialmente comprometido, Marinella nos
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