Editorial 54: Una memoria militante ante la vida amenazada

Meses de definiciones electorales en el país, de sismos recordados y desatendidos, de un dos de octubre cuyo medio siglo de osadía, sacrificio, alegría, generosidad e irreverencia, de un movimiento estudiantil hoy de nuevo promisorio, y de cinco décadas de impunidad y crímenes de Estado, anuncian una exigencia madura que elude todo silenciamiento complaciente.

Los focos rojos en el gobierno por iniciar, sumándose, están a la vista. Las expectativas nacidas del ahogo y también del hartazgo ante situaciones ya insostenibles, y en otros casos de la ilusión, hija del pensamiento mágico, se topan con la realidad compleja, cuando sabemos que la época de los profetas, si acaso la hubo, quién sabe dónde quedó.

Los focos rojos encendidos son de desmemoria. Y es eso lo que hay que enfrentar con una exigencia organizada, crítica hacia todos los costados, iniciando por el interno.  Se necesita trascender la propia ceguera para poder caminar, la ceguera que se traduce en omisiones y silenciamientos cómplices.

Enfrentar entonces la desmemoria respecto a la trayectoria de oportunismo de funcionarios de larga cola. hoy ya convenientemente colocados en la nueva nave. Es la desmemoria respecto al sentido de los resultados categóricos del primero de julio, como mandato nacido de la imperiosa necesidad de un cambio profundo, cuyo origen no radica en las promesas de un candidato ni en la retórica partidaria, sino en el sufrimiento y la indignación de quienes han tenido que pagar la ignominia hecha sistema con su vida o sus sueños rotos. Es la desmemoria que hay que enfrentar respecto a la capitalización económica y política de los sismos de septiembre de 1985 y de 2017, convirtiendo a los damnificados en deudores y a los supuestos acreedores en damnificadores sociales, es decir, en lo que podría equipararse en el medio animal con las hienas (con perdón de éstas). La desmemoria respecto a la afrenta del 68, nunca esclarecida ni castigada.  Y en todo ello, el tradicional silencio cómplice de la inercia sigue en juego.

Por su parte, no falta quien desde la tribuna de su cómoda posición aplica una crítica sistemática que no obedece a un ánimo de objetividad y menos de acción propositiva, sino a la amargura de ver supuestamente amenazada la continuidad de sus privilegios. Todo lo que algunos desde sus burbujas de la exclusividad no veían de la podredumbre gubernamental e institucional en los últimos decenios en que fueron beneficiarios directos o indirectos de la debacle política y económica, ahora lo ven y sufren, ahora lo denuncian como pregoneros de una integridad que nunca han conocido. Pues lo suyo no es asunto de ideales, sino de intereses, y ya trabajan en la construcción de estrategias para regresar a servirse de la misma sopa que han empezado a añorar, y tal vez sin razón, porque la cocina del abuso y la impunidad quién sabe si acaso se desmonte sin una exigencia organizada.

Tampoco resulta en absoluto sorpresivo que los extremos se toquen paradójicamente, pues los extremos ideológicos siempre son puros, se caracterizan por su uniforme y permanente infalibilidad: así, quienes votaron por el candidato “populista” son caracterizados de manera similar, desde ambos extremos de la gama política, como sujetos ignorantes y manipulados; y es que la pureza ideológica no admite matices: los motivos de esos votantes por el peculiar electo son desdeñables y su número en realidad es irrelevante. Las masas crédulas no comprenden su realidad. La única diferencia en esa descalificación compartida es que esas oleadas de votantes, desde el extremo reaccionario, eran, además de ignorantes y manipulados, nacos, prietitos. Y es que en el otro extremo, nuestros puros –los nuestros– también pueden por supuesto equivocarse, aunque con ellos compartamos sueños esenciales de vida, dignidad y futuro en este México diverso y dinámico, también urbano, también no indígena: aunque hayan denunciado con aplomo la estatura de la dignidad de nuestros pueblos originarios y afromexicanos, aunque han conocido directamente la magnitud criminal de la traición y la mentira de la clase política que se acomoda como las ratas o las cucarachas a cualquier nueva circunstancia (de nuevo una disculpa a esos bichos por la comparación), y aunque sus lecciones dadas sigan luminosas y vigentes, como la de que todos tenemos derecho a ser mejores, como la del mandar obedeciendo.

Así, tenemos frente a nosotros un desafío al margen de cualquier retórica, y es que lo de ahora no es ahora un mero cambio de gobierno –o de disfraces de gobierno–, y menos con las alarmas ya encendidas: se trata del reto de un cambio de mentalidad y del cambio de  estado de conciencia, hoy que la vida está en amenaza ya sistémica por los efectos ambientales de la explotación sin freno de los territorios, entendidos éstos como realidades integrales. De ahí la necesidad de una memoria militante ante la vida en amenaza. Amenaza que persiste, pese a cambios anunciados de cuartas transformaciones que no reparan en ella, con proyectos neodesarrollistas de un México que se proyecta como “paraíso de las inversiones”, con trenes balas, proyecto del Istmo de Tehuantepec, siembra de un millón de arboles en La Lacandona, 300 carreteras con mano de obra barata, peculiar consulta quién sabe si vinculante en torno al aeropuerto, el regreso del indígenismo de Estado, y la minería, “siempre y cuando no contamine…”, iniciativas que no son de los pueblos, cuando la única iniciativa coherente es que las iniciativas emanen de ellos, cuando la dignidad y la justicia constituyan el megaproyecto referencial.  Así, la iniciativa de las iniciativas radica en la responsabilidad de dar cauce a esa fuente propia de los pueblos, no en dar continuidad a la tendencia histórica del cencerro, la de seguir iniciativas ajenas para fines ajenos.

En tanto, hay una escala que en todo este proceso se pasa por alto, muy ausente en las disquisiciones políticas de temporada, a pesar de su relevancia: esa perla del capital se llama “calentamiento global”. Parece que el asunto no tiene la menor importancia, o que se refiere a cierta permisividad sexual endémica o en boga, y no a  la urgencia de medidas para evitar una catástrofe climática global.


Viñeta de Andrés Rábago, El Roto (reproducida con su autorización)

En reciente reunión, el Panel Intergubernamental de la ONU sobre el Cambio Climático (IPCC) anuncia que de no tomarse medidas en las políticas públicas y en las conductas individuales, para 2030 habrá un incremento de temperatura en todo el planeta de 3 grados centígrados, lo que supera las previsiones previas. Las implicaciones están a la vista, si tomamos en cuenta que de acuerdo con los nuevos reportes, basados en más de 6,000 referencias científicas, rebasar los 1.5 grados es poner en riesgo la habitalibidad de la Tierra (https://www.bbc.com/mundo/noticias-45785972).   

Sin embargo, el tema se soslaya en el horizonte político del país, y ni la amenaza ni las medidas urgentes para enfrentarla figuran en agenda alguna.


Viñeta de Andrés Rábago, El Roto (reproducida con su autorización)

¿Y Morelos?


https://www.google.com.mx/search?q=morelos+estatua+autopista&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ved=2ahUKEwjPkIWsx6HeAhXkz1QKHRT0B5oQsAR6BAgGEAE&biw=1217&bih=574#imgrc=l77560fgAG0o2M:

Su estatua, en clara metáfora, desapareció de los linderos entre el estado y la ciudad de México. Ya no está en su recinto al lado de la autopista, y es que por ahí se afirma que optó por la retirada furtiva, que se escapó una noche por el bosque, hastiado ante los estropicios y el cinismo de un tal Gráculo y ante otros focos rojos que le preocupan por seguir creyendo tanto en el asunto hoy anacrónico del “bien común”. Luego resulta que encontraron destazados restos de su corcel de bronce… metáfora completa.


https://www.eluniversal.com.mx/articulo/estados/2015/10/28/para-venderlo-por-kilo-destazaron-morelos

La figura de un futbolista como gobernador es también una metáfora que nos brinda la afición por la pelota botante, porque con la política como espectáculo o como ocurrencia, el jugador puede entrar a la cancha y manejar el balón para burlar algún defensa ante la portería, pero tal vez no pueda burlar a quienes un día fueron electores-aficionados. Y entonces aparece otra metáfora, no futbolística sino histórica, y es que a veces los padres también tienen el supremo derecho a equivocarse (no faltaba más) como cuando llevan a bautizar a un menor.  Por ejemplo, cuando eligen para ello el significativo nombre de Cuauhtémoc.  Y es que los padres de la criaturita tal vez nunca imaginaron al indomable guerrero mexica subordinado a un peninsular, a su apoderado como futbolista. Tal vez, porque Cuauhtémoc al parecer no jugaba fútbol. Y en este cuadro representativo de nuestro surrealismo criollo, por supuesto, el problema no es el origen ibérico del Tlacaelel posmoderno de Cuauhtémoc, sino la conformación de su gabinete, que incluye, entre otros, a exfuncionarios u operadores de “seguridad” del desgobierno de Duarte en Veracruz, o a un arquitecto especialista en fraccionamientos en la cartera que tiene a su cargo la integridad ambiental del territorio. No se trata de tópicos de conversación, sino de razones, todas, para construir una exigencia organizada.

Este número del Volcán Insurgente presenta un texto de Eliana Acosta relativo a los sismos vistos desde el ámbito del Instituto Nacional de Antropología e Historia, desde aquello que en la memoria de quienes han participado en la reacción ante los sismos de septiembre de 1985 y de 2018. Acosta describe la respuesta de algunos sectores de la institución en el contexto de la dinámica institucional y sus claroscuros, pero también reflexiona sobre el papel mismo de los investigadores, en un marco actual que exige no sólo respuestas inmediatas ante graves eventualidades, sino procesos organizativas y de reflexión a largo plazo, hacia un proyecto de nación que pueda enfrentar las diversas situaciones actuales que lo ponen en riesgo y donde emerge el INAH en un papel central. 

A su vez, Naghyeli Alejandra Martínez comparte un sugerente texto sobre la sensorialidad desde la ceguera, abordando la manera en que los invidentes construyen el mundo a partir de los sentidos, para evidenciar que sus experiencias sensoriales muestran otras vías posibles y válidas para acceder a su entorno, vías que escapan a la percepción de aquellos que podemos ver.  Los testimonios directos entran en diálogo con los aportes de otros autores significativos, para responder ante interrogantes en cuanto a cómo las personas viven la experiencia de sus vidas en circunstancias como la ceguera, o qué sucede con las personas que se sienten completas, aunque no vean. La autora plantea que en nuestra sociedad solemos considerar actividades o aspectos de la realidad sólo aquellos que son cognoscibles por la vista, a pesar de que existen otras dimensiones, otras cualidades sensibles que expanden la percepción del mundo, y apunta más allá, cuando expone la reducción patologizante, inaceptable, que preside a menudo a la figura del ciego, ante la necesidad de replantear la concepción actual de discapacidad y de reivindicar su participación social, de modo que, como certeramente afirma: “no cabe duda que nos hace falta celebrar las realidades de la diversidad humana”. Es de mencionar que el artículo de Alejandra forma parte de su trabajo recepcional, que fue distinguido con la mención honorífica a la mejor tesis de licenciatura en antropología social en la convocatoria de Premios INAH de este año.

El artículo de Susana Gómez Serafín y Ricardo Martínez Magaña, intitulado “Marcas de canteros”, se ocupa de los símbolos labrados con cincel fino, buril o puntero como marcas de identidad en algunas piezas de piedra empleadas en las construcciones antiguas. Partiendo como referente de ejemplos a menudo procedentes de España, este tipo de símbolos se analizan luego, entre otras, en diversas ubicaciones del estado de Oaxaca, enfatizando en el papel de esos signos grabados en piedra, contextualizados, como marcadores históricos significativos y no necesariamente del todo dilucidados.

Por su parte, Antonio Sarmiento aborda el tema del efecto climático actual y futuro de origen antropogénico como un proceso insuficientemente reconocido que expresa la aparición de consecuencias acumulativas, que no se manifiestan de manera inmediata, lo que obliga al apremio por tomar medidas respecto a las emisiones actuales producidas por la quema de combustibles fósiles. Así, en su esencia, el calentamiento global constituye una confusa combinación de escalas temporales, donde la responsabilidad de la situación actual remite al proceder de generaciones previas, y la futura, a nuestro proceder actual. Una diferencia entre generaciones, en este sentido, consiste en que el conocimiento de que disponemos hoy al respecto no lo tenían nuestros predecesores, lo que incrementa la magnitud de nuestra responsabilidad.

Finalmente, en nuestra sección de Ventana y Espejo, figura el trabajo a su vez relevante de Victoria Novelo, relativo a una experiencia colaborativa entre académicos de México y de Alemania, a propósito del acervo fotográfico de Wilhelm Schirp Laabs, emigrado de aquel país en el Yucatán de la primera mitad del siglo pasado. Se trata de un texto que no sólo da cuenta de un material histórico y gráfico ilustrativo, sino que aporta la reflexión sobre este tipo de iniciativas conjuntas, que implican retos importantes y contrastaciones inevitables ante las diferencias socioculturales mismas de los contextos de origen de los participantes, que no dejan a su vez de plasmarse en el alcance de su mirada analítica. Desde dónde se mira y se reflexiona es, por tanto, una vez más, tan importante como el objeto de esa mirada y de esa reflexión.

Finalmente, incluimos el pronunciamiento emanado del Encuentro Nacional “La defensa de los territorios y del patrimonio biocultural: desafíos a la antropología”, que se llevó a cabo los días 24 a 26 de septiembre de 2018 en la ciudad de México bajo los auspicios del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Agradecemos a los autores y lectores que nutren y animan al Volcán Insurgente. Los invitamos a compartir sus comentarios y sugerencias.

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