Reseña del libro de Carmen Rea: Cuando la otredad se iguala. Racismo y cambio estructural en Oruro, Bolivia. El Colegio de México, 2015

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El valor de la obra

Cuando la otredad se iguala. Racismo y cambio estructural en Oruro, Bolivia, es una aportación en los estudios sobre el racismo en América Latina. Esta obra recorre la historia del racismo en Bolivia para dar respuestas a preguntas claves relacionadas con la persistencia del racismo en la sociedad, en particular, en la ciudad de Oruro; dilucida las maneras en que éste se manifiesta en el tiempo y esclarece su relación con las estructuras materiales y simbólicas, sus cambios y permanencias.

Uno de los valores del texto se encuentra en la relevancia del tema en estos tiempos de guerras neocoloniales, que exigen profundizar en las formas del racismo en América Latina para profundizar rutas de reconocimiento del Otro y de convivencia intercultural.

Desde el punto de vista teórico, el trabajo de Carmen Rea es valioso porque hace una lectura crítica de fuentes clásicas y contemporáneas producidas en distintos contextos nacionales y culturales, y, sobre todo, logra un análisis de caso que enriquece la perspectiva de la investigación del racismo de las clases medias en América Latina. Destaca su imaginación sociológica y su perspectiva histórica social, así como su fundamento empírico, que otorgan una profundidad al fenómeno, sin la cual no es posible comprender su raíz colonial, sus continuidades y rupturas, así como el carácter estructural de la permanencia del racismo y el uso de herramientas de investigación ad hoc que demuestra el potencial que posee la combinación de técnicas cuantitativas y cualitativas en la investigación.

Subrayo la estrategia metodológica seguida para ir más allá de la coyuntura política, esto es, del racismo que se despliega con la llegada a la presidencia de Evo Morales, un presidente Aymara, que se produce en otras regiones de Bolivia. El trabajo incursiona profundo en los mecanismos con los que opera el racismo en el espacio de la vida cotidiana. El racismo no puede seguir siendo negado en nuestras sociedades. Efectivamente, éste fenómeno afecta a la sociedad en su conjunto y particularmente a los pueblos indígenas y afrodescendientes. Una sociedad racista y sexista no es nunca una sociedad libre de violencia. El racismo es en sí, una forma de violencia, que requiere construir la amenaza del Otro para justificar su acción, pues como ha argumentado Devalle, “la violencia tiene significado sólo si tiene un objeto”, y son “los valores de la inferioridad/ superioridad” los que “proveen” el objeto de la violencia, desde luego, en condiciones históricas específicas. De donde se desprende que el racismo construye objetos de violencia y se justifica a partir de un proceso de diferenciación y de paulatina deshumanización del Otro, que atraviesa por distintas fases hasta que en determinadas circunstancias se produce la negación absoluta de sus cualidades humanas y legitima su aniquilamiento.

La escritura del trabajo entreteje con gran rigor teórico-metodológico y empírico las categorías de análisis con los discursos de los protagonistas y conduce al lector a una realidad de tensiones y desencuentros entre bolivianos no indígenas e indígenas, con un alto nivel de violencia simbólica, así como a la comprensión de los procesos de orden social, económico, político y cultural que se encuentran en el origen del racismo y de las mentalidades de los sujetos racistas y racializados.

La obra trasciende el tiempo y el contexto en que se realiza la investigación, la ciudad de Oruro, Bolivia, en el nuevo milenio. Inicia exponiendo en el capítulo I, la constitución del sujeto y el orden social heredado. En el capítulo II, el debate contemporáneo sobre el imaginario nacional que se basa en la pregunta: ¿Más indígenas que mestizos o más mestizos que indígenas? En el capítulo III y IV, se exponen los procesos de racialización. El capítulo V trata la pérdida del monopolio de los espacios de reproducción de clase, y, por último, el capítulo VI aborda los cambios estructurales y la emergencia de una nueva pequeña burguesía indígena.

El debate teórico que presenta Carmen Rea en su introducción sintetiza y esclarece la naturaleza del racismo en el caso de Bolivia y, por ende, en la región latinoamericana, esto desde la perspectiva de Foucault y de trabajos como los de Segato, haciendo una lectura propia del fenómeno boliviano. Así, deja planteado que el racismo es un fenómeno condicionado histórica y socialmente, relacionado con la dominación económica y política, y, por tanto, precisa la autora, no hay un continuum entre colonia y formación de la nación. Esto no niega la raíz colonial, pero supone que se caracteriza por continuidades y rupturas, en el sentido de que se transforma en su lógica y formas de expresión, según tiempo y espacio.

Siguiendo a Foucault, Rea considera que el racismo es una técnica del biopoder, que regula vida y población, con el fin de hacerlas productivas para el capital, al tiempo que ejerce el derecho de muerte, esto es, separa lo que debe vivir de lo que debe morir, la eliminación física y “exclusión moral o política” del Otro, justifica la diferencia para separar y clasificar.

Deja claro la indisociable relación entre racismo y Estado-nación, entendiendo el “racismo como un modo de establecer diferencias, desequilibrios o censuras, apelando a la biologización de lo social (proceso de racialización)” y al Estado como un orden inacabado, un aparato burocrático no siempre coordinado y centralizado, que no es lineal en su funcionamiento, en el que existen negociaciones sobre la dominación y disputas por el poder (Escalona, 2011:45, citado en Rea).

Siguiendo a Segato (2007:29), sostiene que el racismo es una forma de producir alteridades, convirtiendo en Otros a determinados sujetos, por medio del discurso de las élites, lo que se reproduce en el ámbito familiar y en la vida cotidiana, y se transforma por la resistencia de los sujetos racializados.

Carmen Rea opta por el uso de lo racial, en lugar de raza, lo que puede superar un debate que aparentemente parece haberse agotado, y, en cambio, refiere a la diferenciación social que adopta el fenotipo, indicador de diferenciación, que hace posible observar al Otro como raza. Lo racial es un criterio de identificación/diferenciación, un recurso de biologización, pero también se racializan otros atributos culturales y sociales de origen étnico, religioso, etcétera. Los rasgos fenotípicos son negociables en determinadas circunstancias; lo racial se constituye en un recurso de lucha y un capital en el sentido bourdiano, en tanto posee un valor.

Rea coloca el blanqueamiento en el centro de lo que denomina Otrificación e Inferiorización en la ciudad de Oruro. El blanqueamiento implica una valoración de lo blanco en forma obsesivamente positiva y superior frente a sus opuestos, que son altamente menospreciados, lo indígena, lo negro, etcétera. Lo blanco es una condición de privilegio en la estructura social, es un indicador “subjetivo” de clase. De allí la aspiración al mestizaje, un discurso de poder que distingue a la población para justificar situaciones de privilegio.

Cuando la Otredad se iguala, título del libro, es profundamente significativo de una de las particularidades del racismo en períodos de crisis, coloca el análisis en el corazón de este racismo que se exacerba en tiempos de cambios económicos y sociopolíticos en la sociedad orureña, de visibilidad y emergencia política de los sujetos racializados. En otras palabras, la construcción del objeto del racismo se ve fuertemente favorecida por cambios económicos y políticos en la sociedad, que conducen a una mayor visibilidad e igualamiento del Otro, incluso percepción de desplazamiento, percibido o que se produce por un proceso de movilidad social y fortalecimiento del Otro en un lugar privilegiado del sistema de clases que modifica las jerarquías sociorraciales dominantes en la sociedad.

Persiste en el imaginario el deseo de un cambio del color de piel; pero lo que se origina es un mestizo blanqueado y el blanqueamiento es más cultural. De allí la denominación de cholo, a quien al igual que al indio, se le niega la igualación. Los cholos invaden los espacios antes exclusivos, por lo que las clases medias pierden exclusividad y el control de la otredad, señala la autora. Antes, según las élites, el indio estaba en su lugar, pero llega a la ciudad, espacio al que la clase media se aferra, produciéndose una re-significación de marcas culturales y fenotípicas que se acentúan en las escuelas.

Pensemos, en esta dirección, en el slogan xenófobo racista durante los años de la Gran Depresión en el siglo pasado: “Francia para los franceses”, por la presencia de trabajadores belgas en las minas del carbón, o en la xenofobia y el racismo en la Europa actual con respecto a la inmigración de sus excolonias en el Medio Oriente y África. Frente a la amenaza real e imaginada del Otro, la xenofobia y el racismo se vuelven más abiertos, particularmente ante el horror de los ataques terroristas recientes del Estado islámico, y la respuesta de un terrorismo de Estado, que los medios de comunicación masiva no identifican ni repudian.

Recordemos también la irrupción indígena en la ciudad de San Cristóbal, Chiapas, luego del levantamiento de los mayas zapatistas, antes espacio exclusivo de los coletos y san-cristobalenses, que hoy se torna multiétnico y pluricultural.

En el estudio La pequeña burguesía indígena comercial de Guatemala. Desigualdades de clase, raza y género, de Irma Alicia Velásquez Nimatuj, Serjus, (2002, 2011: 185), se plantea que:

“Contrario a lo esperado, el racismo termina convirtiéndose en un puente que une a la pequeña burguesía Quiché con el resto de mayas de escasos recursos, porque para un significativo sector ladino conservador de Guatemala, no importa que se puedan tener fuertes afinidades de clase con los miembros de esta pequeña burguesía comercial, “para ellos” – como dijo uno de los nietos de la familia Cotom Soch, “aunque nosotros tengamos pisto [para la élite ladina] no dejamos de ser indios”.

Los casos son innumerables. Lo interesante es que la obra de Carmen Rea analiza la complejidad y especificidad de la realidad de estudio, desarrollando planteos relevantes, antes formulados, pero que se desprenden necesariamente de un exhaustivo análisis e interpretación de los datos. Por ejemplo, Rea hace explícito que los cambios en la estructura social y económica en la ciudad de Oruro, producen una nueva relación entre clase y etnia, antes en correspondencia, y una crisis de identidades por la pérdida de privilegios, exclusividades, y procesos de igualamiento que provocan la puesta en marcha de mecanismos de racialización y cierre de fronteras identitarias a causa de su transgresión. En el caso de Oruro, esto sucede por el “acceso [de los Aymaras] a bienes materiales y culturales, y a espacios antes exclusivos de las clases medias, como la escuela.

La ruptura de la relación entre clase y etnia, antes en correspondencia, se produce en otros contextos. Es el caso de las escuelas de élite en Mérida, Yucatán, en las que se pretende la exclusividad, documentado por Eugenia Iturriaga, en su tesis sobre Las elites de la ciudad blanca: racismo, prácticas y discriminación étnica en Mérida, Yucatán, 2011.

Esta misma disputa por los espacios antes exclusivos puede observarse cuando la irrupción se produce en el ámbito de la política. Así el racismo se instrumenta con recursos del poder, según las clases que perciben la amenaza de pérdida de sus privilegios, y se manifiesta en distintas formas y niveles.

En Bolivia, Carmen Rea reconoce que los cambios políticos han abierto más espacios de participación de indígenas precisamente en el ámbito político, y también en los espacios económicos, sociales y culturales de la sociedad boliviana, pero no se ha modificado el orden social racializado, su base sigue siendo el blanqueamiento racial y cultural.

Reitero y con esto termino, el trabajo aproxima al conocimiento profundo de los mecanismos con los que opera el racismo en la vida cotidiana, entre las clases medias, en la lucha por recursos, en la instrumentación de lo racial, en la invasión de espacios de exclusividad, en la pérdida del control de la otredad, todo lo cual, exacerba el racismo. Esta obra será un referente obligado en los estudios sobre el racismo en la región latinoamericana, por lo que felicito a Carmen, y exhorto a los estudiantes a su lectura.

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