Número 8

24 ha querido llevarse a Toñita, yo con todo respeto creo que es importante reconocer la voluntad divina y por eso hay que averiguar si lo que le pasó a nues - tra Toñita puede pasarle a otro niño. Esa es una tarea que tenemos que hacer como parte del plan de Dios, que nos está encargando a los niños que quedan. ¿Qué pasaría si murió por una enfermedad contagio - sa? Dios no quiere que nos quedemos con los brazos cruzados, y como bien dice el sacerdote –luego me dirá que es ministro- ella ya está con Dios, ya lo que quedó aquí es su cuerpecito. Luego del silencio, el ministro toma la palabra y tranquilamente dice entender lo que se ha comen - tado, pero en ese caso, lo recomendable es enton- ces llamar a algún médico particular y pedirle que le saque unas muestras de sangre para que se hagan esos estudios, y no sacar de la casa el cuerpecito de la difunta. Los vocablos nahuas están en el aire y no es mi lengua. Pido hablar de nuevo y les digo que agradezco las palabras del ministro, pero que no tie - ne caso sacarle ya sangre a la pequeña, que lo que nos pide Dios es cuidar a todos los niños, que Toñita nos está dando un regalo de despedida, y es el de que veamos con el estudio de su cuerpo qué fue lo que le pasó. Y añade que la respuesta de si va o no va es de los padres, y que todos nosotros respetaremos y apoyaremos lo que digan ellos, si se va o no se va a Iguala. En eso un hombre de pelo corto, en otra esquina de la amplia habitación, dice que Dios nos dio la inteligencia y que es nuestra responsabilidad con Dios utilizarla. Que él tiene niños, que está de acuerdo con los estudios que dice el médico. El mi - nistro accede. Otros hablan, y finalmente hay varios dispuestos a acompañarnos a Iguala, pues la camio - neta con el Ministerio Público llegará al rato. Deci - den entonces que se quedarán a esperar el cuerpo de regreso, que acompañarán velando hasta que se regrese de Iguala. Llegan a eso de las once de la noche tres camio - netas. El cielo está estrelladísimo. Una con el síndico y su “maquinista”, otra con todos los policías munici - pales y sus armas largas y una de una funeraria, que es la que trae al Ministerio Público , además de otras personas, con cámaras. El licenciado apunta en un papel los nombres de los padres y de la finada. En - trando a la habitación del velorio, acceden cuando En la página 22, El visitador, tomada de mhr79.deviantart.com; arriba, Sueños de papel, de Beatriz Martín

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