Número 26
32 medad y asistencia médica, delitos y justicia. Si uno escucha el sonido del tzolzil, se da cuenta que muchos soni- dos se aspiran, hay muchas palabras cortas, muchas veces monosilábicas que terminan en una aspiración. El idioma tzolzil es un idioma muy sua- ve con muchos sonidos de m, k, l, y muchas sh y sonidos siseando. Los tzolziles transfieren esta pronuncia - ción aspirada al español lo que le da un sonido duro y fuerte que suena ex- traño […] A veces M. se preguntaba, cuando estudiaba las diferentes for- mas lingüísticas, qué lógica se escon- día detrás de la gramática […] (p.52) En su apuesta por aprender la lengua Tzolzil, Hüttinger confronta debilidades y fortalezas, perplejidades ante una lengua que estudia de manera asidua y que resulta anacrónica ante los veloces cambios lingüís- ticos y las variaciones dialectales. Obser- va, con mucha inquietud, el manejo de un tzolzil en la práctica cotidiana, donde por ejemplo, la numeración los tzolziles la rea - lizan en castellano o castilla y en la misma tónica comprueba que tanto los sustantivos, los adjetivos y pronombres posesivos, en su plural, ya son fuera de moda para una po- blación que vinculará, muy a su pesar, una lengua, la tzolzil, con la lengua dominante, el castellano. Algo similar ocurrió con Mo- rales Bermúdez en la zona norte de Chiapas: en su aprendizaje del chol comprobó que en una conversación los choles salpicaban su lengua con numerosos vocablos del español, principalmente los verbos. Señala: “es com- prensible que la lengua española se imponga sobre las de las minorías étnicas mexicanas, ya que es con ella con la que realizan todo tipo de transacciones comerciales, políticas, religiosas y hasta culturales” 4 . Sin embargo, la escritora descubre determinadas pecu- liaridades que enriquecen el español tzolzil cuando ejemplifica las transferencias lin - güísticas del tzolzil al español. 4 Jesús Morales Bedrmúdez. ON O T’IAN ANTIGUA PA- LABRA. Narrativa indígena chol . México, UAM, Azcapotzalco, 1984 El enigma y la extrañeza con el idioma na- tivo se extrema cuando percibe serias dificulta - des a la hora de las traducciones. Dice: En la transferencia de una visión del mundo, de una ideología, de un cos- mos individual y colectivo a otro que le era incompatible. El lenguaje repre- senta una de las formas más íntimas de expresión… se enfrentaba a dificulta - des similares cuando quería averiguar términos relacionados con el espacio. Hacia adelante, hacia atrás, hacia la izquierda, hacia la derecha, para poder expresar estas coordenadas espaciales, se tenían que utilizar paráfrasis… Un síntoma de esta perplejidad lo expre - sa al final del capítulo con el significativo nombre de hablar: M había perdido el lenguaje. De repen- te había enmudecido. Porque, lo que ella era capaz de expresar, lo que ella podía decir en palabras, en el lugar don- de se hallaba, no encontraba eco, re- verberación. Había perdido el idioma. Sin palabras, muda, estaba sentada en una silla. Sin pronunciar palabra estaba sentada en una silla. Sonidos extraños. Mucha risa. Mucha risa en este ambien- te pobre, sencillo y precario” (p. 27). Cuando Antonio Paoli penetra a la lengua tseltal señala: “Nos aproximaremos a la sa- biduría del mundo tseltat, a los valores clave que orientan y dinamizan su cultura. Nuestro método será sociolingüístico. Nos referiremos a sus órdenes sociales y formas de apreciación a partir de estructuras lingüísticas” Y para hablar de la complejidad de este idioma nos ejemplifica con el concepto K’inal, vinculado en sentido literal a la identidad. Dice Paoli: K’inal quiere decir medio ambiente y a veces se traduce como terreno, pero también quiere decir mente, y la mente se configura en gran medi - da por la experiencia del medio am-
RkJQdWJsaXNoZXIy MTA3MTQ=