No. 46, Noviembre-Diciembre

1916. Racismo y contrarrevolución en México

 

[1]

 

Resumen

En marzo de 1916, el ejército carrancista inició la primera invasión al Estado de Morelos para tratar de acabar con la Revolución del Sur, encabezada por Emiliano Zapata. En julio de ese año, el Ejército Libertador lanzó una amplia contraofensiva que culminó con la expulsión del ejército invasor, en febrero de 1917. Este artículo presenta avances de investigación acerca de la guerra de exterminio y el racismo contra la revolución campesina de México.

 

I.

El 26 de septiembre de 1915, el general Pablo González anunció el objetivo de la campaña militar carrancista contra la Revolución del Sur: “el Cuerpo de Ejército de Oriente se ha propuesto exterminar esa rebelión”. Además, manifestó la línea estratégica que seguiría: privar a los zapatistas de víveres, parque y municiones; reducirlos a pequeñas partidas de merodeadores y matarlos “como a fieras dañinas”, “no en batallas formales, sino en expediciones de aniquilamiento”.[2] Aquella semana, el Mayor carrancista Francisco Beltri refrendó las oposiciones imaginarias de esa guerra de exterminio: “con la bien intencionada mira de hacer labor de humanitarismo”, calificó a los zapatistas como “bandoleros de camino real que se limitan a desahogar su impotente rabia de salvaje ferocidad primitiva”; “ineptos para la lucha por un ideal político”, “verdugos de la sociedad y asesinos de la patria”.[3]

Esos discursos de Pablo González y Francisco Beltri anunciaron la guerra de exterminio contra la revolución campesina de México, bajo preceptos racistas. Por medio de múltiples relaciones de fuerza —explícitas e implícitas— construyeron, al mismo tiempo, la extrema inferioridad imaginaria y el enorme peligro de la revolución social, a fin de llevar a cabo la causa carrancista del exterminio.


Carmen Robles

Con el propósito de matar a los campesinos del sur, el ejército de Carranza asumió el ropaje del “humanitarismo”. ¿Pero, cómo podría matar, el ejército “humanista”, a los campesinos y sus familias, sin convertirlos imaginariamente en animales, colmados de ferocidad y rabia? ¿Cómo podría, ese ejército, presentarse como “salvador”, sin inculpar a los zapatistas, como asesinos de la sociedad y de la patria? Finalmente, ¿cómo podrían, los carrancistas, enaltecer su propia fuerza imaginaria —honradez, civilización y capacidad— sin atribuir a los zapatistas el bandolerismo, salvajismo, ineptitud y la carencia de ideales políticos?

A través de múltiples despojos, a través de la construcción imaginaria de la inferioridad del otro, el sujeto racista construye su propia superioridad, también imaginaria. En la práctica, este racismo carrancista (humanos contra fieras) buscó respaldar pero, sobre todo, dirigió la guerra de exterminio contra la revolución campesina de México.

Asimismo, es posible observar el carácter contrarrevolucionario de esa estrategia en las palabras que expresó Pablo González a Carranza, en esos días: urge comenzar la campaña de Morelos... “Es preciso pensar en la desintervención general de todas las haciendas… Se debe permitir a todos los hacendados que siembren sus tierras”.[4]

El 3 de enero de 1916, la prensa carrancista publicó un artículo para exaltar la guerra química de alemanes e ingleses; especialmente, el empleo militar de gases y vapores asfixiantes a base de ácido sulfúrico, bromo, cloro, peróxido de azoe y sosa cáustica.[5]


El Demócrata, decreto de Pablo González

Al mes siguiente, en febrero, la prensa informó que en la Maestranza Nacional se fabricaban espoletas para granadas de gas asfixiante, ordenadas por Pablo González, con maquinaria que el coronel Alfredo Breceda trajo de Estados Unidos.[6]

Hasta ahora no he encontrado otro documento acerca del empleo de gas asfixiante en la campaña carrancista contra los zapatistas. Considero que esto podría deberse a que, en ese año, las granadas asfixiantes ya se preparaban con fosgeno, un gas venenoso incoloro y con olor agradable, como heno recién cortado o como maíz verde. Los síntomas de asfixia no son inmediatos, aparecen en el transcurso de un día y solamente por medio de una radiografía de pecho se puede saber de manera rápida si una persona fue expuesta al gas de fosgeno.[7]

El Mayor Francisco Beltri anticipó también otro elemento de esa estrategia de guerra. Puesto que los sabotajes zapatistas a la red ferrocarrilera se habían multiplicado en Veracruz, Tlaxcala y Puebla, el ejército carrancista construiría “casetas blindadas, provistas de fosos y alambradas”, con “sistema de señales” y contingentes de tropas móviles que apoyarían este sistema defensivo.

Previamente, en las guerras de Cuba y Sudáfrica, esas fortificaciones se llamaron Blockhouses. En la guerra boer, escribió el coronel británico C. E. Callwell, las dificultades para transportar municiones obligaron al aseguramiento de los ferrocarriles con el sistema de blockhouses, que además sirvió como anillo para cercar a los rebeldes. Estas líneas fortificadas también fueron almacenes de municiones y víveres, así como bases operativas para las columnas expedicionarias de aniquilamiento.[8] En 1916, el Ejército Constitucionalista iniciará la construcción de Blockhouses en el ferrocarril de México a Cuernavaca y de México a Toluca.


Adrián Castrejón

Otro elemento importante, en los preparativos para la invasión del Estado de Morelos, fue establecer un sistema de atrincheramiento en el Distrito Federal. Según informe del Comandante de Ingenieros, coronel carrancista Luciano Reyes Salinas, fechado el 11 de enero de 1916, en esas obras participaron oficiales del ejército huertista. Estas trincheras tuvieron reductos de artillería con cúpulas blindadas, reflectores importados para trincheras, con potencia de 6 y 4 millones de pies bujías, y torres de transmisión inalámbrica con alcance hasta Panamá. La línea principal del atrincheramiento tenía 100 km de largo y 180 km de línea extrema.[9]

Asimismo, los preparativos para la invasión incluyeron el acopio de información militar. Éste es el caso del interrogatorio forzado que realizó el general y médico carrancista Rafael Cepeda a un prisionero zapatista de 13 o 14 años de edad, detenido en Topilejo. En el informe del interrogatorio, Cepeda reportó: 1. Que en San Pablo Oztotepec, Distrito Federal, radicaba el general zapatista Juan Salazar, con tropa, un cañón de regulares dimensiones y dos cañones de montaña; 2. Que después del combate en Los Frailes, Puebla, Eufemio Zapata se dirigió hacia Atlixco; 3. Que “Emiliano Zapata se hallaba en Tlaltizapán con cerca de cinco mil hombres, con bastantes armas. Agregó que en Atlihuayán (Morelos) está establecida la fábrica (zapatista) de cartuchos y municiones, la cual está dirigida por el que se intitula Ing. Paniagua, sin poder precisar el interrogado qué cantidad de parque se fabrica diariamente”.[10]

La policía secreta carrancista, que implantó Pablo González en la ciudad de México, también contribuyó con información militar para la campaña antizapatista.

21 de enero de 1916. “Se ha logrado localizar el domicilio del señor Pino, propietario de un taller mecánico, sito en la 4a. de Netzahualcóyotl núm. 120… dicho señor, (tiene responsabilidad) en la fabricación de bombas para los zapatistas”.

10 de febrero de 1916. Virginia Barrios, agente especial de policía, comisionada para investigar a profesoras de Nativitas, Xochimilco, reportó más datos sobre el trabajo zapatista en el sur del DF: procedimientos, informantes, correos, parque y contactos en el mercado de La Merced.

Dijo: “Que los zapatistas cuando quieren dar algún ataque, mandan a mucha gente disfrazada, para que emborrachen a las tropas constitucionalistas... que muchas mujeres iban y venían a los campos zapatistas... para estarles llevando todo lo que se les ofrece... como informes respecto a los movimientos constitucionalistas, sal, cigarros... que muchas mujeres vienen a México y a su regreso les llevan a los zapatistas barras de dinamita debajo de las enaguas”... que un señor de apellido Castillo y sus hijos apoyan a Zapata con dinero, armas y parque, “que estos señores Castillo viven frente al mercado de La Merced… cuyo edificio, para más señas, tiene un reloj frente a la fachada de la casa”...[11]

Finalmente, en cuanto a los preparativos de la invasión, es preciso considerar la implantación de un cerco militar sobre el Estado de Morelos; así como un boquete en la defensa zapatista de la zona de Tres Marías, que se logró mediante la cooptación del general Francisco Pacheco y parte de sus fuerzas.

Por otro lado, en esos días, las fuerzas reivindicadoras del Plan de Ayala llevaron a cabo operaciones ofensivas, a pesar de que su situación general era defensiva. El 21 de enero de 1916, asalto al destacamento carrancista de Tlalpan; 25-30 de enero, amplio ataque suriano desde Tulyehualco hasta Xochimilco. El general carrancista José de la Luz Romero declaró a la prensa que “por la extensión que alcanzó la línea de combate, como por la porfía de los numerosos asaltantes, parece verosímil que se propusieron ocupar Xochimilco”.[12]

 

II.

El dispositivo militar carrancista de “Yunque y Martillo”, aplicado en Morelos, consistió en concentrar los golpes sobre las zonas de Cuernavaca y Cuautla. Mientras que la función del “Yunque” fue realizada en el norte del Estado de Guerrero por tropas de los generales Silvestre Mariscal y Joaquín Amaro, con el propósito de impedir el repliegue zapatista hacia las montañas del sur.

La invasión comenzó el 12 de marzo de 1916 y para el mes de mayo se completó el control territorial de Morelos.

Tierra Arrasada fue la estrategia carrancista en Morelos: implantar el terror por medio de incendio de pueblos, ejecuciones sumarias de ciudadanos pacíficos, concentración de la población y destrucción de siembras. Según manuales de la época, la estrategia militar de Tierra Arrasada buscaba que los insurgentes tuvieran grandes dificultades para conseguir alimentos, a fin de que se ocuparan más por sobrevivir que por combatir. Esto facilitaría las labores de exterminio, que llevarían a cabo contingentes de columnas expedicionarias.[13]

Hace cien años, un zapatista de la ciudad de México que operaba en Morelos relató un aspecto de aquella tragedia del pueblo, la migración masiva:

 

El 4 de mayo de 1916 recibimos órdenes de pasar al Estado de Guerrero… En la tarde de ese día, salimos de Jojutla para pernoctar en Tehuixtla, cuyo camino, así como todos los que conducen al Estado de Guerrero, se encontraba congestionado por una emigración en masa de los pueblos que huían de la presencia de las fuerzas constitucionalistas. Casi todos los emigrantes eran vecinos pacíficos de los pueblos… Daba tristeza ver niños pequeños caminando descalzos, bajo el sol ardiente de aquellos días; mujeres llevando pesados fardos, tal vez todo su patrimonio, sobre sus espaldas; hombres materialmente agobiados bajo el peso de sus cereales, la ropa de los suyos y los más indispensables utensilios de la casa; enfermos que caminaban por sus pies, ora apoyados y aún sobre las espaldas de algunos viajeros compadecidos que, naturalmente, no les podían prestar ayuda continua...

Pero a la vez que conmovedor, aquel espectáculo era edificante. A todos los animaba un mismo deseo; nadie quería estar bajo el dominio del enemigo y todos preferían la emigración, el destierro voluntario, el sufrimiento lejos del hogar... los constitucionalistas estaban combatiendo a las huestes del sur en forma más dura aún que la utilizada por la misma usurpación (huertista)... Tehuixtla presentaba un aspecto de feria; pero una feria de dolor y de ira...[14]

 

En efecto, si consideramos la guerra económica y su estrategia de Tierra Arrasada, el terror carrancista contra la población civil superó al terror que implantó, previamente, la dictadura de Victoriano Huerta. Otro zapatista, el teniente de caballería Macedonio García Ocampo, entrevistado en 1977 por la joven historiadora Laura Espejel, expuso:

 

¿Sabe usted?, había una magueyera en mi pueblo y ahí íbamos a recoger el agua miel. La hervíamos y se hacía como miel… Con eso se endulzaba el agüita aquella de hierbas, con eso nos sosteníamos.

¿Y no les hacía falta maíz?

Sí, cómo no. Por eso mucha gente se murió de hambre. Mucha gente, mucha, mucha gente se moría de hambre.

¿En el campamento las familias no podían sembrar?

No se podía. Mire usted, una vez sembramos allá en el monte, así; sembramos y llegaron los constitucionalistas que nos iban persiguiendo y, mire usted, los elotes del maíz que iban a jilotear, los alzaban así y los tiraban.

Ahora el lema que llevaban ellos era de matarnos de hambre. Si no de balas, de hambre nos habían de matar.[15]

 

Además, durante la ocupación carrancista hubo masacres de civiles indefensos, en varios poblados de Morelos, como Jiutepec y Tlaltizapán. Pablo González decretó: “todo individuo que, sin pertenecer al Ejército Constitucionalista, camine en un perímetro menor de 60 metros sobre la vía del ferrocarril, en la línea de operaciones de Morelos, será pasado por las armas sin más requisito”.[16]

En mayo, la prensa carrancista anunció, con orgullo, la llegada de 1,000 prisioneros zapatistas a la Cd. de México. El general Benjamín Hill, Comandante Militar de la plaza, declaró a la prensa que estaba dispuesto a deportarlos a Yucatán, “en cuya entidad y bajo la vigilancia de las autoridades civiles y militares, tendrán oportunidad de trabajar”.[17]

Tierra arrasada, familias devastadas. Racismo, esclavitud y muerte. Tal fue el núcleo de la estrategia carrancista, en su guerra de exterminio contra la revolución campesina de México.

 

III.

El 1° de julio de ese año, Emiliano Zapata ordenó la concentración de fuerzas insurgentes. Los combates posteriores habrán de corroborar que, en esa fecha, dio inicio la contraofensiva zapatista. Los ataques al carrancismo se incrementaron notablemente en Morelos, así como en el Estado de México, Puebla y el Distrito Federal.

La situación de la guerra cambió de inmediato. Ese mes, los zapatistas tomaron Tepoztlán. Inmediatamente, los carrancistas redoblaron su propaganda de muerte, pegaron en las calles de todas las poblaciones de Morelos un manifiesto de Pablo González: “Si se vuelve a repetir una sorpresa como la de Santa Catarina y Tepoztlán se hará responsable a todos los vecinos y se les castigará sumariamente, sin apelación de ninguna especie”.[18]


Tomacoco, Amecameca

El 24 de julio, las tropas carrancistas atacaron Tlalnepantla, Morelos (unos 9 km al NE de Tepoztlán), bombardearon la población y realizaron ejecuciones sumarias de civiles. Según informe de Pablo González, su teniente coronel José C. Dávila le comunicó que “a las 5 de la tarde se acercó el enemigo a sus posiciones en San Simón el Alto y después de hora y media de fuerte tiroteo, fue replegado... gastándose 7,800 cartuchos 30‐30 y haciendo 6 heridos al enemigo”...[19]

Sí. 7,800 disparos carrancistas hicieron solamente 6 heridos zapatistas. Ese dato denota ya un cambio en la situación y, además, el pánico. Significa que hubo 3 disparos carrancistas cada 2 segundos, permanentemente, durante una hora y media; algo así como ¡1,300 disparos por cada uno de los 6 zapatistas heridos!

Asimismo, el 11 de noviembre de 1916, Pablo González decretó la Suspensión de Garantías Constitucionales en territorio zapatista: Morelos, Guerrero, Estado de México, Puebla, Tlaxcala y parte del Estado de Hidalgo.

Artículo primero. Serán pasados por las armas… (1) Todo individuo que directa o indirectamente preste sus servicios al zapatismo... (2) Los que transiten por cualesquiera caminos y veredas, sin salvoconducto... (3) Los que fueren encontrados cerca de las vías férreas... (4) Todos los que, debiendo haberse concentrado… fueren encontrados fuera de los puntos de concentración correspondientes.[20]

En ese momento, los diputados al Congreso Constituyente carrancista comenzaban a llegar a Querétaro.

Finalmente, a principios de 1917, la contraofensiva zapatista logró expulsar al ejército invasor de Morelos. Con ello, dará inicio un nuevo periodo de la Revolución del Sur. En esas condiciones, con el desastre que dejó aquella guerra de exterminio, los zapatistas emprendieron la tarea de reorganizar las fuerzas del pueblo y el Ejército Libertador. Inmediatamente, el 17 de marzo de 1917, Emiliano Zapata emitió la Ley General Administrativa para el Estado de Morelos, que proclamó este principio fundamental: “la revolución es el gobierno del pueblo por el pueblo”.

Esto significó subvertir radicalmente la pirámide del poder existente: “considerando que una dolorosa experiencia de muchos años ha demostrado que el ejército permanente ha sido siempre un instrumento de asesinato manejado por los gobiernos para exprimir y explotar al pueblo indefenso y que el gobierno de la Revolución sería culpable si no destruyese esa columna formidable de la tiranía… 1°. La fuerza, como el derecho, reside esencialmente en la colectividad social, en consecuencia el pueblo armado sustituye al ejército permanente”. Asimismo, sujeción de la ley al plebiscito, emancipación de los municipios de toda tutela gubernamental, supresión de los “reyecitos”, asociaciones defensoras de los principios revolucionarios y organismos de autodefensa en cada Municipio, instrucción pública, sociedades cooperativas de obreros y campesinos, entre otras medidas revolucionarias.


Zapatistas

‐ Las legítimas aspiraciones del pueblo no podrán conseguirse mientras en las esferas gubernamentales tengan cabida individuos acostumbrados a tiranizar y explotar a los trabajadores.

‐ Todo funcionario público, cualquiera que sea su categoría, deberá pertenecer a las clases trabajadoras de la sociedad. En consecuencia, serán excluidos de las esferas gubernamentales los que no tengan necesidad de trabajar para subsistir.

‐ Los sueldos de funcionarios y empleados públicos no excederán de la cantidad que baste a su propia subsistencia y a la de su familia… Por lo tanto, se suprimen los sueldos llamados de representación y todo otro gasto que sirva para sostener la ostentación y el lujo.[21]

 

La revolución del sur, jefaturada por Emiliano Zapata, fue un enorme proceso insurreccional del pueblo, en territorio crucial de la república. Su alcance revolucionario, hasta la actualidad, representa un hito histórico.

 

Cuartel General en Tlaltizapán, 29 de mayo de 1916.

Y la lucha sigue: de un lado, los acaparadores de tierras, los ladrones de montes y aguas, los que todo lo monopolizan, desde el ganado hasta el petróleo. Y del otro, los campesinos despojados de sus heredades, la gran multitud de los que tienen agravios o injusticias que vengar, los que han sido robados en su jornal o en sus intereses, los que fueron arrojados de sus campos y de sus chozas por la codicia del gran señor, y que quieren recobrar lo que es suyo, tener un pedazo de tierra que les permita trabajar y vivir como hombres libres, sin capataz y sin amo, sin humillaciones y sin miserias…

Cuando esto se haya logrado, cuando el campesino pueda gritar “soy hombre libre, no tengo amos, no dependo de nadie mas que de mi trabajo”, entonces diremos los revolucionarios que nuestra misión ha concluido; entonces podrá afirmarse que todos los mexicanos tienen Patria; entonces será grande el pueblo, poderosa y respetada la república.

El General en Jefe Emiliano Zapata.[22]

 

[1] Profesor investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

[2] “Importantes declaraciones del general [Pablo] González a la prensa”, El Pueblo, Veracruz, Ver., 27 de septiembre de 1915.

[3] “Una implantación que impedirá los atentados zapatistas”, El Pueblo, Veracruz, Ver., 1° de octubre de 1915.

[4] Conferencia con el C. Primer Jefe, Estado Mayor del Secretario de Guerra y Marina, Archivo de Pablo González Garza, referencia para fechar el documento: “tiroteos diarios desde el 14 de septiembre último” (1915).

[5] “La química aplicada a la guerra. Gases y vapores asfixiantes”, El Pueblo, Veracruz, Ver., 3 de enero de 1916.

[6] “De veinte a treinta mil cartuchos se fabrican diariamente en la Maestranza Nacional”, El Demócrata, México, D. F., 11 de febrero de 1916.

[7] “Gas venenoso en la Primera Guerra Mundial”, Wikipedia, es.wikipedia.org/wiki/Gas_venenoso_en_la_Primera_Guerra_Mundial.

[8] Cfr. Coronel C. E. Callwell, Small wars. Their principles and practice, General Staff-War Office, Londres, 1906.

[9] “Reseña sintética que rinde el Coronel Comandante de Ingenieros del Cuerpo de Ejército de Oriente”, Archivo de Pablo González Garza (APGG).

[10] “Interrogatorio a José Tapia por zapatista”, Cuerpo de Ejército de Oriente, Tacubaya, D. F., 2 de febrero de 1916 (APGG).

[11] Informes de la Policía Especial del General Pablo González, marzo de 1916 (APGG).

[12] “Fue deshecho por las fuerzas constitucionalistas un ataque simultáneo que efectuaron los reaccionarios del Sur”, El Pueblo, México, D. F., 3 de febrero de 1916.

[13] Cfr. coronel C. E. Callwell, op. cit.

[14] Relato anónimo, sin fecha, sobre la situación en Tehuixtla, Mor., con nota del editor: “Al autor de esta obra le fue intervenida su casa, sita en la primera calle de Las Moras de la ciudad de México, por el gobierno de Carranza”, Fondo Gildardo Magaña (FGM), Archivo Histórico de la UNAM, caja 27, expediente 5, folio 54 (clasificación antigua).

[15] Teniente de Caballería Macedonio García Ocampo, Ejército Libertador. Entrevista realizada por Laura Espejel, en Juchitepec, Estado de México, el 23 de abril de 1977.

[16] “Medida preventiva contra los atentados zapatistas”, El Demócrata, México, D. F., 19 de mayo de 1916.

[17] “Cerca de mil prisioneros zapatistas fueron traídos ayer a esta ciudad. Según declaraciones hechas por el señor general Benjamín Hill, serán deportados al Estado de Yucatán, El Demócrata, México, D. F., 16 de mayo de 1916.

[18] Manifiesto del general Pablo González a los habitantes del Estado de Morelos, Cuernavaca, Mor., 19 de julio de 1916, FGM, 28, 4, 131.

[19] Informe del general Pablo González a la Secretaría de Guerra y Marina, Cuernavaca, Mor., 1° de agosto de 1916, publicado en “Las últimas operaciones militares en el Estado de Morelos”, El Pueblo, México, D. F., 10 de agosto de 1916.

[20] Decreto de Suspensión de Garantías Constitucionales, general Pablo González, Cuernavaca, Mor., 11 de noviembre de 1916, publicado en “Se ejecutara a quienes en Morelos, Guerrero, México, Puebla y Tlaxcala, sirvan al zapatismo”, El Demócrata, México, D. F., 14 de noviembre de 1916.

[21] Ley General sobre Funcionarios y Empleados Públicos, Consejo Ejecutivo, Cuernavaca, Mor., 2 de noviembre de 1915. Fondo Jenaro Amezcua (Centro de Estudios de Historia de México), VIII-2 J. A., 205, 3, 1.

[22] Manifiesto “Al pueblo mexicano”, general en jefe Emiliano Zapata, Ejército Libertador de la República Mexicana, Cuartel General en Tlaltizapán, Mor., 29 de mayo de 1916, FGM, 27, 5, 56.

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